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lunes, 23 de mayo de 2011

Comunicación y diversidad cultural: luchas convergentes


Sally Burch*

Una de las principales fuerzas del movimiento alterglobalización es su capacidad de juntar, bajo las mismas banderas, a sectores y organizaciones que rara vez se habían unido. Organizaciones feministas y campesinas, de afrodescendientes y de pobladores, centros de investigación, artistas y medios de comunicación, encuentran allí un terreno común, bajo el paraguas de la propuesta de justicia global, unánimes en su oposición al modelo económico excluyente. Estos acercamientos enriquecen las propuestas y demandas de cada sector; y al allanarse el camino para reconocimientos mutuos, la propuesta de unidad en la diversidad toma cuerpo.

Sin duda es más fácil unirse en la oposición que en la construcción. Pero no es menos cierto que los procesos de acercamiento entre sectores y movimientos han inspirado visiones y alternativas que contemplan la sociedad en su conjunto, viendo más allá de las particularidades sectoriales. Como ejemplos: la propuesta de sociedad pluricultural del movimiento indígena, o la de soberanía y seguridad alimentaria para el campo y la ciudad, formulada por movimientos rurales.

En cuanto al movimiento de mujeres, uno de sus grandes aciertos ha sido afianzar el reconocimiento de que los desequilibrios de poder entre los géneros perjudican a toda la sociedad, y que no son sólo "un problema de las mujeres".

Lo nuevo ahora, es que con el mayor acercamiento de estos movimientos con otros, se ha desatado un proceso de replanteo de prioridades, temas y propuestas, donde las visiones feministas y las perspectivas de la diversidad aportan enfoques críticos a una variedad de luchas sociales, a la vez que encuentran nuevas oportunidades de innovar en la generación de pensamiento y de alternativas. A su vez, esta interacción abre nuevas perspectivas a sus luchas particulares. Entre los temas que interpelan respuestas, están la comunicación y la diversidad cultural.

Tendencias en la comunicación
Las tendencias actuales en el ámbito de la comunicación tienen implicaciones sociales de un alcance amplísimo. La rápida evolución de las tecnologías de información y comunicación está entre los factores que más han contribuido a aceitar y acelerar el proceso de globalización económica, otorgándole, como nunca antes, un carácter estratégico a la comunicación, lo que explica en gran parte por qué ésta se ha convertido en sector clave de la economía.

Entre las expresiones de este proceso, están la creciente concentración de la propiedad de empresas del sector, y la conversión de la información en mercancía. Y si bien aparentemente tenemos hoy una gama de opciones comunicacionales mucho mayor que en épocas pasadas, lo cierto es que éstas están cada vez más estandarizadas -basta recorrer los canales de la televisión por cable para darse cuenta-, y controladas por un número cada vez menor de megacorporaciones.

Empresas que se identifican más con los intereses del sector corporativo que con el interés público. Indudablemente, las nuevas expresiones de la comunicación -sea Internet, TV por cable o satélite, telefonía celular un otras- tienen una gran utilidad y un lado fuertemente seductor; al punto que se las vende como la "cara atractiva" de la globalización.

En cambio, su lado más sombrío -tecnología militar ultra secreta, sistemas de vigilancia y espionaje- es prácticamente invisible y hasta desconocido. Ello quizás explica porque ha demorado, en relación a otras luchas, el proceso de levantar la defensa de la democratización de la comunicación como parte de las agendas sociales.

Y sin embargo, esta dualidad es lo que permite que este sistema se imponga tan sutil y eficazmente. Por un lado, la comunicación controlada por grandes empresas está creando las condiciones para que sin protesta, dejemos subyugar nuestras mentes y los corazones: bajo un barniz de variedad, se impone un modelo cultural homogeneizado, que al límite puede llegar a colonizar la cultura y el mismo pensamiento.

Situación profundamente preocupante, particularmente para quienes luchan desde la afirmación de identidades. Por otro lado, se nos vigila sin que nos demos cuenta. Con esta tenaza, los poderes establecidos aprovechan, no solo para controlar el terrorismo como pretenden, sino también para contener la legítima disconformidad social.

Pero este es solo parte del panorama, pues, en forma paralela y en tensión permanente con esta tendencia a la concentración y control de la comunicación, coexiste otra contraria. Esta segunda reivindica una comunicación más democrática, que garantice la más amplia diversidad y pluralidad de expresiones; es orientada hacia mayores oportunidades de participación social en los procesos de comunicación y busca devolver el control a las comunidades. También aprovecha las facilidades de las nuevas tecnologías, que han puesto instrumentos mucho más poderosos en manos de la ciudadanía, con oportunidades inéditas para comunicarse en red y en forma descentralizada.

Una de las expresiones de esta segunda tendencia es el desarrollo ciudadano de Internet. Y uno de los sectores que más lo ha aprovechado es justamente el movimiento alterglobalización, que ha crecido en estrecha simbiosis con la evolución de Internet. Ambos tienen la forma de "red de redes". Internet se ha convertido en el principal mecanismo de intercomunicación de estos movimientos, y ellos, -o sus predecesores- contribuyeron a darle a Internet su característica de espacio libre donde la información fluye y se parte abierta y gratuitamente. Sin desconocer las restricciones en el acceso a este recurso para grandes sectores sociales, sobre todo en el Sur, este hecho no le quita su potencial articulador, cuasi universal.

El movimiento de mujeres fue innovador en este sentido. Desde la primera mitad de los años 90, al calor del proceso de articulación de cara a la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing 1995), adoptó el uso de Internet para coordinarse entre países y continentes, compartir información y trabajar propuestas. Tal vez lo más novedoso fue el mecanismo de comunicación, -combinando Internet con otros medios, desde la prensa local hasta las cadenas de fax o la casa comunitaria-, para que desde Beijing se haga llegar información directamente de las organizaciones presentes hacia las bases en decenas de países, sin pasar por el filtro de las agencias de prensa internacionales. Esta experiencia, impulsada entre otros por el Programa de Mujeres de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones y ALAI, se convirtió luego en ejemplo e inspiración de otras experiencias similares. Hoy, procesos como el Foro Social Mundial, al articular su funcionamiento en buena parte en torno a Internet, han logrado ritmos impensables en otras épocas.

Lo que sería un grave error es presumir que la cualidad de espacio abierto y ciudadano, que caracteriza a una parte importante de Internet, es algo eterno e inherente a la tecnología. El sector empresarial nunca estuvo cómodo en un espacio sin dueños, donde la información fluye libremente, entonces presiona por mayores controles y áreas privatizadas. Y en varios países, el combate al terrorismo ha sido invocado como pretexto para levantar ciertas restricciones al monitoreo del tráfico de mensajes, o incluso obligar a proveedores de servicios Internet a entregar información sobre sus clientes. El caso, el año pasado, del secuestro temporal de los servidores de Indymedia en Inglaterra -donde todo indica que hubo una colusión directa entre gobiernos y una empresa privada- es un antecedente preocupante. En EE.UU. seguramente existen muchos casos similares que la Ley impide, siquiera develar.

España, por su parte, introdujo hace pocos años una legislación que obligaba a registrar la creación de sitios Web. Como dice el investigador catalán Manuel Castells, "Desde siempre, el poder se ha basado en el control de la información y de la comunicación; por tanto, en principio a ningún gobierno le gusta Internet y la primera obsesión de casi todas las comisiones gubernamentales creadas sobre la red en las que he participado es cómo controlar Internet".[1]

En estas circunstancias, defender el carácter libre y abierto de Internet se vuelve un imperativo de toda luchadora y todo luchador social.

Diversidad cultural y libre comercio
El vínculo entre comunicación y diversidad cultural fue destacado, entre otros, en la Declaración de Sociedad Civil en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información[2]:

"La diversidad cultural y lingüística constituye una faceta fundamental de las sociedades de la información y la comunicación centradas en las personas. Cada cultura tiene una dignidad y un valor que han de respetarse y protegerse. La diversidad cultural y lingüística se basa, entre otras cosas, en la libertad de información y expresión, y en la libertad que tiene todo el mundo de participar libremente en la vida cultural de la comunidad, en los ámbitos local, nacional e internacional.

Esta participación abarca actividades realizadas tanto en calidad de usuarios como de productores de contenido cultural. A las tecnologías de la información y la comunicación, incluidos los medios de comunicación tradicionales, les corresponde un cometido especialmente importante en el mantenimiento y el fomento de las culturas e idiomas del mundo".

La diversidad cultural se encuentra hoy bajo amenaza, como resultado de los acuerdos de libre comercio, actuales y en negociación, sobre todo si se imponen medidas que restringen la posibilidad de adoptar políticas soberanas en la materia y se obliga a una apertura sin límites a la inversión y penetración de productos extranjeros. Tal es así que la propia UNESCO ha emprendido un proceso de elaboración de un Convención sobre el tema, destinado a defender el derecho de las naciones y pueblos a proteger y estimular su creación cultural.

Al respecto, nos debe alertar el hecho que, para la política norteamericana, uno de los puntos "no-negociables" en los acuerdos de libre comercio, es la liberalización de los productos mediáticos digitales. De hecho EE.UU. ha aflojado la presión que antes ejercía para desbaratar el proteccionismo de sus competidores en el sector mediático y cultural tradicional, debido, entre otros, a la fuerte oposición de Francia. Pero es inflexible cuando se trata de liberalizar al nuevo sector de la difusión digital, que es el que está en mayor crecimiento. Es justamente en este último sector, como la televisión en directo por satélite, que se amplía la hegemonía de la industria cultural transnacionalizada, con implicaciones bastante preocupantes para la diversidad cultural.

La Convención de la UNESCO, por cierto, es impulsada principalmente por el sector empresarial mediano, que se siente amenazado por el puñado de megaempresas transnacionales que dominan el sector. A ellos se añaden asociaciones de artistas y pequeñas productoras, agrupadas en coaliciones que existen en unos 16 países. Poca participación tienen los grupos indígenas, afrodescendientes y otros, que sin embargo desarrollaron propuestas relacionadas en el marco de la Conferencia Mundial contra el Racismo (Durban 2001).

En todo caso, la Convención arriesga quedar sin fuerza, si algunos países poderosos logran su intento de reducir su mandato, al negarle un estatus igual o mayor a otros instrumentos internacionales, como los propios acuerdos de libre comercio.

Nuevas alianzas
El emergente movimiento por la democratización de la comunicación es uno de los sectores que se están acercando al movimiento alterglobalización, y cuyas demandas han comenzado a permear en él. Uno de los principales espacios de confluencia mundial en torno al tema es la Campaña por los Derechos de la Comunicación en la Sociedad de la Información (CRIS, por sus siglas en inglés), que se destacó en la coordinación de las actividades de la sociedad civil, en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información y tiene convocatoria en materia de comunicación en el Foro Social Mundial.

Este movimiento reivindica la necesidad de reforzar los derechos en este ámbito, en respuesta a nuevas amenazas, pero también para que las nuevas oportunidades se reviertan a favor de la ciudadanía. Reivindica garantías para la diversidad y pluralidad de fuentes informativas, y la democratización del acceso a los medios de expresión y las nuevas tecnologías. Apela a una legislación que limita la concentración de propiedad de los medios; y lucha por el acceso de los medios comunitarios a las ondas radiales. Además, reivindica la información como bien público, y defiende la diversidad cultural. Impulsa también el desarrollo del software libre, entre otros aspectos.

Algunos escenarios recientes han facilitado nuevas alianzas en torno a estos temas. Medios comunitarios, defensor@s de derechos humanos, proponentes de una perspectiva de género en la comunicación, activistas del software libre, profesionales de la educación y academia, han encontrado agendas comunes en escenarios como la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI, Ginebra 2003 y, la segunda fase en preparación para noviembre 2005, en Túnez). En el Foro Social Mundial se busca un acercamiento con los movimientos en oposición al llamado "libre comercio" y la guerra, entre otros.

Entre los temas potenciales para formar alianzas están los derechos de propiedad intelectual. Las luchas en este campo se han concentrado, hasta ahora, sobre todo en aspectos como el impacto para los farmacéuticos, las semillas y los conocimientos indígenas milenarios. No obstante, las implicaciones en el ámbito de la información son cruciales. Pues, la "propiedad intelectual" se refiere en gran parte a información: datos, programas informáticos, ideas, descubrimientos científicos o creaciones culturales, que con la digitalización, se pueden copiar y compartir casi infinitamente. Es uno de los principales motivos de las presiones de empresas transnacionales y sus gobiernos aliados para obligar a todos los países a prohibir la copia no autorizada.

En momentos en que el mundo tiene posibilidades inéditas de compartir el conocimiento, y enriquecerlo con el intercambio entre culturas, se busca privatizarlo y restringir su circulación, atropellando derechos para el beneficio particular. Esta situación perjudica principalmente a los países del Sur y las culturas minoritarias, que cuentan con menos recursos sistematizados de información, y cuyos conocimientos están expuestos a ser apropiados y patentados por empresas del Norte.

El movimiento pro-democratización de la comunicación plantea la noción de la información como bien público, que debe ser protegido como tal. En este sentido, se propone una revisión del régimen de propiedad intelectual, para que recobre el sentido original de los derechos de auto y patentes, que es garantizar el interés público, por sobre las ganancias de las empresas intermediarias, detentoras actuales de los DPI.

Aportes desde enfoques de la diversidad y género
En los movimientos que han priorizado el combate a la discriminación y por el reconocimiento a la diversidad, la comunicación fue identificada tempranamente como un área de lucha importante, con un enfoque orientado principalmente hacia los contenidos e imágenes mediáticos. Es el caso del movimiento de mujeres, como también de los movimientos de afirmación étnica o de orientación sexual.

Conscientes de la influencia de los medios de comunicación en perpetuar o modificar percepciones y actitudes, se emprendió una lucha contra el trato discriminatorio, los estereotipos e imágenes negativas o denigrantes –especialmente en la publicidad- y se denunció la "invisibilización" de sectores enteros de la población, en un mundo mediático donde el hombre blanco sigue siendo la figura predominante, sobre todo como sujeto de noticia y opinión.

Paulatinamente, las presiones ejercidas han logrado modificar las prácticas mediáticas, si bien se está lejos aún de lograr el equilibrio anhelado, como lo atestiguan los resultados de las dos primeras ediciones del Proyecto de Monitoreo
Mundial de los Medios, liderado por la WACC en 1995 y 2000, que demostró la escasa presencia de las mujeres en los medios. La tercera edición del Monitoreo se realizará en febrero del 2005.

La Conferencia de Beijing 95 fue una oportunidad para ampliar propuestas desde las mujeres respecto a la comunicación, que se plasmaron en la "sección J" sobre mujeres y medios, de la Plataforma de Acción de la ONU. Estas propuestas buscaron ir más allá que la sola cuestión de imágenes, para plantear a las mujeres como sujetos y actoras de la comunicación. Apropiación de las nuevas tecnologías, formación en comunicación para las organizaciones de mujeres, presencia de las mujeres, con propuestas de género, en las instancias de decisión, fueron algunas de las propuestas destacadas, que apuntan no solo a insertar a las mujeres en el sistema de comunicación dominante, sino sentar las bases para transformar este sistema y devolver niveles de control a la ciudadanía.

Las mujeres han realizado importantes aportes también en áreas como la alfabetización mediática, el desarrollo y defensa de los medios comunitarios, y las luchas por la defensa de la libertad de expresión. Por último, no podemos olvidar el aporte de medios feministas, que desde enfoques diversos han contribuido en la práctica a democratizar la comunicación, incorporando una perspectiva de género.

Los temas topados en las páginas anteriores abordan apenas algunos aspectos de la lucha por la democratización de la comunicación, que ha involucrado a much@s actor@s y sectores. Lo destacable ahora son los nuevos puentes que se van construyendo entre estas diferentes áreas.

Desde ALAI, hemos venido abogando por la construcción de una agenda social en comunicación. Considerando los poderosos intereses en juego, tenemos la clara conciencia de que muchas de estas luchas serán viables solo en la medida en que movilicen a una gama amplia de actores sociales. Pero también que el éxito de las luchas sociales contra el actual modelo excluyente depende en buena parte de la democratización de la comunicación y su apropiación social. Ello nos apela a estrechar alianzas, en las cuales el aporte de los enfoques de género y de diversidad será fundamental.

Versión actualizada por la autora de la ponencia presentada en el Encuentro de Mujeres de las Américas: Hacia Porto Alegre 2003, Cuenca, Ecuador

* Periodista, Directora Ejecutiva de ALAI.

[1] http://www.rebelion.org/cibercensura/castells070203.htm
[2] "Construir sociedades de la información que atiendan a las necesidades humanas". Declaración de la Sociedad Civil ante la CMSI, diciembre 2003 http://movimientos.org/foro_comunicacion/show_text.php3?key=2346
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