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miércoles, 22 de junio de 2011

Aleida, Mafalda y Magola

Florence Thomas*

Me imagino que Vladdo, antes de ser Vladdo, fue mujer en una de sus múltiples reencarnaciones, pues su Aleida expresa, a veces demasiado crudamente, lo que muchas mujeres sienten en relación con el amor, el matrimonio, los hombres, la infidelidad, la soledad, el machismo y en general el tedio de la vida conyugal.

Personalmente, me encanta Aleida con su manera de emitir sentencias breves y contundentes que sintetizan sentimientos, emociones, percepciones o apreciaciones de una mirada femenina sobre la vida y muy especialmente sobre nuestros tan difíciles y amargos encuentros con los hombres. Me encanta su mirada desencantada y supongo que si Aleida no tiene boca es porque sus aforismos son pensados, mas no dichos. Y es que las mujeres ya se están otorgando hoy, quiero decir, solo desde hace algunas décadas, el derecho a decir lo que piensan, pues anteriormente disimulaban la gran mayoría de sus reflexiones por conveniencia y ajuste a prescripciones de buena conducta para el género femenino. Y, sin embargo, Aleida nos remite a una mujer tan postmoderna que tengo que confesar que su ausencia de boca me cuestiona un poco.

¿Será que sigo soñando cuando creo que la mayoría de las mujeres pueden hoy expresar abiertamente lo que viven, lo que su subjetividad tan extraña a la de los hombres les inspira, les sugiere? ¿Será que somos aún todas unas Aleidas sin boca? ¿Será que Aleida todavía no puede decir que "el matrimonio es una cercanía que genera distancia" o que "no debería ser el plan B de la soledad"? Y que solamente lo piensa porque el único que lo puede decir es su autor, un hombre.

Bueno, me tocaría hablar con Vladdo para enterarme de la verdadera razón de la ausencia de boca en Aleida. Mientras tanto, yo me reconozco mucho en ella y si bien antes tenía como compañía política a Mafalda, ahora tengo también como compañía sentimental a Aleida. Muy distintas la una de la otra a pesar de reflejar, las dos, muchos de los nudos existenciales que siguen viviendo las mujeres. Tal vez por su diferencia de edad Aleida es más cínica que Mafalda y más centrada en conflictos amorosos, más solitaria también. Mientras Mafalda, esa niña que Quino regaló al mundo, tan sensible y perceptiva al contexto sociopolítico, desde su barrio, con sus amigos y amigas y su mirada sobre su madre ama de casa, nos dibuja un futuro poco esperanzador.

Escuchando a las dos –bueno, es manera de decir porque a Aleida no la podemos escuchar, solo Mafalda nos habla–, reafirmo que nuestra revolución, aún inacabada, tiene sentido. Y las dos, desde miradas distintas y cada una a su manera, nos indican por dónde seguir avanzando. Cuando Aleida piensa que no hay una relación más perfecta que la soledad y que antes de tratar de vivir con alguien, uno debería arriesgarse a vivir con uno mismo, nos diseña un plan de trabajo de una inmensa pertinencia para las mujeres colombianas: no temerle a la soledad y fortalecer la subjetividad de las mujeres porque el primer enamoramiento que deberían conocer es el amor a sí mismas, condición imprescindible para enamorarse de otro o de otra ulteriormente. Y cuando Mafalda se pregunta cuántas curitas serán necesarias para que el mapamundi se alivie de tantas guerras, nos abre el camino para seguir trabajando por esa necesaria utopía de un mundo en paz.

A estas dos mujeres las hubiera podido hacer acompañar de Magola, quien, cuando nos cuenta "la verdadera historia de Eva", derrumba mitos ancestrales sobre la Creación y las relaciones de poder. Aleida y Mafalda son creadas por hombres. Magola, una mujer creada por otra mujer, Nani, merece otro escrito especial. Palabra de mujer.

*Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
Tomado de: eltiempo.com, enero de 2009

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