Páginas vistas en total

martes, 22 de febrero de 2011

La mujer negra: su discurso, ayer, hoy

Cuando se está contento de su pasado, se habla de él; 
cuando no se habla de él es porque su recuerdo pesa, avergüenza.  
José Martí [1]

Intervención de la investigadora y escritora cubana Daisy Rubiera Castillo en el panel sobre el Año de los Afrodescendientes, celebrado el pasado viernes 18 de febrero en la Casa de las Américas. Por Daisy Rubiera Castillo. Portal Informativo La Ventana. 21 de febrero de 2011. 

El discurso que caracteriza a las publicaciones femeninas que vieron la luz en la segunda mitad del siglo XIX en Cuba, se distinguió, por resaltar los valores familiares para la mujer y la poesía. Contrario a eso, el de las mujeres negras y mestizas fue utilizado como “martillo intelectual”[2] al decir de Nicolás Guillén, para defenderse ante las agresiones que como grupo social sufrían. Su mejor ejemplo es el de las redactoras de la revista Minerva.

Discursos que, independientemente de ser comedidos, serenos, razonados, fueron muy enérgicos para esclarecer asuntos, concretar ideas, fijar puntos de vistas y definir actitudes cada vez que salieron a la luz, como el siguiente.

La mujer negra, sañudamente tratada por sus viles explotadores viene hoy a ser el blanco más saliente a donde dirigen sus saetas envenenadas aquellos mismos que traficaron con su noble sangre en los luctuosos días de la esclavitud. Por eso […] nos preparamos a la defensa en el constante batallar porque estamos pasando; y tal haremos hasta que se nos considere tal y como somos […] nos invitan a luchar, pues luchemos. [3]

Clara visión en aquellos tiempos, para poner en la palestra pública con, un discurso diferente el reclamo de su espacio en la sociedad civil, para exigir una serie de demandas en defensa de sus más legítimos derechos, poniendo en ello todo el orgullo de su identidad racial en un afán de reivindicarla. Discurso que, a tono con las primeras ideas feminista que se estaban desarrollando en Cuba, ya diferenciaba los roles intergenéricos, como en el de América Font, en “Mis opiniones”, cuando planteó: “[…] la instrucción debe ser para la mujer lo que es la sabia (sic) para el árbol pues donde no hay instrucción no hay libertad”.[4]
  
África de Céspedes, Úrsula Coimbra, Ángela Storini, Cristina Ayala, América Font y muchas otras, fueron mujeres que quisieron abrir brechas y caminos, conquistar espacios.

Ya en la etapa republicana, a pesar de que los dirigentes del Partido Independiente de Color no propugnaron nuevos derechos para ellas, las mujeres de su mismo grupo social, en su defensa, elevaron sus voces.

Un ejemplo es el artículo “Habana” de Carmen Piedra publicado en 1910. De él un fragmento
[…] Vergüenza da el estado de retraimiento, en que está la mayor parte de la raza negra de esta localidad. Tal parece que los tienen metamorfoseados para que no comprendan la razón que tienen para formar solos un Partido y reclamar los derechos que por justicia nos corresponden.[5]

Nuevamente, el 24 de abril publicó “Horror a la mentira”, que, entre otras cosas, dice:
[…] El negro sabe llevar los dolores de la vida, armado con el amor que profesa a su raza y a su patria. ¡Y sabe también el solo temor que inspira el Partido Independiente en el no prestarse útil para las ambiciones y vanos placeres de los preocupados que no recompensan ni aprecian las grandes obras! [6]

En la década del 20 se celebraron el Primer y el Segundo Congreso Nacional Femenino; en la del 30, el Tercero. Al revisar las Memorias de los mismos no encontré escritos de las mujeres negras. En los dos primeros porque fueron excluidas; en el tercero, los datos encontrados solo reflejan una la alta participación de mujeres negras del sector obrero, sobre todo del tabacalero.

A finales de esa década, en el importante periódico Diario de la Marina, se inserta el Proyecto Cultural “Ideales de una Raza”, el cual se destacó por su amplio debate en lucha contra el racismo, la discriminación y los prejuicios. En esa lucha elevaron sus voces Consuelo Serra, Inocencia Silveira, Catalina Pozo Gato, Angelina Edreira, Calixta María Hernández, Teresa Ramos. También escribieron artículos sobre el feminismo.[7]

En la página dominical del 27 de enero de 1929, la doctora Consuelo Serra, entre otras cosas, planteaba:
Hay que difundir entre todos nuestros valores ya que afortunadamente no tenemos que crearlos pues que existieron siempre para justo orgullo nuestro, en la mente y en el corazón de nuestros mayores […] Dignidad con que sentimos el orgullo legítimo de ser cubanos y de ser negros, porque los negros cubanos hemos hecho muchas cosas buenas y dignas, en todas las fases de la vida cubana y esto no siempre mediocremente sino también de manera distinguida y saliente […] Nuestros mayores nos han legado estas virtudes, estos valores éticos; a nosotros nos toca recogerlos y colocarlos bien alto, donde todo el mundo los vea y sirvan de paz y unión entre todos los cubanos.[8]

En 10 de febrero, la doctora Inocencia Silveira publicó “Lo que somos”. De él un fragmento:
No somos racistas porque, consecuentes con nuestro deber, levantamos nuestras voces para expresar que son muchos los casos en que se posterga y combaten a determinada individualidad, solo y exclusivamente por razón del color más o menos oscuro de la piel.

No somos racistas porque expresemos nuestros sentimientos de una manera franca y decidida, ni porque proclamemos que esas postergaciones son improcedentes, injustas y en extremo perjudiciales en un país como el nuestro, dada su constitución étnica, política y social […] Sentimos, hablamos y procedemos como personas sensatas, nobles y amantes de la confraternidad: atributo que nadie puede discutirnos […] Tenemos el derecho a la igualdad y la solicitamos. No importa que la proclamamos en baja voz, o dando retumbantes gritos para que mejor se oiga […]. Conste, pues, que no somos racistas, y que sabemos que los que nos conocen también saben que no lo somos. Y a los que ignoran quienes somos podemos mostrarles nuestra historia y hacerles conocer nuestra conducta diaria.[9]

En respuesta a un artículo publicado sobre la mujer negra cubana, Catalina Pozo Gato escribió: “La negra cubana y cultura: Para el escritor Gerardo del Valle”. De él, un fragmento:
He leído con el interés particular de siempre, su último artículo[…]… esta preñado de verdades tristes y con él ha logrado usted su deseo de reflejar a una parte de la sociedad cubana los inhumanos resultados y la desalentadora consecuencia de sus prejuicios injustos. No debo yo subrayar el elogio sentimental que hace a las mujeres de mi raza; pero si puedo, con derecho a la vista, hacer algunas acotaciones a su admirable escrito en el que los entre líneas no escritos parecen sugerir estas marginales.

Ampliación cultural, es el resumen a que llega usted. Estamos de acuerdo, pero al indagar usted en el modus vivendi de la mujer negra, olvidó referirse (y una nota de redacción lo confirma) a los obstáculos, sistematizados y organizados con que tropieza la mujer negra culta, arrollada por la realidad al mismo nivel de miseria y derrota que la negra inculta.

Existe un porcentaje notorio de mujeres negras culturalmente preparadas y educadas para luchar por la vida en el mismo plano de dignidad y relativa facilidad que sus hermanas blancas preparadas. Ahí está el número alto de las que surgen a la lucha desde las aulas universitarias […] e infinidad de centros educativos y culturales en los que se prepara y habilita la mujer blanca.

Sin embargo de esas dos mujeres igualmente capacitadas y preparadas, la negra difícilmente encuentra oportunidad de demostrar sus aptitudes y conocimientos y, menos, de vivir decorosamente; porque la realidad es que el prejuicio racial que va carcomiendo la nacionalidad cubana, anula sus esfuerzos, hace estéril sus gestiones y les amarga la vida. Entonces, la necesidad imperiosa de subsistir las va haciendo descender de su escala, para reducirlas a los más rudos y tristes trabajos ―si los encuentra― con tal escasez retribuidos que solo facilita la vida en esos potros de tortura moral que son los solares, donde como en los casos por usted apuntados, quedan expuesta, por lo menos ―y esto no es nada comparado con otras consecuencias― a enojosa confusión; porque son muchos los solares y buhardillas aterradoras en las que se ven forzadas a vivir, muriendo, numerosas mujeres negras graduadas universitarias, diplomadas en Colegios diversos, Academias, mecanógrafas, taquígrafas, profesoras de idioma, bordadoras, etc, infinidad de muchachas aptas para servicios decorosos en tiendas, talleres, oficinas.

Más adelante plantea:
[…] Ni en esas tiendas, ni en las oficinas particulares, cubanas o extranjeras brindan empleo a nuestras muchachas preparadas, dando un mentís burlón a aquellos ingenuos cubanos, que fueron nuestros antepasados, y creyeron en la equidad y la justicia cuando cuajaba en la realidad de hoy, el ideal revolucionario que predicó Martí y realizó Maceo.
Finaliza diciendo:

Lo urgente no es inflar estas miserias morales, sino requerir la voluntad de los buenos cubanos y la acción del Gobierno. Unos, haciendo labor de reparación (aludo a todas esas Organizaciones y a todos los escritores que tratan estos asuntos); y el otro, legislando de tal modo que todos sintamos cariño por esta tierra envilecida, sobre la que corrió la sangre de nuestros padres y abuelos.[10]

Hasta 1958, el discurso de las mujeres negras marcó el nivel alcanzado por su pensamiento. En la diversidad de los temas hay acumulada una interesante y valiosa información sobre los graves problemas que afectaban a la población negra en aquellos momentos. Discursos que, desde el punto de vista de la raza, la clase y el género, pudieron ser considerados “peligrosos”; por tanto debían pasar a la memoria, al olvido.

No fueron tomados en cuenta, con alguna salvedad, por quienes hicieron nuestros textos de historia y tampoco son del interés por quienes en los últimos años realizan estudios de género. Pero esos discursos resaltan la importancia de algunos de los momentos histórico-sociales de nuestra problemática racial y, por tanto, reflejan, no solo lo persistente en el siglo XX, sino también en lo que va del XXI.

Después del triunfo de la Revolución el discurso femenino negro se mantiene, desde otra perspectiva y con otro enfoque, determinado por las circunstancias histórico-sociales en que están inmersas sus representantes. Creadoras cubanas que, desde su percepción y especialidad, rompieron y rompen muchas identidades impuestas a las mujeres negras, desmontan estereotipos de sumisión y objetivación, denuncian nuevas situaciones creadas, visibilizan lo silenciado en el pasado.

Entre otras muchas: Sara Gómez, Belkis Ayón, Exilia Saldaña, Gloria Rolando, Teresa Cárdenas, Elvira Cervera, Georgina Herrera, Inés María Martiatu, Fátima Patterson, Nancy Morejón. Mujeres que nos dijeron y nos dicen en un reto de afirmación y de identificación “¡De donde venimos!, ¡A donde vamos!, ¡Aquí estamos!, ¡Somos!”
________________
Notas:
1. José Martí: Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales. Tomo XIX. La Habana, 1975 p. 30.
2. Nicolás Guillén: ¿Periódicos negros de cubanos. Periódicos cubanos de negros? Diario de la Marina, agosto 4 de 1920.
3. María del Carmen Barcia: “Mujeres en torno a Minerva”, en revista La Rávida, no. 17. Huelva, España. 1998, p 10
4. Ob cit. p. 11.
5. Carmen Piedra: “Habana”, en Previsión, 7 de abril de 1910, p. 5
6. Carmen Piedra: “Horror a la mentira”, en Previsión, 24 debril de 1910, p 5
7. Angelina Edeira de Caballero: “Cooperación de las mujeres cubanas en nuestras luchas emancipadoras y manera de hacer más eficaz su participación en los momentos actuales”, en Diario de la Marina. La Habana, noviembre 11 y 25 de 1928. Consuelo Serra: “Intimidades para mis alumnas de la Escuela Normal de La Habana”, en Diario de la Marina. La Habana, junio 1ro de 1930. Calixta María Hernández: “Divagaciones sobre el sufragio femenino” y “Tópicos femeninos”, en Diario de la Marina. La Habana, junio 16 y 20 de 1929. Teresa Ramos: “Psicología femenina”, en Diario de la Marina. La Habana, 14 de diciembre de 1930.
8. Consuelo Serra: “Nuestros valores étnicos”, en Diario de la Marina, enero 27 de 1929: VI (3ra sección)
9. Inocencia Silveira: “Lo que somos”, en Diario de la Marina. La Habana, 10 de febrero de 1929: VI (3ra sección)
10. Catalina Pozo Gato: “La negra cubana y la cultura”, en Diario de la Marina, La Habana, 30 de noviembre de 1930: VI (3ra sección)

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...