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domingo, 8 de mayo de 2011

"Libertad y maternidad"

Alicia E. Kaufmann, mayo de 2001

Hasta hace poco, las mujeres consideraban la maternidad como un rito de iniciación para convertirse en adultas y obtener reconocimiento social. Tener hijos era una manera de llenar una vida poco interesante. La socialización de las mujeres contenía recomendaciones limitadoras que contribuyeron a encerrarlas en un rol  determinado y a dejar pocos espacios para cuestionar los modelos tradicionales y tomar caminos que les permitieran desarrollar su potencial.

Hoy observamos a través de los datos, un comportamiento reproductivo más racional y estratégico de las mujeres. Los embarazos responden cada vez más a una toma de decisiones, asumida libremente, totalmente ajena a presiones institucionales. La mujer hoy tiene otras prioridades además de la maternidad, no ha renunciado a ella, sino que simplemente, la ha postergado. Las mujeres de ahora, tienen más edad a la llegada de su primer hijo y además eligen serlo. Las madres mayores presentan una actitud totalmente diferente ante la llegada de los hijos. Tal y como comentaba una de las mujeres de más de cuarenta años en los grupos de discusión "una vez que logré solventar mis problemas personales, y asumir moral y financieramente tener descendencia, sentí la maternidad como un hecho gozoso, y no una carga." Los hijos que se engendran son deseados y estas características redundan en el bienestar de sus descendientes. No constituyen un hecho aislado, sino parte de un proyecto global.

En relación a la mujer, cuanto mayor es la edad, mayor la exigencia y selectividad en cuanto a la elección de un compañero para el viaje de la vida. Sin embargo este no suele ser el caso para los hombres, que son menos selectivos a la hora de escoger. Cuando un hombre espera un hijo esto no incide en su vida laboral, la cuestión  reside en si "despega o despega", en cambio en la mujer la formulación es otra si quiere tener hijos se plantea  "despegar o replegar".

En este aspecto en particular  los empleadores mantienen una cierta rigidez al respecto. Una de las mayores barreras de la mujer que ronda la treintena al buscar un puesto de trabajo reside en que las empresas prefieren no contratar a mujeres en edad fértil, por temor a que se embaracen. Se quejan de la cada vez más "inquietante" baja tasa de natalidad, pero a su vez penalizan a las mujeres. Hace poco me comentaba la madre de una joven audaz abogada, "la puedes recomendar porque una de sus mayores ventajas es que no puede tener hijos.". Comentarios como este, constituyen una de las paradojas de la sociedad post moderna. Creemos que es hora de admitir que no se trata de un problema individual, sino de un tema social y empresarial. La maternidad debería fomentar no solo una baja más prolongada sino también un premio social, como sucede en los países escandinavos.

Antiguamente, la maternidad era más una obligación social que un deseo, y de este modo para algunos hijos, ésta podía ser vivida como un rechazo. El deseo de ser madre hoy tiene que estar integrado a los demás objetivos de la vida femenina, y si los entorpece no es descartado sino postergado.

Actualmente, las expectativas de la mujer incluyen un padre comprometido con su rol, que le ayude a criar a su hijo a la par y que no sea sólo un  proveedor material o en algunas ocasiones desarrollar una familia monoparental, gracias a las nuevas tecnologías. En otras épocas no ser madre podía para una mujer, provocar sentimientos de inferioridad; hoy, resulta  totalmente diferente, una pareja puede elegir no tener hijos y esa elección no tener ningún significado peyorativo.

La expectativa de vida se ha prolongado, y hoy la mujer tiene capacidad de fecundación más allá de los cuarenta años, lo que hace que la maternidad tardía avance y se haya convertido en un hecho habitual. Sumado a los tests tales como la amniosintesis que al determinar si existe una malformación o grado de riesgo elevado, permite la interrupción del embarazo. Para los hijos, tener una madre de edades avanzadas presenta múltiples ventajas. Nos decía Ana,  una de las participantes en el estudio: "Los padres mayores a menudo resultan mas comprensivos que los jóvenes. Su lógica les permite comprender mejor los problemas de su descendencia. A los veinte años uno piensa que el amor lo arregla todo. Esto puede dulcificar los problemas, pero no resolverlos".

Antaño, muchas mujeres, sobre todo las de más de 45 años, veían en la maternidad un camino casi obligatorio para convertirse en personas adultas: una especie de rito de iniciación que les confería reconocimiento social.  La llegada de los hijos / as, muchas veces venía a llenar un vacío. Hoy, todo esto, ha dado un giro de 360º con el advenimiento de la sociedad del conocimiento, que ofrece otras alternativas a las personas. Como señaló una de las entrevistadas, en la parte cualitativa del estudio 2744, realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas: "Que el hombre tenga pocos o muchos hijos no cambia sustancialmente su vida. En cuanto a las madres que dejan el trabajo para quedarse en casa, quedan excluidas durante años de cualquier progreso profesional" (48 años, mujer directiva).

Los mandatos familiares contribuyeron a encasillar a las mujeres en determinados roles, que han quedado grabados en sus discos duros mentales y emocionales,  y aunque su situación en conjunto haya cambiado, parece que algunas de estas ideas no han sido suficientemente revisadas.

En ambas generaciones de mujeres, el último hijo suele tenerse alrededor de los 40 años con un 16.5% y un 19.8%, respectivamente. Como puede apreciarse, la media de edad de la mujer en el momento del nacimiento de su primer hijo es en torno a dos años inferior a la del hombre de su misma generación. Lo cual no basta para que se haya producido un retraso de cerca de tres años en ese primer nacimiento entre una generación y otra, para ambos géneros. Es decir que ahora las parejas tienden a retrasar el nacimiento de su primer hijo en torno a tres años en relación a cuando lo tenían sus predecesores, pero este retraso se da de igual manera para hombres y mujeres, por lo que éstas siguen enfrentando su primera maternidad en torno a dos años antes de la edad en la que lo hacen sus parejas.

Todo ello lleva a que, en conjunto, el porcentaje de hombres que han vivido el nacimiento de algún hijo después de los 35 años casi duplique el de mujeres en esa misma situación. Hoy todo se planifica, en aras de la rentabilidad, incluso la maternidad.

Tomado de: http://www.europapress.es/epsocial/tribunas/noticia-libertad-maternidad-alicia-kaufmann-catedratica-sociologia-coach-ejecutiva-certificada-20110503105414.html

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