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lunes, 27 de diciembre de 2010

Recordando a Seneca Falls: la Primera Convención Feminista

Por: Cynthia Wikander

El 18 de julio de 1848, trescientas personas se reunieron en una capilla de Seneca Falls (Nueva York) para discutir una declaración sobre las condiciones y derechos sociales, civiles y religiosos de la mujer. Las inspiradoras y organizadoras: Lucretia Mott, Elizabeth Cady Stanton y Margaret Fuller. No es extraño que el feminismo haya nacido en el país que se originó en la modernidad, por ella y para ella. Los movimientos europeos fueron posteriores y miraban constantemente hacia Norteamérica como experiencia modelo. Mientras Marx y Engels decían en el Manifiesto Comunista (texto que se discutía febrilmente en Europa) que “la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”, dividiendo así el mundo en explotadores y explotados, las mujeres norteamericanas proclamaban que “la historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones por parte del hombre con respecto a la mujer, y cuyo objetivo directo es el establecimiento de una tiranía absoluta sobre ella”. Partieron ellas la humanidad entre hombres y mujeres; comenzaba entonces la guerra de los sexos.

¿Quiénes eran esas mujeres?

Las mujeres de Seneca Falls tuvieron un antecedente de gran relevancia, nada menos que Abigail Smith Adams, esposa de John Adams (uno de los principales redactores de la Constitución de los Estados Unidos en 1776), quien le reclamaba reiteradamente a su esposo el reconocimiento de los derechos de las mujeres en las nuevas leyes. Ella le escribía cosas como estas: “en el nuevo código de leyes, que supongo tendréis que redactar, desearía que te acordases de las damas...No pongas un poder tan ilimitado en las manos de los maridos. Recuerda que todos los hombres serían tiranos si pudiesen”. “Si no se nos presta especial atención y cuidado a las damas, estamos decididas a organizar una rebelión y no nos consideramos obligadas a reconocer ninguna ley en la que no hayamos tenido ni voz ni voto.” Y algo aún más brillante: “…No puedo decir que te considere harto generoso con las damas; pues, mientras proclamas la paz y la buena voluntad entre los hombres y emancipas a los pueblos, insistes en retener un poder absoluto sobre las esposas. Empero, debes recordar que el poder arbitrario es, como la mayoría de las cosas duras, muy fácil de romper; y a pesar de vuestras sabias leyes y normas, está dentro de nuestro alcance, no solamente liberarnos, sino someter a nuestros amos, y, sin hacer uso de la violencia, lograr que derraméis a nuestros pies tanto vuestra autoridad natural como la legal”. Ante estas advertencias de su esposa, Adams se rió y sentenció: “...tu carta ha sido la primera amenaza de que otra tribu, más numerosa y poderosa que las demás, empieza a estar descontenta.”

Las de 1848 fueron mujeres que heredaron la valentía e inconformidad de Abigail. Fervorosas militantes de una causa, organizaban conferencias populares, recogían firmas para solicitar a las Legislaturas la revisión de disposiciones injustas, se atrevían a concurrir a las elecciones a depositar un voto que no les era permitido. En fin, más de una trifulca resultó de la actividad incansable de estas mujeres. Cualidad que caracterizaba a las más importantes militantes feministas de esa época era su elocuencia; oradoras por excelencia, formadas en la pelea diaria, dejaron muy pocos testimonios o análisis escritos.

Entre las muchas razones que explican la aparición de esta nueva “tribu” están: el auge del liberalismo, el ascenso vertiginoso de la clase media y el gran crecimiento económico que caracterizó a los EE.UU., en el siglo XIX. Tenemos, sin embargo, dos circunstancias ciertamente importantes: el debate encendido de leyes y códigos para regir la vida política, económica y social en permanente cambio para esos días; y el vínculo de las primeras contestatarias con movimientos religiosos tales como el Puritanismo y los Cuáqueros. Resulta que muchas de las pioneras y figuras claves del feminismo norteamericano eran cuáqueras, dos ejemplos relevantes son Lucretia Mott y Susan B. Anthony. Como muchos otros cultos perseguidos en Europa, los cuáqueros se asentaron en territorio de América del Norte y fundaron colonias, la más famosa de ellas, Pennsylvania. Pero, ¿qué tenían de particular los cuáqueros?

Al igual que otras religiones, eran encendidamente fanáticos a su fe y normas de conducta --entre las cuales estaban: la práctica del pacifismo, la honestidad estricta, la negación al pago de contribuciones a cualquier iglesia (incluyendo la propia) y el no reconocimiento de los sacramentos--, siendo severamente vigilados en la observancia por sus propios correligionarios. Rechazaban toda intermediación con la deidad y de allí su negativa a aceptar la liturgia tradicional. Los cuáqueros sufrieron con el tiempo el mismo destino de innumerables sectas de la Norteamérica colonial: fueron diseminados, subsumidos en la cambiante religiosidad del espíritu norteamericano, otras confesiones tomarían su lugar, fenómeno constante en la vida religiosa de los Estados Unidos. No obstante, algunos preceptos defendidos por los cuáqueros como el antiesclavismo y el igualitarismo (hombres y mujeres tenían los mismos deberes y derechos) permanecieron y fueron de capital importancia para la maduración entre sus filas de mujeres luchadoras. Otras características del culto cuáquero fueron importantes tales como la verbosidad de sus miembros y la desobediencia civil.

¿Qué se discutía?

En Seneca Falls se dio una denuncia fervorosa sobre la situación de minusvalía política, social, moral, religiosa y civil de las mujeres norteamericanas:

En el plano político:

* “El hombre nunca le ha permitido que ella disfrute del derecho inalienable del voto.”
* “La ha obligado a someterse a unas leyes en cuya elaboración no tiene voz.”
* “Le ha negado derechos que se conceden a los hombres mas ignorantes e indignos, tanto indígenas como extranjeros.”

En lo social:

* “Él (el hombre) ha monopolizado casi todos los empleos lucrativos, y en aquellos que ella puede desempeñar no recibe más que una remuneración misérrima... No se la admite ni como profesor de medicina, ni de teología, ni de derecho.”
* “Le ha negado la oportunidad de recibir una educación adecuada, ya que todos los colegios están cerrados para ella.”

En lo moral:

* “Moralmente la ha convertido en un ser irresponsable, ya que puede cometer toda clase de delitos con impunidad, con tal de que sean cometidos en presencia de su marido.”
* “Él ha tratado por todos los medios posibles de destruir su confianza en sus propias virtudes, de disminuir su propia estima, y de conseguir que esté dispuesta a llevar una vida de dependencia y servidumbre.”

En lo religioso:

* “Tanto la Iglesia como el Estado no le permiten que ocupe mas que una posición subordinada, pretendiendo tener una autoridad apostólica que la excluye de todo ministerio.”

En lo civil:

* “Si está casada, la ha dejado civilmente muerta ante la ley.”
* “Después de despojarla de todos los derechos como mujer casada, si es soltera y posee fortuna, esta se ve gravada con impuestos para sostener un gobierno que no la reconoce más que cuando sus bienes pueden ser rentables”...

Los siguientes fueron los acuerdos más importantes aprobados en esa primera asonada feminista:

1.- Que todas aquellas leyes que sean conflictivas en alguna manera con la verdadera y sustancial felicidad de la mujer, son contrarias al gran precepto natural y no tienen validez.
2.- Que todas las leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte, o que la sitúen en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y no tienen validez, pues este precepto tiene primacía sobre cualquier otro.
3.- Que la mujer es igual al hombre --que así lo pretendió el creador-- y que por el bien de la raza humana exige que sea reconocida como tal.
4.- Que las mujeres de este país deben ser informadas en cuanto a las leyes bajo las cuales viven; que no deben seguir proclamando su degradación, declarándose satisfechas con su actual situación, ni su ignorancia, aseverando que tienen todos los derechos que desean.
5.- Que puesto que el hombre pretende ser superior intelectualmente y admite que la mujer lo es moralmente, es preeminente deber suyo animarla a que hable y predique en todas las reuniones religiosas.
6.- Es deber de las mujeres de este país asegurarse el sagrado derecho del voto.
7.- La igualdad de los derechos humanos es consecuencia del hecho de que toda la raza humana es idéntica en cuanto a capacidad y responsabilidad.”

¿Qué nos dejaron?

Muchos pretenden que las luchas feministas del siglo pasado no tuvieron consecuencia alguna, sin embargo, otra sería la situación si ellas no se hubieran sublevado. ¿Cuál es la lucha en la actualidad, si casi todo lo que se propusieron las revolucionarias de Seneca Falls se ha obtenido? (¿Se ha logrado realmente?). Los movimientos feministas masivos han desaparecido o están en receso al igual que otros movimientos colectivos, incluyendo al que está intrínsecamente ligado a la sociedad industrial: el sindicalismo. ¿Qué nos toca a nosotras ahora? ¿Será solo la pelea cotidiana, la que se hace desde el hogar y que no pocas veces culmina en divorcio y soledad?...

(Nota: Las citas son del libro de Amalia Martín Gamero: Antología del Feminismo, Madrid, Alianza, 1975.)

Fuente: (Correo A # 28, Caracas. Noviembre. 1995. Pp. 12-13)

Tomado de: http://correoa.blogspot.com/2010/10/recordando-seneca-falls-la-primera.html

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