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jueves, 26 de mayo de 2011

Perfil tentativo de una democracia legítima

Sylvia María Valls   

“La democracia es buena si tiene buenos resultados, de lo contrario no”, Simone Weil

1. Una democracia legítima es una en la que sólo los más propensos a gobernar con justicia y conocimiento en pro del bien general serían susceptibles de ser elegidos. Para que sólo los mejores lleguen a ocupar puestos de responsabilidad, es necesario que la selección de los candidatos sea lo más transparente posible y que sea ejercida en ausencia de pasiones agitadas por medio de procesos partidistas.  Significa que el aporte de los partidos políticos (“los PPs” o “Pepes”) en la selección de quiénes serán los candidatos y quiénes los elegidos tendería a ser nula. Éstos no recibirían presupuesto del erario público: los fondos públicos que en la actualidad se les otorga podrían serles asignados a las escuelas para ayudarlas a sufragar el costo de poner en acción programas que garanticen la selección más imparcial posible de representantes, jueces y administradores dentro de las comunidades en las que nuestras escuelas sirven (o no sirven aunque pretenden hacerlo).  Una vez creada una primera aproximación a lo que constituiría una jerarquía legítima, estas decisiones serían tomadas con mayor conocimiento de causa y sentido de justicia y con sólo el bien común en mente.  Los partidos políticos que sobrevivieran a semejante cambio recibirían donaciones particulares solamente, limitando su actividad a la elaboración de leyes y programas que puedan serles recomendadas a legislaturas que, por ley, estarían comprometidas exclusivamente con la realización del bien común, tanto para las generaciones actuales como futuras.

2. Una democracia legítima es una en la que la composición del gobierno refleja fielmente la composición de la población total. Para que una jerarquía pueda ser vista como legítima es importante que por cada hombre electo también lo sea una mujer.   A la hora de los comicios, las mujeres votarían por las mujeres y los hombres por los hombres.  Los legisladores (50% hombres y 50% mujeres) podrían decidir, en relación a las decisiones ejecutivas, por ejemplo, cuáles serían tomadas por el Presidente y cuáles por la Presidenta; también, sobre qué asuntos dicha rama ejecutiva “bicéfala” estaría obligada de decidir de común acuerdo --así como cuándo una decisión se convertiría en objeto de consulta popular directa, etc... Esta disposición tendría como objetivo velar porque tanto el punto de vista de las mujeres como el de los hombres pueda manifestarse plena y equitativamente: La idea no es tanto crear una competencia más balanceada como asegurar perspectivas más completas que puedan ser compartidas, discutidas y comprendidas por todos los responsables de velar por el bien común, hombres y mujeres por igual.

3. Una democracia legítima en el mundo de hoy --con nuestros conocimientos y nuestras experiencias, tecnologías, necesidades y posibilidades-- respetaría la autonomía municipal --tanto de hecho como de palabra;  cada municipalidad cedería una parte de su soberanía  a la bio-región dentro de la cual se encuentra insertada pero  sólo en relación a aquellos asuntos que interesan a ésta: Agua, aire, comunicaciones entre las distintas regiones, regulación del comercio con miras a asegurar la autosuficiencia alimenticia (empezando por el agua) de las distintas localidades, así como todo para lo cual se pueda requerir la cooperación intermunicipal e interbiorregional (control de plagas, incendios, epidemias, etc..), fuentes de energía y otros asuntos que requieran colaboración intermunicipal.     A partir de una selección preliminar en cada municipio de personas consideradas confiables y recomendables se llevaría a cabo una selección de candidatos para la integración de los gobiernos bio-regionales. A partir de todas las biorregiones se organizaría el gobierno interbiorregional con mayores poderes de los que tienen hoy las Naciones Unidas: El gobierno interbiorregional sería un gobierno global cuyo mandato provendría de una conexión íntima con la base de la pirámide, constituida ésta por las localidades o comunidades, colonias o vecindarios que conforman cada municipalidad.

4. Una democracia legítima sería una democracia capaz de tomar en cuenta la verdadera salud y seguridad de los gobernantes-gobernados y de realizar aquellos  valores que van asociados a la idea de “democracia”. La “voluntad general”  sería considerada la voluntad de obedecer a leyes     elaboradas por grupos legítimamente capacitados, moral y mentalmente, para llevar a cabo las labores del buen  gobierno,  de “mandar obedeciendo”.   Sólo una jerarquía legítima decidirá los asuntos de la guerra y de la paz tomando en cuenta las verdaderas “necesidades terrestres del cuerpo y del alma” (S.Weil). Sus miembros no sentirían obligación alguna hacia quienes se enriquecen por medio del mercado negro, del ejercicio de la guerra y de la explotación de la miseria humana (industrias de armamentos y de fármacos, por ejemplo).  Sabría distinguir entre un uso válido y justo de las palabras y un uso mañoso o manipulador, es decir, deshonesto e injusto, de las mismas. No se dejaría engañar por la propaganda y descartaría a ésta, en la mayor medida posible, del contenido de sus deliberaciones.

5. Una democracia legítima encontraría formas transparentes para el ejercicio de la ciudadanía: de nuestros derechos y obligaciones. En una democracia digna de su nombre --es decir, legítima-- el ciudadano jamás sentiría la necesidad de esconderse de sus conciudadanos para emitir su juicio  o voto en relación a los asuntos de la polis.  El voto secreto, en alianza con las nuevas tecnologías diseñadas para el ejercicio del voto, se presta a los mayores fraudes.    Cuando menos, cada ciudadano tendría la libertad de decidir si prefiere emitir su voto de forma abierta, pública, o no;  el voto secreto recibiría el apoyo de una metodología que lo proteja, lo más posible, de tácticas fraudulentas.  El porcentaje de ciudadanos que escogiera emitir su voto público sería una indicación del grado de confianza de los votantes en la existencia de un estado de derecho.

6. En una democracia digna de su nombre, la libertad personal no se vería comprometida por acciones gubernamentales que nada o poco tienen que ver con la protección de los ciudadanos. Toda ley que criminalice una actividad consensual, cualquiera que ésta sea, sería considerada inconstitucional.  El corolario de este principio es que la Constitución o Ley Fundamental prohibiría explícitamente que semejantes leyes pudieran ser aprobadas. Sólo las acciones que impliquen daño a terceros serían materia de acción penal. Así, la justicia no perdería tiempo alguno en perseguir a las personas por sus hábitos personales y podrían dedicarse todos los esfuerzos a la prevención y persecución de crímenes reales.  Esto significaría que no se podría perseguir a nadie por sus preferencias sexuales ni por su consumo de ningún tipo de alterante de la conciencia. El derecho a la privacidad recibiría las más plenas garantías.  La relación entre sexo-servidores y clientes sería vista como cierto tipo de contratación de servicios en el que ambas partes requieren saberse protegidas, dentro de ciertos límites, por la ley.

7. Una jerarquía legítima legislaría de forma tal  que los intereses de la niñez y de la vejez se vieran auténticamente favorecidos y, con ellos, los de las mujeres:  Dejaría en el pasado falsas nociones y prejuicios en relación a la naturaleza y a las  necesidades de los más oprimidos. El prejuicio bíblico del “trabajo como castigo” daría lugar a una búsqueda de la actividad económica como actividad potencialmente lúdica, productora no sólo de objetos y “servicios” sino de satisfacciones físicas, mentales y espirituales junto a las materiales:   la expansión del espíritu humano y la realización más plena de sus aspiraciones vitales normarían el quehacer humano.   El corolario aquí sería que todos estarían protegidos en contra de la explotación más crasa.  En este sentido, no parece justo pretender establecer mayores distinciones entre las distintas edades.  Las prohibiciones relativas al trabajo infantil, por ejemplo, no sólo no protegen a la primera edad de la extrema explotación sino que, por el contrario, garantizan que la misma pueda ser esclavizada incluso de forma más feroz.  Al mismo tiempo, se le da patente de corso al empleo de personas desprotegidas y que, sólo por ser “mayores de edad”, parecerían no ser dignas de conmiseración [*].

[*] De hecho, la antropología social indica que el crecimiento poblacional desmedido fue el resultado de la posibilidad de emplear a los hijos, y, de esta forma, mejorar la propia situación teniendo más hijos en lugar de menos. La alternativa siempre fue el infanticidio, sobre todo de niñas. Prohibirle trabajar a los niños podrá ayudar a los padres a decidirse por tener menos hijos, pero: sólo cuando la contracepción sea una posibilidad universal habrá de lograrse semejante propósito. Entre tanto, impedirle a cualquier ser humano emplearse sin que tenga que hacerlo dentro de las condiciones abusivas que impone el mercado negro, cuando además no se le ofrecen alternativas reales para la satisfacción de sus aspiraciones, aparece como una total irresponsabilidad y absoluta crueldad. Sólo una democracia legítima obviaría semejante despropósito. Claro que el infanticidio vs. ambos géneros así como el feminicidio  crecen día a día, siendo las políticas económicas las principales responsables  del suplicio y aniquilamiento de niños y adultos por igual.  Una misma dinámica contra-productiva se observa en el caso de leyes que pretenden impedirle a la población disfrutar de cierto tipo de pasatiempos o, incluso, ingerir plantas cuyo uso ha sido parte del patrimonio cultural durante milenios.  Esto se hace al mismo tiempo que se crean las condiciones necesarias para la proliferación de drogas de “diseño” que sólo por medio del mercado negro resultan interesantes para el negocio más redituable de la historia. Mientras tanto, que la salud de las personas dependa de la poderosa industria de fármacos, tanto legales como ilegales, sólo garantiza que la salud de la mayor parte de la humanidad seguirá deteriorándose a pasos agigantados.  Igualmente, así como la violación o el acoso sexual forzado y extremo seguirían siendo considerados crímenes, la “niñez” podría aspirar a los mismos derechos y obligaciones que se les reconoce tanto a adultos de la segunda edad como a los de la tercera, en lo que a la expresión de su sexualidad se refiere. En la actualidad existe una tensión intolerable entre lo que se supone que un “niño” es, o debería ser, y su naturaleza real.  Como si las hormonas comenzaran a ejercer sus presiones el día mismo en que se cumplen los dieciocho años.  Nada más difícil de lograr tanto en jóvenes como en adultos como la práctica de una sexualidad responsable, pero: mentirnos a nosotros mismos en relación a la sexualidad humana no es el mejor modo de fomentar ni las buenas costumbres ni una sexualidad responsable. Muchos seres humanos por fuerza tienen que recurrir a la prostitución para poder darle de comer a sus hijos o para comer ellos mismos. El sistema económico es el que dicta la práctica. No se vale culpabilizar a la víctima.

8. Mediante el ejercicio de una democracia legítima, la división de poderes sería una realidad  en lugar de una  mera ficción y las libertades constitucionales se verían garantizadas. Sólo una jerarquía legítima seleccionada gracias a la participación ciudadana más amplia y en ausencia de pasión social, creada por intereses facciosos, garantizará  la plena división de labores entre las tres ramas de gobierno: legislativo, ejecutivo (o administrativo) y judicial. Igualmente, la observancia  del mandato constitucional se vería más plenamente garantizado en todos los aspectos.  Un amplio número de decisiones tomaría en cuenta el escrutinio directo de la población local por medio de asambleas y encuestas “a prueba de fraudes” y  en relación a asuntos específicos de interés local, regional, e interregional. La nueva tecnología se pondría al servicio del proceso electoral, en beneficio de la transparencia del escrutinio y no al servicio de la subversión de la voluntad ciudadana.

9. Sólo una democracia legítima garantizará tanto la libertad de religión    como  la libre circulación de las ideas y velará porque la propaganda no amordace,  oculte o tergiverse la información requerida para que la toma de decisiones redunde en la realización del bien común. El entorno creado por los partidos políticos sólo garantiza que la propaganda domine las noticias e informaciones, poniendo en jaque un proceso democrático transparente y benéfico para la sociedad en su conjunto. Es por lo cual el abstencionismo hoy por hoy pone de manifiesto, no una falta de interés por parte de la ciudadanía, sino la exasperación que provocan instituciones incapaces de agenciar una selección de dirigentes realmente prometedora para la nación y a la altura de las circunstancias (¡tanto talento desperdiciado como anda por ahí!). El consenso en contra de políticas comprometidas de antemano con más de lo mismo es lo que se ha manifestado muy elocuentemente por medio del abstencionismo  electoral.

10. En una democracia legítima, las distintas mancomunidades de la lengua, organizadas por medio de los múltiples modos de asociación que surgen día a día en la sociedad civil [*], tendrían a su cargo facilitar la libre circulación de la información y promover la práctica y respeto --es decir, “los espacios”-- debidos a las lenguas y culturas que residen en un lugar específico. [*] Por sociedad civil entiendo el conjunto de: gremios, asociaciones religiosas, escuelas, familias naturales o extendidas, asociaciones culturales/ lingüísticas (las mancomunidades de la lengua), empresas productoras de bienes y servicios y, entre éstas, las asociaciones agro-pecuarias con sus respectivos requisitos para la prosperidad general --de la cual el grado de autosuficiencia alimenticia sería una primera medida.  Las corporaciones como tales quedan excluidas en vista de su naturaleza probadamente psicópata.

*** Para la realización de dichas tareas de protección y auspicio de las culturas, dentro del contexto de una democracia legítima, uno de los tópicos más interesantes a discutir y proponer en el seno de nuestras democracias legítimas sería la instauración de una variante posible de la institución monárquica.  Podría hablarse entonces de  “monarquías legítimas” cuyo papel tendería hacia la expresión ceremonial de una identidad cultural y hacia la administración de programas diseñados para cohesionar y reafirmar los vínculos culturales de los distintos grupos lingüísticos, localmente y a través del globo. Este esquema más ágil y realista que el esquema republicano-nacionalista, daría una salida a la contradicción entre “identidad” (cultural, lingüística) y la ciudadanía (municipal e intermunicipal, regional e interregional, mas no ya “nacional” en el sentido decimonónico que perdura en la actualidad).

*Distinguir a las etnias tomando en consideración asuntos de carácter cultural -- a partir de lenguas y rasgos culturales distintivos y no de características raciales (o racistas), sería un primer paso hacia el deslinde de lo que constituye cierta “identidad nacional”, más ficticia que real, y lo que en la realidad consiste de una multiplicidad de identidades étnico-lingüísticas o culturales con arraigo en cierto número de municipios regionales e interregionales --o inter-biorregionales [*].

Dicho sea de paso,  nuestra participación individual en los fenómenos culturales de varias asociaciones lingüísticas no tendrían por qué acarrear conflictos de ningún tipo, así como no resultaría conflictiva la participación ciudadana individual en los asuntos de varios municipios a través de la vida.  La posibilidad de un currículo ciudadano individual es algo que las nuevas tecnologías propician. Es también la base de una esperanza bien fundada para la creación de economías de paz dentro del contexto global/interregional, en lugar de la nefasta economía de guerra impuesta globalmente a partir de la nación estado y de los ejércitos “nacionales”. A la falsa aunque muy mentada “soberanía” de los distintos estados sucedería una más plena y real soberanía de los pueblos capaz de “mirar hacia arriba” también y no sólo “hacia abajo”.

[* ]   Siendo la biosfera la determinante de los intercambios que sustentan la alimentación, mas no necesariamente de los nexos entre quienes hablan una misma lengua o en relación a sus derechos y obligaciones como miembros de tal o tales mancomunidades lingüísticas, puede considerarse entonces apropiado hablar más bien de “regiones lingüísticas”:  Éstas, en el mundo cibernético realmente no tendrían fronteras salvo las que el propio interés escogiera reconocer --pero, desde el punto de vista práctico, podría resultar más conveniente administrarse con base en las biorregiones en las que los distintos miembros de las mancomunidades de la lengua habitan, que no independientemente de éstas.  En cualquier caso, aquí es necesario avanzar que las biorregiones en el tiempo habrán de conocer alteraciones dados los cambios climáticos así como las innovaciones tecnológicas. Dichas innovaciones, siempre que la democracia legítima se convierta en realidad, podrían llevarnos, con el tiempo, hacia un mundo en el que la mayoría de las comunidades serían eminentemente auto-sustentables, al menos en lo que a la alimentación básica, fuentes de energía y fármacos respecta: las tres principales áreas de los intereses financieros transnacionales a parte de la de los armamentos, industria ésta que deberá reorientar su visión hacia la lucha en contra de la contaminación y hacia el apoyo solidario que las emergencias causadas por los desastres naturales requerirán local, regional y globalmente.

11. Una democracia legítima limitaría la acción del estado a aquellos asuntos en los que su acción pueda resultar deseable, es decir, tanto eficiente (criterio práctico) como eficaz (criterio ético).

Reconocería límites constitucionales a la acción estatal y pondría a los seres humanos al abrigo de políticas que ponen en riesgo la supervivencia misma de las especies, tomando en cuenta la gran verdad de que “el estado, en su esfuerzo por controlar más allá de donde puede efectivamente imponerse, acaba por destruirlo todo” (S.Weil).  La guerra infinita contra el terrorismo, al igual que la guerra contra las llamadas “drogas” (¿pero cuáles y porqué?!) son ejemplos incontrovertibles de esta singular verdad, por lo que resultan INSUSTENTABLES.  Si la salud fuera realmente lo que estuviera en juego, ¿no sería mejor emplear tan grande tajo del presupuesto en una "guerra contra la contaminación y contra quienes contaminan" en lugar de en contra de los ¡"drogadictos"? De hecho, lo que nadie señala jamás es que lo que, hoy por hoy, determina que una "droga" sea prohibida depende casi exclusivamente de si su consumo se presta o no a una relativa discreción: ni el tabajo ni el alcohol se prestan a mucha discreción y, por lo tanto, resulta inoperante que se los mercadee bajo el régimen prohibicionista, aunque de todas las "drogas" en nuestro medio, son las dos que más nos esta´n perjudicando: y no, de paso, por que sean "legales" sino porque resultan ser las  más destructivamente adictivas junto a la coca, cuyo uso discreto es más factible y redituable para los proveedores de ese mercado negro que tantas vidas y fortunas ha causado. No está de más añadir que una adicción en sí no tiene por qué ser un problema, tal cual no resulta ser problema para los cafeinómanos quienes podemos disponer de nuestro high cada vez que nos pegue en gana y en presencia de tutti il mondi. El mejor modo de mercadear el café es por medio del coffe shop y usando distintas marcas y granos o variedades... igual que las bebidas alcohólicas, a las cuales, como ya se vio en su momento, no les conviene el consumo "discreto").

Igualmente insustentables resultan el caos y la miseria infligidos a los seres humanos por regulaciones migratorias impuestas de forma centralizada por los gobiernos nacionales, incapaces éstos de tomar en cuenta las verdaderas “necesidades terrestres del cuerpo y del alma” (S.Weil): ni siquiera de saber muy bien quién es quién para efectos del buen gobierno, pero capaces de inmiscuirse en todo con tal de mantenerse en una situación que legítimamente no les podrá pertenecer jamás. Por ello, resulta necesario que sean las familias y asociaciones civiles --tales como gremios, escuelas etc... las encargadas de establecer en cada municipio el arraigo ciudadano tanto de los nacidos en el lugar como de los inmigrantes, colaborando entre ellas para velar porque cada ser humano que trabaje, estudie, o resida de forma prolongada en un lugar, reciba puntualmente reconocimiento como ciudadano en plenos derechos y obligaciones. Que las obligaciones serían consideradas en la formulación de los derechos de cada cual en su lugar, inclinaría la balanza hacia una mayor justicia para todos. Los visitantes temporales viajarían como miembros de municipios aliados y serían identificados como tales dentro de un marco de reciprocidad intermunicipal sujeta a acuerdos libremente contraídos entre las distintas municipalidades, biorregionales e inter-biorregionales.

12. Por ser percibida como tal, una democracia legítima sería ampliamente participativa y mostraría resultados brillantes en la concepción y en la ejecución de las políticas públicas y en la creación de una sociedad “convivial” (I.Illich) [*] No se vería presa del irresponsable manejo de la palabra que caracteriza a una democracia ilegítima.  La actitud propagandista que genera el uso manipulador de las palabras cedería a un análisis crítico, honesto y “desinteresado”, por parte de conciencias libres exclusivamente interesadas en velar porque “las necesidades terrestres del cuerpo y del alma” sean satisfechas.

[**]  No confundiría a la “vida” con v chica con la Vida con V grande, por ejemplo; es decir: sabría distinguir entre lo que constituye únicamente un medio y aquello que podría considerarse legítimamente como un fin, legislando y ejecutando de forma tal que el fin pueda ser realizado, en lugar de que el medio se convierta en fin en sí: esto significa que no avalaría jamás un sistema financiero en el que el dinero se ha convertido en el fin primordial de las transacciones, dejando con ello de satisfacer la función de facilitar el trueque o intercambio justo de bienes y servicios necesarios, que no creados con el único propósito de permitir la circulación de la moneda: necesarios, que no creados con el único propósito de permitir la circulación de la moneda: el propósito de la circulación debe ser  la circulación de bienes y servicios y no al revés...

[*] Para un primer esbozo de la profundidad y grandeza de Iván Illich, visitar su sitio www.ivanillich.org.  Lo menos y lo más que yo podría decir de dicha sociedad es que sería una sociedad en la que el ser humano podría realizarse más plenamente gracias a una convivencia pacífica, soñadora, creadora, en la que el fin en sí de todo no acabe descartado a favor de la idolatría de lo que son puros medios: el “Partido”, el “Dinero”, y la “Vida” (en el sentido de “vida” con minúscula y no realmente de Vida con mayúscula).  Una sociedad en la que las aspiraciones más legítimas y universales del individuo cuenten y en la que la economía sea pensada a partir de las verdaderas “necesidades terrestres del cuerpo y del alma”.

[**] En relación a las “necesidades terrestres del cuerpo y del alma” ver la obra de Simone Weil y en particular su “Estudio para una Declaración de las obligaciones hacia el ser humano”, texto fundacional del Instituto Simone Weil, A.C., creado en Valle de Bravo, México, en el año de 1989. El texto aparece en Escritos de Londres y últimas cartas (1943) recientemente reeditado por Trotta, Madrid, junto a l'Enracinement (Echar raíces), siendo este libro una versión más detallada de su “Profesión de fe” reseñada en la “Guía” (abajo) y traducida y publicada por mí en el libro Simone Weil, Profesión de fe, ya en publicación cibernética.

Este “Perfil tentativo de una democracia legítima” ha sido elaborado en la ocasión de los Cuartos Encuentros de Biarritz reunidos en Valle de Bravo, estado de México los días 29-31 de Octubre del 2003, como Foro de Discusión de los países europeos y latinoamericanos.

Un texto más detallado, “Guía para un nuevo modelo de ciudadanía atento a las verdaderas necesidades terrestres del cuerpo y del alma” esboza esta idea que aquí se aproxima más a completarse y, también, espero, a su eventual realización.

Para que la “democracia” tenga buenos resultados, es necesario que sea legítima. Mientras mejores resultados tenga, más legítima parecerá. Para que sea legítima la primera condición es que la población tenga la información necesaria y todas las oportunidades de intervenir en el proceso de la toma de decisiones.  Incumbe a quienes tendrán que vivir con la consecuencia de tales y tales decisiones, poder decidir sobre ellas. Para ello es importante que los ciudadanos puedan depositar su confianza sobre aquéllos de sus propios allegados cuyas capacidades y calidad moral parezcan más confiables. 

8 de diciembre de 2009

Tomado de: http://www.institutosimoneweil.net/index.php/faq/36-texto-civ/55-perfil-tentativo-de-una-democracia-legitima

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