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martes, 7 de junio de 2011

Economía feminista para ecologizar el mundo

Louise Vandelac*

Tanto el universo social como el doméstico, incluyendo cuestiones tan íntimas como la concepción, están cada vez más penetrados por el neoliberalismo, de allí que para formular alternativas económicas feministas, es preciso analizar la articulación entre el trabajo doméstico y el asalariado y poner en evidencia algunas transformaciones técnico, científicas, sociales y económicas, para desarrollar una teoría que supere en gran medida lo que se ha hecho hasta ahora con el trabajo doméstico. En otras palabras, es preciso cristalizar una propuesta encaminada a ecologizar el mundo, lo que incluye la casa.

La crítica feminista de la economía, de los últimos treinta años, se ha centrado profundamente en el trabajo doméstico, esto tanto en los países del socialismo real como en los países capitalistas, no obstante a estas alturas hay que señalar que si no se puede resolver el problema con el mismo tipo de pensamiento que creó el problema, hay que crear un nuevo tipo de economía.

En las sociedades salariales, la economía ha hecho la economía, se ha erigido en modelo de la realidad económica como un ser solitario, calculador, competitivo, obsesionado por maximizar sus satisfacciones, bajo un imaginario que no solamente a excluido a las mujeres de la producción del discurso económico, sino que se ha excluido también la dimensión económica del proceso del trabajo reproductivo que ellas realizan, lo que incluye la procreación.

La economía ignora la actividad doméstica para sacar mejor provecho de ella. Así, la esfera doméstica constituye el punto de apoyo invisible, su doble y su contrario y eso permite conceptualizar y articular el tiempo de trabajo, el de salario y el de trabajador/a libre. Eso también da lugar a ocultar un cuarto de la población potencialmente activa que está desempleada, redoblar el ciclo de producción-consumo simulando un crecimiento en las estadísticas.

Con el fin de poder optimizar la explotación, se ha aislado a las mujeres en cuanto al lugar y en cuanto al tiempo; se les ha separado sobre la base de la clase, el sexo y la edad. Y todos los demás tiempos y espacios: el descanso, la comida, el afecto, el amor y la generación de los hijos, se han considerado como tiempos no productivos, como tiempo muerto.

Para definir al trabajador libre, que es el que vuelve cotidianamente al trabajo, existe la necesidad de vivir en todas partes como un sujeto libre, con relaciones sociales que le brinden un status de autoridad, que estén vinculadas al poder económico del salario.

El trabajo doméstico es como una esponja social y esto se refleja en muchísimos aspectos: en el cuidado de enfermos en la casa o en la dotación gratuita de alimentos aceptables a las personas hospitalizadas; en la nueva fórmula de vender muebles para ensamblar en casa, haciendo creer que es un deleite hacerlo gratuitamente. En fin, estos son apenas ejemplos de la actual transferencia de la cadena de producción a la casa, mientras que se mantienen, por otro lado, las relaciones salariales y de clase que están impregnadas por las relaciones de sexo, de género, y sujetas a condiciones determinadas por contrato: salario, tiempo, etc.

Incluir la metodología del análisis económico en la economía doméstica es lo que se ha intentado para poder eliminarla, y se ha hecho de una manera intencional para hacer creer a las mujeres que solamente pueden realizar ese trabajo y que no tienen competencia ni capacidad para poder realizar otro tipo de tarea. Eso permite hacer creer que la solución en el mercado de trabajo es dividir a las mujeres entre ellas o que el conjunto de las actividades domésticas puede ser remunerado incluso percibiendo un salario. Sin embargo, sabemos que en EEUU en la década de los 70 y 80 se produjo una gran reestructuración del mercado de trabajo con distintos tipos de medidas. En Canadá las cifras son diferentes, era necesario 35-40 horas para poder mantener una familia adulta con dos niños y en los años 90 se necesitaban de 75 a 80 horas de horarios irregulares. Esta visibilización tiene que ver, por supuesto, con las luchas contra la discriminación que las mujeres han sostenido para evidenciar que su trabajo tiene igual valor.

No obstante, a pesar de que se han incrementado las fuentes de independencia económica, para las mujeres eso significa a menudo un trabajo doble por la mitad o 2/3 del salario masculino. Esto con el problema adicional del cuidado de la niñez, que no ha sido aún resuelto. El crecimiento de la economía neoliberal se apoya en el trabajo subpagado, o no pagado, ya sea doméstico, voluntario o de esclavitud, y también, en la esfera extra producción, se asienta en los impactos negativos que tiene en los individuos y en la red social y del medio ambiente.

El trabajo doméstico representa más horas de trabajo que todo el trabajo remunerado, en Francia se calcula que este abarca alrededor de 45 mil millones de horas. Hay muchos métodos de evaluación, pero sabemos a grosso modo que representa un 2/3 del PIB. Según el GPI (Indicador del Progreso Genuino), se reconoció que el valor del trabajo doméstico en EEUU en 1998 había sido de 1.911 mil millones de dólares, mientras que el GPI una vez restados todos los costos sociales y ambientales se calculó en alrededor de 1.700 mil millones de dólares.

Es importante incluir las actividades domésticas en las cuentas nacionales, por medio de indicadores económicos; en los debates económicos; en las políticas públicas; en los seguros; en los tribunales, etc, y hay que hacer que los Estados asuman los gastos actualmente absorbidos por las actividades domésticas, creando políticas de conciliación respecto a las responsabilidades familiares, sociales y profesionales.

En América del Norte, se observa que desde hace un siglo se ha logrado reducir sensiblemente el tiempo de trabajo asalariado pero se ha aumentado considerablemente el tiempo de trabajo exigido por los empleadores en términos del trabajo irregular, con distintos métodos que hacen que las personas estén constantemente disponibles para el empleo. Se hizo una gran encuesta entre las telefonistas en Québec y se comprobó que todas las semanas tenían horarios diferentes, que de un día para otro podían cambiar, nunca sabían cómo iban a trabajar la semana siguiente y cómo iban a poder organizar el cuidado de la niñez, por ejemplo.

Sabemos que a pesar de la ilusión de un crecimiento infinito, la crisis va a aumentar en los años siguientes, eso es evidente y, por supuesto, tiene que ver con el enfoque mercantil de la ciberciencia, la biotecnología, la informática y las neurociencias.

Sabemos que el mundo no es una mercancía, no obstante, hay que señalar el valor que tienen todas las cosas en el mundo en que vivimos.

La inversión en bienes y servicios para los seres humanos, en la desintoxicación del airey del agua, en la fertilización de los suelos, de las plantas, en el reciclaje de los nutrientes, la estabilización del clima, etc., no es nada comparada con los servicios que brindan los ecosistemas del planeta, que sí son agotables. Por lo tanto, además de hacer pagar a las empresas por los destrozos que han causado, correspondería a los Estados tomar decisiones a largo plazo para frenar los daños que el mercantilismo causa. Sabemos que muchos de los problemas ambientales que confrontamos se deben a la falta de análisis científicos y sociales, como también a la tibieza de las políticas públicas actuales.

Es un momento en el cual el capitalismo lo devora todo: el territorio, los recursos, las semillas, incluidos los seres humanos. Es un periodo en el que éste se apodera de los cuerpos, de los tejidos, de los órganos, de los genes e incluso de los embriones.

Hay que abrir la mente y hacer un trabajo ideológico cada vez mayor, hay que volver a pensar el universo, volver a concebirlo y articularlo con las actividades domésticas. Debemos preguntarnos en qué mundo queremos vivir y criar a nuestros hijos. Esto tiene importantes implicaciones teóricas tanto en la creación como en la reformulación de conceptos y términos.

Debemos evitar la trampa de la Escuela de Chicago que nos habla de la economía de la fertilidad. Lo que en estos momentos de la vida significa preguntarse qué prefiero comprar, un auto o un niño/a. Aunque esto suene un poco cínico es una alusión literal a los postulados de esa escuela.

Necesitamos pensar a fondo también en los asuntos de reproducción y producción de la reproducción. En un momento en el cual la clonación ya es un hecho ineludible, pensar en qué condiciones queremos engendrar al mundo, en el trato futuro que le queremos dar al arte de hacer nacer.

En definitiva, hay que repensar la economía desde postulados radicalmente distintos a los de la economía lineal. Pensar las alternativas desde los preconceptos económicos que causaron el problema sólo conducirá a un círculo vicioso. Hay que sustentar una nueva visión del tiempo y del espacio, del dinero y los intercambios, de las relaciones entre las personas y del sentido de lo económico, para desarrollar una economía más solidaria en cuanto al consumo, la alimentación, las preservación del agua, las semillas y los avances científicos-técnicos, entre otros. Hay que desarrollar en fin una economía sensitiva en nuestra autonomía.

En el futuro, es importante concebir el conjunto de las producciones, servicios y políticas públicas bajo un enfoque mundial e integral, que esté centrado en la conservación de las condiciones de engendrar los seres humanos y los medios de vida. Hay modelos ecosistémicos que ya están surgiendo, en la salud, en la agricultura, en la alimentación.

En el campo de los productos industriales y de los servicios, hay que renovar el enfoque de las políticas públicas. Se trata de optimizar la producción, la utilización y la disposición de un bien o un servicio, siguiendo todos los ciclos de vida de los productos y tratando de eliminar los impactos negativos, a través, entre otros, de la realización de todas las complementariedades necesarias. Se trata verdaderamente de una visión de conjunto. Por un lado la concepción lineal, la ciencia, el capital, el crecimiento de la producción, la distribución y por otro lado el concepto del ciclo de vida de un producto.

En el momento actual, ni siquiera todas las armas del mundo pueden ser más potentes que una idea oportuna – como lo dijo Víctor Hugo-, pues si consideramos la amplitud de la crisis ecológica y de las relaciones sociales entre sexos, es más importante que nunca desarrollar políticas económicas cuya perspectiva se centre en una visión amplia de interrelación entre los seres humanos, su engendramiento, y los ecosistemas.

* Socióloga, profesora de la Universidad de Québec en Montreal y directora del Centro de Estudios Multidisciplinarios sobre Biología, Salud, Sociedad y el Medio ambiente.
**Síntesis de la ponencia presentada en el panel "Alternativas económicas feministas", I Foro Social Américas, julio 2004, Quito, Ecuador.

Tomado de: Mujeres en resistencia experiencias, visiones y propuestas. Irene León Ed.

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