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lunes, 6 de junio de 2011

Inadmisible

Florence Thomas*

Inadmisible la imagen de los obispos, durante su reunión anual, con miembros del Partido Conservador hablando de una "cruzada" en contra del aborto. Inadmisible esta congregación de hombres, solo hombres, hablando de no economizar ningún esfuerzo para encontrar la manera de enfrentar la sentencia 355/2006 de la Corte Constitucional que despenalizó el aborto en tres casos excepcionales.

Inadmisible oírlos incitar a ciudadanos y ciudadanas a no acatar un fallo de nuestro orden constitucional repitiendo tercamente que la vida se inicia al momento de la concepción. Señores, se inicia mucho antes. El óvulo es vida. Los espermatozoides son vida. Pero la vida de un embrión y, algo más tarde, de un feto se humaniza con un acto de amor por parte de una mujer y de un hombre que desean profundamente volverse madre y padre.

Y la vida que defendemos es una vida humana sustancialmente diferente a la vida biológica. Y una vez más, señores del Partido Conservador, les pido un poco de humildad. Porque, ¿qué pueden saber ustedes de lo que siente una mujer cuando el calendario le acaba de decir que tiene un retraso y que tal vez está embarazada? ¿Qué pueden saber los hombres de esta historia sellada en nuestra piel, en nuestro cuerpo, esta historia que nos recuerda de manera incesante que nuestro cuerpo no es sino un texto dictado por la cultura, una especie de pantalla sobre la cual se proyectan desde hace milenios órdenes, deseos y fantasmas masculinos?

No les pedimos mucho. Solo que tengan la decencia de callarse. Dejen de ser amos de un saber que no les pertenece. Ese saber emanado de un cuerpo que ustedes nunca podrán conocer, ni sentir, ni vivir; ese saber nuestro que nos confiere una autoridad incontestable. Y en cuanto a ustedes, señores obispos, nunca he podido entender cómo se atreven a juzgarnos, a señalarnos, a castigarnos. ¿Dónde quedó su tan nombrada compasión, misericordia y caridad cristiana? ¿Dónde? Tal vez deberían volver a leer los evangelios, pues como yo los entendí, sé que ese hombre nombrado Jesús de Nazaret, revolucionario por haberse inventado una religión de amor, nunca hubiera condenado a las mujeres que hubieran tenido que abortar.

Nunca condenó a las mujeres: conversó con ellas, las escuchó y las amó. Además, es tiempo de que todos ustedes asuman que sus condenas o amenazas no han servido de mucho. Hemos seguido y seguiremos adelante. Y ustedes lo saben porque, desde hace ya casi un siglo, hemos sido capaces de consolidar nuestros derechos. Y las mujeres, señores, saben más que nadie, más que los hombres, más que los clérigos, lo que necesita un niño, una niña, al nacer, lo que implica construir una vida, edificar una vida, generar un mundo desde lo simbólico, desde el deseo, el amor y la palabra. Al fin y al cabo, ellas saben, consciente o inconscientemente, que puede existir un sentido profundamente ético en la ilegalidad de un aborto.

Al fin y al cabo, la legalidad y la eticidad han sido siempre definidas por hombres como ustedes, por los hombres juristas o de Iglesia de una cultura patriarcal hecha a su exacta medida. Finalmente, quiero también recordar a todos y todas que el fallo de la Corte Constitucional no obliga a abortar a ninguna mujer que no lo desee. El fallo permite la opción, permite la autonomía, construye mujeres autónomas, sujetas de derecho y ciudadanas éticas. Y algo más: inadmisible también el nombramiento de Wilson Duarte, involucrado en graves hechos de violencia contra una mujer, en la presidencia de la Comisión Tercera de Presupuesto del Concejo de Bogotá.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
Publicación: eltiempo.com

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