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martes, 3 de mayo de 2011

Lecturas en tiempos de ocio

Florence Thomas*

Quien dice tiempos de descanso y de ocio dice tiempos de lectura. Y, claro, tratando de ponerme al día en lecturas pendientes, comencé con el último libro de Elizabeth Badinter, aún no disponible en español y cuyos emblemáticos temas revisten un especial interés para una sociedad tan maternalista como Colombia.

Un indiscutible grito de alerta que busca defender a las mujeres de la exigencia de ser madres perfectas e, incluso, de esta eterna presión cultural que las ha obligado a ser madres.

Badinter demuestra, como ya lo hizo en anteriores investigaciones y ahora con nuevos elementos, que el instinto materno no existe y que los conceptos totalizantes de buena madre son un peligroso retorno a un esencialismo naturalista. Con este propósito, le preguntaron durante una entrevista si ella había sido una buena madre, a lo cual respondió: "Soy una madre mediocre, como la gran mayoría de mujeres, porque soy un ser humano, no una gata".

Este libro muestra en forma contundente que hoy día la maternidad ya no es sino un solo aspecto de la identidad femenina y no el factor determinante de esta identidad. Un aspecto siempre ligado al ejercicio de la autonomía de las mujeres. Previene a la humanidad ante una involución silenciosa, casi mundial, que pretende volver a ubicar la maternidad en el corazón del destino femenino por medio de una ofensiva naturalista que busca imponer nuevamente a las mujeres un retroceso hacia la idealizada madre de antaño; una ofensiva que no genera prácticamente ningún debate y que penetra silenciosamente en la familia y en todas las esferas societales. Su título: Le conflit: la femme et la mère (El conflicto: la mujer y la madre). Y ahora, cambiando de género, mi entusiasmo de este tiempo de lecturas lo encontré también en La pasión de Policarpa, del historiador Pedro Badrán. De hecho, hace tiempo que la historia de la Pola me intrigaba y quería saber más sin tener que recurrir a las ficciones televisadas, que tantos debates generan.

Supe del libro de Badrán por la revista Arcadia. Lo devoré como se devoran los buenos libros. Leí sus 400 páginas en tres días. Badrán encontró una manera apasionante de contar la historia. Una historia que, a partir de un asombroso trabajo de archivos que se deja divisar en cada página, logra construir una trama que retrata esas feroces luchas de independencia de inicios del siglo XIX, en medio de las cuales emerge la pasión de Policarpa. Una pasión que la misma Pola vive desde muy adentro, desde una profunda ambivalencia. Pasión por la libertad de un país que sufre batallas, escaramuzas, traiciones y negociaciones, y pasión amorosa por Alejo Zabaraín, ese esqueletado amante de una sola noche, quien había sorteado la muerte ya más de una vez. Dos pasiones que se entrecruzan en el corazón de esta mujer, quien, hace 200 años, fue capaz de una extraordinaria determinación para cumplir un destino que estaba lejos de ser el esperado para las mujeres de esta época.

Y sí, leyendo tal libro es posible entender mejor cómo fueron vividos estos tiempos que sellaron esta historia escalofriante de violencias y matanzas, que parece nunca acabar para este país de nombre dulce y femenino.

Se entiende también que, si bien estas guerras interminables no logran cerrar los caminos del amor, sí lo lesionan. Esta manera de contar la historia permite probablemente entender mejor la realidad que vivimos hoy. Comprender esta historia podrá contribuir a realizar los deseos de hombres y mujeres de paz que anhelan un mejor país.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad .
Publicación: www.eltiempo.com, 5 de enero de 2011
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