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miércoles, 23 de marzo de 2011

Consejos para una adúltera


CrimethInc.

“Los buenos matrimonios cuestan trabajo”

Crecer en un ambiente dominado por la economía capitalista nos enseña ciertas lecciones psicológicas difíciles de olvidar: Cualquier cosa de valor sólo está disponible en dosis limitadas. Exige lo que es tuyo, antes de que te dejen sola y sin nada.

Aprendemos a medir compromiso y afecto en términos de cuánto es que los otros están dispuestos a sacrificar por nosotros, sin imaginar que el amor y el placer pueden multiplicarse cuando son compartidos. En una relación saludable, amigos y amantes se permiten mutuamente hacer, vivir y sentir más. Si sientes en tus entrañas (si no es en tu cabeza) que monogamia significa renunciar a algo (tu “libertad”, como se dice), entonces los modelos de explotación han penetrado incluso hasta en tu vida romántica.

Todos sabemos que Los Buenos Matrimonios Cuestan Trabajo... Cuando tienes que trabajar en la monogamia, estás de vuelta en el sistema de intercambio: la economía de tu intimidad está regimentada del mismo modo que la economía capitalista, por escasez, amenazas y prohibiciones programadas... Cuando las relaciones se convierten en trabajo, cuando el deseo está organizado contractualmente, cuando las cuentas son mantenidas y la fidelidad es sustraída --como la mano de obra a los empleados-- en un matrimonio que es como una fábrica doméstica vigilada en medio de una rígida disciplina de personal y diseñada para mantener a esposas y maridos encadenados a la maquinaria de la reproducción responsables, no debería sorprender que algunos no puedan evitarlo y que también se rebelen.

El adulterio, completamente opuesto al Buen Matrimonio, llega de manera natural, sin siquiera haber sido invitado. De pronto, te sientes transformada, despertada de ese cementerio de la pasión --ya muerta-- que ha sido tu relación, para sentir de nuevo esa excitación. No deberías estar sintiendo nada de esto ¡maldita sea! e incluso es la primera vez que has sido exaltada por una felicidad pura y no forzada... Oh, el dulce optimismo de algo nuevo, algo que todavía no es predecible... Es como si la sorpresa, el riesgo, el gozo, la satisfacción fueran de nuevo posibilidades genuinamente imaginables. ¿Quiénes, si pudieran sentir lo que están sintiendo ahora mismo, podrían exigirte que te resistieras a ello?

“La honestidad es el mejor principio”

La sociedad, personificada por tu desafortunado esposo, le exige a la adúltera ser honesta y franca en todo, cuando en realidad simplemente la condenará por ello. Intenta asegurar su acatamiento mediante interrogaciones de rutina (“¿quién era ése en el teléfono, querida?”), vigilancia (“¿crees que no me di cuenta de cuánto tiempo pasaste hablando con él?”), búsqueda y ataque (“¿y qué demonios debo suponer que es esto?”) y tácticas más serias de intimidación: la expulsión del único hogar y comunidad que probablemente ella conozca. La adúltera, a quien le gustaría poder decir la verdad, es forzada a utilizar el Cociente Miseria para calcular si puede permitirse a sí misma decir o no la verdad. El Cociente Miseria indica: divide tu infelicidad actual por las nocivas consecuencias de enfrentarte a ella, multiplícala por tu temor a lo desconocido, y luego piensa dos veces acerca de si es realmente necesario actuar.

Lo que está faltando a nuestra sociedad es la sabiduría de comprender que decir la verdad no sólo es responsabilidad de quien la dice. Si realmente quieres saber la verdad, debes hacérsela fácil a las personas para que te la digan, debes ser realmente comprensivo y estar listo para lo que pueda llegar a ocurrir, y no exigir respuestas a tus “justas” preguntas o jugar al policía bueno/policía malo... Lo único que ello puede conducir es a una acción evasiva o, en el mejor de los casos, a que la víctima de tu interrogatorio encuentre formas de mentirse así misma como a ti. Ni nuestra sociedad ni sus cornudos y cornudas están listos para la revelación de la verdad que la adúltera tiene para ofrecer y que sólo se encuentra segura en los protectores oídos de su amante ilícito.

“Las personas resultarán lastimadas”

Inevitablemente, a pesar de las mejores intenciones y los más secretos planes de la adúltera, las personas resultarán lastimadas.

Pero más importante es saber que las personas ya estuvieron lastimándose, sólo que de un modo invisible, en el impuesto silencio doméstico de la “familia feliz”. O de lo contrario, en un principio no hubieran sido necesarias medidas tan drásticas para que los corazones muertos volvieran a latir.

¿Sería mejor que las rutinas e ilusiones del matrimonio continuaran sin ser jamás perturbadas, y de este modo el tedio de todos pudiera continuar rumbo al amargo final?... Por supuesto que en lugar de engañar podrías haber ido a un consejero matrimonial, haber sido “honesta” con tu cónyuge en lugar de serlo contigo misma y alejarte de los nuevos horizontes que viste comenzar a nacer en los ojos de tu posible amante, intentar alcanzar una aceptable imitación-sustituto de felicidad con tu pareja legalmente reconocida o recurrido a automedicarte con una sesión de televisión o Prozac...

“¿qué pasará con los niños?”

Esto exigen los guardianes de la burguesía cuando oyen acerca de otro matrimonio en peligro por una aventura amorosa, aterrorizados de que ellos sean los próximos de la lista.

Bueno, ¿y qué pasa con los niños? ¿Crees que puedes proteger a las nuevas generaciones de la trágica tensión que existe entre la complejidad del deseo y la simplicidad de las prohibiciones sociales sólo por respetar tus propias órdenes? Si sofocas tus aspiraciones de felicidad, terminarás sofocando a tus hijos tanto como a ti misma. Tus niños se beneficiarán si crecen en un mundo donde la gente se atreva a ser honesta con lo que quiere sin medir las consecuencias. ¿Preferirías que aprendan a aplastar sus propios deseos y reducirlos a chatos recuerdos de vergüenza y remordimiento, como tú lo haces?

Y es interesante destacar que la monogamia de la familia nuclear, que autoproclamados jueces protegerán del asalto implícito que supone el adulterio, es la misma que sustituyó a las más amplias, fluidas y extendidas estructuras familiares del pasado. En opinión de muchos, los niños eran mejor cuidados y sus padres disfrutaban de mayor libertad. ¿Podría ser que el adulterio sea una ciega y desesperada acción de último recurso, de entre las rejas de las relaciones contractuales, para reivindicar la comunidad extendida que una vez fuimos...?

“El adulterio es la fiel oposición al matrimonio”

Finalmente, el adulterio sólo es posible porque las preguntas que él mismo realiza quedan sin responder. Al igual que la liberadora de productos, la amotinada y la suicida, la adúltera sólo hace media revolución: viola la ley y la costumbre autoritaria pero de tal manera que ellos permanecen en el mismo lugar y siguen determinando sus acciones, sean éstas de obediencia o de rechazo. Sería mejor si realmente expusiera quién es y qué quiere para el mundo entero, sin culpa ni remordimiento...

Luego, su propia lucha podría ser el punto de partida para una revolución en las relaciones humanas de las cuales todos se beneficiarían, y no simplemente un destello de pasión e insurgencia aislada que podrá ser aplastada antes incluso de ser consciente de sí misma.

Protejamos y defendamos a la adúltera de la vergüenza que le impone esta sociedad, sea cuando sea que ella dé este paso, para que efectivamente lo pueda realizar: ella actúa --como lo hacemos nosotros-- impulsada por una pasión que arde inextinguible por un mundo nuevo.

* CrimethInc., es un colectivo internacional de ex trabajadores, mujeres y hombres que “ya no desean ser meros trabajadores”, según indica la presentación de la revista Heraldo en la que se publicó --en una fecha indeterminada de fines del siglo XX-- el artículo “Adulterio (y otras medias revoluciones)” del que fueron extractados estos párrafos. Con cuartel general en Atlanta, EE.UU., y un comité de “guerrilla latina” en La Habana, Cuba, el Colectivo CrimethInc., se define a sí mismo como “células secretas, descentralizadas y autónomas, probablemente presentes en cualquier lugar donde se hable, escriba u oiga español. Todo lo que se pueda afirmar acerca de ellas no se puede comprobar si es o no es cierto”.

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