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miércoles, 25 de mayo de 2011

Aún demasiados infantes


Florence Thomas*

Si algo me impresionó en mis recientes vacaciones en la Costa Atlántica fue mi encuentro con racimos de niños y niñas, en las carreteras, en las playas, en las tiendas. Kilómetros de retenes de la miseria entre Barranquilla y Santa Marta y una sola visión: cientos de niños y adolescentes pidiendo dinero. Demasiados futuros hipotecados y proyectos de vida irrealizables. 

No obstante, hace unos 40 años Colombia fue uno de los países de América Latina que mejor reaccionaron a las campañas de planificación familiar y, algo más tarde, a la anticoncepción, dos campañas que permitieron pasar, en menos de 50 años, de 7 hijos por mujer a 2,4 hoy. Sin embargo, en este rincón paradisíaco del país volví a sentir indignación ante el hecho de que aún nacen demasiados niños y niñas en condiciones precarias. 

Y esto parece una maldita norma de los tiempos modernos: estos infantes se distribuyen tan mal como se distribuyen los ingresos. Muchos son nacidos de los estragos del conflicto armado; todos, nacidos de la pobreza y de la falta de educación sexual que casi siempre la acompaña; otros, nacidos de la embriaguez de machos violentos y de los estragos de una cultura patriarcal y maternalista; la gran mayoría, nacidos de la ignorancia. Pocos, muy pocos, nacidos del amor y de una decisión razonable de una mujer y de un hombre dispuestos a asumir lo que significa volverse padre y madre en tiempos difíciles. 

Para este nuevo año, hago un llamado a alcaldes y alcaldesas, secretarios y secretarias de salud de todos los municipios del país para que, con convicción y una férrea voluntad política, capaciten y empoderen a niñas, adolescentes y mujeres con el fin de que ellas exijan información relativa a una sexualidad placentera y responsable, al uso de anticonceptivos, a su posibilidad de decidir autónomamente si desean ser madres -hoy es absolutamente legítimo no desear serlo-, y, si lo desean: cuándo serlo y cuántas veces serlo. 

Sin olvidar un intenso trabajo con los hombres, quienes son parte esencial de ese proceso de cambio de paradigmas culturales que asocia aún mujer con madre, y masculinidad con macho reproductor. Para los funcionarios y las funcionarias implicados en estos procesos de cambio, se trata entonces de poner en marcha una de las más bellas proclamas de organizaciones de mujeres colombianas, que dice: 'Educación sexual para decidir; anticoncepción para no abortar y aborto legal para no morir', proclama que actualiza y renueva otra, esta vez francesa, de los años setenta, que decía: 'La contracepción: mi opción; el aborto: mi último recurso; dar la vida: mi libertad'. 

Autonomía, opción y responsabilidad. Es esto lo que tenemos que seguir enseñando a las mujeres y a los hombres de Colombia. Si pudiéramos poner en práctica sin doble moral estas tres consignas, la vida de las mujeres y de los hombres cambiaría sustantivamente; la economía del país, también. Un tema que además se ha vuelto un indicador de desarrollo humano. Al respecto, me sigue sorprendiendo el desinterés de los economistas -entre otros, el de los yuppies de Planeación Nacional- por el tema de la educación sexual y del aborto. 

Sé que todavía existen muchos contradictores que quisieran que todo siga igual en cuanto al tradicional rol de las mujeres. En el inicio de esta segunda década del siglo XXI, la maternidad ya no es el factor determinante de la identidad femenina. Negar esta realidad es quedarse atrás en la historia. Sé que son temas sensibles, a pesar de evidentes cambios que nos muestran las políticas públicas de mujeres y géneros en varios rincones del país. Y sí, afortunadamente, la marcha adelante sigue, y aun cuando no siempre con el ritmo que quisiéramos, no se detendrá. 

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad


Publicación: eltiempo.com

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