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sábado, 2 de abril de 2011

Tómese un café con las mujeres


Juliana Gutiérrez, Unimedios Bogotá

Desde hace dos años, Florence Thomas reúne a cerca de 60 mujeres en un lugar de Bogotá para que se tomen un café y conversen de los temas que las obsesionan y les preocupan. Hablan del amor, del desamor, de la masculinidad, del Estado. La entrada también está permitida a los hombres. Carta Universitaria fue testigo de una de estas reuniones.  

Faltan 10 para las 6 de la tarde. La cita es en El Café De Vachan. Un ambiente hindú, paredes naranja, la luz de las velas, mesas y sillas de madera pegadas al piso, grandes cojines en el tapete, para sentarse, y el aroma a incienso. Allí se reúnen cada 15 días 60 mujeres en promedio. En esta ocasión han llegado cuatro hombres.

Todo esto se llama Café de mujeres, charlas organizadas desde hace dos años por su creadora, Florence Thomas, una de las fundadoras de la Escuela de Género de la Universidad Nacional de Colombia. En el Café se habla sobre el amor, la mujer, la masculinidad, el lesbianismo, el Estado, el feminismo.

El tema del día es morir de amor. Han llegado mujeres elegantes, jóvenes y adultas, trigueñas, blancas, rubias, pelirrojas, universitarias, trabajadoras y amas de casa. También dos hombres adultos y otros dos jóvenes, los cuatro de gafas.

Las reflexiones

“Nadie nos ha enseñado a decir adiós, nadie nos ha enseñado que el amor muere, nadie nos ha enseñado la soledad. El enamoramiento es tomar el riesgo de amar al otro libre”. Con estas reflexiones comienza Florence.

“Aún hay muchos imaginarios en el amor, difíciles de cambiar –continúa–. Hoy nuestra sesión se llama ‘No te mueras de amor’. Invité a Raquel, que es comunicadora. Está terminando su Maestría de Comunicación. Ella tiene una larga hoja de vida en el Ministerio de Salud y en el de Educación y en muchas otras entidades. Ha diseñado la famosa campaña Entregue las llaves. Ella hablará de los estragos del amor. El amor no nos protege de nada. Todos los días en Colombia nos morimos de amor”.

Ninguno de los asistentes parpadea. Las miradas están puestas en Raquel Sofía Amaya, que luce jeans y tenis. Con voz segura, bastante gesticulación y la expresión de sus manos, Raquel va soltando su discurso.

“Hay un componente que atraviesa todas las historias de amor: el silencio. Sobra decirles que las historias que les contaré son reales. Ella es una mujer profesional, famosa, que es destrozada por su esposo y que siempre lo perdona porque es bello cuando le lleva flores. Yo no quisiera pensar que esas mismas flores se las puede terminar llevando al cementerio. Un ama de casa, estrato tres, casada hace 25 años, un día se enteró de que tenía sida. Fue estigmatizada por su esposo. Ella invocaba al amor y la fidelidad. Cómo decirle a él que se ponga un preservativo si llevamos 25 años de casados. Él se sentía dueño del cuerpo de ella, y nunca le permitió hacerse una citología, ni dejarla decidir”.

El público murmura con expresiones de sorpresa. Algunas desvían la mirada y contemplan pensativas un horizonte. Otras, cabizbajas, miran las palmas de sus manos como buscando en ellas un mapa de guía. Raquel Sofía continúa su reflexión.

“Porque te quiero, te aporreo; en la cara no me pegues, en la cara no; después del disgusto va el gusto. Esas frases hacen parte del imaginario. A las mujeres nos juzgan desde el amor y nos definen desde la maternidad. La sociedad nos pasa la cuenta de cobro si no somos madres. Eres madre, eres mujer. Y si no soy madre, entonces ¿qué soy?”.

Una hora y media después se siente más confianza en el ambiente. Los interrogantes se dejan oír.

“¿Y dónde conseguimos cifras de los embarazos no deseados en adolescentes?”, pregunta una.
Otra de ellas dice: “Tengo un artículo publicado en el periódico Hoy. Se titula: ‘Mujeres que matan’. El subtítulo dice: entre más exitosas, más letales son para el corazón de su pareja. Y ella misma comenta: ¿por qué las mujeres siempre nos vamos a sentir culpables?”
Uno de los hombres pregunta por qué ahora las niñas de 16 años salen con hombres hasta 30 años mayores que ellas.
Otra de las asistentes dice: “Cuando denuncias, es mejor que no denuncies, porque ‘¿para qué?’”

Florence responde: “Todo acto del ser humano también es político”. Raquel añade: “La resignificación del amor… lo ideal para garantizar el derecho es despojarnos de las ataduras y pensarnos al revés. Por ejemplo, vaya en TransMilenio y denle el puesto a un hombre, y seguro el libreto será distinto”.

Risas van, risas vienen. Pómulos sonrojados de imaginar la escena en el TransMilenio o de parar en un semáforo a comprar una flor y regalarla al hombre que va en el carro del lado.

Otra sesión del Café está a punto de terminar. “Todos somos mutantes, estamos caminado en una revolución que no está acabada, buscando el camino extraviado, no el previsto”, cierra Florence. Las tazas de café han quedado vacías. El lugar será ocupado por otros visitantes, con otros desvelos y otras dudas. No ha sido un día de miércoles, sino un miércoles diferente. Todas, sin excepción, buscan la salida, sonrientes y no dejan de conversar en voz alta. Tal vez ya están pensando en el próximo café.

2 comentarios:

Manuel Casal dijo...

Magnífico blog. Lo enlazo en el mío http://manuelcasal@blogspot.com Gracias.

Alicia Guevara dijo...

Mil gracias Manuel por tú comentario, estaré visitando tú blog muy pronto, te envío un abrazo inmenso, cualquier documento, artículo o invertigación que quieras ver publicado, envíamelo a aliciaguevara10@gmail.com.

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