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sábado, 14 de mayo de 2011

TINA


Kintto Lucas

España, 1936*.

El país arde. Unos creen que la vida está del otro lado del fuego, otros creen que es la muerte. Mientras cruzan las balas por su trinchera, ella vuela, su pensar camina, se hace mil preguntas. Ella se hace mil preguntas: ¿De dónde soy? ¿De dónde vengo? ¿Cómo es mi mundo? ¿Cuál es mi caminar? ¿Cuál es mi acento verdadero? ¿Italiano? ¿Americano? ¿Mexicano? ¿Ruso? ¿Español? ¿Cuál es mi nombre? ¿En qué recóndito rincón de la vida estaré mañana? ¿En qué brazos? ¿Junto a qué cuerpo? ¿De qué color será el amor cuando ya no quede nada?

Había llegado allí en noviembre de 1935 con un seudónimo por nombre (¿cuántos nombres tendría su vida? ¿cuántas vidas tendría su nombre?) María Sánchez, enfermera del quinto regimiento. Había llegado junto a Vittorio, o comandante Carlos, o el hombre que supo mojarse-mojarla hasta la madrugada. Había llegado con toda la ilusión. Venía de ser muchas mujeres, de estar en muchas ciudades, de caminar Europa con la revolución a cuestas, de ser parte del Socorro Rojo Internacional. Pero la guerra no es una ilusión, la guerra apaga la vida, apaga la magia, apaga... entre los fusiles solo queda la memoria.

Su primer viaje, había sido en barco desde su Udine natal (esa región en la que su padre aprendió a levantar banderas rojinegras entre el paso de los obreros) al San Francisco del gran país. A trabajar en una textil, a conocer-amar-desnudar a un americano bohemio, medio poeta medio pintor; a ser actriz de teatro; a ser villana en algunas películas de Hollywood. Pero el gran país no es una ilusión, el gran país apaga la vida de sus padres, de su compañero, apaga la magia, apaga... solo queda seguir viaje.

México, es la imagen que vuela en su vida, es sus ojos, en el lente. Y allí la fotografía trasforma sus miradas, que son obras de arte. Y allí se hace amante de Diego Rivera. Y allí recrea su luna, su noche, su cuerpo y el cuerpo de Julio Antonio Mella. Y allí se entrega en todos los brazos que le regalan vida. Y allí vive con la gente, entre la gente. Pero México no es una ilusión, México apaga su vida, y la expulsión llega, acusada de querer asesinar al presidente. México apaga. Allí la tristeza se apodera de sus ojos, allí se pregunta: ¿cuál es mi país?. Allí decide marcharse a Moscú, a transformar la vida en una ilusión. Ahora, tras el fuego, la ilusión se apaga definitivamente. Tina, quien ya había olvidado su nombre de tanto
cambiarlo, derrotada por el tiempo caminado, vuelve a México para quedarse en los recuerdos, un día de enero de 1942.

Tina Modotti. Nació en Udine, Italia, en una familia obrera. Su padre Giuseppe Modotti fue un reconocido militante antifascista. Debido a la represión que se instala en Italia, viaja con su familia a Estados Unidos, donde trabaja primero en una fábrica textil y después se hace actriz. Participa en varias películas de Hollywood. Allí se casa y enviuda joven. Entonces decide marcharse a México donde se dedica a la fotografía y se proyecta como una artista de gran sensibilidad social. Su mejor amiga es Frida Kahlo. Su obra es reconocida en el país y en el exterior. Su vida es un eterno peregrinar por amores y geografías. En México estuvo ligada sentimentalmente al revolucionario cubano Julio Antonio Mella y al pintor Xavier Guerrero. Mella fue su gran amor, lo conoció durante una manifestación en solidaridad con Saco y Vanzetti y Augusto César Sandino. Las actividades políticas de Tina Modotti molestaban al gobierno mexicano, que esperó la oportunidad para sacársela de encima. Cuando muere Mella, la acusan de haberlo asesinado. Y le agregan que además intentó matar al propio presidente de la República. Al final la expulsan del país. Años después acompaña al comandante Carlos Contreras (Vittorio Vidali), en la guerra civil española. Vive en Alemania, en la ex Unión Soviética y en 1939 regresa a México. Muere en 1942.

*MUJERES DEL SIGLO XX

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