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domingo, 12 de junio de 2011

Por una democracia decente con las mujeres

Florence Thomas*
Mayo del 2011

En esta coyuntura electoral, el debate relativo a cuotas de mujeres en la conformación de listas a las corporaciones públicas se volvió a encender a propósito de un proyecto de ley estatutaria "por el cual se adoptan disposiciones sobre equidad de género y sobre financiación de las campañas electorales". Y las disposiciones adoptadas en el artículo 28 del proyecto de ley de reforma política obligan a los partidos a conformar sus listas con un mínimo del 30 por ciento de mujeres. Incluso quisiera recordar que este 30 por ciento representa un mínimo que ni siquiera Colombia ha sido capaz de cumplir de modo riguroso.

Hoy día estamos en un 14 por ciento de mujeres en el Congreso de la República, y en cuanto a participación política de las mujeres, Colombia ocupa el puesto 113 entre 134 posiciones, en el mismo lugar de la República del Congo. Aprovecho para recordar que hoy el 30 por ciento es reconocido como masa crítica mínima necesaria para lograr la igualdad de oportunidades y enfrentar sesgos en el ejercicio de una práctica aún casi exclusivamente masculina de la política. Lamentablemente, en dicho proyecto de ley se incluyó una excepción que contradice lo dispuesto en la Ley 581, del 2000: "En los casos en que no se haya podido cumplir la cuota, porque no hubo aspirantes, los partidos pueden completar la lista con candidatos del mismo género". En otras palabras, esta excepción autoriza a los partidos a omitir la cuota.

Por supuesto, nuestras reacciones no se hicieron esperar. Aspirantes las hay, señores y señoras. Las hay siempre y cuando ustedes tengan voluntad política para encontrarlas, para promover y fomentar su participación, para romper estos techos de cristal que impiden ver los obstáculos para realizar la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, y hacen creer que son ellas quienes no quieren meterse en política. Claro, hay que decir que las maneras tradicionales de hacer política desmotivan y desaniman a muchas mujeres para participar en estos escenarios.

Es cierto. Y a veces quisiéramos obviar estos debates, que ya no pueden reducirse al exiguo 30 por ciento obligatorio; porque, mientras pedimos enfáticamente el retiro inmediato de esa excepción laxa y permisiva, democracias modernas están hablando de paridad y no de cuotas. Somos el 52 por ciento de la población y el caudal más grande de votantes. Ninguno de los dos sexos debería tener más del 60 ni menos del 40 por ciento de escaños.

Hoy nos preguntamos sobre el verdadero sentido de la democracia y el real ejercicio de los derechos contemplados en la Carta Constitucional, sin olvidar la tercera meta del milenio, con la cual Colombia se comprometió a promover la igualdad de los sexos.

¿Cómo lo va a lograr si ni siquiera es capaz de hacer cumplir la ley de cuotas en los partidos políticos, ni prever sanciones tanto financieras como públicas y, por qué no, de rechazo para las listas que no cumplen la cuota?

Señor Ministro del Interior: mientras no podemos aún hablar de paridad, apostémosle con convicción y sin excepción a la cuota obligatoria como herramienta transicional de reparación histórica. Con ella, no solo ganamos las mujeres; ganan los hombres al reconocerlas como sus pares y no como sus subordinadas. Gana la sociedad entera y gana el Gobierno Nacional con la representación real de las mujeres en sus estructuras, en sus funciones y en sus procesos, lo que generaría una amplia sinergia de posibilidades aún no pensadas.

Apostémosle a la ley de cuotas y entendámosla como un símbolo, más que como un cálculo porcentual. Un símbolo de democracia, de modernidad, de reconocimiento y de simple decencia con las mujeres.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/florencethomas/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-9442204.html

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