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sábado, 28 de mayo de 2011

Globalización y libre comercio: un acercamiento desde el feminismo


Magdalena León T. *

Globalización y comercio
El término globalización, en latente debate, puede estar asociado a variadas visiones referidas a la articulación o relación entre países, a la configuración y dinámica misma del mundo en tanto sistema. Así, hay análisis que ven a la globalización como un proceso un tanto indeterminado: en el mundo, las cuestiones sociales, económicas, de comunicación, tecnológicas, científicas, se habrían organizado de tal modo que en los últimos años dan como resultado el fenómeno de la globalización. Otros la perciben como una etapa de llegada de una nueva configuración económica y social dentro del capitalismo.

La globalización neoliberal puede ser vista como una política económica: hay intereses, instituciones, intenciones tras ese fenómeno llamado globalización, y eso se moldea a través de políticas económicas. Si es así, tiene que haber actores impulsándolas. Quién está haciendo esas políticas, cómo están siendo ejecutadas, a quiénes podemos identificar tras ellas? Son, sin duda, las famosas instituciones multilaterales: FMI, Banco Mundial, OMC. Uno de los postulados de esta política económica es precisamente que el 'libre comercio' es el corazón, la clave y el motor del mundo, el que solucionará todos los problemas.

Una rápida mirada a algunas cifras nos lleva a constatar que bajo ese enunciado de 'libre comercio' se están imponiendo otras cosas, un modelo económico mayor en el que el comercio es un pretexto.

Así, en las cifras del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD 2003, escogemos cuatro países: Noruega, que tiene el más alto Índice de Desarrollo Humano -IDH- y, por tanto, se ubica en la primera posición; EUA, que está en el sexto lugar; Brasil, en el 69°, y Ecuador, que está en el 84°. Ahora bien, cómo se comportan esos países respecto del comercio, cuáles son sus tendencias comerciales? Una proyección de la década de los 90 muestra el papel de las importaciones y las exportaciones como porcentaje del PIB: en Noruega, las importaciones pasaron del 34% al 33% de su PIB, disminuyeron un poco. Lo mismo ocurrió con las exportaciones, que pasaron del 41% al 39% del PIB. En cuanto a términos de intercambio, o sea la relación entre precios de las exportaciones y de las importaciones Noruega tiene 86, es decir que tiene que vender 100 para comprar 86.

EUA, a pesar de su enorme PIB, tiene mucho menos comercio. Sus importaciones pasaron del 11% al 13%, sus exportaciones del 10% al 11% -crecieron menos-, y tiene términos de intercambio ventajosos de 115. Brasil tiene menos comercio internacional que los EUA, pero creciente, porque pasó del 7% al 12% en importaciones, de 8% al 11% en exportaciones, y con términos de intercambio favorables de 156. En el caso de Ecuador, las importaciones cayeron un poco de 27% a 26%, las exportaciones pasaron de 33% a 37%, con términos de intercambio muy desfavorables de apenas 38.

Estos datos muestran que no hay una relación directa entre niveles de comercio internacional e Índice de Desarrollo Humano, y que economías tan grandes e importantes como EUA y Brasil mantienen niveles relativamente bajos de importaciones y exportaciones respecto de su PIB.

Estudios de historia económica han mostrado que, a nivel mundial, los movimientos comerciales internacionales eran al final del siglo XIX relativamente mayores que los de finales del siglo XX. Si el comercio internacional no es de hecho la característica de la globalización neoliberal, ¿Qué distingue esta época con la de un siglo atrás, cuando el mundo ya estaba intesamente relacionado en términos comerciales?

Una hipótesis es que lo que caracteriza este período no es tanto la extensión geográfica de las relaciones de mercado, sino el alcance del mercado hacia el control de un conjunto de relaciones, de bienes, servicios y actividades de la vida humana. Hay un nuevo predominio del mercado en extensión y profundidad.

Lo "económico", lo "social" y el lugar de las mujeres
¿Qué tiene este nuevo contexto de especial para las mujeres? Esto nos remite a un tema que ha sido el corazón de los debates de la economía feminista, que surgió argumentando que en el mundo de la economía no existe solo el ámbito de la producción, sino también el de la reproducción, ambos económicos.

La lucha siempre fue por ese reconocimiento, por que se vea una interacción en la que esos ámbitos se determinan mutuamente, porque se reconozca que el estatus económico está íntimamente ligado a la reproducción.

Pero, claro, en el ámbito de la reproducción están varias actividades, varias actoras y actores. Muchas economías de subsistencia estaban aquí, una buena parte de la producción rural y agrícola era vista como actividades de reproducción, y progresivamente fueron saliendo de esa definición. Por ejemplo, la producción de alimentos para autoconsumo ya dejó de ser reproducción y pasó a ser producción. Igual aconteció con otros rubros, mientras la reproducción fue quedando cada vez más con las mujeres. Así, esa vieja problemática de la economía feminista, con la globalización se transformó en otra, que es volver a luchar por el estatus económico que tiene que ver no sólo con la reproducción, sino con una parte de la producción hecha por las mujeres.

Un problema central es que está trazada una línea divisioria entre lo que es económico y lo que es social, en términos de temas, de problemas, de fenómenos, pero también de competencias.

¿Qué son los problemas sociales y quién decide en ese campo? Antes, la economía tenía mucho más que ver con los gobiernos nacionales. Por ejemplo, hasta una década atrás, más o menos, las negociaciones con el FMI sobre los programas económicos de los países eran relativamente más discretas, hoy la firma de la Carta de Intención -por ejemplo en Ecuador, que va ya por la 15° carta- es el acontecimiento económico más importante, más divulgado, y sin ninguna vergüenza para decir cuáles son las condiciones a las que debemos ajustarnos. No hay programa económico del país, sino las pautas de estos 'acuerdos' aparentes.

Así, el diseño de la economía pasó de los gobiernos nacionales a las multilaterales. Pero no sólo pasaron las decisiones, sino también la definición de los tópicos, de los temas que constituyen el conjunto de las dinámicas económicas. Lo principal en este campo son las finanzas públicas, las tasas de interés... las cuestiones relacionadas con el mundo monetario y financiero. Se fue apartando cada vez más a algunos temas como sociales, por ejemplo el trabajo.

Entonces, en general, para toda la población, el trabajo, la pobreza y, claro, la salud, la educación, etc. son vistos y tratados como temas sociales. La relación entre lo económico y lo social se presenta de manera tal que las medidas económicas apenas tienen 'impactos' sobre los asuntos sociales, así clasificados y definidos, ubicados ya como temas externos a ese campo. Evidentemente las mujeres estamos ante todo en los temas 'sociales', con una reducida capacidad y posibilidad de tomar decisiones o presionar en la esfera económica.

Esta división de ámbitos constituye la base de las propuestas que están siendo impulsadas desde las entidades multilaterales. El más reciente documento de la Organización de Naciones Unidas, que es último Informe de Desarrollo Humano, hace referencia a la Declaración del Milenio, instrumento adoptado por la ONU a inicios de siglo, que establecía metas para lo que se entiende por desarrollo ahora, que ya no es más el desarrollo de las economías de nuestros países, ni tiene que ver en estricto sentido con el modelo económico; según este lenguaje, desarrollo tiene que ver con educación, salud, pobreza, cuyos índices deben mejorar hasta el 2015, en tanto al mismo tiempo se impulse el 'libre comercio' que generará impactos en estos campos.

El Informe de Desarrollo Humano corrobora esa visión. La pobreza aparece como un tema casi genético: no hay una visión dinámica, una lectura histórica, económica de por qué se produce la pobreza. Esta es tratada como un problema congénito; tiene que ser 'combatida', pero manteniendo un orden económico que es, en verdad, generador de pobreza. Ese orden aparece intocable, como si fuese natural.

En ese discurso de la pobreza como algo que puede ser influenciado o mejorado por la economía, cada vez más aparece una visibilidad de las mujeres. No parece lógico, pero esta falla estructural tornó visibles a las mujeres ¿Cómo?

Reconociendo que somos pobres, y seleccionándonos como mediadoras en políticas focalizadas. Muchos de los programas de entrega de bonos, de salud, de educación, de vivienda, identifican como sujeto a las mujeres. Pero siempre ligadas a esa gestión de la pobreza y gestión de lo social. Nos fueron construyendo como entidades 'sociales', que no tienen nada que ver con lo que es considerado economía, con lo que se discute y decide en las arenas del 'libre comercio'.

Derechos de las mujeres, acuerdos comerciales y modelo económico
Hay quienes sostienen que tanto en la OMC como en los acuerdos comerciales en general no hay 'visión de género', no se tienen en cuenta los derechos de las mujeres, y que sería necesario 'integrar' derechos de las mujeres a estos instrumentos.

Se trata de una perspectiva coincidente con el enfoque de división entro lo económico y social como campos separados, que ubica los derechos de las mujeres en el lado de lo social. Se interpreta así los acuerdos como generadores de oportunidades, pues van a permitir una dinamización de la economía con efectos sociales. Es una visión cuestionable desde su propia lógica de mercado, pero que además no se sostiene al considerar que la liberalización comercial supone desmantelar ciertos dispositivos institucionales, indispensables para el impulso y ejercicio de los derechos de las mujeres.

Consideramos que es preciso ir más allá de esa relación de derechos de las mujeres como algo exterior y restringido al campo social, y remitirnos al modelo económico en que las mujeres estamos presentes como actoras económicas, con una visión más integral que registre la relación del modelo económico con las mujeres. En este sentido, los derechos de las mujeres no son algo externo, que puede ser afectado o integrado, sino que están relacionados con el mismo corazón del modelo económico. La economía funciona como funciona porque las mujeres nos desenvolvemos y relacionamos en determinadas condiciones.

Sin embargo, en general las instancias públicas que tienen mayor visibilidad e impacto en relación con las políticas hacia las mujeres están circunscritas al campo 'social' y actúan a través de programas y proyectos más bien pequeños y fragmentados, no de políticas amplias en cuanto a alcance y cobertura.

La visibilidad y protagonismo de las mujeres se da en aquellas políticas enmarcadas en el 'combate a la pobreza', donde las mujeres cada vez más cumplimos roles de gestión e intermediación.

Esta visibilidad tiene por detrás una imagen de las mujeres como más responsables, serias, cuidadosas. Pero, ¿representa esto un reconocimiento al valor y a la importancia del cuidado humano, de la reproducción, de la alimentación? ¿Pueden por esta vía construirse políticas de igualdad? Sin duda no, en tanto no se asuma el carácter económico de la reproducción, en tanto se mantenga ese enorme subsidio del trabajo gratuito de los mujeres a un modelo infeciente, depredador y concentrador como es el neoliberal.

Pero se trata también, al mismo tiempo, de mirar las conexiones y connotaciones económicas presentes en los temas vistos como sociales. Por ejemplo la violencia. Desde la perspectiva neoclásica ha ganado terreno una lectura de los costos: la violencia tiene costos por el ausentismo laboral de las mujeres golpeadas, o por la atención que reciben eventualmente en los servicios de salud. Se ha visto mucho menos cuánto 'produce' la violencia como elemento estructural de mediación para la producción doméstica, para la producción de bienes y servicios, como mecanismo para forzar y controlar el trabajo gratuito.

La economía no es sólo oferta y demanda, compra y venta; es también violencia, afectos, un entramado de relaciones no vistas como económicas y que sustentan, entre otras, la producción doméstica. Relaciones que adquieren nuevas connotaciones en este proceso que va equiparando todo al mercado, pues lo único que ahora está quedando fuera del mercado es el trabajo gratuito de las mujeres.

Lo que prevén las políticas de 'libre comercio' es que se compre y venda todo: con el proceso de patentamiento vía mecanismos de propiedad intelectual, y la convergencia de procesos científico-tecnológicos como la clonación, se abre un espectro de control del mercado sobre todo, inclusive la reproducción humana.

Pero, de algún modo, se está cuidado para que esa parte del trabajo y la producción queden sujetas a algo que no es el mercado. Al servicio del mercado, instrumentalizados por el mercado, pero regidos por otro tipo de relaciones, las de producción doméstica.

Los planteamientos anteriores nos llevan a pensar en la necesidad de una alternativa para todo el sistema, no sólo para lo directamente relacionado con el 'libre comercio' (OMC), sino con todo el sistema de las Naciones Unidas y el conjunto de instituciones asociadas a la llamada gobernabilidad mundial. Estamos ante el desafío de pensar en toda una nueva institucionalidad que sea verdaderamente democrática y que en verdad garantice los derechos humanos integrales.

Junto con ello, necesitamos repensar el modelo de sociedad, el esquema de las decisiones sobre producción, los sistemas de trabajo y empleo, teniendo en cuenta realidades que no son marginales sino que están en el propio corazón del sistema, como son el trabajo reproductivo gratuito y la 'maquilazación' en el mundo laboral de las mujeres.

Los desfíos son tan grandes como estas interrogantes: las decisiones básicas de la economía tiene que ver con qué se produce, cómo se produce, cómo se distribuye ¿Podemos cambiar eso? Estamos condenadas a movernos en el campo de los 'impactos', de las determinaciones de quienes están diciendo ¿Qué producimos o cómo producimos? En qué medida seremos capaces de particpar en estas decisiones que nos remiten al modelo de sociedad?

* Economista ecuatoriana, integrante de la Red Latinoamericana Mujeres Transformando la Economía, REMTE y del Consejo Internacional del Foro Social Mundial
**Una versión de este texto fue publicada en Ações das mulheres contra o jogo da OMC, SOF, 2003, Brasil
***Tomado del Libro: Mujeres en resistencia experiencias, visiones y propuestas. Irene León Ed.

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