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miércoles, 4 de mayo de 2011

Pinceladas para diálogos feministas partiendo del legado de las feministas no-blancas

Por: Bárbara Biglia
Universitat de Barcelona
bbiglia@psi.ub.es

“Las feministas radicales (2) han reconocido desde siempre que la sociedad debe de ser transformada si queremos eliminar las opresiones sexistas” (hooks, 2000:158).

Esta reciente recopilación a cargo de María Serrano Giménez, es una contribución inestimable al debate feminista. Los textos que aquí se presentan han visto la luz, en su mayoría, a caballo entre los años 80 y 90 por lo tanto no brillan por su actualidad; pero las contribuciones de estas autoras (3) han sido más bien ignoradas en el Estado Español, a excepción de algunas experiencias académicas (ej. Casado, 1999).

¿Por qué autoras feministas radicales como Harding, Haraway o Butler, tan sólo para citar algunas, han conseguido ser escuchadas desde este lado del Atlántico y las feministas no-blancas (4) siguen silenciadas?. O, como pregunta Sandoval (5): “¿por qué la teoría feminista ha sido incapaz de reconocer a la propia crítica feminista del Tercer Mundo estadounidense (6) [...]? ¿Debería esta elisión interpretarse como una síntoma más del activo apartheid de los campos teóricos?” (95)

Por supuesto la historia de la otreidad racial (7) es muy diferente en el Sur de Europa, donde hasta hace algunas décadas la invisibilización de las diferencias raciales ha sido posible, a diferencia de EEUU y Inglaterra. “La homogeneidad racial en España, con la excepción notable de la población gitana, históricamente discriminada, ha sido un hecho profundamente afianzado en la conciencia de la identidad nacional desde el siglo XV” (Eskalera Karakola, 19). En cambio ha sido imposible no considerar las diferencias raciales en América, caracterizadas por la masacre de los pueblos originarios al momento de su conquista y la forzada migración de africanos como esclavos, así como en Gran Bretaña, patria del colonialismo. Pero ¿ésta puede ser una explicación suficiente del desinterés hacia las contribuciones de las feministas no-blancas?

O, en cambio, ¿las propuestas de estas autoras de alguna manera nos incomodan porque nos piden bajar del pedestal y reconocer que nosotras también tenemos que renunciar a nuestro pedacito (frecuentemente despedazado) de poder? (Bhavanani, Coulson).

El feminismo institucionalizado no está dispuesto a cuestionarse, al revés, intenta monopolizar las voces feministas para vaciarlas de sentidos subversivos y hacerlas re-apropiables por las instituciones capitalistas heteropatriarcales sin modificar ninguno de sus postulados discriminatorios (Levins Morales). Por lo tanto, siendo las mujeres que se acogen a esta postura las que tienen poder decisional sobre muchas publicaciones, este oscurantismo no debería de sorprendernos; como tampoco debería hacerlo el hecho de que la primera experiencia que se atreve a romper el silencio, se da a través del encuentro entre un proyecto editorial ‘de movimiento’ y una casa okupada de mujeres (La eskalera de la Karakola).

Los escritos que aparecen en esta recopilación pertenecen a la tradición que consiguió derretir el concepto homogeneizador de mujer construido a semejanza a las blancas intelectuales anglosajonas. Pero leerlos sólo en este sentido sería extremadamente limitante; en cada uno de ellos aparecen múltiples tensiones que, partiendo del posicionamiento situado de cada autora, pueden constituirse como vectores poliédricos y disruptores en la interpretación de cada lectora. Su lectura por lo tanto debería ir más allá de la especificidades expresadas y estimularnos a un análisis critico de nuestras experiencias particulares, del mismo modo que ser pro-zapatistas no debería significar realizar actos de solidaridad internacional, sino construir redes de desarticulaciones de las especificidades opresivas (g)locales del neoliberalismo. Sólo de este modo rendimos homenaje a estas valiosas aportaciones, rompiendo la dinámica discriminatoria por la que las teorías de las feministas negras “son plausibles y comportan un peso explicativo únicamente en relación con nuestras experiencias especificas, pero no muestran ningún valor de uso para el resto del mundo” (Alexander, Tapalde, 144)

En este sentido me atrevo a evidenciar unos límites aún poco explorados desde los discursos feministas no-blancos: ¿Sigue habiendo voces acalladas desde la prescripción que el lenguaje del conocimiento sea el inglés? Desafortunadamente así es (8). Y, más aún, ¿el conocimiento producido en circuitos no institucionales recibe algún tipo de escucha (9)? La editorial que ha publicado este recopilatorio apuesta por una ruptura de esta dinámica a través del uso de la licencia creative commons (10) que, según como se aplique, permite hacer el material gratuitamente accesible y modificable por otras personas, primer paso hacia la creación de saberes colectivos.

En esta línea, las autoras del prólogo hacen autocrítica por no haber sido capaces de hacer de su escritura un proceso tan amplio como hubiesen querido. Apreciando su intento, estoy convencida de que, mientras los procesos de creaciones de saberes colectivos son fundamentales, plasmar los mismos en un texto breve no puede ser un proceso a muchas manos, ya que corre el riesgo de invisibilizar algunas de las voces presentes. Abogaría más por la producción de textos a múltiples voces (p.ej. Precarias, 2004) o de múltiples textos, (p.ej Multitudes; Posse, 2003), y por la puesta en circulación de los escritos como nuevos elementos de análisis a ser re-elaborados por otras subjetividades-colectividades. En este sentido no me preocuparía mucho si las autoras originarias son pocas, lo importante es que no intenten representar a muchas más.

Otro de los temas que esta recopilación pone en la mesa de debate es las posibilidades de articulaciones colaborativas en la lucha contra las discriminaciones. Trasladando esta confrontación a nuestros espacios más próximos podríamos preguntarnos ¿cuáles son las interlocutoras y posibles aliadas del feminismo radical? ¿El movimiento feminista institucionalizado, bastante insensible a las temáticas de raza así como a las de ‘clase’, o los movimientos sociales radicales en los que, desafortunadamente, las problemáticas del sexismo son más bien desatendidas (Biglia, 2003, 2004)?

Sin ánimo de ofrecer una respuesta definitiva a tan ardua cuestión, quiero subrayar como, a mi entender, en el momento de generar alianzas o solidaridades “transnacionales que cortocircuiten el relativismo, el localismo, y la esencialización de la diferencia” (Eskalera Karakola, 24) deberíamos tejer redes alrededor de proyectos políticos compartidos y construidos a través del diálogo colectivo, más que sobre las similitudes y diferencias de nuestras identidades marginalizadas (de género, de activismo...). Esto no significa negar que, a nivel estratégico, pueda ser temporalmente útil, en algunos contextos y por algunas realidades, reivindicar una identidad que pueda rozar el esencialismo; pero no debemos enquistarnos en la interiorización de lo que debería de ser tan sólo un hecho estratégico.

Por lo tanto, si el feminismo radical postula la lucha contra todas las discriminaciones (11); resulta imprescindible que haya un compromiso real y una práctica diaria de cuestionamiento de una misma en el intento de aprender a renunciar a la propia posición de privilegio y de no ejercer poder en el diálogo con otreidades más discriminadas. Esta actitud no puede prescindir de una crítica profunda a un sistema social que basa su posibilidad de ser en la jerarquización de los grupos sociales. En este sentido, los escritos presentados en este libro más que por su heterogeneidad racial son escalofriantemente interesantes por la radicalidad de sus propuestas, por una profunda critica al Estado-nación (Bhavanani, Coulson; Alexander y Tapalde) al feminismo blanco y al activismo masculino negro (hooks; Brah), a las culturas de origen (Anzaldúa), a la academia y al postmodernismo (Sandoval). De alguna manera, no dejan títere con cabeza y nos obligan a ponernos en duda en primer lugar reconociendo nuestras mezquindades y pequeñeces para poder trabajar conjuntamente en pos de una sociedad no opresora. Los textos leídos uno después del otro pueden causar indudablemente cierto mareo a las lectoras no duchas en el tema, y puedan parecer difíciles de relacionar con ‘nuestra’ realidad. Son, sin embargo, pequeñas píldoras o pequeñas bombas que, leídas atentamente y con cariño, pueden estallar en nuestra cabeza y abrirnos nuevos horizontes visuales-sensoriales-emotivos.

... Buen viaje!

Referencias

BIGLIA B. (2003), “Modificando dinámicas generizadas. Estrategias propuestas por activistas de Movimientos Sociales mixtos.” Athenea Digital, 4. En http://antalya.uab.es/athenea/indice/num4/biglia.pdf
BIGLIA, B. (2004) “Subjetividades & individualidades de las militantes: vivencia de las contradiciones.” Enviado para evaluación.
CASADO E. (1999) “A vueltas con el sujeto del feminismo”, Politica y Sociedad, 30: 73-91.
HOOKS B. (1996) “Devorar al Otro: deseo y resistencia”, México. Debate Feminista, 7(1).
HOOKS B. (2000) Todo sobre el amor. Chile, Ediciones B.
HOOKS B. (2000:1984) Feminist theory from margin to center. London, Pluto Press.
HOOKS B. (1984) “El poder de descreer.” In Chejter (Ed) El sexo natural del estado p.159-172. Montevideo, Piedra Libre. (1992).
MORAGA, C., Anzaldúa G. (1983) Este puente, mi espalda: voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos. New York , Kitchen Table Women of Color Press.
MULTITUDES, monografico: Feminisme, Queer, Multitudes. 2003 Primtemps, Vol.12. Pairis: Exil, Association Multitude. En http://multitudes.samizdat.net/
POSSE, monografico: Divenire-Donna della politica. 2003, abril Roma, Manifestolibri.
PRECARIAS A LA DERIVA (2004) A la deriva por los circuitos de la precariedad feminina. Madrid: Traficantes de sueños. In http://www.nodo50.org/ts/editorial/precariasaladeriva.pdf
VILA, F. (1999) “Genealogías feministas. Contribuciones de la prespectiva radical de los estudios de la mujeres”, Politica y Sociedad, 32: 43-51.

Notas

(1) El libro incluye los siguientes artículos (entre paréntesis el año de publicación del original): Alexander J. M., Tapalde Mohanty C.(1997) “Genealogías, legados, movimientos”; Anzaldúa G. (1987) “Movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan.”; Bhavani K.-K., Coulson M. (1986) “Transformar el feminismo socialista. El reto del racismo.”; Brah A. (1992) “Diferencia, diversidad, diferenciación”; Eskalera Karakola (2004) “Prólogo. Diferentes diferencias y ciudadanías excluyentes: una revisión feminista.”; hooks b. (1984) “ Mujeres negras. Dar forma a la teoría feminista”; Levins Morales A. (2001) “Intelectual orgánica certificada”; Sandoval C. (1995) “Nuevas ciencias. Feminismos cyborg y metodología de los oprimidos”.
(2) En EEUU el termino feminismo radical (o como se nombra en otros lugares autónomo) indica el feminismo comprometido con una ideología de izquierda extraparlamentaria y no, como en algunos otros lugares, feminismo separatista. Sobre el llegado del feminismo radical norteamericano Vila (1999).
(3) Las únicas publicaciones en castellano que recogen aportaciones de estas autoras, de las que he llegado a conocimiento son: hooks, 1984; 1996; 2000; Moraga, Anzaldúa, 1983. Hay que subrayar pero que los textos de Anzaldúa y Levis Morales, son medio en inglés y medio en castellano.
(4) El movimiento no-blanco aglutina a su alrededor feministas negras, hispanas, chicanas, de pueblos nativos etc...; que no se reconocen con las feministas burguesas blancas.
(5) En este escrito, por simplicidad, se citan los textos que aparecen en la recopilación que se reseña sólo por la autora sin el año de publicación.
(6) Con esta expresión la autora se refiere a las personas originarias de países del tercer mundo y residentes en EEUU independientemente del hecho de que su familia sea norteamericana desde generaciones.
(7) Utilizo aquí el término racial en respeto al uso que de ello hacen las feministas no-blancas autoras del libro.
(8) Por ejemplo, casi no existen revistas con difusión o congresos internacionales en otro idioma que el inglés, y las estancias en el extranjero o las titulaciones inglesas y norte-americanas son las más reconocidas.
(9) El análisis exhaustivo de esta cuestión es una las finalidades de este artículo pero creo que es importante mantener esta puerta abierta y fisgar detrás de ella en la primera ocasión.
(10) www.creativecommons.org
(11) Sexistas, heteronormativas, racistas, adultistas, las que se basan en el concepto de Normalidad, las de poder económico, religiosas etc.. Obviamente la asunción de estos principio, no significa automáticamente haber superado todas las barreras mentales que la cultura en que vivimos nos ha ayudado-empujado a desarrollar.

Tomado de:  
http://psicologiasocial.uab.es/athenea/index.php/atheneaDigital/article/viewArticle/166/166

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