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miércoles, 25 de mayo de 2011

Semillas para el cambio

Francisca Rodríguez *

Las mujeres siempre hemos participado en las luchas sociales y en los movimientos, no obstante ese involucramiento ha sido invisibilizado y minimizado. Por eso es trascendente que en la Vía Campesina hayamos logrado alcanzar la paridad de género, que se transcribe en el cincuenta por ciento de participación en todas las instancias, tanto a nivel de las regiones como a nivel mundial. Esto no es una casualidad, sino que es fruto de una sostenida articulación de las mujeres y de una presencia cada vez más visible en los escenarios de propuesta y en la conducción de acciones.

Tiene relación también con la concepción organizativa de la Vía Campesina, que es un movimiento mundial creado para encarar los problemas que genera la globalización capitalista en el campo, con una agenda de luchas que tienen que ver con problemas muy antiguos, como lo son todos los relacionados con el campo, pero con una perspectiva política nueva. En ese sentido, la propia articulación de este movimiento campesino mundial, es en sí una propuesta alternativa al modelo, pues tanto los contenidos como las prácticas reflejan una visión del otro mundo posible, no sólo para el campo sino para toda la humanidad y el planeta.

En los últimos años, a pesar de la crudeza de las políticas económicas neoliberales, las mujeres hemos logrado guardar un protagonismo bastante importante en la participación de la vida económica y social, manteniendo además la fortaleza necesaria para poder enfrentar situaciones tan graves como la evicción del campo y su transnacionalización; el empobrecimiento y la desposesión del campesinado; el hambre, paradójicamente, creciente en un mundo que es capaz de generar alimentos para toda la población y de crear situaciones de dignidad para la vida del ser humano y de paso del planeta.

Hace diez años, en la I Cumbre Mundial de la Alimentación, la Vía Campesina hizo una propuesta al mundo: la soberanía alimentaria, que es distinta del concepto de seguridad alimentaria, pues tiene que ver con el derecho de los pueblos a producir sus alimentos, a desarrollar sus sistemas agrícolas, a tener alimentos sanos y nutritivos para la población. Este concepto está estrechamente relacionado con aquel de la soberanía de las personas y la ciudadanía.

Si somos capaces de lograr nuestra soberanía como ciudadanas/os, podremos lograr la soberanía de nuestra comunidad, podremos establecer lazos de amistad, de solidaridad, de entendimiento entre seres humanos y podremos avanzar para resolver problemas como el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y construir un mundo más humano, donde efectivamente las personas tengamos derecho y dignidad.

Es un derecho de las personas acceder a sus propio alimentos, pero para poder hacerlo tenemos que ser capaces de volver a mirarnos hacia adentro, de retratar nuestra cultura, de reconocernos a nosotras/os mismas/os, de mirar a la persona de frente y saber que el mundo es diverso y que la necesidad puede ser común.

No debemos permitir que las reglas del poder capitalista dirijan los destinos de nuestros países, conviertan nuestros alimentos en mercancía, para a través de ese argumento dominar a los pueblos en el mundo.

De ahí la importancia de movilizarnos contra la Organización Mundial de Comercio, como sucedió en Cancún, México, un país que, como muchos otros, hoy día está sufriendo un atentando mayor: la pérdida de su maíz originario, para ser reemplazado por el híbrido que resultase las semillas genéticamente modificadas que imponen las empresas transnacionales. Igual sucede con el arroz, pues las mismas empresas están mutando las 4.000 variedades que hay en Asia y las 1.800 que tenemos en las Américas, para producir apenas tres variedades, eliminando así las posibilidades del autosustento alimenticio de la población.

De allí la importancia del compromiso de defender el maíz de México, el arroz de la India y de los países asiáticos, y otros productos de otras partes, ya que son los granos que nos dan vida y alimento a cada una/o de nosotros. Es por lo tanto urgente revertir esta situación y hacer que los alimentos sean producidos en función de las necesidades humanas, en equilibrio con los ecosistemas, y no en función de los beneficios mercantiles.

La Campaña de Vía Campesina por la soberanía alimentaria contempla a la vez dos otras. La primera es la de la reforma agraria: para recuperar la tierra y poder vivir y trabajar en ella. Esto tiene que ver también con la defensa y recuperación de los territorios de los pueblos indígenas, con las identidades y culturas. Y a la vez es indisociable de la lucha por el agua, pues no sólo que se trata de bienes colectivos indispensables para la vida, sino que su acaparamiento y privatización pone en riesgo todo principio de sobrevivencia.

La segunda Campaña es la de la recuperación de las semillas nativas y su preservación como patrimonio de los pueblos, pues su patentación, acaparamiento, manipulación genética y mercantilización pone en peligro el presente y el futuro, porque las semillas son la vida.

Las semillas tienen una importancia trascendental para las mujeres, pues por siglos fuimos sus descubridoras, sus propagadoras y sus transformadoras. La hibridación de semillas nativas es uno de los conocimientos más importantes que nosotras hemos desarrollado en beneficio de toda la humanidad.

De allí nuestro gran involucramiento en esta Campaña, para que las semillas sean declaradas patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad. Esta campaña representa un reto no solamente para las/os campesinas/os, porque un país, un pueblo, una comunidad que pierde su alimentación, que pierde su semilla, es un pueblo sin identidad. La entrega de semillas es un intercambio simbólico entre las culturas, las personas, las razas, los pueblos, es un intercambio de los afectos pero también de la sabiduría, es reconocernos a nosotras/os mismas/os, valorar nuestros conocimientos, nuestra capacidad y sobre todo construir nuestra fuerza.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la revolución verde introdujo una agricultura manejada económicamente, principalmente al servicio de las empresas químicas que plagaron los campos de veneno, ensuciaron las aguas y contaminaron las tierras. Hoy día estamos enfrentando la revolución tecnológica, que pretende, así como ha pretendido esterilizar de fuerza a las mujeres, esterilizar las semillas. El mundo está plagado de alimentos transgénicos que envenenan la vida y planeta. La lucha por la biodiversidad, la lucha por la defensa de la tierra y el agua, es la lucha por nuestra existencia, es la lucha contra este modelo depredador, capitalista, que implacablemente nos castiga principalmente a nosotras las mujeres.

Mucho se habla de las inmensas oportunidades que tenemos hoy día, de que hay un cambio importante -y así es- en la mano de obra. Las mujeres hoy tenemos acceso al trabajo, pero más que un acceso, es la obligación de trabajar para poder sobrevivir. El modelo ha caído sobre nuestras espaldas porque no ha mejorado nuestra situación, mas bien ha empeorado nuestra calidad de vida.

Hoy día las mujeres tenemos más exigencia en los trabajos, enfrentamos nuevas enfermedades que trae la tecnología moderna, estamos expuestas a un estrés mucho más grande.

Hemos perdido incluso nuestros espacios locales: los mercados en donde podíamos conversar, compartir nuestras experiencias, ser personas. Estamos sometidas a un mercado global que nos va indicando qué y cómo comer. Estamos sometidas a los medios de comunicación que nos dicen cómo tenemos que ser, qué ponernos, cómo vestirnos, cómo contemplar las cosas que pasan por delante nuestro sin que tengamos ninguna oportunidad.

Estos espacios, las semillas que ya se han entregado a personas como ustedes, con quienes tenemos un compromiso común, es parte del proceso de articulación del movimiento de mujeres que luchamos por la justicia y contra el modelo con otros movimientos sociales. Las semillas son la simiente simbólica de la construcción del proceso articulador de los movimientos sociales, de las alianzas que estamos haciendo, de las agendas que vamos construyendo, y son un reto para las nuevas prácticas. Con este ánimo hemos entregado aquí nuestras semillas, con la expectativa de salir juntas a esparcirlas por el Foro, para que la voz de las mujeres esté en cada rincón y en cada espacio amplio.

Este es un Foro que nos deja una gran enseñanza. Fue justo y preciso venir a la India para visualizar no sólo la realidad de este país y sus índices de pobreza, sino también la gran vitalidad de sus movimientos, culturas populares, su diversidad y alegría. Y cuando hay cultura, hay un pueblo que clama por seguir viviendo con dignidad, y es la lucha que nosotros tenemos que dar porque es el derecho de todas y de todos.

Partimos hacia el próximo Foro de Porto Alegre con compromisos diversos y diferentes, para que la construcción sea efectiva y no solamente un espacio de encuentro, para contar que de esta diversidad hermosa y generosa, nos vamos con mucha fuerza para hacer de la soberanía alimentaria, la soberanía de cada una de nosotras/os, la soberanía de nuestras comunidades, la soberanía de la humanidad.

* Luchadora histórica y líder del movimiento de Mujeres del Campo, Miembro de la Vía Campesina Internacional y de la Campaña por la Defensa de las Semillas como patrimonio de los Pueblos.
**Síntesis de la ponencia presentada en el panel "Alternativas diversas para cambios globales", IV Foro Social Mundial, enero 2004, Mumbai, India
***Tomado del Libro: Mujeres en resistencia experiencias, visiones y propuestas. Irene León Ed.

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