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sábado, 14 de mayo de 2011

MARÍA BONITA


Kintto Lucas

Santa Brígida, Bahía, 1931*.

- Vienen los cangaceiros, vienen los cangaceiros, grito uno con voz de miedo.
- Es Lampiao, no tengan miedo. Es el protector del sertao, gritó otro.
- Con alguien como él me iba hasta el fin del mundo, dijo María Déia a una amiga mientras miraba el polvo que levantaban los caballos a la entrada del pueblo. Luego siguió caminando hacia el tallercito de su marido, el zapatero Zé.

El decir de la joven corrió rápidamente, y llegó al escuchar del capitán Virgulino Ferreira, Lampiao, el rey del cangazo, quien decidió visitarla. Y así se allegó hasta la zapatería de Zé. Quería ver con su propio mirar la boniteza de esa mujer que tanto lo admiraba, esa mujer que no temía decir abiertamente su sentir, incluso en presencia del marido. Cuando estuvo frente a ella, la miró hasta el fondo de su vida...

- ¿Tu eres la mujer que dijo que me acompañaría?
- Soy yo, sí.
- ¿Y no cambió de opinión ahora al verme?
- ¿Por qué iba a cambiar de opinión?
- Usted es bonita, como la peste mujer. ¿Viene conmigo?
- Sí.
- Entonces vamos.
- Chau, Zé.

Zé no dijo nada, quedó callado, terminando unos zapatos que tenía que entregar, avergonzado pero sin importarle mucho. Así se juntaron Lampiao y María Déia, que ahora es María Bonita. Esa noche, entre la catinga, los cangaceiros se reunieron para ver a la mujer que había hechizado al rey del cangazo. Y él la presentó.

- Atención todos, ésta aquí es María Bonita que, de ahora en adelante, es mi mujer. Y cuidado con que alguien se meta con ella, porque se las verá conmigo.
- Ni precisa decir capitán, dijo uno.
Y ahí nomás comenzó la música, y Zembelé el cantador del sertao templó la guitarra, y la letra se hizo vida en el campamento: "María Déia es un ángel/ una lindez, un amor,/ una princesa encantada/ que Lampiao se encontró".

Y desde ese día María se hace fuerte en el cangazo y dirige el grupo junto a Lampiao... Y el bando se hace firme en el sertao. Y los macacos le temen... Y Lampiao da y quita justicia. Y son la imagen de una región de Brasil acorralada por la seca, la miseria, el poco comer... acorralada.

El rostro de María recorre los desiertos del nordeste brasileño. Hay guerra entre familias por todo lado. Virgulino pone orden. Cambia justicia por dinero. María se encarga de encaminar su mirada y hace que se recuerde de los pobres, y logra que no mate por matar, y le da un poco más de justicia a su justicia. Y en Ceará, en Paraíba, en Pernambuco, por todo el nordeste camina la mirada de María Bonita, que no es solo la mujer de Lampiao, es la imagen de la mujer cangaceira. Es casi tan famosa como el Padre Cícero, todos sueñan con verla, y cuando llega a cada pueblo le regalan cosas.

El ejército todo, está atrás de Lampiao y María Bonita. Las emboscadas se repiten, pero no pueden agarrarlos. Los cangaceiros son demasiado bichos, como bichos se mueven, como bichos eliminan sus rastros, como bichos unidos a la naturaleza casi muerta de sed que hay por estos lados del Brasil... Pero los gobernantes pagan mucha plata. Hay que capturar al bandido y a su mujer, es la orden. Y todos se afilan y los soldados son los mismos que se lanzaron contra la columna Prestes. Y la traición llega una tarde-noche, mientras una garúa leve cae. Los macacos rodean el campamento de Grota dos Angicos. La metralla cae sobre todos. Los cuerpos quedan entre la lluvia, juntos...

María Déia Neném. En el nordeste brasileño durante las cuatro primeras décadas de este siglo, las distintas familias poderosas estaban en guerra por las tierras. En esa realidad se desarrollaron grupos armados que actuaban como protectores de las distintas familias. El grupo más famoso que, ultrapasó esa protección para transformarse en un ejército fue el de Virgulino Ferreira, conocido como Lampiao o el rey del cangazo, y su compañera María Déia, conocida como María Bonita. Cuando se juntaron, ella tenía poco más de veinte años y Lampiao 33, y durante muchos años fueron la "justicia" del nordeste. En julio de 1938 el ejército los emboscó y mató a todos los del grupo. Luego cortaron la cabeza de cada uno y las pasearon por todo el Brasil. Según la leyenda, María Bonita había previsto la posible traición para esos días, porque había soñado con varias serpientes que rodeaban el campamento. La realidad dice que María Bonita fue la que intentó enderezar el rumbo del ejército cangaceiro de Lampiao para que no fuera solo un grupo de bandoleros, para que fuera un poco más allá y repartiera algo de lo robado entre los pobres. Pero Lampiao nunca llegó a ser un Robin Hood del Nordeste.

*MUJERES DEL SIGLO XX

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