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viernes, 21 de enero de 2011

Poema 2

La pantera recordaba el día
en que su libertad le fue negada
por confiar en un ser
que desde aquel entonces fue llamado
hombre

Primero, permitió que se le acercara
luego (al ver sus ojos hipnotizados
por su belleza, por la belleza),
que le acariciara el pelaje obscuro,
lo siguiente que sintió fue la soga
que, con irónica ternura,
le acariciaba el cuello.

Sabía que estaba derrotada,
sometida por el engaño del primer hombre
a quien (creado en la debilidad;
sin garras, colmillos o rapidez)
le fue concedida la capacidad de pensar:
la capacidad de dominar y matar.

En los ojos tristes de la pantera
todavía se puede ver
aquella ensoñación maternal
con la que miró a ese primer hombre
el día en que la soga lejana rodeo su cuello.

Carolina Guerra

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