Páginas vistas en total

sábado, 28 de mayo de 2011

De las mujeres y las langostas

Carmen Rosa Guerra Ariza*
yanianka@gmail.com

Una noche me contaron una historia, y esa historia me hizo pensar en nosotras, en las mujeres.

Cuentan quienes saben, que las langostas deben cocinarse depositándose con vida a la olla de agua hirviendo; sin embargo dicen que no todas reaccionan igual y, dicen que esto depende de su género: los machos intentan huir de tan cruel fin ayudándose los unos a los otros a salir, aún a pesar de su propia vida para garantizar el éxito de uno de ellos. Las hembras por su parte, tienen una reacción opuesta, una vez que alguna de ellas intentando escapar llegando a una posición que le permitiría salir airosa, es atrapada por otra de ellas que la llevará al fondo y con ello a su muerte segura.

Al comienzo me concentre en pensar los motivos por los cuales esto sucedería, pensé en lo cruel que se me antojaba esta forma de “batalla” por la vida utilizadas por las langostas hembras al final mezquinas y fatales para todas; pero, al meditarlo más en detalle, me di cuenta que, guardadas las proporciones, algo similar ocurría en el relacionamiento entre mujeres en espacios competitivos.

Sí, a nosotras nos enseñaron a entendernos como enemigas, rivales, como posibles contendoras. En principio por una suerte de premio: “el macho alfa” y, posteriormente, cuando comenzamos a desenvolvernos en diversos espacios anteriormente negados o restringidos de nuestra heredado quehacer privado, en ámbitos laborales y académicos.

Mi afirmación no niega en lo absoluto, procesos organizativos de mujeres con gran incidencia, éxito e impacto. Pese a ello, sería interesante analizar los mismos y descubrir cuanta oposición proveniente de las mujeres y diversas organizaciones de féminas han tenido desde sus inicios basados en un conjunto de ideas que gestan su estructuración, hasta el tránsito por caminos en ocasiones álgidos que redundan en su consolidación.

No deja de resultar asombroso como las alianzas entre mujeres se facilitan cuando se trata de ir en contra de otras mujeres, o como los procesos organizativos de mujeres son en ocasiones utilizados para desacreditar los nacientes, en una mezcla de inseguridad, celos y temor.

Es por ello que la sororidad se muestra como una apuesta indispensable, en la que los “procesos organizativos” pasen a ser complicidad, apoyo, confianza. Una alianza que acoja la multiplicidad de pensamientos de las mujeres, bajo el respeto y el beneficio colectivo. Donde las causas de una sean las de todas y la defensa de nuestros derechos sea nuestro estandarte, nuestra bandera.

Al final el competir ha sido un accionar más conectado a la lógica masculina, ligada directamente a la preponderancia de “Él más fuerte”; y es precisamente por ello que la sororidad debe entenderse como esa posibilidad de fortalecernos colectivamente buscando la solución de graves problemáticas que en la actualidad golpean y afectan duramente a las mujeres.

Sinceramente, no sé si la historia de las langostas sea cierta, pero espero que la de las mujeres deje de serlo muy pronto.

27 de mayo de 2011.

*Abogada, especialista en derecho constitucional con énfasis en derechos humanos y mujeres

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...