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sábado, 28 de mayo de 2011

La generación manipulada

Louise Vandelac*

Paradójicamente, el tema de la tecnología de la reproducción nunca se ha planteado en el Foro Social Mundial, pese que es un tema de violencia contra las mujeres es uno de violencia contra el conjunto de la especie humana, pues la permanencia del cuerpo que se había otorgado a los 80 mil millones de seres humanos que pasaron por este planeta, ya no está garantizada.

Los poderes científicos han empezando a jugar con el conjunto de los puntos de identificación de los seres humanos –o sea sus gametos- y lo que está ocurriendo a nivel más global es la apropiación de los genes de este planeta y la patentación de todo lo viviente.

En el caso de la manipulación con seres humanos, en menos de 10 años el 1% de los niños europeos y de Norteamérica han sido engendrados mediante estas tecnologías, algunas de las cuales nos transforman a nosotras/os mismos en mercancías.

La violencia neoliberal funciona ampliamente con la sobreexplotación de los recursos del planeta, y las primeras víctimas muy a menudo son las mujeres. Daré un ejemplo: el del agua. Hay más de mil millones de personas que no tienen acceso al agua potable, hay 2.400 mil millones de personas que no acceden al aprovisionamiento de agua. En la reciente Conferencia Mundial sobre el tema se decidió que se tomarían medidas para permitir que la mitad de la población desprovista de este recurso pueda obtenerlo. Pero esto significa claramente que en los próximos 10 años cerca de 50 millones de personas morirán cada año por falta de recursos hídricos. Se estima que 5 mil millones de los 8 mil millones de personas tendrán problemas de abastecimiento de agua en el año 2025, pues el recurso escaseará por los cambios climáticos. Sin embargo, en casi todos los países su privatización es inminente.

Los servicios privados acaparan ahora el 16% de los servicios de agua en América Latina, pero se pretende que el 75% de los recursos acuosos estén privatizados en un corto plazo. Esto es sólo un ejemplo del empeoramiento de las condiciones medio ambientales vinculadas a la apropiación privada de recursos vitales.

En la misma línea, el neoliberalismo funciona gracias a las nuevas tecnologías, biotecnologías, informática, etc. Estas proliferan financiadas por nosotras/os mismos, sin saberlo, pues no existen dispositivos de debate público, ni evaluaciones de los impactos sociales y ni científicos de tales decisiones.

Actualmente estamos reducidas/os a producirnos a nosotras/os mismas/os como mercancías. Somos la primera generación humana que, con el desarrollo de las técnicas de reproducción, podemos reproducirnos en tiempos y en espacios diferentes, a través del comercio, del Internet, y de la manipulación de gametos y embriones.

Somos la primera generación que puede repartir la tarea de engendrar entre varias madres con contratos de gestación y de parto. En California, por ejemplo, intervinieron hasta 3 mujeres para asegurar el nacimiento de 1 niño. Es fácil imaginar que lo que ya ha ocurrido a nivel del comercio sexual, se puede hacer con el comercio de producir niñas/os.

También somos la primera generación que ha permitido que se hagan las más locas acrobacias para la filiación. Para algunos niños, la abuela es la gestante. Hemos visto a mujeres con menopausia dar óvulos a sus hijas o viceversa. De igual manera, somos la primera generación que ha transformado la medicina en una especie de fábrica.

Hasta ahora habíamos procreado y engendrado hijas/os. Pero hoy, con la procreación asistida, se estimula los ovarios para producir 10, 15, 20 embriones y a veces, se implantan 3, 4 y hasta 9 al mismo tiempo. Si estos embriones se desarrollan, se suprimen 3 o 4 in útero. A otros embriones se les congela durante años; los laboratorios contienen verdaderas ciudades de embriones congelados, puesto que albergan a cientos de miles.

Es la primera vez que se ha creado una verdadera cadena de fabricación humana y se pretende transformar en objeto de laboratorio o en fuentes de producción para crear nuevos tejidos y nuevos órganos. También somos la primera generación humana que intenta determinar el sexo de sus hijas/os, evidentemente en la India y en China actualmente hay un déficit de varios millones de mujeres. También es la primera vez que se sueña en "mejorar" las características genéticas o la inteligencia de las/los hijos. Somos la primera generación que con una metáfora industrial intenta clonarlo todo y hay que entender que la clonación solo es interesante para una calidad de la transgénesis. De hecho, permite fabricar a nuevos seres vivos sobre medida.

Todo esto representa y atestigua la invasión de la lógica mercante en la producción de la vida. Y es interesante saber que se enmarca dentro de las teorías económicas de la escuela de Chicago, que son procedentes de los experimentos que se hicieron para perfeccionar la producción animal y la producción de bienes vinculados con los animales, aunque con excepciones: la fecundación in-vitro se realizó antes en las mujeres que en las vacas.

De hecho, todas estas tecnologías se han desarrollado para poder manipular al embrión humano y tener una respuesta a los problemas de esterilidad y de fecundidad. Los problemas de fecundidad han sido el pretexto para un proyecto mucho más complejo, pues con los cambios en los ecosistemas es posible que estemos obligados a recurrir, cada vez más, a estas técnicas de reproducción en los 30 años que vienen.

Cada año, las empresas producen 400 millones de toneladas de 80 mil productos químicos diferentes y por lo menos 70 mil de estos productos contaminantes son susceptibles de tener incidencias sobre la fertilidad. Estas cuestiones tienen particular relevancia para las mujeres que trabajan en el área agrícola y rural. Además, estos productos son muy resistentes y pueden viajar distancias enormes, se disuelven en las grasas, se acumulan en los tejidos de los organismos vivientes, se absorben en un 90% en la comida, sobre todo en el pescado, y su concentración puede aumentar hasta 70 mil veces a medida que evolucionan en la cadena alimenticia. Son productos tóxicos que pueden provocar cáncer y tumores de la próstata, los testículos, las mamas, y pueden provocar un deterioro de las facultades intelectuales. Se transmiten in útero y también a través de la lactancia.

Desde hace 20 años, distintos estudios han puesto en evidencia que hay un deterioro de la calidad de los espermatozoides. Si la calidad reproductiva sigue bajando a este ritmo, de aquí a veinte años tendremos una baja significativa de la fertilidad masculina.

El conjunto de las cuestiones relativas a las tecnologías de la reproducción merecen plantearse de manera global en la medida en que, desgraciadamente, se desarrollarán mucho más en los años que vienen y, sin minimizar otras formas de violencia, esta es una de envergadura mayor que impone el neoliberalismo a la humanidad.

* Socióloga, profesora de la Universidad de Québec en Montreal y directora del Centro de Estudios Multidisciplinarios sobre Biología, Salud, Sociedad y el Medio ambiente
**Síntesis de la ponencia presentada en la Conferencia "Hacia la erradicación de la violencia sexista", I Foro Social Américas, julio 2004, Quito, Ecuador.
*** Tomado del Libro: Mujeres en resistencia experiencias, visiones y propuestas. Irene León Ed.

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