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jueves, 5 de mayo de 2011

Las mujeres demandan

Florence Thomas*

Todo parece indicar que no existe una voluntad política gubernamental para responder a las demandas y necesidades de las mujeres colombianas. Muchos grupos y organizaciones de mujeres me están preguntando por qué las colombianas seguimos sin que nos nombren una Consejera Presidencial para la Equidad de Género. 

He decidido hacer pública esta pregunta porque los espacios para la reivindicación, el reconocimiento y la realización de sus derechos siguen ocupando lugares de segundo orden en la dinámica institucional, como parece indicarlo el desmonte progresivo y silencioso de la Consejería. 

Un desmonte que constituye lo que podría llamarse la última estocada dentro de un largo y lento proceso de desinstitucionalización, desde cuando el gobierno de Andrés Pastrana decidió acabar con la Dirección Nacional de Equidad de la Mujer y volverla Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, hoy día sin sede y casi desaparecida por la no renovación de contratos de las que ahí trabajaban. 

Esto significa que seguimos sin una institucionalidad responsable del reconocimiento, promoción y garantía de nuestros derechos, a pesar de las múltiples expresiones del movimiento de mujeres que están demandando una respuesta inmediata. 

Es urgente nombrar en este cargo a una realmente comprometida con nuestros derechos; puede ser o no ser feminista, a condición de que reconozca los avances legislativos logrados por las luchas de las mujeres; lo contrario sería retroceder en la historia. Basta recordar que todos los Objetivos del Milenio, sin excepción, tienen que ver con la vida de las mujeres: así se trate de erradicar la pobreza, de reducir la mortalidad materna o de promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer, todos apuntan a una mayor atención a los derechos de más de la mitad de la población mundial. ¿Cómo avanzar en los Objetivos del Milenio sin garantizar que las colombianas cuenten con la voluntad explícita de los gobernantes para avanzar en políticas y programas que logren saldar la deuda histórica que el Estado y los gobiernos tienen con ellas? 

Como residente en Colombia desde hace casi medio siglo, comparto las razones que tienen muchas mujeres de este país para expresar su indignación por los oídos sordos a sus insistentes propuestas de creación de un Ministerio de la Mujer y una Secretaría de la Mujer a nivel del Distrito Capital. Estas dos propuestas no están en la agenda pública de los gobiernos actuales, pero sí en las agendas políticas del amplio movimiento social de las mujeres. Sé que estas demandas tendrán que ser atendidas antes de que nuestra ancestral paciencia se agote. Entre tanto, lo menos que podemos esperar es que la aún débil institucionalidad existente se fortalezca y que los avances logrados en el campo de los derechos de las mujeres en Bogotá, en Medellín, en Cali, en Pasto, en Cartagena, en otros municipios y en algunos departamentos que ya cuentan con Secretaría de la Mujer, sean considerados en la Alta Consejería para las Mujeres y en los programas de quien sea designada para este cargo. Hace exactamente 100 años se celebraba por primera vez, en el mes de marzo, el Día Internacional de la Mujer en varios países europeos. 

En Colombia fue en 1960 cuando las voces de las recién nacidas ciudadanas se unieron al clamor internacional. En este mes, con una ciudadanía ejercida desde hace 54 años, las colombianas instan al Gobierno Nacional a asumir públicamente sus compromisos con los derechos de las mujeres. 

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
Fuente: www.eltiempo.com, 1 de marzo de 2011

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