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sábado, 14 de mayo de 2011

ISADORA

Kintto Lucas

Londres, 1921*.

"Más vale el placer que dura un momento que la tristeza que dura una vida", dice evocando a Oscar Wilde. Y lo dice pensando en toda la magia de la danza, en toda la imagen de su cuerpo moviéndose por el escenario, en sus piernas entrelazándose en una cama... Lo dice como si la vida o sea el baile, o sea el arte, o sea el amor, fueran una parte más de su piel, y ciertamente que lo es, porque cada vez que baila es como si estuviera haciendo el amor y cada vez que ama es como si estuviera danzando...

Ahora, queriendo encontrar un país donde no la juzguen tanto como en algunos otros, donde la dejen vivir como no la dejan en otros, se marcha a la Unión Soviética, sin saber realmente a donde va pero con mucha esperanza. Y así lo dice: "En adelante seré una camarada entre los camaradas y desenvolveré un vasto plan de trabajo para la regeneración de la humanidad. Adiós pues la inigualdad, la injusticia y la brutalidad del Viejo Mundo". Un mundo que había hecho imposible su escuela de danza, su libre libertad de hacer y gozar cada minuto, su sonrisa creciendo en la mirada...

Y cuando llegó su barco a ese país ansiado, su corazón dio un salto de júbilo: "¡He aquí el bello Nuevo Mundo que acaba de ser creado! He aquí el mundo de los camaradas, el sueño nacido de la cabeza de Buda, el sueño que resonaba en las palabras de Cristo, el sueño que había sido la última esperanza de todos los grandes artistas".

Y en el mismo puerto piensa en el futuro, pero también recuerda su pasado... Su gran país Norteamérica. La noche en que cometió el pecado de bailar desnuda en un Café de Buenos Aires, envuelta en la bandera argentina. La mañana posterior, cuando el empresario rompió el contrato de su presentación en el Teatro Colón porque las "familias de bien" se habían quejado. El día que danzó la Marsellesa, allá por Francia, con un chal rojo como vestido, y nadie le hizo grandes problemas.

Isadora piensa que ahora si encontrará la libertad definitiva. Así lo grita a los cuatro vientos, así lo quiere, así lo piensa, así lo baila. Cree que comienza una nueva vida y no conoce el futuro. Tampoco sabe que en los años siguientes será un símbolo del arte y el placer en el mundo. Un símbolo de la vida.

Isadora Duncan. Fue una de las bailarinas que logró más repercusión en las primeras décadas del siglo. Nació en Estados Unidos y su arte se paseó por el mundo. Pero su éxito no la conformaba, quería fundar una escuela en la que pudiera compartir todo lo que sabía con los niños. Los prejuicios de la época no lo permitieron. Sin embargo, en la primavera de 1921 recibió un telegrama que decía: "El gobierno de los Soviets es el único que puede comprenderla. Venga a nosotros. Haremos su escuela". Y ella respondió: "Sí, iré a Rusia y enseñaré a vuestros niños, sin ninguna condición, salvo la de que me proporcionéis un estudio y el dinero preciso para mi trabajo". Poco tiempo después tomó un barco en el Támesis y salió de Londres para Reval y Moscú. En esa ciudad conoció al poeta Sergio Essenin, con quien se casó. Luego de recorrer juntos Europa y Estados Unidos, regresaron a la Unión Soviética. Poco tiempo después se separaron y ella volvió a Francia, para residir en Niza. Sus memorias están contenidas en la autobiografía "Isadora Duncan. Mi Vida", que termina cuando parte hacia la capital soviética. Isadora tenía el proyecto de escribir "Mis dos años en la Rusia bolchevique", un libro que complementaría sus memorias. Sin embargo, la muerte no permitió que concretará su deseo. El 14 de septiembre de 1927, falleció en un accidente de automóvil. Al día siguiente la prensa decía: "NIZA, 14.- Ha sido víctima de un trágico accidente de automóvil Isadora Duncan. La famosa bailarina norteamericana paseaba en automóvil, y hallándose en el Paseo de los Ingleses, el cabo de un "echarpe" que llevaba al cuello se enganchó en una de las ruedas traseras del coche y el tirón la hizo caer hacia atrás estrangulada. Al ser recogida por los transeúntes que acudieron en su auxilio, se vio que tenía rota la columna vertebral. La muerte debió ser instantánea".

*MUJERES DEL SIGLO XX

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