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sábado, 30 de abril de 2011

El reconocimiento de las labores del cuidado en la nueva Constitución como un avance en la lucha de las mujeres


Ma. Rosa Anchundia P (*)

Introducción
Luego de intensos debates en el pleno de la Asamblea Constituyente con 90 votos a favor, ha sido aprobado en el artículo 2 de la Sección del Trabajo, las demandas de las organizaciones de mujeres para reconocer a las labores de autosustento y cuidado humano como modalidad de trabajo, garantizándoles igualdad de derechos y condiciones para su desenvolvimiento.

A propósito de este articulado constitucional, hemos considerado necesario identificar ¿qué consideramos trabajo? desde la perspectiva de la economía feminista.

El trabajo es toda actividad destinada a la satisfacción de las necesidades de la producción y reproducción de la vida humana, aunque habitualmente utilizamos este término como sinónimo de empleo. Sin embargo, empleo es sólo aquella parte del trabajo que se intercambia por un salario.

El término trabajo ha estado vinculado a la producción mercantil, negando la existencia de los trabajos no remunerados y entre ellos el más importante: el trabajo que sostiene a la vida, el trabajo del cuidado humano, sin el cual las empresas, las instituciones, la economía en general no podría funcionar.

1. Las labores del cuidado humano son trabajo
¿En qué consisten las labores del cuidado? Este trabajo es tan complejo precisarlo por los componentes que abarca, en todo caso si lo vemos desde la óptica de la finalidad, es la actividad que provee el bienestar a los miembros de la familia y por extensión a la sociedad en su conjunto. Además, de cuidar de la socialización de los individuos desde su nacimiento y de la armonía de sus relaciones y sus afectos.

No debemos olvidar que la subsistencia y reproducción de la vida se alimenta principalmente de tres fuentes: la producción de bienes y cuidados provenientes del hogar, los bienes y servicios ofertados en el mercado y los servicios públicos. (Carrasco, 2003).

El trabajo doméstico en su mayoría lo hacen las mujeres. Según algunas estadísticas de la región de América Latina, las mujeres aportan 85 por ciento del tiempo total al trabajo doméstico, mientras que los hombres sólo el 15 por ciento.

Los cambios ejercidos en la participación laboral, con una masiva incorporación de las mujeres al trabajo remunerado han generado conflictos entre sus tiempos de trabajo productivo y el reproductivo. Este hecho ha contribuido a visibilizar la importancia de este trabajo.

Este aporte por ser gratuito, ha sido visto como algo fuera del ámbito económico, lo que ha llevado a desconocer su peso y su contribución, así como se ha ocultado la íntima relación que existe entre este trabajo y la producción capitalista. Por lo tanto la existencia de este sistema patriarcal y capitalista ha sido la principal causa de su invisibilización.

2. El camino hacia el reconocimiento de las labores del cuidado en los procesos constitucionales de américa latina
En las Constituciones de América Latina respondiendo a las movilizaciones de las organizaciones de mujeres, ya desde los años 90 se han aprobado artículos que tratan de visibilizar y compensar económicamente el trabajo doméstico y las labores del cuidado mejorando sus condiciones laborales.

Ecuador consideró en el artículo 36 de la Constitución de 1998 al “trabajo doméstico no remunerado como productivo”. Venezuela en la Constitución de 1999 en el artículo 88 señala que “El Estado reconocerá el trabajo del hogar como actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social. Las amas de casa tienen derecho a seguridad social de conformidad con la ley”.

A pesar de estas conquistas, en el caso ecuatoriano vemos que este trabajo aún está ausente de las estadísticas oficiales y de las políticas económicas dirigidas a mejorar las condiciones de vida de sus gestoras.

En este marco es que “el reconocimiento de las actividades de cuidado humano y la garantía y protección de sus derechos” en la nueva Constitución del 2008, es un avance no sólo Constitucional sino que obliga al Estado a impulsar políticas concretas para garantizar sus derechos.

3. Los aportes del trabajo doméstico a la macroeconomía
Tanto desde la academia como desde las organizaciones de mujeres se ha fundamentado desde hace algunos años, los aportes de este trabajo a la economía.
 Antonella Picchio, desde Italia, sostiene que “el contenido del trabajo doméstico es el cuidado del mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, así como el cuidado de los cuerpos, la educación, la formación, el mantenimiento de las relaciones sociales y el apoyo psicológico a los miembros de la familia”.

El trabajo doméstico va más allá del cumplimiento de tareas caseras, éste es fundamental para la reproducción no solamente de la fuerza de trabajo, sino de la sociedad en general, se trata entonces de uno de los más importantes agregados del sistema económico.

Un informe previo a la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer de la ONU, preparado por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) señala que si las mujeres fuesen remuneradas por el trabajo doméstico y la crianza de los infantes, sus salarios representarían la mitad de los ingresos nacionales.

De acuerdo al Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) de México el valor y volumen del trabajo doméstico no remunerado en todo el mundo equivale entre el 35% y 55% del PIB, así como, en cuanto a servicios, la producción doméstica representa hasta el 60% del consumo privado.

¿Cuál es la magnitud del aporte del trabajo doméstico en la riqueza nacional?
En Ecuador aportan al trabajo doméstico todas las amas de casa que representan alrededor del 70% de la población en edad de trabajar: las mujeres que son económicamente activas, las niñas y adolescentes.

Además, trabajadoras domésticas remuneradas con bajos salarios y sin protección social.

Para determinar una estimación de la magnitud de este aporte, se aplicó la metodología elaborada por Magdalena León en su investigación sobre la Valorización del Trabajo Doméstico. En cuanto a los datos se utiliza el Censo de Población del año 2001 y el PIB del año 2007 que suma US $44.489’915.000 según informe del Banco Central del Ecuador.

Si calculamos el total de horas ordinarias a un valor de US $ 1 (Un dólar) la hora y las horas extraordinarias a US $ 1,50 el costo total del trabajo doméstico alcanzaría a US $ 13.635’095.040 dólares, lo que equivale al 30% del PIB del 2007.

4. Y a pesar de esto las inequidades
El trabajo doméstico y las labores del cuidado en general, a pesar de formar parte de los procesos de vida y reproducción social y de la fuerza de trabajo, no gozan todavía de políticas públicas concretas que promuevan su bienestar.

Como hemos visto el trabajo doméstico gratuito de las mujeres ecuatorianas representa once mil novecientos treinta millones de horas de trabajo al año y tiene un valor equivalente al 30% del PIB. Esta participación ha ido creciendo, y es que la aplicación de políticas de ajuste y el agravamiento de la crisis ha significado aumentar la sobrecarga de trabajo doméstico en las mujeres, quienes debido a los roles impuestos, asumen la economía del cuidado, y que en estos momentos con estos logros Constitucionales y las políticas que se empiezan a impulsar se sientan las bases para una mayor justicia.

Con los doce mil millones de dólares que se ha ahorrado el Estado y la empresa privada con el trabajo doméstico gratuito de las mujeres:
¿Cuántas maternidades realmente gratuitas se podrían financiar?
¿Cuántos programas de medicina preventiva para las mujeres?
¿Cuántos capitales semillas para fortalecer las iniciativas productivas de las amas de casa? ¿Cuántas becas escolares para niñas y adolescentes? Y
¿Cuántos programas de alfabetización para mujeres urbanas y rurales?

A partir de aquí surgen algunas propuestas para la redistribución de la riqueza.

5. Algunas propuestas
Las políticas neoliberales han agravado las condiciones en las que se desarrolla el trabajo doméstico y han trasladado las labores de cuidado a las mujeres, elevando su sobrecarga del trabajo, lo que ha limitado el desarrollo de las capacidades de la mujer, constriñendo sus oportunidades para entregar su aporte a la sociedad.

El enunciado constitucional de que las actividades de auto sustento y cuidado humano se los garantiza y protege por igual en sus derechos debe llevar al pleno reconocimiento de todas las mujeres como actoras económicas, como sujetos que aportan a la producción y al bienestar, lo que será ya una forma de compensación.

Una consecuencia inmediata de tal reconocimiento debe ser:
• La ampliación de la cobertura del seguro social a todas las amas de casa, sin ninguna merma de los beneficios que reciban.
• Elaborar presupuestos estatales a nivel nacional y local con participación de las mujeres recogiendo sus derechos ya establecidos en marcos legales internacionales y nacionales.
• Democratización del acceso de las mujeres a los recursos productivos, especialmente del crédito.
• Acceso a las mujeres a la propiedad eliminando discriminaciones jurídicas.
• Participación política de las mujeres en condiciones de equidad y la aplicación estricta de la ley de cuotas.
• Visibilización a nivel de estadísticas oficiales de las labores del cuidado humano

Fuentes de información
Banco Central del Ecuador. Boletín 1817 de Julio 31 del 2003.
Benería, Lourdes. Reproducción, Producción y División Sexual del trabajo. 1979.
Carrasco, Cristina. La sostenibilidad de la vida humana: ¿un asunto de mujeres?, del libro Mujeres y Trabajo: cambios impostergables. Brasil 2003.
Gardiner, Jean. Los padres fundadores. Tomado del libro Mujeres y Economía. Editado por Cristina Carrasco. España 1999.
INEC. VI Censo de población y V de vivienda del año 2001. Ecuador.
León T., Magdalena. Valorización del trabajo doméstico. Quito, Ecuador 1999.
Picchio, Antonella. Un enfoque macroeconómico “ampliado” de las condiciones de vida. Tomado del libro Tiempos, trabajos y género. 2001.
(*) Ma. Rosa Anchundia P. es miembro de Remte, organización que, a su vez, forma parte de la Red de Comunicadoras y Comunicadores por la Constituyente.

Fuente: http://www.memoriaciudadana.org/opinion_marosa.html

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