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domingo, 1 de mayo de 2011

Economía de los cuidados


¿Qué son los cuidados exactamente?
Los cuidados son todas aquellas actividades que se realizan de manera gratuita o remunerada y que proporcionan cotidianamente el bienestar afectivo y material de las personas. Proporcionar alimentos, abrigo, higiene personal, la compañía, la limpieza y el orden en la casa, son unos pocos ejemplos de actividades imprescindibles en la vida de las personas.

Todas las personas necesitamos de una serie de cuidados para poder existir aunque éstos se intensifican más o menos a lo largo de nuestro ciclo vital según nuestra escasa o avanzada edad o según nuestro estado de salud. Aunque en mayor o menor medida todas las personas aportan cuidados, sin excepción todas dependemos de ellos. Por tanto, el ideal de autosuficiencia es irreal ya que todas y todos somos interdependientes.
 
Cuidar es todo un arte a saber, a anticipar, y a ejecutar. No es en vano que las demandas de trabajadoras domésticas pidan “experiencia” como requisito para la contratación. Cuidar, lejos de ser algo mecánico, requiere de técnica, de conocimientos intelectuales y relacionales, y de afecto. Todo este conjunto de saber-hacer se adquiere en el transcurso de los años.

2. La organización social de los cuidados
A diferencia de lo que se suele creer, los cuidados no se limitan al trabajo físico, a aquellas tareas que aparentemente “solo” requiere un esfuerzo del cuerpo (lavar, planchar, limpiar). Por tanto, tampoco se pueden equiparar los cuidados al trabajo doméstico (todas aquellas tareas realizadas en los hogares). El cuidado es un continuo que habita muchas esferas de la vida y muchos tiempos vitales. La falsa dicotomía de “tiempo de trabajo” versus “tiempo personal/ familia” se desvanece y el tiempo se complejiza.
 
Se cuida en los hogares, en los parques, en la escuela, en el centro de salud, y en el supermercado. También nos auto-cuidamos (haciéndonos nuestra propia comida, tomando sin falta las medicinas, o haciendo ejercicio). Si imaginamos un mapa del cuidado, veríamos que está presente en todos los espacios y que además las cuidadoras son principalmente mujeres.

Históricamente las mujeres han sido asignadas a roles de cuidadoras, rol que se ha perpetuado a pesar de que el modelo de familia tradicional nuclear (mujer ama de casa/ hombre asalariado) se ha desmoronado. Las mujeres se han incorporado al mercado laboral pero siguen cuidando, generalmente en solitario. A falta de una recomposición y redistribución del trabajo de cuidados, éste sigue recayendo sobre las mujeres dentro del marco familiar.

La invisibilidad del trabajo de cuidados está ligada a los valores de la sociedad-mercado que se rigen únicamente por lo monetario. La idea de que el cuidado no es trabajo- por no estar insertado dentro del mercado- ha infravalorado esta labor. La falta de reconocimiento económico y social, traducida en total invisibilidad, ha permitido que tanto los hombres como el Estado se desentiendan de sus responsabilidades.

Sin embargo, los cuidados garantizan el funcionamiento de todo el sistema económico. A continuación podemos ver la cantidad de horas dedicadas a cuidar sin remuneración y lo que supondría todo este tiempo traducido en empleos.

Cuidados no remunerados
Horas anuales (millones)
Equivalente en empleo (millones)
% realizado por mujeres
Cuidados de niñas/os
14.500
8,7
82,3%
Cuidados de personas ancianas
4.295
2,5
79,8%
Cuidados de personas enfermas
4.780
2,7
80,3%
TOTAL
23.589
14,1
80,9%
Fuente: Datos de Durán, M.A. "El análisis de exhaustividad en la economía española", en Carrasco, C. (ed), Tiempos, trabajos y género, Publicacions de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 2001.

Aunque la mayor parte del trabajo de cuidados se realiza sin remuneración alguna, gracias a éste tipo estudios y encuestas sobre el uso del tiempo [1], se ha podido cuantificar estas actividades y traducirlas a su valor monetario o a su valor en tiempo de trabajo. Si bien, el trabajo de cuidados jamás podrá ser cuantificado ni valorado con mediciones monetarias o de tiempo, al menos ha servido para hacer aproximaciones importantes y visibilizar la división sexual del trabajo de cuidados.

El trabajo de cuidados en manos de mujeres es un fenómeno presente en las economías mundiales. A pesar de que las mujeres reciben una remuneración laboral mucho menor a la de los hombres, la aportación que hacen con su trabajo de cuidados es invalorable e indispensable para el desarrollo de los sistemas socioeconómicos. Además, la gratuidad de su labor produce una especie de “impuesto reproductivo” al ahorrar gastos de salud, cuidados de los niños y las niñas, o personas de la tercera edad, por dar unos ejemplos (1).

3. La división sexual del trabajo
El tiempo vital de muchas mujeres consiste en emplear estrategias para “apañar” los cuidados de las personas a su cargo. Por ejemplo, se tira de tiempos designados
a otras actividades para poder acompañar a un abuelo/a al médico, se maquina una serie de ajustes para conseguir que los niños y las niñas lleguen a tiempo a la escuela. Así pues, la coordinación infalible que maniobran las madres para que la cena esté a tiempo, la gestión telefónica de sus hogares desde sus puestos de trabajo, las multitareas y demás fórmulas de supervivencia, se convierten en un auténtico rompecabezas para poder proporcionar las necesidades fundamentales de las personas a su alrededor.
 
Las diferencias de uso del tiempo entre mujeres y hombres indican el mal reparto de tareas relacionadas al cuidado y mantenimiento de la vida cotidiana. La tabla a continuación contiene solo unos pocos ejemplos del tiempo diario dedicado a ciertas tareas, segregado por hombres y mujeres tomados de la encuesta nacional de empleo del tiempo.

Actividades principales
Porcentaje de varones
Duración media diaria (varones)
Porcentaje de mujeres
Duración media diaria (mujeres)
Limpieza de la vivienda
16,3%
0:45h
62,9%
1:13h
Cuidado de niños
11,2%
1:27h
18,6%
2:11h





Hogar y Familia (resumido)
70,0%
2:08h
92,7%
4:45h
Fuente: Encuesta Nacional de Empleo del Tiempo 2003


Irónicamente, el trabajo gratuito de las mujeres hace crecer a las economías mientras sus vidas afrontan una mayor precariedad.
 
Estos datos son muy pertinentes en el actual debate sobre conciliación de la vida personal. Solo si se comprende la complejidad y multidimensionalidad del tiempo de los cuidados (se cuida en tiempos solapados, paralelos, intensificados- más tareas en menor tiempo), pues entonces se podrán desarrollar políticas de conciliación.

Es más, las feministas apuntan que el tiempo restante fuera del trabajo es más que familiar, ya que muchas mujeres optan por otras formas de convivencia fuera del modelo de familia nuclear y/o dedican su tiempo a desarrollar actividades no relacionadas al trabajo ni a una familia estrictamente. Esto no significa que se esté exentas de responsabilidades de cuidados, ya que es una práctica permanente que se realiza en todos los ámbitos y en todos los momentos.

4. El trabajo de los cuidados en los países del sur
Se puede hacer una aproximación de la enorme aportación que realizan las mujeres a la sociedad con trabajos no remunerados, cuantificando su tiempo o calculando su valor en dinero, como hemos visto en el caso de España. Esto también podría aplicarse a países del sur, ya que la división sexual de trabajo de cuidados es un fenómeno mundial.
 
Sin embargo, debido a que muchas de las economías del Sur se basan en la agricultura, podemos ver el aporte de las mujeres manifestado de una manera evidente. Las mujeres campesinas de los países del sur proporcionan los alimentos y el agua así como los cuidados sanitarios a los miembros de su comunidad.

“La seguridad alimentaria está principalmente sostenida por el trabajo de las mujeres en los países del sur. Las campesinas, producen del 60% al 80% de los alimentos”. Irónicamente las mujeres que trabajan la tierra no tienen derechos sobre ésta, además de que su forma de subsistencia se ve mellada con los acuerdos de libre comercio y patentes sobre semillas. Las políticas neoliberales y los ajustes estructurales suponen mayor desprotección para las mujeres quienes se encargan de la gestión alimentaria.
 
Las mujeres del sur son el sostén de la sociedad ya que muchas de las familias son lideradas por abuelas, tías, o hijas mayores y existe una ausencia del padre, sea razones migratorias o por abandono del hogar. Así mismo, el sector informal de la economía está compuesto sobretodo por mujeres, su situación de desventaja respecto a formación, las cargas familiares, la discriminación y la falta de recursos, hace que se dediquen a la venta ambulante u otros trabajos precarios y no reconocidos como tales por el Estado.
 
Así podemos ver cómo, no solo existe una división sexual del trabajo sino que además ésta conlleva a una severa feminización de la pobreza. La gratuidad, invisibilidad, y perpetuidad del trabajo de cuidados colocan a las mujeres a nivel global en una situación de desigualdad a la hora de entrar en el mundo laboral y en el acceso y control de los recursos y derechos de ciudadanía. Por esto, se denuncia desde el feminismo a toda una estructura patriarcal que ignora los cuidados necesarios que sostienen la vida, que perpetúa un modelo de mercado diseñado solo para producir dinero y que es incompatible con las necesidades vitales de todas las personas.

5. La crisis de los cuidados en los países del Norte
La crisis de los cuidados en los países del Norte ha sido producida por algunas transformaciones en la sociedad. Una de ellas es el cambio demográfico producido con el aumento de esperanza de vida y a su vez la caída de la tasa de natalidad. El envejecimiento de la población supone una mayor demanda de asistencia en la vida diaria. Sin embargo, la reconfiguración del modelo de familia tradicional nuclear, y la conquista por parte las de mujeres de realizar otras actividades fuera del ámbito familiar han creado un “vacío” en el modelo de cuidados.

Cuidar y funcionar según las exigencias del mercado son dos cosas incompatibles; los cuidados se rigen por patrones vitales que se salen de espacios y horarios laborales. El hecho es que, independientemente de estos cambios –demográficos y de incorporación al trabajo- permanece la necesidad de las personas de estar atendidas.

La crisis de los cuidados ha supuesto una intensificación del tiempo de las mujeres: dobles jornadas más intensivas, dobles-presencias, y sobrecarga de trabajo en general. Sin embargo, vale resaltar dos aspectos positivos de la crisis de cuidados. Una, es que ha servido para desvelar los cuidados como motor central y necesario para el sostenimiento de la vida. Y segundo, lo que era un problema personal a resolver por parte de una madre, hija, o sobrina en cuestión, deja de serlo y pasa a ser un problema de la sociedad.
 
Se magnifica la demanda de corresponsabilidad a los hombres y al Estado si se pretende crear un nuevo modelo de cuidados más social y justo. Es decir, la crisis supone la caducidad y derrumbamiento de un viejo modelo y la posibilidad de imaginar otros escenarios.

6. La externalización de los trabajos domésticos
Una de las soluciones más inmediatas a esta sobrecarga y a las transformaciones de la sociedad, es la contratación de mujeres para cubrir las labores de cuidado. Esto no ha significado el fin de la doble jornada de las mujeres empleadoras, sino un soporte femenino añadido para abarcar la creciente demanda de atención y cuidados.

Las nuevas figuras que se han incorporado al trabajo de cuidados siguen siendo femeninas, con un nuevo componente étnico: son mujeres e inmigrantes. En España, durante las últimas décadas ha habido un surgimiento de trabajo de cuidados asalariado.
 
La externalización del trabajo doméstico a través del contrato de trabajadoras para cubrir labores domésticas y de cuidados se da en un contexto global: mayor demanda desde el norte, empobrecimiento de las personas del sur, leyes migratorias que encauzan una migración femenina para este sector específicamente, acuerdos bilaterales entre Estados, reestructuración de la familia nuclear, renuncia voluntaria o forzosa de las mujeres a desempeñar el papel exclusivo de cuidadoras, desmantelamiento del estado de bienestar y liberalización de empresas dedicadas a la atención de las personas.
 
Podríamos decir entonces, que los cuidados además de feminizarse se han “racializado”. Hay una clara importación / exportación de mano de obra femenina proveniente de países del sur para cubrir las necesidades de cuidados del Norte.
 
Las mujeres que se incorporan a este sector conforman parte de las llamadas cadenas mundiales de cuidados. Una cadena global de cuidados está conformada por mujeres a escala local, nacional o transnacional y en ella confluye la transferencia de cuidados (remunerados o no) de una a otra. Un ejemplo para ilustrar la composición de una cadena global sería: una abuela, hermana mayor, o empleada de hogar, que relevan el lugar de la mujer que migró al Norte para cuidar y desempeñar tareas de otra mujer que trabaja fuera de casa.

Esta cadena, si bien consiste en la transferencia de ciertas labores, contiene sobrecargas y asimetrías. La separación de la familia en el lugar de origen produce hogares transnacionales a gestionar de una orilla a otra con todas sus consecuencias. Las mujeres que se quedan asumen nuevas responsabilidades sobre las que ya tenían, y las contratadas tienen un salario hasta diez veces inferior al de la contratante (2). También habría que considerar el lugar de desventaja y máxima vulnerabilidad de las mujeres inmigrantes que no están en situación administrativa regular y dependen de la voluntad arbitraria de sus empleadores.
 
Asimismo, la mujer autóctona, aún con su propia carga de trabajo de cuidados, seguramente afronte otro factor: la culpa interiorizada por delegar su papel de cuidadora. Debemos tener en cuenta que las mujeres que confluyen en esta cadena tienden a disimular la falta de implicación tanto del Estado como de los hombres.
 
Las cadenas de cuidados funcionan dentro de una lógica de beneficio y de proteccionismo fronterizo que solo consiguen precarizar más a las mujeres. La contratación de cuidadoras, trabajadoras domésticas, internas o canguros, ha sido uno de los apaños más generalizados de familias y ha salvado y salva situaciones de desatención y caos.
 
Sin embargo, ésta es una solución que sólo responde a la inmediatez de la demanda de cuidados y no a los derechos de las mujeres. Por eso, sin alterar el sistema, calculadora en mano, basándose únicamente en cifras, se crean contingentes de regularización y cierres / aperturas temporales de fronteras, así como políticas reformistas del régimen especial al que las trabajadoras domésticas deben atenerse.
Así pues, permanece la histórica división sexual de trabajo de cuidados. No solo siguen siendo las mujeres las que asumen el papel de cuidadoras en la sociedad, sino que lo hacen en condiciones de infravaloración y precariedad.
 
7. La importancia de acuerdos y la cooperación
En los últimos años, gracias a la presión de movimientos feministas, la necesidad de revalorizar los cuidados ha entrado en las agendas de gobiernos, organismos y movimientos sociales. El esfuerzo por generar mayor igualdad entre mujeres y hombres se manifiesta en la creación de espacios y plataformas dónde se desarrollan debates sobre las actuales problemáticas de las “mujeres” y se ha llegado a una serie de acuerdos y tratados. Aunque varios tratados abordan los trabajos no remunerados de las mujeres, resaltamos el Consenso de Quito del 2007 por ser el más completo.
 
Las delegaciones de 24 países presentes en la X Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, acordaron el Consenso de Quito del 2007, en el cual se comprometen a realizar acciones de gobierno que garanticen la paridad en la participación política de las mujeres en todos los ámbitos de la vida política y social, así como a promover acciones para empleos de calidad para las mujeres. Esto sólo puede llevarse a cabo descentrando la lógica del capital y reconociendo el aporte fundamental del trabajo de cuidados.
 
Algunos de los puntos acordados son ineludibles si realmente se pretende crear una nueva organización social de los cuidados. Por ejemplo, “garantizar el reconocimiento del trabajo no remunerado y su aporte al bienestar de las familias y al desarrollo económico de los países, y promover su inclusión en las cuentas nacionales”, es todo un desafío y un avance necesario. Este compromiso de los Estados es irrevocable para que las mujeres accedan a los derechos de ciudadanía.
 
Así mismo, se abordó la división sexual del trabajo y se propuso aplicar “...políticas de Estado que favorezcan la responsabilidad compartida equitativamente entre mujeres y hombres en el ámbito familiar, superando los estereotipos de género, y reconociendo la importancia del cuidado y del trabajo doméstico para la reproducción económica y el bienestar de la sociedad como una de las formas de superar la división sexual del trabajo”.
 
Estas acciones no solo revaloran el estatus de las mujeres y reconoce la contribución que hacen con el trabajo de cuidados, sino que también apuesta por “igualar las condiciones y los derechos laborales del trabajo doméstico al de los demás trabajos remunerados...” Este compromiso otorgaría por fin derechos laborales a mujeres trabajadoras de hogar que afrontan una grave vulnerabilidad en todos los sentidos debido a su desprotección legal y aislamiento.

8. Conclusión
En definitiva estamos hablando de dar valor a la vida. El hecho de que todas las personas requerimos de cuidados para subsistir suele pasar desapercibido hasta que se produce una gran intensificación de los mismos –sea por llegada de un hijo o hija, un accidente, o por enfermedad. Entonces, la máquina de producción se interrumpe. Hay un estallido de tiempos, espacios, y contenidos.
 
Compatibilizar los cuidados dentro de un sistema que se rige por una lógica de mercado tiene graves consecuencias: el abatimiento de cuerpos, la angustia vital, la exclusión de muchas mujeres a los derechos de ciudadanía. En definitiva, la precariedad de la vida. Visibilizar y reconocer los cuidados supondría un gran avance para todas las sociedades. Ésta es una tarea difícil y requiere de mucho compromiso porque significa destronar la cultura del trabajo-beneficio y dar lugar y tiempo para la vida misma.
 
La valorización del trabajo de cuidados pasa por un mejor reparto de tareas entre hombres y mujeres, requiere mayor compromiso por parte del Estado para proporcionar infraestructura y recursos, y sobre todo, supone la eliminación de una sociedad patriarcal que funciona con prioridades monetarias y masculinas (asume que “el sujeto trabajador” es hombre sin responsabilidades familiares o de cuidados).

Solo así la incorporación de las mujeres al mundo laboral y a espacios públicos podrá ser en condiciones de igualdad y sin sobrecargas como viene siendo hasta ahora. Además, es imprescindible la participación de las mujeres en espacios de toma de decisiones para poder modificar éstos aspectos.

Notas:
(1) Las encuestas sobre uso del tiempo actuales son resultado de un esfuerzo por mejorar formas de medir el manejo del tiempo. A partir de los años 70, gracias a reivindicaciones feministas, dichas encuestas consiguen ampliar la categoría de trabajo vinculada al mercado, y así se incorporan los trabajos no remunerados que se realizan en el ámbito doméstico. Las encuestas sobre el uso del tiempo han servido para visibilizar la división sexual del trabajo, y la desigualdad de condiciones de las mujeres a la hora de incorporarse en el mercado laboral.
 
Bibliografía:
(1) El Aporte de las Mujeres a la Igualdad en America Latina y el Caribe. Documento de la CEPAL, Mayo 2008
(2) Parrenas Salazar, R., Servants of Globalization: Women Migration, and Domestic Work. 2001

Fuente: http://www.mueveteporlaigualdad.org/objetivos/economia09.asp

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