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viernes, 6 de mayo de 2011

Los aportes de las de las afrodescendientes a la teoría y la práctica feminista: desuniversalizando el sujeto Mujeres (Segunda Entrega)

Ochy Curiel, 2007

La propuesta de centrarse en el afrocentrismo, si bien implica valorizar lo concerniente a una herencia africana desvalorizada tanto en su cultura como en su historia y que construye una africanidad en la diáspora que busca combatir  el eurocentrismo,  corre el riesgo de no entender cómo se ha construido esa diáspora en contextos sociales e históricos actuales y en sociedades en las que habitamos. Con ello no quiero de ninguna manera dejar de lado la importancia  de definir lo que somos desde la historia de un continente desde el cual fueron forzosamente sacados los africanos y africanas en el proceso esclavista de los cuales descendemos, lo que quiero llamar la atención es que  ha habido procesos de adaptación y readaptación a las nuevas condiciones socio-económicas, creación y recreación cultural, discursiva y práctica que ha generado nuevas culturas diferenciadas. La autenticidad de lo afrocéntrico no  es más que un mito y que puede ayudar solo en parte a la lucha política. Desmistificar el afrocentrismo significa considerar esa parte de lo que somos que es negada  y desvalorada, pero también es reconocer todo lo que somos de otras culturas construidas y en construcción, cómo somos generadas con base a las diversas relaciones sociales que nos atraviesan donde está presente la clase, el género, la sexualidad, pero también los contextos regionales, locales y las experiencias específicas en donde se entrelaza todo eso que somos.

A pesar de que coincidimos con los presupuestos políticos de Collins de lo que significa el feminismo negro denominar a este feminismo de  “negro” tiene  a nuestro modo de ver un sesgo esencialista, que aunque conciente de que en sociedades donde la supremacía y la hegemonía cultural blanca esté tan definida y posicionada creando mecanismos de poder para su perpetuación, un toque de esencialismo es necesario en la política antirracista, hace muchas veces perder de vista las causas reales del racismo y del sexismo en el capitalismo neoliberal globalizado.

Si bien las y los afrodescendientes  han enmarcado la negritud en un proyecto político de resistencia y transformación, reconceptualizando  y resimbolizando su contenido y cambiando su significado negativo en positivo, y aunque se considere lo “negro” como una categoría construida por los procesos históricos de colonización y esclavitud,  sigue siendo una representación que evidencia cómo ha sido imaginado “lo negro” en las sociedades racistas y postcoloniales. Referirse a “lo negro”  como algo auténtico, significa asumir que las experiencias vividas están vacías de representación. “Lo negro” es generalmente considerado en contraposición a “lo blanco” en una lógica de oposición binaria y que tiene como referente una categoría fenotípica. Tiende además a la generalización y homogenización de la experiencia de la diáspora afrodescendiente y con ello su cultura y esto son peligros que afectan nuestras estrategias y luchas políticas.

Es por lo que denominar  “feminismo negro” a una práctica política que busca considerar como la “raza, el sistema sexo/género, la clase y la sexualidad” interrelacionadas como categorías de poder,  limita la progresión que debe sostener una política feminista radical, en ese sentid la negritud como signo no es nunca suficiente.

Algunas afrodescendientes en Estados Unidos prefieren asumir el concepto de womanismo, (mujerismo) concepto propuesto por la escritora afroamericana Alice Walker, como una forma de expresar una afirmación de una feminidad negra en contraposición a una blanca y como una manera de reivindicar la solidaridad y complicidad necesaria y urgente propuesta del movimiento de liberación negra y del nacionalismo negro. Este concepto retoma las luchas de las mujeres negras, antes de haber aparecido el feminismo como teoría frente al sexismo, el racismo, la pobreza y el capitalismo internacional. Da un sentido de colectividad, de genealogía negra y pone en duda los análisis del feminismo blanco por su sesgo racista y elitista. (Sudbury, 2003).Para Alice Walter una mujer womanista “está comprometida con la supervivencia e integralidad de la gente en su totalidad, machos y hembras. Una womanista no es separatista, salvo periódicamente por salud” y “es tradicionalmente  universalista”  luchando siempre por la humanidad entera (Walter citada por Collins, 1999: 302).

Ante esta propuesta cabe la pregunta: ¿cuál es la diferencia entre womanismo y feminismo?  El feminismo, aquel que ha sido reivindicado por las afrodescendientes, se propone los mismos postulados que dice tener el womanismo. El hecho de que el feminismo haya sido una propuesta política y teórica marcada por el racismo y el etnocentrismo, no lo anula como propuesta valida, cuestionadora, revolucionaria y transformadora para las mujeres.  El aporte del feminismo negro o la perspectiva de las afrodescendientes, de las tercermundistas, de las postcolonislistas, de las llamadas mujeres populares han completado y reconceptualizado una teoría y una practica feminista que la aleja cada vez más de ese etnocentrismo y racismo. La tarea que queda pendiente es que todas las feministas hayan sido racializadas o no, de diversas clases y posiciones sociales aborden todos los sistemas de opresión que afectan a todas las mujeres. Solo así el feminismo será una propuesta completa y transformadora para la humanidad completa. La propuesta womanista contiene a mi modo de ver un sesgo antifeminista y contradictoria, pues primero no reconoce esos aportes a los que me refiero más arriba,  ni tampoco reconoce los aportes que el feminismo, como propuesta de transformación, práctica, ética, política del mundo ha hecho para todas las mujeres.

La propuesta del feminismo negro fue sin duda un gran salto positivo para el feminismo por sus diversas contribuciones sobre todo, como hemos dicho, en colocar cómo la “raza”, la clase, y el sexo se interrelacionan. No obstante no mucho se ha abordado el tema del heterosexismo como otra forma de dominación ligada a las anteriores.

Las lesbianas, han luchado por colocar esta perspectiva al encontrar  un vínculo entre lesbianismo político y el feminismo como posibilidades teóricas y políticas de enfrentar la dominación sexista y racista.  Cheryl Clarke, lesbiana feminista afroamericana señala cómo el lesbianismo feminista  tiene toda la posibilidad de trastocar la heterosexualidad como uno de los sistemas de la opresión de las mujeres, “siempre  y cuando parta de una visión antirracista y anticlasista” (Clarke, 1988:100).

No obstante el esfuerzo de muchas lesbianas por colocar esta perspectiva política, han tenido que soportar las críticas, la invisibilización y  el rechazo tanto del movimiento de de las mujeres afrodescendientes heterosexuales, como de los hombres afrodescendientes al concebirse el lesbianismo como una amenaza de la lucha antirracista y antisexista. Audre Lorde, como lesbiana feminista respondía a ello de la siguiente manera: “Los ataques contra las lesbianas negras han arreciado tanto por parte de los hombres negros como por las mujeres negras heterosexuales. Pero así como la existencia de mujeres negras que se definen así mismas no constituye una amenaza para los hombres negros que también lo hacen, las lesbianas negras solo representan una amenaza emocional para aquellas mujeres negras que viven como un problema sus sentimientos de camaradería y amor por sus hermanas” (Lorde, 2003) Para Lorde, el lesbianismo es definirse a así misma, es asumir la libertad frente a los hombres, implica definir un destino propio, desarrollar ayuda mutua y solidaridad entre mujeres, coincidiendo con el concepto de continum lesbiano propuesto por Adrienne Rich (Rich, 1988)

La experiencia de Combahee River ha sido desde los años 70 uno de los ejemplos más interesantes en Estados Unidos por haber logrado la interrelación de todos los sistemas de opresión: En su Declaración de 1978 se deja ver esta perspectiva política: “La declaración  más general de nuestra política en este momento sería que estamos comprometidas a luchar contra la opresión racial, sexual, heterosexual y clasista, y que nuestra tarea específica es el desarrollo de un análisis y una práctica integrados basados en el hecho de que los sistemas mayores de opresión se eslabonan. Como negras, vemos el feminismo negro como el lógico movimiento político para combatir las opresiones simultáneas y múltiples a las que se enfrentan todas las mujeres de color” (Combahee River Colletive. 1988:179).

El feminismo negro de Estados Unidos ha sido una referencia fundamental para el movimiento de mujeres afrodescendiente de muchas latitudes por su experiencia organizativa que data desde los años setenta pero también por sus aportes teóricos que han salido desde la academia y el activismo feminista.
  
Articuladas desde el color político: Mujeres Negras en Gran Bretaña
En Gran Bretaña desde una lucha antiimperialista, anticolonialista, contra el racismo, la desigualdad de clase y las prácticas patriarcales se inicia en los años 70 el movimiento de mujeres negras con  la experiencia de OWAAD (Organization of women of Asian and African Descent), primera organización nacional y  el grupo de Mujeres Negras de Brixton (AWAZ), no obstante antes ya existían otras experiencias y posteriormente otras decenas de organizaciones surgen bajo la denominación de “mujeres negras. (Brah, 2004; Sudbury, 2003).

“Mujeres negras” ha sido una categoría diversa que refiere a cuestiones de clase, raciales, migración e incluye a mujeres que han migrado de Africa, Asia y El Caribe. Allí, “lo negro” ha estado  lejos de connotaciones esencialistas, en tanto es una categoría diferenciada que implicaba una multiplicidad de experiencias diaspóricas (Brah, 2004). Esto ha planteado un desafío a la lucha antirracista fundamentada en el color político y cuestiona de fondo la categoría mujer negra como categoría unitaria. El concepto de negritud para las británicas no es una noción en relación a una no-blancura, sino que se convierte en una identidad política estratégica que les articula frente a un racismo institucionalizado expresado en la violencia policial, los servicios públicos y los efectos de la migración que les coloca en condiciones de desigualdades materiales, sociales y culturales.

El término negro “es un acto de oposición que declara la supremacía de historias de resistencia y opresión sobre las tácticas divisivas de la clasificación “científica” (Sudbury, 2003:288) Esta unión afroasiática es heredada, de alguna manera del movimiento Black Power en los años 60 que reunió a hombres y mujeres de descendencia africana y asiática frente al racismo y la violencia  desatada en estos años en Gran Bretaña. No obstante la participación de las mujeres en este gran movimiento, no fueron suficientemente reconocidas como sujetas políticas activas en el seno de las diferentes organizaciones que lo constituyeron,  lo que les hizo luchar contre el machismo y androcentrismo de sus compañeros de lucha al tiempo que cuestionaron también la visión hegemónica de participación política como los partidos, los sindicatos considerándoles alienantes y exclusivistas creando organizaciones más autónomas. (Ibid).

Julia Sudbury, womanista, inglesa de origen jamaiquino, quien realizó un interesante estudio sobre las organizaciones de mujeres negras en Gran Bretaña del 1970 a 1990,  para referirse a las experiencias de sexismo siempre racializadas propone los conceptos de racismo de género y sexismo racializado, significando que estos conceptos no permiten la separación de los sistemas de dominación racismo y sexismo cuando se trata de la experiencia de las mujeres negras (Ibid). Identifica seis áreas de acción política en las que actúan las afrodesdendientes: las internas de las comunidades negras- lo individual, la familia y la comunidad- y las desarrolladas frente a los aparatos de poder- local, nacional e internacional- (Ibid) El área individual es asumido por tres temas: la autoconfianza; que les da la autonomía frente a la violencia y dependencia de los hombres y  frente a las estructuras discriminatorias; una visión de una educación alternativa que combatiera las representaciones negativas sobre la feminidad negra y que les permitiera identificar las barreras racializadas de género, recuperar una historia y lograr una formación para la conciencia crítica; y el desarrollo económico como una vía para lograr intendencia frente a sus compañeros violentos a la vea que una reafirmación personal.

La familia se convierte en un lugar de afirmación y resistencia al racismo. Así por ejemplo, la crianza de los hijos e hijas, más allá de procesos de socialización ligados a roles de género es un proceso político,  pues las mujeres desarrollan hacia las hijas y los hijos procesos de  concientización que les da herramientas para enfrentar el racismo. Esta crianza se hace muchas veces de forma común pues representa una intersección entre comunidad e individuo y se asume como una responsabilidad compartida. Para ello buscan soluciones colectivas como es el caso de guarderías seguras y antirracistas. La relación con los hombres también es muy particular. Existe una tendencia a priorizar el racismo por encima del sexismo. Esto dado por la experiencia compartida de racismo con los hombres negros, lo que muchas veces les lleva a dejar de lado la violencia masculina de los hombres negros. (Ibid)

La tercera área es la comunidad, entendida como diversas experiencias colectivas. Por su situación de mujeres negras, muchas de ellas migrantes de diferentes países la idea de comunidad es amplia. Un referente comunitario podía ser las organizaciones de mujeres, otro compartir experiencias con afrodescendientes o asiático-descendientes, otra de migrantes. En algunos casos el concepto de comunidad para muchas mujeres de descendencia africana se vuelve más homogéneo con base a la feminidad negra de descendencia africana, lo que muchas veces les ha traído conflictos acusadas muchas veces de separatismo y de dividir la lucha antirracista.

En torno a la acción política dirigidas a las esferas de poder, Sudbury señala las relaciones con el Estado y con el gobierno municipal. Esta acción política  se ha dirigido fundamentalmente a lograr una distribución de fondos y subsidios para las organizaciones de mujeres negras, lograr representación y mejorías económicas y sociales para las organizaciones y las comunidades negras.  Si bien esto les ha permitido posicionarse como grupo y comunidad con cierto reconocimiento y exigir derechos, esto les ha llevado a depender financieramente del Estado y de los aparatos gubernamentales del Municipio. Muchas organizaciones por captar recursos sustanciosos a través de consultorías y el patrocinio de empresas negras  “se están convirtiendo en más sofisticadas y están más activamente preocupadas en planear su base financiera […] Muchas de ellas han pasado del activismo político a la prestación de servicios (Idid,: 296)

A nivel internacional muchas organizaciones definen una política de solidaridad con otras mujeres de otros países para lograr una “agenda internacional” para la trasformación frente a los efectos de la economía global y la exclusión social, política y cultural que trae consigo. Estas solidaridades no han podido desarrollarse de la mejor manera debido a los escasos recursos de las organizaciones de las Mujeres. Solo en algunas conferencias mundiales como la de la Mujer celebrada en Beijin se lograron hacer algunas acciones.

En Gran Bretaña por tanto el concepto de familia, patriarcado, la reproducción fueron también repensados desde una nueva óptica política más amplia y más particularizada de acuerdo a las experiencias de las mujeres negras.

Igual como pasó en Estados Unidos las mujeres negras cuestionaron la supuesta hermandad  homogénea que planteaba el feminismo blanco y que no reconocía la diversidad de las mujeres concibiéndolas como victimas pasivas.

“Lo personal es político” consigna que ha permitido a las feministas la politización de lo íntimo y privado y una autoafirmación  personal adquiere una visión diferente cuando se trata de experiencias de las mujeres afrodescendientes. Lo personal se une a lo colectivo no dejando paso a la dicotomía autorealización y acción colectiva.

Como muchas afroamericanas, las mujeres negras británicas se asumían parte del feminismo negro, distanciándose  de feminismo blanco invocando la lucha contra el racismo y la violencia patriarcal. Avtar  Brah asume que el “feminismo negro” británico no parte de categorías esenciales sino que son cuestionamientos que se han generado a partir procesos, discursos y situaciones materiales. Para Brah el feminismo negro ha significado una lucha política en el cambio de significados, conceptos teóricos, la relación entre teoría, práctica y experiencia subjetiva. Significa formas de movilización y la definición de prioridades políticas (Brah, 2004). Muchas otras intelectuales negras británicas como Hazle Carby, Pratibha Parmarm Kum-Kum Bhavni y Valerie Amos entre otras, ayudaron significativamente a ir forjando ese pensamiento crítico.

Igual como sucedió en Estados Unidos, el heterosexismo ha sido muy poco abordado por las organizaciones de mujeres negras. En Gran Bretaña también fue un punto de conflicto. La heterosexualidad era el modelo fundamental legitimado. En OWAAD una de las principales organizaciones cuando las lesbianas quisieron tener un espacio político  y de visibilidad a principios de los años 80 fue lo que provocó una de las mayores crisis de la organización. Muchas de las heterosexuales expresaban que la homosexualidad era una enfermedad y que era de origen europeo: “el lesbianismo estaba  entrelazado al feminismo blanco, que a su vez se hizo  un “otro” ultrajado” (Sudbury, 2003: 146).

No obstante las rupturas y fragmentaciones, el movimiento de mujeres negras en Gran Bretaña sigue siendo un referente importante de lucha política antirracista y antisexista que articula diferentes niveles y formas de opresión de acuerdo a contextos históricos particulares. Como bien lo selaña Avtar Brah: “Como resultado  de nuestra posición en las diásporas formadas por la historia de la esclavitud, el colonialismo y el imperialismo, las feministas negras hemos abogado sistemáticamente en contra de la mentalidad provinciana y hemos hecho hincapié en la necesidad de un feminismo consciente  de las relaciones internacionales de poder” (Brah, 2004:110).

Notas:
[1] Planteo aquí mujeres afrodescendientes o mujeres negras porque dependiendo de los contextos se utilizan una u otra identidad política. Mi posición es utilizar afrodescendiente por considerar que es una categoría que refiere a hechos históricos ligados a la colonización y evitar cualquier sesgo biologicista que entiendo contiene la categoría de “mujer negra”.
[2]En este texto colocaré comillas a la palabra raza partiendo de la premisa de que la raza no existe como clasificadora de grupos humanos. Las comillas refieren a su construcción cultural y sobre todo política y la entiendo como categoría de poder desde la cual se construye el racismo.
[3]  En Brasil se habla comúnmente de homosexualismo u homosexualidad para referirse a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo sean hombres o mujeres. El concepto “Lésbica”  lo refieren más las activistas lesbianas,  “Lesbiana” para el resto de los países hispanoparlantes.
[4] “Ialodê es  la forma brasileira para la palabra en lengua iorubá Ìyálóòde Según algunas tradiciones africanas transplantadas para Brasil, ialodê es uno de los títulos dados a Oxun, divinidad que tiene origen en Nigeria en Ijexá e Ijebu. Ialodê se refiere también a la representante de las mujeres y algunos tipos de mujeres emblemáticas, lideres políticas femeninas de acciòn fundamentalmente urbana. Es, como decimos,”la representante de las mujeres, aquella que habla por todas y participa en las instancias de poder.” ( Wernerk, 2005:12)
  
Referencia bibliográfica.
Curiel, Ochy. (2007) Perfiles del Feminismo Iberoamericano, vol. III. Buenos Aires, Catálogos (fecha aproximada de publicación primer trimestre de 2007).

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Tomado de: http://www.iidh.ed.cr/comunidades/diversidades/docs/div_enlinea/afros%20feminismo.htm

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