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jueves, 5 de mayo de 2011

Los aportes de las de las afrodescendientes a la teoría y la práctica feminista: desuniversalizando el sujeto Mujeres (Primera Entrega))

Ochy Curiel*, 2007
Las décadas de los sesenta y setenta fue sin duda de una alta producción teórica y de nuevas prácticas políticas en el feminismo en muchos países. Ya las reinvindicaciones y demandas feministas no eran el derecho al sufragio ni sólo entrar a las instituciones masculinizadas, otras lógicas y propuestas políticas enriquecían al feminismo: las afrodescendientes, las lesbianas feministas, las postcolonialistas, las multcuculturalistas, entre otras, abrieron el abanico de análisis con nuevas perspectivas en lo que se refería a la subordinación de las mujeres.

Desde un cuestionamiento a la categoría “mujeres” por su pretensión universal  las afrodescendientes o mujeres negras [1] han hecho aportes significativos relacionando categorías como la “raza” [2] al sexo/género demostrando cómo el patriarcado tiene efectos diferentes en las mujeres  cuando estas categorías les atraviesan.

En las próximas líneas presentaré los postulados de las afrodescendientes en tres contextos diferentes: Estados Unidos, Gran Bretaña y América Latina y El Caribe. Doy cuenta fundamentalmente de sus posturas políticas, teóricas y  estratégicas.  Con ello busco evitar cualquier sesgo esencialista de la categoría “mujer negra” como algo unitario y homogéneo y al mismo tiempo identificar los puntos comunes que sirvan para articular una lucha política transnacional frente al sexismo y el racismo.

Este texto es parte del marco teórico y conceptual de la investigación “Las estrategias políticas de mujeres afrodescendientes en Brasil, República Dominicana y Honduras”  en proceso de publicación,  que realicé  en el período 2003-2005 con la cual  recupero la historia de esta corriente política, como forma de evidenciar sus aportes, descartando cualquier sesgo victimizante de las mujeres negras o afrodescendientes, tal como se acostumbra  hacer en los espacios académicos.

Abordo las experiencias de las afroamericanas y las británicas por entender que fueron pioneras en el desarrollo del feminismo negro de las cuales en América Latina y El Caribe nos hemos alimentado política y teóricamente para luego pasar a caracterizar los fundamentos políticos del movimiento de mujeres afrolatinoamericanas y afrocaribeñas, movimiento del cual he formado parte, por tanto los análisis que hago aquí parten de mi experiencia política en el mismo y las reflexiones teóricas que me ofrece la teoría feminista

Los postulados del Black Feminism. La experiencia en Estados Unidos.

“La supresión histórica de las ideas de las mujeres negras ha tenido una marcada influencia en la teoría feminista. Vistas más de cerca, las teorías presentadas como universalmente aplicables a las mujeres como grupo resultan, en buena medida, limitadas por los orígenes blancos y de clase media de quienes las propusieron” (Hill Collins. 1998:259). Así escribió  la afroamericana Patricia Hill Collins ejemplificando el sentir de muchas afroamericanas que se toparon en el quehacer feminista con una teoría incompleta e incorrecta que bajo el velo de la generalidad de la categoría “mujeres” escondía su propio racismo. La misma lógica de exclusión que habían vivido las mujeres afrodescendientes desde épocas de esclavitud atravesaba la práctica feminista. Eran las grandes ausentes de la historia de las mujeres, junto con las indígenas, lesbianas, migrantes etc. Al feminismo le traspasaba el carácter liberal, burgués y universalista que las pioneras combatieron en tiempos de las Luces y de la Revolución Francesa cuando se trataba de las desigualdades con los hombres. Una universalidad que no consideraba los contextos históricos, ni las experiencias individuales y colectivas de muchas mujeres que si bien eran víctimas del sexismo, eran también atacadas por los efectos de otros sistemas de dominación como el racismo, el clasismo, el heterosexismo.

El concepto de patriarcado, fundamental para la teoría feminista,  fue puesto en tela de juicio por haber sido considerado como una dominación masculina indiferenciada, sin examinar cómo éste se hacía concreto en las experiencias particulares donde la raza, la clase, la sexualidad y jugaban papeles fundamentales en la reproducción social.

Una de las principales reivindicaciones del feminismo contemporáneo con base al análisis de la división sexual del trabajo y a la diferenciación entre roles femeninos y masculinos fue el derecho al trabajo asalariado, fuera del hogar,  lo cual permitiese a las mujeres una autonomía financiera a la vez que lograr reconocimiento social.

Bell hooks, basándose en la obra de Betty Friedan, La Mística de la Feminidad, texto que de alguna manera se convirtió en un referente teórico y político para el feminismo contemporáneo en los años 60 en Estados Unidos, criticó la visión racista y clasista del feminismo de la época argumentando que lo que proponía Friedan de que las mujeres se liberaran del trabajo doméstico para profesionalizarse igual como lo hacían los hombres blancos, no consideraba a las mujeres afrodescendientes, que siempre trabajaron fuera del hogar como fuerza de trabajo en las calles y en la casa de los y las blancas, fruto de la herencia de la esclavitud (Hooks, 2004). La división de la esfera pública y privada como aquellos espacios donde se evidenciaba la división sexual del trabajo, perdía ese sentido absoluto cuando se trataba de la experiencia  de muchas mujeres en la que ambas esferas fueron espacios de explotación económica, de construcción de estereotipos y roles sexualizados y racializados, ubicadas siempre en esferas laborales menos valoradas y remuneradas, como lo fue, entre otros, el trabajo doméstico. (Collins,1998; hooks, 2004).

Audre Lorde, poeta y lesbiana feminista afroamericana refiriéndose a las diferencias que atravesaban al feminismo preguntaba: “Si la teoría feminista  estadounidense  no necesita explicar las diferencias que hay entre nosotras, ni de las resultantes diferencias en nuestra opresión, entonces, cómo explicas el hecho de que las mujeres que te limpian la casa  y cuidan de tus hijos, mientras asistes a congresos sobre teoría feminista, sean en su mayoría mujeres pobres y mujeres de color?, ¿Qué teoría respalda el feminismo racista? (Lorde, 2003).  La visión clasista y racista del feminismo no dejaba ver cómo se reproducían estos sistemas de dominación entre las mismas mujeres.

El análisis de la violencia también fue cuestionado por haberse limitado a la esfera doméstica e intrafamiliar. Si bien las afrodescendientes sufren de igual modo que otras mujeres la violencia por parte de los hombres en el ámbito domestico,  privado y público,  no se especificaba cómo ésta se relacionaba con un racismo institucionalizado que por un lado marca una representación sexual a las afrodescendientes, vistas como “buenas y calientes para la cama”, hipersexuales y agresivas, que sumado a la pobreza en que viven las lleva a ocupar los mayores porcentajes en la participación del trabajo sexual y en la pornografía. Por otro lado, el feminismo no abordaba cómo esa violencia racial se manifestaba en la esfera pública como la calle y en los espacios de trabajo. (Hooks, 2004; Collins, 1999)

Los análisis feministas en torno a la familia concebida como una institución que sostiene la explotación de las mujeres con base a roles sexuales definidos y diferenciados, sostenida en la heterosexualidad normatizada, tampoco fue relativizada en función de las experiencias particulares de las mujeres afrodescendientes. Las personas afrodescendientes siempre están asociadas al crimen, a la perversión y el desorden,  sumado a que la situación de marginalidad extrema les condena a altos niveles de drogadicción, alcohol, violencia,  lo cual ha justificado políticas de control y violencia por parte del Estado y los aparatos policiales. Ese racismo cotidiano  e institucional que viven en la esfera pública, hace que la familia en cualquiera de sus formas,  sean especie de refugios que  les permite cierta sobrevivencia emocional y apoyo colectivo (Brah, 2004; Bhavnany y Coulson, 2004).

El tema de la reproducción también fue complejizado. Mientras muchas feministas reivindicaban el derecho al aborto, en cuyas filas siempre hubo mujeres afrodescendientes, estas también han levantado el derecho a la reproducción en buenas condiciones frente a los limitados y deplorables  servicios públicos de salud y en contra de la estilización forzada, ejemplo de políticas eugenésicas y racistas estatales que siempre han estado dirigidas hacia las mujeres pobres, indígenas y afrodescendientes.  (Hooks, 2004; Wernerk, 2005;  Carneiro, 2005;  Roland, 2000).

La “sororidad” y solidaridad principio que sustentaba el feminismo fue también criticado, considerándolo un mito en tanto invisibilizaba las relaciones de desigualdad y relaciones de explotación y dominación entre muchas mujeres afrodescendientes y feministas blancas,  en particular aquellas que tenían lugar en  el espacio doméstico: “la palabra hermandad lleva implícita una supuesta homogeneidad de experiencias que en realidad no existe” (Lorde, 2003: 124). La hermandad entre mujeres fue un mito que a pesar de que apuntaba la necesidad de entrelazar lazos de complicidad entre las mujeres frente al patriarcado y al sexismo, no dejaba ver en qué medida se reproducía el racismo en la práctica feminista.

Estas nuevas visiones de las feministas afrodescendientes, llevaron  a desarrollar lo que se denomina black Feminism o feminismo negro, en Estados Unidos abriendo así  las brechas teóricas y conceptuales que articula  diversos sistemas de opresión y que se han hecho concreta en las diversas prácticas políticas colectivas articulando un movimiento antirracista y antisexista de mucho impacto.

Bajo el concepto de “mujeres de color” nace el feminismo negro en Estados Unidos a principios de los años 70 con dos propósitos: la reconstrucción del feminismo, dominado por una visión etnocentrista  y racista que invisibilizaba las experiencias de las mujeres no blancas en sus postulados teóricos, analíticos y en la práctica misma y la denuncia del sexismo del movimiento de los derechos civiles de los hombres negros que se desarrolla desde los años 60. “Mujeres de color” más que una categoría biológica fue asumida como una categoría política que cuestionaba el predominio de una supremacía blanca (hooks, 2004) y las prácticas patriarcales que se daban tanto en la sociedad norteamericana como en estos movimientos sociales.

En Estados Unidos  The Nacional Black Feminist Organitacion (Organización Nacional de Feministas Negras) en Nueva York,  primera organización de feministas afrodescendientes,  el Colectivo Combahee River  constituido por  lesbianas  y mujeres feministas con una política radical y muchos otros en los años 70 (Anzaldua y Morraga. 1988) fueron de las primeras experiencias organizativas más significativas en estos años.

Articulando múltiples opresiones las afrodescendientes buscan una transformación social a partir de las experiencias históricas de las mujeres. La “raza”, igual que la clase y el sexo ha sido concebida como categoría social de poder basada sobre la ideología de la diferencia fenotípica. Las estructuras de clase, racismo, género y sexualidad son concebidas como  “variables dependientes” porque cada una esta inscribe en las otras y es constitutiva de y por las otras. (Brah, 2004).

El feminismo negro en Estados Unidos se apropia de teorías feministas, pero impregnándole su propio stand point (Collins, 1998). Lo “negro”  en el feminismo viene dado  como una diferenciación de un feminismo que solo era legitimado desde la visión desde mujeres blancas de clase media y burguesa y al mismo tiempo  cuestionaba la “natural“ fraternidad y solidaridad racial negra” per se  impulsada por el nacionalismo negro. La consideración de las múltiples opresiones de las mujeres en la que la raza, la clase, el género y la sexualidad son variables interdependientes, y que constituye lo que Patricia Hill Colllins llama “matriz de dominación”  (Ibid) es lo que ha otorgado una visión radical a esta propuesta feminista. En este pensamiento político el concepto de diferencia más que ser concebido como esencialista, es visto como fruto de experiencias históricas enmarcadas en relaciones sociales de poder y dominación consecuencia del colonialismo y la esclavitud.

Patricia Hill Collins define el pensamiento de este feminismo de la siguiente manera:
“Para desarrollar definiciones adecuadas del pensamiento feminista negro es preciso enfrentarse al complejo nudo de las relaciones que une la clasificación biológica, la construcción social de la raza y el género como categorías de análisis, las condiciones materiales que acompañan estas construcciones sociales cambiantes y la conciencia de las mujeres negras acerca de estos temas. Una manera de ubicarse frente a las tensiones de definición en el pensamiento feminista negro es especificado en la relación entre la ubicación de las mujeres negras -aquellas experiencias e ideas compartidas por las afroamericanas y que les proporciona un enfoque singular de sí mismas, de la comunidad y de la sociedad- y las teorías que interpretan esas experiencias (…) el pensamiento feminista negro comprende interpretaciones de la realidad de las mujeres negras hechas por las mujeres negras”. La lucha por una conciencia feminista afrocéntrica autodefinida se da a través de una fusión de pensamiento y acción. (Hill Collins, 1989: 289).

Para Hill Collins construir una femininidad negra implica forjar expresiones individuales, para potencializarlas de manera articulada en lo colectivo, pero siempre desde una perspectiva afrocéntrica de acuerdo a antiguos sistemas de creencia africana como claves para la resistencia a la opresión racial y como parte de una lucha conciente (Ibid).

¿Qué implicaciones tiene construir una feminidad negra?, ¿Cómo resolver la tensión como feministas de por un lado salir de la lógica de la dicotomía feminidad/ masculinidad socialmente construidas y al mismo tiempo construir una feminidad “negra” necesaria para la acción política?

La respuesta no es simple, ya que por un lado es necesario para la política feminista deconstruir una concepción de feminidad a partir del concepto “mujer” ligada a un naturalismo sexualizado, justificativo para crear las desigualdades  y estereotipos entre los sexos y por otro lado las categorías “mujeres afrodescendientes”, “negras”, o  “de color”  ha sido necesaria para recuperar una experiencia compartida de dominación que permite articularse en  la lucha política. Es una tensión que no tiene salida fácil a no ser la “dobledad” .Es una tensión  en la que es necesario un ir y venir que nos haga salir de la lógica binaria heterosexista de la feminidad, destruyendo así su significado y por otro lado entender cómo ha sido construida una “feminidad negra” sexualizada y racializada creando, a través de las practicas discursivas, teóricas y en el accionar político un nuevo significado. ¿Porque qué es ser una mujer negra, sino aquello que ha sido representado por los sectores dominantes racistas y masculinos?

Es esta reconstrucción de una feminidad negra resignificada positivamente es donde ha descansado en gran medida la practica política antirracista y antisexista que valore los aportes a una historia de la que han sido invisibles,  reconozca otros valores no racializados y sexualizados, que permita emprender una solidaridad política convirtiéndose en sujetos políticos capaces de hacer transformaciones sociales desde su propia visión.

Es por ello que ante las acusaciones de que en el feminismo negro existe un sesgo esencialista  por contener una categoría biológica (ser negra), Hill Collins responde con el concepto de centralidad significando la necesidad de que las mujeres negras desarrollen un pensamiento feminista que se centre en las experiencias de raza, clase y género, así como las experiencias históricas concretas ligada a lo africano y a las secuelas de la esclavitud, lo cual genera una perspectiva única del mundo y les permite definir  una “feminidad negra autodefinida”, con una conciencia de grupo oprimido, un pensamiento hecho por quienes viven estas opresiones, por tanto se constituye en un saber especializado (Collins, 1998). En ese sentido “lo negro” no es una categoría biológica sino histórica. Esta nueva propuesta ofrece un cuerpo teórico independiente y particular a partir de una experiencia concreta de opresión y una particular conciencia sobre esa opresión.

Notas:
[1] Planteo aquí mujeres afrodescendientes o mujeres negras porque dependiendo de los contextos se utilizan una u otra identidad política. Mi posición es utilizar afrodescendiente por considerar que es una categoría que refiere a hechos históricos ligados a la colonización y evitar cualquier sesgo biologicista que entiendo contiene la categoría de “mujer negra”.
[2]En este texto colocaré comillas a la palabra raza partiendo de la premisa de que la raza no existe como clasificadora de grupos humanos. Las comillas refieren a su construcción cultural y sobre todo política y la entiendo como categoría de poder desde la cual se construye el racismo.
[3]  En Brasil se habla comúnmente de homosexualismo u homosexualidad para referirse a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo sean hombres o mujeres. El concepto “Lésbica”  lo refieren más las activistas lesbianas,  “Lesbiana” para el resto de los países hispanoparlantes.
[4] “Ialodê es  la forma brasileira para la palabra en lengua iorubá Ìyálóòde Según algunas tradiciones africanas transplantadas para Brasil, ialodê es uno de los títulos dados a Oxun, divinidad que tiene origen en Nigeria en Ijexá e Ijebu. Ialodê se refiere también a la representante de las mujeres y algunos tipos de mujeres emblemáticas, lideres políticas femeninas de acciòn fundamentalmente urbana. Es, como decimos,”la representante de las mujeres, aquella que habla por todas y participa en las instancias de poder.” ( Wernerk, 2005:12)

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*Curiel, Ochy. (2007) Perfiles del Feminismo Iberoamericano, vol. III. Buenos Aires, Catálogos (fecha aproximada de publicación primer trimestre de 2007).
Tomado de: http://www.iidh.ed.cr/comunidades/diversidades/docs/div_enlinea/afros%20feminismo.htm

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