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viernes, 3 de junio de 2011

Durmiendo con el enemigo


REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

La brecha entre la normatividad y la realidad en esta materia es inaceptable.

Los hogares se han convertido en un adicional campo de batalla contra las mujeres en Colombia. Esta es una de las conclusiones más alarmantes de un informe de cuatro ONG sobre la creciente violencia contra el género femenino en el país.

El reporte registra y analiza unas 627.610 agresiones entre el 2002 y el 2009. Esos hechos desembocaron en la muerte de 11.976 de ellas y, en promedio, en 245 hechos violentos por día. Las estadísticas, tomadas de Medicina Legal, la Fiscalía y la Policía, muestran una disparada de la violencia sexual contra las mujeres: de 31.659 casos en el 2004 a 54.192 en el 2009. Lo más aterrador del análisis es la presencia de un centenar de feminicidios, es decir, asesinatos motivados por el género de la víctima. Y en una buena parte de ellos, los responsables son soldados o policías.

Las modalidades de los ataques cubren un variado espectro y se presentan en los más diversos escenarios, que van desde el lecho conyugal hasta los sitios públicos. Manoseos sin consentimiento, gritos, insultos desobligantes, golpes, zarandeos, amenazas de llevarse los hijos, maltrato económico, estrangulamiento, abuso sexual, patadas y homicidios hacen parte del día a día de decenas de miles de madres, esposas, novias, hijas y abuelas.

Los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), de Profamilia, confirman no solo lo insidioso de esta epidemia de salud pública, sino también la persistencia de los compañeros sentimentales o familiares de las víctimas como los principales agresores.

De acuerdo con la ENDS, el 37 por ciento de las mujeres, alguna vez unidas, han sido maltratadas por su pareja, y una de cada diez ha sido violada por su esposo o compañero. Los ex maridos también las agreden en alta proporción y las obligan a mantener relaciones sexuales a la fuerza. En comparación con los datos del 2005, la gran mayoría de los indicadores de la magnitud y la masificación de la problemática no han cedido, o la reducción ha sido mínima.

Está enferma una sociedad que permite que la intimidad del hogar se transforme en un infierno sin escapatoria. Cuando la violencia parasita los núcleos familiares, otra tragedia se cierne sobre ellos: el silencio de la víctima. La encuesta de Profamilia muestra que el 73 por ciento de las maltratadas nunca denunciaron los abusos a los que fueron sometidas.

La brecha entre la normatividad y la realidad en esta materia es inaceptable. Desde la propia Constitución, la violencia intrafamiliar es objeto de atención. En estos 20 años, un conjunto de leyes ha buscado enfrentar la situación mediante la tipificación de delitos, el endurecimiento de las penas y la ratificación de convenios internacionales de lucha contra este flagelo. El más reciente avance normativo, la Ley 1257, del 2008, no solamente identifica los crímenes contra la mujer solo por el hecho de serlo, sino también busca garantizarle "una vida libre de violencia" e incluye la discriminación en el puesto de trabajo.

Sin embargo, el panorama nacional es preocupante y atenta contra la equidad e igualdad que deben existir entre los colombianos y las colombianas. El pasado 8 de marzo, Día de la Mujer, el presidente Juan Manuel Santos anunció en Facatativá la presentación al Congreso de una iniciativa estatutaria que recoja la normatividad dispersa en dos decenas de leyes.

El proyecto protegería a las mujeres de la violencia y garantizaría la igualdad salarial y el acceso a la educación. Aunque aún no hay mayores avances tangibles en la concreción de esa promesa, lo más importante es pasar de la poesía en el papel a unas herramientas efectivas.

http://www.eltiempo.com/opinion/editoriales/editorial-durmiendo-con-el_9188010-4

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