Páginas vistas en total

martes, 24 de mayo de 2011

La Virgen Verde: mujer y la ecología*

Sylvia María Valls

[La ecología como principio ético y “marial”: la guerra, los partidos, la nación estado, la barbarie como provocaciones a la misión civilizadora de la mujer encarnación: la sabia mujer en la cual las leyes de la naturaleza han cristalizado la visión perfecta del amor que es resultado de una obediencia estricta a las leyes de la naturaleza. (Roger Bacon: “el hombre domina a la naturaleza obedeciéndola...”   Simone Weil diría que ese dicho de Roger Bacon muy bien podría servir de única Biblia necesaria en la cristalización de una nueva civilización digna de las aspiraciones del ser humano... También vio que la Virgen madre de Cristo simbolizaba, justamente, el principio salvífico de la obediencia a la naturaleza. ]

A modo de epígrafe:

“Legítima contradicción: Dios existe, Dios no existe. Cuál es el problema. Estoy enteramente segura de que no hay Dios en el sentido de tener la plena certeza de que nada real se asemeja a lo que puedo concebir cuando pronuncio ese nombre. Pero lo que yo no puedo concebir no es mera ilusión. (La pésanteur et la grace, p.116)... Entre dos seres que no han tenido la experiencia de Dios, el que lo niega es quizá el que más próximo se encuentra de él “.

“La religión como fuente de consolación es un obstáculo a la verdadera fe; en este sentido el ateísmo es una purificación. Tengo que ser atea con esa parte de mí que no está hecha para dios. Entre los seres en que no ha sido despertada la parte sobrenatural de sí mismos, los ateos tienen la razón y los creyentes se equivocan” (p. 117).

“No depende de nosotros creer en Dios sino solamente no acordarle nuestro amor a falsos dioses“. (Pensées sans ordre concernant l ‘amour de Dieu.) 

El movimiento ecológico fue el resultado de un descubrimiento del espacio como matriz compartida por todos los seres y que nos une de una forma verdaderamente orgánica, entretejida y continua... Fue el paso de un universo compuesto de entidades bien definidas y hasta cierto punto autosuficientes, a un universo compuesto de continuidades y de zonas de interacción insospechada. En este sentido podría decirse que la ecología responde a un proceso de feminización, si se quiere, de la visión de un mundo propuesto por las ciencias naturales cuya manifestación popular toma la forma de la revivificación poderosa del Arquetipo de la Virgen, o de la “Diosa”.

Yo diría que el movimiento feminista de los años sesenta en los Estados Unidos salió en falso; empezó a manifestarse justo cuando comenzaba el experimento con los psicotrópicos, en gran medida responsable del cambio de visión en cuanto a cómo y hasta qué inconmensurable grado estamos conectados por medio de una invisible red de filiaciones. Esa visión no precisamente feminista sino más bien femenina del universo apenas tomaba auge en las universidades cuando  las mujeres, en el espíritu libertario de la época, protestaron por su calidad de inferiores: en el Segundo Sexo, Simone de Beauvoir declaraba su deseo de ser simplemente una mujer en plena igualdad con el hombre, ni diosa ni esclava, ni Virgen ni Eva vilipendiada. El paso en falso del feminismo de los años sesenta al que me he referido proviene de cierta desvalorización de los dones de la Virgen, de la donna, que los surrealistas habían puesto en su más alto pedestal (muy a pesar de Simone de Beauvoir quien los ridiculizaba). Las actitudes del feminismo, entonces, masculinizaban en gran medida a las mujeres, quienes posteriormente comprenderían el error de tratar de ser iguales sin tomar en cuenta lo positivo de nuestras diferencias constitucionales, naturales.

La mentalidad ecologista se iría afirmando durante las últimas dos décadas gracias a una multiplicidad de factores, entre los que destaca la concientización del grado al que el ánimo de conquista de la naturaleza había puesto en precaria situación a toda nuestra “madre tierra”. Entramos así en una fase de transformación que responde a una reacción por parte de las fuerzas telúricas que mueven nuestros cuerpos, nuestras psiquis: los Arquetipos más antiguos súbitamente se hacen transparentes a nuestra razón, se vive el milagro de la Encarnación propiamente como extrema respuesta a condiciones de peligro inusitado para todas las especies. Ya sabemos que nos hacemos sabias gracias a nuestras penas: “Hay que sufrir para adquirir el conocimiento”, decía Simona Weil, “y hay que sufrir más aún para otorgarlo”.

¿Qué hacer específicamente como mujeres ante el desastre ecológico, pues? Primero, hacernos conscientes de eso que la Virgen María simboliza para tantos y, en lo posible, enseñarnos a actuar de acuerdo con el principio de obediencia a la naturaleza. Para obedecerla, hay que conocerla. Para conocerla hay que estudiarla desde todos los puntos de vista accesibles a nuestra mente: cultivar, así, el punto de vista “impersonal” que siempre será el más cercano a la verdad y, en igual medida, a lo que la naturaleza ordena - eso que desatendemos sólo a riesgo de perecer: No que la muerte sea una afrenta, pues es necesaria y natural, sino que hay prácticas sociales que llevan a muertes bochornosas y genocidas. La guerra como instrumento para resolver problemas entre los estados siempre ha sido rechazada hasta el último momento por hombres y mujeres de sabiduría: hoy, el reconocimiento de hasta qué grado el espacio es una matriz compartida que constituye un continuum impide hablar de forma enteramente consecuente en términos de “nación, independencia y soberanía”. A la conciencia ecológica responde la responsabilidad de adoptar un lenguaje político distinto y de privilegiar expresiones que resulten más eficaces en relación a la  nueva ética derivada de esa más fina percepción en relación a cuáles son las relaciones primarias que estamos llamados a privilegiar: términos como autonomía local, planificación regional, autogestión, integración continental, pluralismo (que no es lo mismo que “partidismo” o incluso “pluripartidismo”), solidaridad familiar, gremial, humana... el advenimiento, en fin, de la supremacía de la sociedad civil sobre el estatismo centralizador.

Entre las relaciones primarias que deben ser salvaguardadas por la mujer en su tradicional papel de preservadora (tarea ecológica y “marial o “mariana” por excelencia) observamos los de familia y compadrazgo. Es importante que la mujer comprenda hasta qué punto el vocabulario cívico de la nación estado está reñido con la labor de preservación de la unión y cohesión familiares: las necesidades laborales, por ejemplo, exigen que grandes porciones de nuestras poblaciones emigren. En este proceso, las leyes migratorias ocasionan que la unidad familiar a menudo se disuelva.

Por otra parte, la calidad de extranjero se ha convertido para muchos en una nueva forma de esclavitud: considerando las leyes básicas de la ecología y la extraordinaria interdependencia de nuestras comunidades, a la vez que la urgencia de proteger las libertades y derechos básicos de la persona, va siendo hora de proponer un modelo de ciudadanía que traslade el privilegio de otorgar el reconocimiento del status ciudadano de los gobiernos centrales a las localidades, a los municipios, siempre más cercanos a las fuentes privadas de reconocimiento y sustento de la persona.

La concientización ecológica y la filosofía política que ésta pone en movimiento entiende la importancia de la descentralización política, administrativa, cultural y demográfica: cuánto más si se considera que las nuevas técnicas de la comunicación están capacitadas para llevar a cabo una integración cultural al mismo tiempo que se vela por la preservación de las distintas culturas y que se promueve el enriquecimiento de nuestros patrimonios humanos: importa así que el clamor por la preservación de la “identidad nacional” y de la “soberanía” no se constituya en motivo para gastar lo que no tenemos en armamentos que no serán producidos y/o utilizados sino para colaborar con la destrucción total del ambiente al mismo tiempo que se pauperizan los contenidos espirituales de una civilización de consumo ficticio impuesto por intereses ajenos a la búsqueda del bienestar mental, intelectual y corporal de los seres humanos.

Falta recordar que, antes que mexicanos, cubanos, “gringos” o chichimecas, somos hombres y mujeres en este mundo. Y que tanto el exceso de riqueza como el exceso de pobreza, aparte de ser injustos, nos ponen en peligro a todos por igual.
                                                                                 
Abril 1990, Instituto Simone Weil, A.C.
Valle de Bravo, Estado  de México 51200

* Preparado y presentado por solicitud de las organizadoras del Foro de la Mujer que auspiciara el Partido Revolucionario Institucional en el D.F. de la República de Mëxico durante la primavera de 1990. Nuestra tarea consistió en exponer en una presentación de cuatro minutos la  naturaleza de qué hacer de la mujer en el ámbito de la ecología. Este artículo salió publicado en la primera plana de la sección metropolitana de Excélsior, el jueves santo, 1990.

Tomado de: http://www.institutosimoneweil.net/index.php/news-feeds/37-textos-temas/125-ecofeminismo-

2 comentarios:

MAMADOC dijo...

Bravo, gracias por compartir con otras y otros... estos trabajos de hace años pero que siguen siendo de gran actualidad,verdad?

Alicia Guevara dijo...

Mamadoc, claro que siguen siendo de actualidad, el análisis de los diferentes documentos a través de los cuales se ha intentado visibilizar lo femenino han ido evolucionando con las décadas, sin embargo buscando mostrar este trasegar feminista he ido seleccionando documentos que tengan vigencia a la fecha y que nos ayuden en esta construcción de nuevas feminidades y por qué no, masculinidades. Abrazos sororos y gracias por compartir la información. Te invito a compartir sugerencias de libros, películas, cd´s y documentos que sirvan para fortalecer la información que aparece en el blog.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...