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martes, 7 de junio de 2011

Políticas de redistribución y autonomía de las mujeres

Nalú Faría*

Como fruto de la lucha de las mujeres en el mundo entero y en nuestro continente, con diferencias legítimas, las mujeres logramos en los años 1980 conquistar espacios en las políticas públicas y ampliar una política de construcción de ciudadanía activa. No obstante, el proceso de implementación del neoliberalismo ha traído varias consecuencias negativas en este proceso. Quiero subrayar que una de las peores es que las mujeres dejamos de ser vistas como sujetas activas en esas políticas, para ser las clientes, gestoras de las políticas locales y, por lo tanto, somos visualizadas a partir de nuestro lugar en la familia. Con la disminución de las políticas sociales, hubo un incremento del trabajo de las mujeres y no solo en la familia sino también del trabajo social y comunitario.

En estos últimos años hemos visto la inserción de las políticas neoliberales y la implementación de un Estado mínimo, pero un Estado mínimo solo hacia nosotras/os los trabajadores y las trabajadoras, porque el Estado sigue siendo máximo para garantizar el mercado y el capital. Estas políticas caracterizadas, en materia de ajuste fiscal, por una inmensa transferencia de recursos hacia el Norte -en nuestro caso en particular a Estados Unidos a través del pago de la deuda-, por garantizar toda liberalización comercial y por avalar las privatizaciones, han constituido un ataque brutal a las políticas sociales universales.

Existe un discurso modernizante de los Estados y de los gobiernos democráticos, sobre todo tras las decisiones adoptadas en las conferencias de Naciones Unidas, pero no existe una implementación real de políticas. En Brasil vivimos una paradoja: en los 1990, mientras se ampliaba el discurso sobre los derechos, el mercado organizaba la vida de las mujeres a partir de las características neoliberales arriba mencionadas.

No se puede construir igualdad bajo las políticas de ajuste, que obviamente no tienen un discurso hacia las mujeres. Lo que necesitamos es lograr que nuestros gobiernos cambien sus políticas de ajuste fiscal por políticas redistributivas que privilegien el crecimiento interno y el consumo de la mayoría de la población. Sabemos que muchos países, incluso para su desarrollo interno, necesitan de la exportación. Pero la exportación debe ser vista de modo distinto a la concepción actual, cómo se puede, a partir de la exportación, generar también procesos de desarrollo interno. Nuestros países son a veces exportadores de muchos bienes, pero de bienes a los que la población no tiene acceso.

Por otro lado, se abren a las empresas transnacionales, que imponen a los gobiernos latinoamericanos una reserva grande de dólares para remitir sus ganancias a sus países de origen.

Sabemos que en otros países no hay control de los capitales que entran, salvo algunas raras excepciones. En el Ecuador asistí a un seminario sobre la pobreza y creo que lo que pasa en el Ecuador pasa también en El Salvador, en Brasil: las remesas familiares de la gente que emigró hacia el Norte para realizar trabajos precarios constituye la mayor fuente de ingresos. En el caso del Ecuador, han permitido incluso que se mantenga una economía dolarizada.

Con políticas redistributivas hacia el desarrollo interno, se podría evitar que se intente resolver el desempleo de nuestros países con la migración de nuestra gente hacia los países del Norte, donde realiza los trabajos más precarios, más sucios y, en el caso de las mujeres, con una característica aún más dramática: van a engrosar las filas del mercado de la prostitución, de la industria del entretenimiento. Es ampliamente conocido que el tráfico de mujeres del Sur hacia el Norte está organizado por poderosas mafias que han generado grandes ganancias.

No es por libre decisión que una mujer emigra para prostituirse. Respecto a la igualdad hacia las mujeres, hemos dicho que hay que combinar las políticas de carácter universal con políticas de acción afirmativa que busquen combatir el sexismo existente en todo nuestro continente. En Brasil, y creo que en otros países de América Latina, hemos discutido la importancia de desmitificar una supuesta neutralidad del Estado hacia las relaciones de género. Cuando el Estado mantiene una voluntad política explícita de cambiar las relaciones de género, acaba por reforzar las actuales relaciones de género y la desigualdad.

A partir de eso proponemos tres ejes:
El primero, ampliar la autonomía personal y la auto sustentación de las mujeres para romper con el círculo de dependencia y subordinación económica respecto al empleo, la igualdad salarial, acceso a la tierra, a la vivienda, a la profesionalización, a una educación no sexista, a una educación orientada hacia la igualdad.

El otro eje concierne a la división sexual del trabajo y la responsabilidad en el cuidado de los hijos y la familia. El Estado tiene que asumir la socialización y el cuidado de toda/o ciudadana/o. Nosotras hemos insistido en que, sin una política de guarderías y de educación a tiempo integral, no es posible garantizar esa socialización ni una disminución de la responsabilidad familiar en ese cuidado.

Y el tercer eje es asegurar la autonomía sobre el cuerpo, asunto que atañe a todas las políticas que tienen que ver con los derechos sexuales y reproductivos, el derecho a la salud integral, a la sexualidad, a la libre orientación sexual, y con la construcción de autonomía. Está también dentro de este eje combatir todo tipo de violencia y discriminación, en especial la violencia sexual, doméstica, y la discriminación por orientación sexual.

Creemos también que estas políticas no pueden ser efectivas si el movimiento de mujeres no es visto como un sujeto principal del diálogo y si no se fortalecen y amplían los mecanismos de participación con una presencia igualitaria de las mujeres en los espacios de poder y decisión.

Para terminar, las mujeres tenemos nuestras singularidades, sea por raza, edad, orientación sexual, y otros motivos. Desde esa perspectiva, las políticas afirmativas deben volcarse hacia el reconocimiento de ese privilegio.

* Marcha Mundial de las Mujeres. Investigadora, educadora y activista brasileña.
** Síntesis de la presentación realizada en la Mesa de Dialogo "Políticas para la igualdad de género", I Foro Social Américas, julio 2004, Quito, Ecuador.

Tomado de: Mujeres en resistencia experiencias, visiones y propuestas. Irene León Ed.

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