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domingo, 31 de julio de 2011

Feminicidio: Violencia social e institucional

Al asesinato se suma la violación sexual a manos de policías, militares y delincuentes

Por: Sara Lovera
SEMlac


Un crecimiento hasta de 40 por ciento en el asesinato de mujeres y cambios en la forma de matarlas, en los últimos cinco años, revelan que el feminicidio es hoy resultado de la ola de violencia generalizada en México. Al asesinato se suma la violación sexual a manos de policías, militares y delincuentes.

Las características del feminicidio muestran cambios drásticos. Los expedientes policíacos de 18 entidades del país confirman que el 63 por ciento de las víctimas murieron como consecuencia de torturas, y fueron halladas en lugares públicos.

Sus cuerpos, mutilados o descuartizados, testimonian una encarnizada violencia; utilización desmedida de la fuerza física y aumento en el uso de armas de fuego.
Los expedientes policíacos señalan que los cuerpos inertes fueron abandonados en parajes solitarios, lotes baldíos, carreteras, caminos y brechas.

La abogada Soraya Vázquez, asesora jurídica del Instituto de la Mujer del Distrito Federal (capital de la República), sostuvo, en entrevista con SEMlac, que esta revelación contrasta con las estadísticas que durante los últimos años ubicaron al feminicidio como resultado de la violencia de pareja y reconfigura el mapa del crimen contra las mujeres por razones de género.

Hasta 2005 se podía afirmar que en el 67 por ciento de los casos las mujeres habían sido asesinadas en sus casas o en espacios privados o familiares, de acuerdo con la investigación sobre feminicidio que entonces hizo la Cámara de Diputados.

Un total de 14.000 violaciones sexuales sucedieron también en los últimos 24 meses, según informó la diputada Teresa Inchaústegui, de la Comisión sobre Feminicidios en la Cámara de Diputados, y de acuerdo con informes de las procuradurías de justicia en base a las denuncias registradas.

De los 1.728 feminicidios registrados entre 2009 y 2010 por el Observatorio Nacional del Feminicidio, llamó la atención que 36,31por ciento de las víctimas eran mujeres con actividad laboral o pública y que 40,9 por ciento correspondió a mujeres entre 10 y 30 años, informó la abogada Vázquez.

Lo alarmante, dijo la abogada, es que solo en 4,9 por ciento de 890 casos estudiados a fondo por el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, las autoridades lograron detener, juzgar y sentenciar a los responsables.

Por ello dicho delito, aprobado hasta ahora en siete de las 32 entidades del país, se buscó configurarlo con datos objetivos, que no dejen duda a la autoridad, como el número de denuncias, las visitas de la víctima al Ministerio Público u otros datos históricos del caso.

Las imperfecciones de la configuración de este delito son tales en los Estados de México y Guanajuato, que ya se discuten reformas sobre su reciente tipificación.

La doctora Rosa Icela Ojeda, responsable del Observatorio del Feminicidio en el Estado de Guerrero e integrante de la Red Nacional de Investigadoras, dijo que la configuración del delito se está realizando tan rápidamente como una política del Ejecutivo que se empieza a caer en la simulación, porque no se dan datos objetivos con los cuales el juzgador pueda actuar.

En el fondo, esta situación podría ayudar a ocultar el tamaño y profundidad del problema, añadió.

La geografía

El Observatorio Nacional del Feminicidio analizó 11 entidades del país y sostiene que la situación es alarmante en el Estado de México, Ciudad Juárez, Sinaloa, Guerrero y Oaxaca, lo cual coincide con la geografía de lo que se llama en México la "guerra contra el narcotráfico", donde crece la militarización y la violencia social, siendo Ciudad Juárez el caso emblemático.

Solamente en la zona sursureste, Guerrero, Chiapas y Oaxaca, sucedieron el 61,9 por ciento de estos feminicidios, según la procuradora de Género de Guerrero, Indalecia Pacheco León.

Esta entidad, por ser el escenario histórico de conflicto social y guerrilla, tiene el primer lugar en homicidios en general, y el feminicidio es 2,5 puntos más alto que el promedio nacional, dijo Pacheco a SEMlac. De acuerdo con las cifras de los observatorios, en Guerrero, al sureste del país, habría sucedido el 41,3 por ciento de los homicidios de mujeres de todo México.

Aún cuando los datos son contradictorios respecto de los sitios de mayor incidencia, a partir de las investigaciones que la Cámara de Diputados emprendió en 2004 y 2005 se ha podido precisar que en los últimos diez años, 10.000 mujeres han sido asesinadas por razones de género, en escenarios privados y públicos, con víctimas de todas las edades y diversas clases sociales, por lo que el problema tiene carácter nacional, pero de parte de las autoridades existe incomprensión, impunidad y desprecio.

Las investigaciones y los datos oficiales arrojan que son 15 entidades del país donde hay mayor número de casos: Chihuahua (Ciudad Juárez), Estado de México, Jalisco, Sinaloa, Colima, Tamaulipas, Baja California, Oaxaca, Chiapas y Veracruz.

El debate

En los últimos meses ha habido un intenso debate por la tipificación del delito de feminicidio y las características que debía mostrar.

Se situó en Guerrero, porque ahí se tipificó el delito en diciembre de 2010, constituyéndose en la primera entidad en hacerlo, y creció porque el 22 de abril, en plena Semana Santa, fueron asesinadas cuatro trabajadoras de una estética de belleza: Luvia Vázquez, (30 años), Elena Baños (19), Jacqueline de la Rosa (14) y Rubí Celia García (39).

A ésta última los asesinos le dejaron un cartel llamándola bruja y egoísta. Enseguida se les conectó con un acto del crimen organizado y se puso en duda el carácter genérico de los homicidios.

Rosa Icela Ojeda sostuvo que la mayoría de las mujeres por estar discriminadas y excluidas en distintos escenarios de la vida social, son asesinadas por ser mujeres y, de acuerdo con la Ley de Acceso de las Mujeres a una vida sin Violencia, se considera feminicidio todo aquel en el que el estado no actúa, no previene, no protege y no da condiciones de seguridad a las mujeres.

Y es sobre esta línea de análisis cómo desde el Instituto Nacional de las Mujeres se ordenó tipificar el delito.

Las entrevistadas, Soraya, Indalecia, Rosa Icela e Irma Aguirre, funcionaria de la Secretaría de la Mujer en Guerrero, coincidieron en que la condición de las mexicanas las pone en riesgo sistemático de la violencia machista.

Hasta ahora se ha tipificado el feminicidio en seis entidades: Guerrero, Tamaulipas, Guanajuato, Morelos, Veracruz y en el Distrito Federal. Según el análisis de Rosa Icela, del observatorio de Guerrero, y Soraya, las legislaciones ponen el acento en las relaciones de pareja, con lo cual se obvia la realidad de violencia de Estado, institucional o social.

Como ejemplo, Soraya Vázquez sostuvo que, en el Distrito Federal, sucedieron 203 homicidios de mujeres en 2010, de los cuales hasta el 58 por ciento fueron por violencia social y comunitaria, lo que indica que el delito no podrá configurarse integralmente.

En el Distrito Federal, donde se considera que existe la mejor forma de tipificar el feminicidio, sostuvo la abogada, se hizo una amplia investigación para sostener varias cuestiones centrales: cuando hay relación laboral, docente y una clara subordinación o superioridad del probable responsable, y cuando se trata de una relación sentimental o afectiva, ello se toma como un agravante.

La pena por este nuevo delito, el del feminicidio, es muy variable, de 35 años de cárcel en los estados donde se hizo sin pensar, hasta 70 años de cárcel en algunas entidades, como Morelos. En el Distrito Federal es de 20 a 50 años y hasta 60 cuando es la pareja.

El debate va a continuar. En muchas entidades y espacios legislativos hay una enorme resistencia para configurar el delito y respecto a su efectividad es en Guerrero donde ahora se analiza y se harán cambios próximamente.

Algunos datos

- La violencia en México ha dejado como saldo más de 500 desapariciones de mujeres en los últimos dos años.

- El feminicidio pasó de 2,5 por 100.000 habitantes mujeres a 3,6, creció 40 por ciento en los últimos cinco años.

- Se presume que existen 125.000 mujeres desplazadas por la guerra contra el narcotráfico.

- La Corte Interamericana de Derechos Humanos recomendó al gobierno mexicano tipificar el delito de feminicidio, tras los hechos del Campo Algodonero, y conformar mecanismos eficientes para perseguir y castigar a los responsables. El Campo Algodonero se ubica en Ciudad Juárez, Chihuahua, al norte del país, donde ha sido emblemática la forma de matar a las mujeres y se encontraron siete cuerpos, con lo cual se constituyó en el primer caso llevado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La sentencia, dictada el pasado año, alude al todo el feminicidio en México y recomienda, justamente, tipificar ese delito.

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133173 

sábado, 30 de julio de 2011

REVISIÓN PSICOANALÍTICA DE LAS ESTADÍSTICAS SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO

 
Varios Autores
Manuel Menassa*; Sergio Aparicio**; Ruy Henriquez***; Magdalena Salamanca****

Estamos acostumbrados a escuchar, casi a diario, cómo las cifras sobre violencia de género se ven incrementadas, como su propio nombre indica, violentamente.

Desde el año 1995, la Organización de Naciones Unidas reconoció la violencia contra las mujeres como un problema global que limita las libertades y los derechos humanos de las mujeres. En 2002, la Organización Mundial de la Salud describe que, junto a la violencia física, se produce también violencia psicológica. El Consejo de Europa, en 2006, refleja que el 20-25% de las mujeres de la Unión Europea ha sufrido algún tipo de violencia física a lo largo de sus vidas, y que más del 10% ha sufrido una agresión sexual. Si la violencia incluye el acoso, la cifra se eleva hasta el 45%.

La piedra central de cualquier realidad es que seamos capaces de transformarla. Reconocer y transformar “nuestras verdades” son dos fundamentos de la interpretación psicoanalítica como acto. La violencia de género ha sido fotografiada y archivada en numerosas estadísticas. Al repasarlas, encontramos puntos comunes, lugares donde el “pensamiento oficial” nos lleva una y otra vez.

Así, se resalta que la mujer maltratada se encuentra, en ocasiones, abocada a permanecer en ese lugar, pues no tiene independencia económica o su autoestima se encuentra desfigurada por la culpa, llegando a creer erróneamente que merece ser maltratada. Otras veces se señala la dependencia emocional hacia el maltratador o el deseo de disimular la situación de violencia para no involucrar a los hijos en el drama familiar. También se estudian las variables culturales, la educación recibida y los antecedentes de maltrato en el medio social.

Hay tantos imaginarios como personas y, después de asignar un número a cada una de estas explicaciones, podemos preguntarnos: ¿Desde qué ideología se hacen las estadísticas? ¿Qué es lo que se puede hacer verdaderamente para transformarlas? El psicoanálisis nos enseña que la ideología es inconsciente. Así pues, las campañas de concienciación sobre la problemática no alcanzan a plantear completamente el verdadero asunto.

En la obra de Freud podemos leer que el hombre no es sólo una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, también, un ser entre cuyas disposiciones debe incluirse la agresividad.

Otro aspecto a tener en cuenta es el sentimiento inconsciente de culpa, que se halla emparentado con la necesidad de castigo. La culpa puede provenir de un deseo inconsciente y, cuando alcanza ciertas proporciones, el castigo sirve para calmarla.
El psicoanálisis considera el sentimiento de culpa constitutivo del sujeto psíquico. A través del tratamiento psicoanalítico se puede conseguir que la culpa inconsciente no dirija la vida del sujeto, haciendo innecesario el castigo.

La situación se complejiza si tenemos en cuenta el masoquismo y el sadismo, esto es, la crueldad hacia uno mismo y hacia los demás, como un ingrediente estructural en la vida de cada uno. Se puede civilizar la agresividad, pero no eliminarla. Aquí, como en otros aspectos, lo que determina el desenlace es una cuestión de cantidad.
Muchas de estas agresiones son ocasionadas cuando la relación ha terminado, un dato a destacar, ya que muchas de las víctimas de la violencia de género mueren a manos de sus ex-parejas.

Las agresiones y sus consecuencias (haya o no víctima mortal), provocan una serie de costes económicos a la sociedad, que ha de invertir en la asistencia y el desarrollo de medidas para combatir esta situación.

Uno de los datos más destacados por las encuestas examinadas para este trabajo es que un alto porcentaje de las mujeres muertas, refiriéndonos en este caso a nuestro país, son mujeres extranjeras. Hay que tener en cuenta que la densidad de la población inmigrante ha aumentado considerablemente la última década.

Las encuestas no sólo clasifican sino que, además, como toda acción estadística, las encuestas discriminan datos. Pero lo importante es, más que discriminar datos, abrir la cuestión, es decir, que tanto a los españoles como a las personas de otras nacionalidades, residan donde residan, les pasa que tienen tendencias sádicas y tendencias masoquistas (celos, envidia, etc.) por ser humanos.

Podríamos preguntarnos, entonces, ¿por qué algunos seres humanos tienen esa manera de relacionarse y otros no? Desde este punto de vista, el psicoanálisis tiene mucho que decir, ya que estudia al sujeto psíquico en relación a su deseo. El psicoanálisis es una ciencia de efectos, no de causas, esto significa que desde el último efecto, la palabra, se pueden reconstruir las causas.

El deseo, una vez articulado en palabras, puede ser interpretado y, por tanto, producir autoconocimiento y autotransformación, siendo ello producto efecto de la interpretación psicoanalítica. Todos tenemos deseos sádicos, masoquistas, lo que nos diferencia a unos de otros es la manera de renunciar a dichos deseos.

El goce, aquello que nos diferencia de los animales y al que entramos a través de la palabra, nos condena de por vida. La peculiaridad del ser humano es que goza con todo, con cualquier cosa.

En una relación de pareja, sea cual sea su clase social, nivel cultural, económico o raza, puede llegar a producirse el maltrato, cuando la víctima pierde toda identidad frente al agresor y éste, al convertirse en su dueño, llega al homicidio. Muchas veces escuchamos frases que podemos calificar de románticas “Eres mía”, “hazme tuya”, “soy toda tuya”... pero que, en el fondo, nos traen una muestra anticipada de un rasgo que, al exagerarse, puede terminar en una situación de maltrato. Y no es por pronunciar la frase que se produce el hecho, pero esa situación de posesión idílica, si se convierte en una realidad, otorga al agresor el poder de llegar a matar. El objeto de deseo pasa a ser un objeto en propiedad: hay mujeres que dejan de trabajar porque el marido lo dice o dejan de relacionarse con la gente en general, incluso con sus familiares, o renuncian a salir a la calle.

Una relación de pareja es una relación de dos, bilateral, donde uno se relaciona con el otro de manera diferente a como éste se relaciona con el primero. Cuando dos personas se piensan que son una, entonces, en la realidad puede pasar de todo.

A las cruentas estadísticas del maltrato familiar han de añadirse también las que competen a los maltratadores, la parte más señalada como culpable pero, al mismo tiempo, la menos analizada de la cuestión.

Habría que distinguir entre lo que es el maltrato y lo que es el asesinato. Aunque las cifras indican que un alto porcentaje de maltratos desembocan en asesinatos, la gran mayoría de los maltratos no concluyen necesariamente con la muerte de uno de los cónyuges. Podría decirse, entonces, que el problema de la violencia de género es más amplio que el de las mujeres asesinadas por sus parejas.

Los tratamientos psicoterapéuticos propuestos para los acusados de maltratos se han mostrado en gran parte ineficaces. La clave habría que buscarla en que, en tales tratamientos, se han tomado en cuenta sólo las condiciones morales o socio-culturales de los sujetos implicados, pero no su implicación psíquica, es decir, su implicación inconsciente en el problema.

Un sujeto que lleva a cabo un acto de violencia contra su pareja, por arranques incontrolables de celos, o que goza haciéndola sufrir, no es simplemente un ignorante o un machista. Uno de los argumentos que más se escucha sobre los maltratadores es que, para este tipo de violencia, no existen clases sociales o niveles culturales. Esto significa que hay una sobredeterminación inconsciente, hasta ahora no considerada, que sólo el psicoanálisis es capaz de tener en cuenta.

De los testimonios recogidos sobre los casos de maltratos, muchos de ellos hacen referencia a la intermitencia entre el amor y la violencia, es decir, de una ambivalencia afectiva latente en la pareja. Dicha ambivalencia afectiva está ligada, para los sujetos neuróticos, a su objeto amoroso, que de alguna manera se ha convertido en tabú para ellos, implicando simultáneamente un componente sagrado y un componente amenazante o impuro. Se puede decir que, para estos sujetos, la mujer en general tiene un carácter tabú y, por tanto, ambivalente, y que las relaciones que establece con ella han de ser siempre fundamentalmente incestuosas. Esto significa que el sujeto va a establecer relaciones de maltrato con las diferentes parejas que tenga.

No se trata simplemente de un macho herido en su sensibilidad por la supuesta libertad de la mujer o de un macho dominante defendiendo lo que considera suyo. Se trata de un asunto mucho más complejo. Los celos, componente normal de la vida anímica y afectiva de todo sujeto, suponen en los maltratadores una escala de grados anormalmente intensa, que va desde los celos concurrentes o normales, hasta los celos delirantes, pasando por los celos proyectados.

En cada uno de estos estratos, se juega en el celoso un componente homosexual que cuestiona inconscientemente al sujeto y que le hace atribuir a su pareja, por intolerable, su propio deseo en juego. Los denominados celos proyectados nacen, tanto en el hombre como en la mujer, de las propias infidelidades del sujeto o del impulso a cometerlas, que al reprimirse se hacen inconscientes y, por tanto, atribuyen a su pareja de sus propias fantasías de infidelidad, sometiéndola a un control férreo de sus actos.

El mismo sujeto puede padecer, con variable intensidad, los distintos tipos de celos mencionados. Es lo que sucede en los celos delirantes, que también nacen de tendencias reprimidas a la infidelidad, si bien los objetos de las fantasías son de carácter homosexual. Como tentativa de defensa contra un poderoso impulso homosexual, podrían ser descritos (en el hombre) por medio de la siguiente fórmula: No soy yo quien le ama, es ella.

Junto a la degradación del objeto erótico, como elemento en juego de las relaciones de los sujetos implicados, se hayan también presentes tanto el sadismo como el masoquismo. Instancias, ambas, participantes en la composición anímica de todo sujeto. La agresividad, necesaria en diferentes medidas, en prácticamente cualquier actividad humana, incluido el mismo coito, constituye en el maltratador una sobrecarga de intensidad asociada, no con una infancia de maltratos, como se cree, sino con una fase de la sexualidad infantil en la que el sujeto se haya estancado. Las teorías sexuales infantiles de la fase sádico-anal constituyen, para estos sujetos, la única concepción que tienen de la sexualidad. No se trata de sujetos enfermos o degenerados, sino de sujetos cuya libido está detenida en una forma primitiva de gozar.

Una de las mayores contradicciones que se nos presenta, en los casos de violencia de género, es la dificultad en la mujer de abandonar la situación de maltrato. Esta situación queda ligada a otra persona, el maltratador, y en la mayoría de los casos, este sujeto es, o ha sido, pareja sentimental de la víctima. Más de 70 mujeres perdieron la vida a manos de la pareja o ex pareja en 2008.

Observamos cómo el agresor se comporta reiteradamente de una manera violenta con la víctima y, a pesar de ello, la víctima se siente atrapada en esa relación. Las razones sociales, económicas, culturales, religiosas, legales y/o financieras, la ideología de la víctima, su pensamiento sobre el amor, sus prejuicios, las frases que sostienen preceptos sobre cómo amar, son algunos de los factores que se aducen para explicar la permanencia de la mujer en esa relación de maltrato.

Antes de nada, debemos aclarar tajantemente que las mujeres no provocan ni merecen el maltrato. Es aconsejable diferenciar que, en la clínica y en un cierto número de casos, las mujeres maltratadas se auto-inculpan y se auto-reprochan los hechos acontecidos. La relación entre lo acontecido y la culpa que sienten no es coherente, pero sí explicable mediante el concepto de culpa inconsciente.

La culpa inconsciente no tiene que ver con hechos cometidos en la realidad objetiva. Un sujeto ejemplar puede padecer un elevado sentimiento de culpa inconsciente y, sin embargo, como apuntamos, ser una persona de impecable conducta. La culpa inconsciente está en relación con un hecho fantaseado, más que con un hecho real, por ello se produce dicha contradicción en la mujer maltratada. Hay veces que el discurso de la mujer exonera al maltratador y llega incluso a auto-inculparse de lo sucedido. Encontramos frases como, “me pega porque me quiere”, “soy yo la que siempre hago todo mal, él no es malo”.

En la actitud de algunos niños, es fácil observar que sus conductas están encaminadas a recibir, por parte del adulto, un castigo, y al conseguirlo se vuelven apacibles y tranquilos.

La culpa inconsciente está en relación al complejo de Edipo. El niño, frente al camino de hacerse un sujeto social, se encontrará como primer vínculo con lo humano la relación con los padres. Ésta es una relación ambivalente, donde el amor y el odio se mezclan en el niño para con los padres o sustitutos, produciéndose de esta primera relación del niño con “el mundo”, el sentimiento de culpa inconsciente.

La culpa inconsciente es un sentimiento humano, la mayoría de las veces intolerable para el sujeto. Tanto es así, que hay ocasiones, en la clínica, que observamos que cierta cantidad de personas realizan acciones para recibir un castigo, ya sea en un medio laboral, como hacerse echar del trabajo; social, mediante el acto delictivo y su posterior castigo; o personal, mediante la elección de relaciones perjudiciales para el propio individuo.

El sentimiento de culpa inconsciente no se puede anular, pero sí es posible tolerarlo, es posible decidir nuestras acciones más allá de la culpa inconsciente.

Tristemente, el año 2008 puede ser el año donde se supere la cantidad de asesinatos en lo que a la violencia de género se refiere, es un momento de reflexión, de reformulación de la “Ley de medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género”. Los avances que se vienen realizando durante los últimos años en nuestro país, aunque notables, no son suficientes. Los objetivos próximos desde el Ministerio de Igualdad son mejorar los sistemas de prevención, detección temprana de los casos de violencia, en sensibilización, información e implicación social de toda la ciudadanía para lograr un contexto de seguridad más responsable.

Es evidente que la atención psíquica resulta esencial para el afrontamiento de esta situación por parte de la víctima y por parte del agresor. En este ámbito, también debemos mejorar.

El psicoanálisis es de gran ayuda para la atención de estos colectivos y ofrece instrumentos teóricos indispensables y eficaces para la lectura social del fenómeno.

Bibliografía
Díez, A. (1999): “La agresividad” en Extensión Universitaria. Revista de Psicoanálisis, Nº 23.
Freud, S. (1912): Sobre una degradación general de la vida erótica, Obras completas, T. II, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 1710-1717.
Freud, S. (1912-3): Tótem y Tabú, Obras completas, T. II, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 1745-1850.
Freud, S. (1916): Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analítica, Obras completas, T. III, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 2413-2426.
Freud, S. (1917): El tabú de la virginidad, Obras completas, T. II, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 2444-2453.
Freud, S. (1921): Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad, Obras completas, T. III, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 2611-2617.
Freud, S. (1923): El “Yo” y el “Ello”, Obras completas, T. III, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 2701-2728.
Freud, S. (1924): El problema económico del masoquismo, Obras completas, T. III, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 2752-2759.
Menassa, A. (2008): “Importancia del sentimiento de culpabilidad en el maltrato de género” en Extensión Universitaria. Revista de Psicoanálisis, Nº 98.
Menassa, A. (2008): “El maltrato al diván” en Extensión Universitaria. Revista de Psicoanálisis, Nº 99.
Menassa, A., Rojas, P. (2008): Aportaciones del psicoanálisis para un posible abordaje de la violencia familiar, Ponencia Congreso Virtual de Psiquiatría Interpsiquis.
Menassa, A., Rojas, P. (2007): Aspectos psíquicos en la incapacidad laboral, Ponencia Congreso Virtual de Psiquiatría Interpsiquis.
Menassa, A., Rojas, P. (2006): Determinantes psíquicos del mobbing con respecto al agresor, Ponencia Congreso Virtual de Psiquiatría Interpsiquis.
Menassa, A., Rojas, P. (2005): Observaciones psicoanalíticas sobre el maltrato, Ponencia Congreso Virtual de Psiquiatría Interpsiquis.

viernes, 29 de julio de 2011

Soy hombre y feminista

 
Por: J. Fernando García Arellano

“No creo en el mito del sexo como un determinante o como una barrera que impide llevar a cabo ciertas tareas” Rosario Castellanos

Soy hombre con una misma relación entre identidad biológica y rol sexual. Entonces ¿por qué me interesa la lucha feminista? ¿Por qué los asuntos de género deben importarme si no soy mujer o he sufrido algún tipo de discriminación?   Debo hablar, desde mi posición histórica, para denunciar la necesidad de impulsar proyectos de equidad, vía necesaria para el desarrollo de cualquier comunidad que pretenda, entre otras cosas vivir bajo valores democráticos o al menos vivir dignamente.   Como varón he sido testigo de los abusos contra las mujeres, tuve una educación inicial en donde no tenía compañeras dentro del aula, se me educó para considerar a la mujer como una entidad bio-electrodoméstica, cuando se tiene esta visión, propia de la burguesía, el nivel tan distinto de consideración es latente e imposible de desvanecer.

Somos diferentes, hombres y mujeres, por las demarcaciones biológicas pertinentes a cada género, sin embargo, los vínculos resultan mucho más evidentes y poderosos que una mera descripción anatómica. Somos personas, integrantes de una sociedad, como ha resultado evidente en la participación tan esencial de ambos géneros en las últimas revoluciones sociales, las mujeres han actuado políticamente con la misma voz que cualquier representante del pueblo, sin embargo, el camino para exorcizar los demonios del feminicidio o la violencia de género resulta en la posibilidad de madurar culturalmente, considerar la existencia de cualquier ser humano como un bien invaluable.

No podemos seguir pretextando la violencia de género con argumentos tradicionalistas, no hay peor costumbre que considerar a la mujer como ser inferior por el simple hecho de tener vagina, de menstruar. Parece ridículo pero sorprende el escuchar en las noticias de mi País encabezados como “La primera mujer en…” no es posible que actividades de antaño relacionadas con los hombres sigan consideradas exclusivas para nosotros. Tenemos el mismo valor, la misma capacidad racional, el mismo corazón. Por estas razones, por las 251 mujeres asesinadas en el Distrito Federal   (solamente del 2001 al 2003) y las que continúan sufriendo violencia intrafamiliar, por las desaparecidas y asesinadas de Juárez, por las 26 violadas en Atenco, por mis hermanas indígenas violadas o torturadas por militares, por todas ellas, considero justo, necesario y digno, considerarme feminista. Soy hombre pero eso no me hace ciego ni indiferente al dolor de la mujer que clama por el simple reconocimiento y la reivindicación de sus derechos. 

Tomado de: http://www.kaosenlared.net/noticia/176767/mexico-soy-hombre-y-feminista

Una paz sin mujeres no es posible

Por: Cecilia Barraza
Directora Corporación Humanas

Ya han transcurrido los primeros 10 años del siglo XXI y pese a los avances en materia de estándares de derechos humanos, aún en diversas zonas del mundo hay demasiada distancia entre el reconocimiento y el ejercicio de derechos tanto para hombres como para mujeres, aunque sin duda, para estas últimas, sigue resultando más difícil ejercerlos.

En Colombia, estos primeros años de la década han continuado siendo años de guerra. Más allá de los efectos de la seguridad democrática, de los éxitos militares y de la propia negación del gobierno del ex presidente Uribe de la existencia de un conflicto, este lo han seguido viviendo vastos sectores de la población.

El desplazamiento no es una problemática que haya terminado y la situación en que se encuentra la población desplazada sigue sin resolverse por la ausencia de una política integral y diferenciada. La guerrilla pese a su repliegue sigue actuando en algunos sectores del país. El balance de la aplicación de la ley de Justicia y Paz muestra que muy poca verdad es la que se ha conocido, que sólo se ha aplicado en dos casos y que la reparación sigue siendo letra muerta. Las “nuevas bandas criminales” formadas por exparamilitares actúan en diversas zonas y han puesto en riesgo la seguridad de algunas de las principales ciudades del país como son el caso de Cali y Medellín. La situación se vuelve más compleja cuando el narcotráfico permea a los grupos ilegales en tal grado que rivales se vuelven aliados cuando se trata de alcanzar las mayores ganancias de tráfico de drogas y de armamentos.

En ese contexto ha asumido el nuevo presidente Santos, con el lema prosperidad democrática, sin duda dicho lema resume gran parte de las aspiraciones de colombianos y colombianas. Las cifras de desempleo y subempleo, la seguridad, la corrupción, el acceso digno a la salud y a la seguridad social, son algunos de los más graves problemas que enfrenta el país. Los problemas están sobre identificados, las estrategias para enfrentarlos dependerán de la política social y económica que el nuevo gobierno decida.

Lo que está claro es que si Colombia no desarrolla una política social sostenida de superación de la pobreza y de la desigualdad no será posible alcanzar la paz. No es un asunto demagógico de plantear la “justicia social” como un medio para la paz, sino un reconocimiento de que en el mundo de hoy puede no haber guerra, entendida como enfrentamientos entre grupos armados, pero tampoco puede haber paz con niveles de pobreza y exclusión social que generan problemáticas tan complejas como las que hoy enfrentamos y que impiden reforzar la democracia.

En este marco socio político nace esta web pazconmujeres.org, como un espacio para mostrar, para difundir, para reconocer los diversos esfuerzos que hacen las mujeres por construir la paz en medio de la guerra, especialmente las mujeres organizadas y que integran el movimiento social de mujeres. Entendemos la construcción de paz, como un escenario diverso y dinámico, como una respuesta que ocurre a nivel municipal, departamental y nacional, y en el que confluyen las mujeres para reconstruir el tejido social, para apoyar a las víctimas, para fortalecer los procesos locales de paz y democracia, para superar la pobreza, para emprender procesos de verdad, justicia y reparación, para oponerse a la guerra y la militarización de nuestras vidas, para pensar que hay una Colombia nueva y apostarle a construirla.


Tomado de:

http://pazconmujeres.org/pagina.php?p_a=2&de_bus=s&id=b4f4db1867fb8a907305ba54b385f0bb&az=prd#pl2

jueves, 28 de julio de 2011

Otra impunidad revisada

Editorial Diario de Centro América

En la contemporaneidad, el proceso de hacer justicia nos ha llevado por caminos que eran inimaginables hace 20 años. La comunicación y conciencia han crecido, y en la mayoría de los casos vemos cómo los crímenes contra la humanidad ofenden profundamente, pero sobre todo demuestran la cosificación de las personas y la alienación utilizada con el fin de deformar a las personas para el terror y la violencia. Esta premeditación metodológica es la que se persigue, esta exacerbación de un comportamiento de máquina en los humanos es lo que debemos erradicar. Lo que fue un procedimiento de guerra, agredir a la mujer de manera específica, en tiempos del conflicto armado, se ha convertido en una práctica sostenida. La violencia de género es la criminalidad que resulta de la desproporción negativa con que la sociedad considera a la mujer. Como se ha repetido en mucha ocasiones, la agresión a la mujer comienza en la mirada por busca convertirla en objeto, sigue en su menosprecio como profesional o liderersa política y termina en una actitud cultural aceptada dentro de los hogares. El tema de la violencia contra la mujer termina en el feminicidio, el homicidio perpetrado contra las mujeres a causa de su género.

Ayer, como punto histórico para la Audiencia Nacional Española, el magistrado Santiago Pedraz admitió para su investigación la querella interpuesta por la Premio Nobel Rigoberta Menchú, que acusa a los gobiernos, como representantes del Estado, comprendidos entre 1979 y 1986 de haber cometido feminicidio en Guatemala, en especial, contra las mujeres de origen maya, que sufrieron más del 95 % de la agresión sexual por parte de integrantes del Ejército de Guatemala de aquellos tiempos.

Sale a luz en las declaraciones del magistrado que esta agresión se hizo de manera sistemática, que se entrenó a estos batallones en tales técnicas y que se les dio instrucciones “precisas” de cómo realizarlas. La finalidad de este tipo de ofensa es la demostración del poder. Con ello se busca denigrar y disolver la base de las comunidades atacadas. Al final tenemos una conducta perpetuada de impunidad de la violencia contra las mujeres, convertidas en un objeto sometido a los caprichos del poder.

Históricamente, el primer Estado en ser condenado por feminicidio fue México, por el famoso caso de ocho mujeres asesinadas de Ciudad Juárez y la indiferencia de las autoridades de turno para investigarlo. La Corte Interamericana de Derechos Humanos así lo dictaminó en el 2009. Ahora es el Estado de Guatemala el que será investigado por esos hechos que cobraron miles de vidas y trastocaron el destino de comunidades enteras. En la lucha contra la impunidad, estos delitos cobran un relieve importante y nos instan a ir contra una cultura patriarcal y machista que olvida a la mujer como humana y la deja como un instrumento para el abuso y el ultraje.    

Tomado de: http://168.234.166.35/es/20110727/Opinion/

Keila Berrió, otra defensora víctima de la violencia en Colombia

El pasado 21 de julio fue asesinada Keila Esther Berrió Almanza, mujer colombiana integrante de la Liga de Mujeres Desplazadas del Departamento de Turbaco en Bolívar, hija de una de las fundadoras y madre de tres hijos de 9, 11 y 12 años de edad. Desde noviembre de 2009, Keila y su familia contaba con medidas cautelares ortorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (319-09), que fueron ampliadas en el 2010, en junio de 2010 y en marzo de este año para toda la organización1.

Las mujeres pertenecientes a la Liga de Mujeres Desplazadas han sido amenazas desde su fundación, en el año 1999, por las autodenominadas Águilas Negras y el Ejército Revolucionario Anticomunista ERPAC, entre el 2010 hasta la fecha se han denunciado cinco amenazas.

De acuerdo al Observatorio Género Democracia y Derechos Humanos y La Liga de Mujeres Desplazadas el Estado colombiano es respondable "por la negligencia en su deber de prevención y protección y por la impunidad absoluta en las investigaciones de los hechos criminales contra la organización, lo que ha venido permitiendo la repetición de los hechos de violencia contra las mujeres de la organización sus familias y sus proyectos"2.

Según afirman LMD, las autoridades consideran los casos como hechos aislados, sin reconocer que existe "un ciclo de violencia y un patrón de discriminación en donde se ataca a las mujeres por sus relaciones amorosas, el consumo de sustancias, el manejo de recursos, desviando así las investigaciones, lo que es más grave, tratando de hacer recaer la responsabilidad de los hechos en las mismas víctimas como generadoras de su propio riesgo"3.

Organizaciones como MOVICE (Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado), se han manifestado en relación a "que el modelo de "reconciliación" en Colombia, vive una evidente crisis por la permanencia de las estructuras paramilitares y su convivencia con mandos y militares y policiales, sectores empresariales en diversas regiones del país. Solo en el tiempo que ha transcurrido desde la posesión del Presidente Juan Manuel Santos, más de 20 han sido asesinados, entre y mujeres líderes entre ellas, Ana Fabricia Córdoba, cuyo asesinato se dio al tiempo en que se promulgaba la "ley de víctimas" y hoy mismo, el asesinato de Keyla Esther Berrío Almanza de la Liga de Mujeres Desplazadas de Bolívar. Estos asesinatos, sumados, a las permanentes y sistemáticas amenazas y hostigamientos a lo largo y ancho del país, reflejan la ausencia de voluntad política por parte del gobierno para desarticular las estructuras paramilitares, que continúan beneficiando a terratenientes, empresarios y políticos"4.

La Comisión Ecuménica de Derechos Humanos se solidariza con la familia de Keila Berrió y con las Liga de Mujeres Desplazadas por la pérdida de tan importante miembra, de igual manera condenamos tales actos de agresión contra defensores y defensoras de derechos humanos, ya que impide el acceso a ayuda a otras personas en situación vulnerable. Hacemos, también un llamado a las autoridades colombianas a emplear medidas de protección efectivas para personas que han sido amenazadas públicamente y a las organizaciones a las que pertenecen.

Citas: 
1. Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia.
http://www.democracialatinoamerica.org/1315/alerta_asesinado-de-miembro-de-la-liga-de-mujeres-desplazadas-de-colombia.html
2. http://www.comosoc.org.co/?q=node/177
3. http://www.comosoc.org.co/?q=node/177
4. Declaración Política del V Encuentro del MOVICE., Bogotá, 22 de julio de 2011.

Tomado de: http://www.cedhu.org/index.php?option=com_content&view=article&id=75%3Akeila-berrio-otra-defensora-victima-de-la-violencia-en-colombia&catid=1%3Anoticiasprincipal&Itemid=10%27

miércoles, 27 de julio de 2011

La revolución cubana y sus políticas de igualdad de género

Arelys Santana*

Para analizar la participación política de las mujeres y su acceso a la toma de decisiones, debemos reconocer el carácter universal indivisible, interdependiente e interrelacionado de todos los derechos humanos, que comprenden los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos; incluido el derecho al desarrollo.

Sabemos que la representación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones es insuficiente y son diversos los obstáculos para alcanzar una participación igualitaria, tan necesaria para el respeto de los derechos humanos de las mujeres. El proceso es sumamente complejo porque invierte los roles sociales, asignados y asumidos, de subordinada a dirigente.

Para acceder al poder es necesaria la participación social. Pero para las mujeres, la participación adquiere otras complejidades, pues su rol social se vincula estrechamente al rol familiar y doméstico asignados. Las posibilidades de participación y acceso al poder exigen una plataforma estructural, que garantice al menos algunas premisas, que consta de tres ejes principales: la oportunidad de empleo, de calificación y de acceso a la salud reproductiva. Naturalmente, las oportunidades de empleo guardan un vínculo dinámico con la posibilidad de calificación.

La mayoría de menores que abandonan los estudios son niñas, ya sea porque se necesita de su trabajo doméstico o porque se prefiere invertir en el hermano varón. Según datos de la UNESCO, unos 60 millones de niñas en el mundo (comparadas con 40 millones de niños) no tienen acceso a la educación primaria. A esto se añade la tendencia a que las niñas y jovencitas asuman estudios tradicionales, de segundo y tercer nivel, que perennizan los roles de personas subalternas asignados. Hay una desproporción entre la escasa presencia femenina en los estudios de conocimientos técnicos de punta y el gran énfasis puesto en las carreras relacionadas con el servicio y atención a otros (secretarias, enfermeras, auxiliares).

En el empleo vemos las mismas tendencias. No sólo la especialización les permite menor competitividad, sino que esto se profundiza por el impacto del desarrollo tecnológico aplicado a la esfera laboral y el hecho de que incluso en los países altamente industrializados el crecimiento económico no elimina el desempleo. Por ello, a nivel internacional las mujeres se ven desplazadas hacia los empleos peor remunerados, frecuentemente en el sector informal, o a la contratación parcial de su fuerza de trabajo y, en muchas ocasiones, para labores subordinadas.

En cuanto al tercer componente de la plataforma, la salud genésica, podemos decir que "si una mujer carece del poder de decisión con respecto al embarazo y al parto, queda menoscabado su poder de decisión en otras esferas".

Mueren cada día miles de mujeres por causas relacionadas con el embarazo y el parto. La salud reproductiva es un elemento decisivo para propiciar la participación femenina. Las enfermedades de transmisión sexual, en particular la pandemia del SIDA, el embarazo precoz, y el aborto son temas que se relacionan con la salud femenina pero también con la especificidad de su sexualidad. La libertad sexual de las mujeres está condicionada por factores sociales y materiales además de ideológicos, y por ello las políticas vigentes de atención a la salud y planificación familiar condicionan el ejercicio de la sexualidad.

La tríllada -calificación, empleo y salud reproductiva- tiende a convertirse en el obstáculo más severo para la incorporación social de las mujeres, sobre todo en el Tercer Mundo. Sobrepasar estos obstáculos es un proceso que implica cambios estructurales y una gran voluntad personal que exige enormes sacrificios, con agravantes en cuanto a la especificidad del país con su cultura e idiosincrasia y de la clase y la etnia, el mayor obstáculo siendo la pobreza.

La globalización de las políticas neoliberales ha traído consigo en todos los países un incremento de la pobreza, con un impacto mucho mayor en las mujeres, fenómeno que todas conocemos como la "feminización de la pobreza". Aunque el número de mujeres trabajadoras ha incrementado en todos los países, gran parte de ellas lo hacen en condiciones de brutal explotación.

El modelo prioriza el crecimiento económico y la libre competencia, con grandes costos sociales como el deterioro de la calidad de vida, la ausencia de una legislación que regule y proteja el empleo, la prohibición de la sindicalización u otras formas de asociación de las/os trabajadoras/es y profesionales, o la limitación de la salud reproductiva y sexual.

Particularmente para las mujeres, esta modalidad de producción por la explotación, los parques industriales, las zonas francas y las maquilas ha traído como resultado ingresos de hasta un 50% más bajos que los hombres. El subempleo y el sector informal son áreas laborales donde con frecuencia predomina las mujeres, lo que denota una grave desprotección social y malas condiciones de trabajo.

Incluso en los países desarrollados, el trabajo a tiempo parcial con escasas o nulas oportunidades de promoción y menores salarios es una modalidad laboral creciente, aún en los países nórdicos, que son considerados los más avanzados mundialmente en materia de la condición femenina.

También hay desigualdad salarial por un trabajo de igual valor en la mayoría de los países, a pesar de las leyes. Tal situación constituye sin duda un obstáculo a la participación activa y eficaz de las mujeres en la adopción de decisiones en todos los niveles de la sociedad, desde el familiar hasta el político, tanto local como global. Desde el punto de vista legal, subsisten en muchos países del mundo disposiciones que mantienen a las mujeres y las niñas en una condición inferior respecto a la familia. Estas discriminaciones afectan directamente el poder de decisión de las mujeres y se refieren en particular a la administración de bienes, derechos y deberes entre cónyuges o con las hijas/os.

Por lo general, son pocos los países que cuentan con leyes de protección a la madre soltera o que aplican al pie de la letra la licencia de maternidad, ya que en ocasiones las mujeres que hacen uso de este derecho son despedidas o ven mermadas sus posibilidades de promoción en ese periodo.

Otro de los grandes desafíos de la actualidad es combatir el grado en que la sociedad tolera, o incluso promueve, la violencia contra niñas y mujeres en todas sus formas, incluida la doméstica y sexual. Aunque la mayoría de los países del mundo han firmado o ratificado la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres -aprobada por las Naciones Unidas en 1979- y aunque proclaman en sus instituciones la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, muchas veces sus normas de derecho interno contradicen y son incompatibles con las primeras, y otras veces son letra muerta o solo se aplican parcialmente.

Las mujeres cubanas, como la inmensa mayoría de mujeres de los países capitalistas subdesarrollados de América Latina y del mundo, padecieron todos los males que afectan a estas sociedades: los altos índices de analfabetismo, la subescolarización, la discriminación de clase, raza y género, la carencia de legislaciones que protejan sus derechos y propicien su participación. Además, eran excluidas de la vida pública, pese a que en Cuba las mujeres obtuvieron su derecho al voto en 1934, otorgado mediante decreto presidencial y confirmado en la Constitución de 1940.

Nuestra Revolución ha hecho realidad las premisas esenciales para que las mujeres tengan acceso a cargos directivos y a otros derechos. Se abrieron para ellas todas las oportunidades y está vigente una legislación que asegura sus derechos esenciales. Desde los inicios de la revolución, ha existido la voluntad política de transformar a fondo la situación socioeconómica de las mujeres, de promover su participación en todos los ámbitos y a todos los niveles, promover su incorporación al trabajo remunerado y su preparación cultural, técnica y profesional, así como el reconocimiento de su capacidad creadora, sus potencialidades y su igual condición jurídica y social.

En el momento actual, la inserción de las mujeres cubanas en el proceso de desarrollo del país debe evaluarse como uno de los fenómenos sociales más exitosos ocurridos en estos 45 años de Revolución, pero aún no estamos satisfechas. Las mujeres fuimos objeto de estos beneficios y también hemos sido artífices de esas transformaciones pasando a formar parte de su proyecto de vida el trabajo socialmente útil y la participación activa en todas las esferas de la sociedad.

Aunque se aprecian avances importantes en la participación política de las mujeres y cada día crece el número de las que acceden a posiciones de poder en puestos de toma de decisiones, aún queda mucho por hacer. Todavía persisten, en la conciencia individual de hombres y mujeres, viejas concepciones sexistas que obstaculizan en la práctica el pleno ejercicio de la igualdad. En nuestro país existe un sistema de democracia participativa que logrará un nivel de perfeccionamiento superior en la medida en que las mujeres estén mayormente representadas. La dirección compartida entre hombres y mujeres permite que éstas tengan la oportunidad de participar en la elaboración de políticas en los niveles decisorios y que sus intereses específicos se tengan más en cuenta y aporten toda su inteligencia y potencialidad a la sociedad.

* Integrante de la Federación de Mujeres Cubanas, trabaja en los temas de promoción de las mujeres y medios de comunicación y el acceso de las mujeres a la toma de decisiones.
**Síntesis de la presentación realizada en la Mesa de Dialogo "Políticas para la igualdad de género", I Foro Social Américas, julio 2004, Quito, Ecuador
***Mujeres en resistencia experiencias, visiones y propuestas. Irene León Ed.

martes, 26 de julio de 2011

Feminismo y anarquismo

 
Charla dada por Kathleen O'Kelly (de Irlanda) a la WSM (Workers Solidarity Movement)

"La postura conservadora sobre la mujer pretende que la división sexual del trabajo es "natural" y que el rol que asume la mujer como esposa, madre y ama de casa es algo biológicamente dado. Ellos creen, siguiendo a Freud, que la "Anatomía es el destino".

Yo voy a revisar el pensamiento que han desarrollado las diferentes tradiciones políticas para criticar esta visión del rol de la mujer en la sociedad. En sentido amplio hay cuatro teorías: El Feminismo Liberal, el Marxismo Tradicional, el Feminismo Radical y el Feminismo Socialista. Los voy a presentar en el orden histórico en que aparecieron, aunque estén aún presentes en la política de hoy en día.

El feminismo liberal

Esta tradición proviene de la filosofía liberal para la cual todos deberíamos tener iguales oportunidades.

Las feministas liberales argumentan que es necesario cambiar las leyes que impiden a las mujeres el acceso igualitario a la educación, al trabajo y el parlamento. Pero esto es en vistas a la competencia al interior del sistema; con la creencia que si se derogan estas leyes anticuadas, las mujeres llegaran a ser iguales a los hombres.

Las campañas sufragistas por el voto son un ejemplo del feminismo liberal en acción. Las campañas a favor de la mayor participación de las mujeres en el parlamento, más mujeres jueces y más mujeres jefas, se inscriben en esta tradición.

El marxismo tradicional

La siguiente teoría que criticó la posición de la mujer en la sociedad fue el Marxismo; critica a los liberales por no reconocer la opresión económica de la mujer.

Argumenta que intentar la igualdad en un sistema de clases es imposible; para ellos la opresión de las mujeres es un síntoma de una forma de opresión mucho más básica: el sistema capitalista de organización social.

A partir de allí, la liberación de la mujer sólo podría ser alcanzada en una sociedad sin clases ya que en una economía capitalista la discriminación no puede ser absolutamente eliminada; tanto el contingente de potenciales trabajadores desempleados como los bajos salarios son necesarios para las grandes ganancias del capitalista.

Argumentan que las mujeres deben formar parte de la clase trabajadora para, en conjunto con los hombres, derribar la dominación de clases.

El problema con el Marxismo tradicional fue que no se refirió a la opresión de la mujer en la vida privada, por ejemplo el trabajo doméstico, la crianza de los hijos y la violencia doméstica.

En los países en los que la política Marxista se puso en práctica, como Rusia y Cuba, el rol de las mujeres en el campo laboral cambió pero no lo hizo el rol dentro del hogar. Esto significó para la mayoría de las mujeres el tener una doble carga: una en el trabajo y la otra en el hogar.

Feminismo radical

El feminismo radical se desarrollo a finales de los 60 y principios de los 70 como una reacción a la falta de análisis de género dentro de la tradición Marxista. Aunque también se desarrollo a partir de que los logros de las feministas liberales en las áreas de las leyes, el voto y el empleo, no significaban un cambio en la opresión de las mujeres.

Las feministas radicales argumentan que es la institución social del género, y no el sistema económico, el origen de la opresión de las mujeres. En otras palabras la causa es el patriarcado, no el capitalismo.

Plantean que hay que mirar todas las relaciones que determinan la subordinación de las mujeres, antes que centrarnos en el aspecto de las mujeres como trabajadoras. Las feministas radicales fueron las que inventaron la frase: "lo personal es política", y fueron las primeras en centrar la atención en la opresión al interior del hogar.

Ellas creen que todos los hombres se benefician con la opresión de las mujeres y no creen que pueda ser abolida en una sociedad de clases.

La heterosexualidad es vista como una construcción sexual y una forma de dominación necesaria para mantener el patriarcado.

Defienden el lesbianismo como el único camino para desarrollar plenamente la sexualidad femenina sin que medien relaciones de poder.

Políticamente esto conduce a una posición separatista, que se traduce en que las mujeres deben luchar juntas y separadas de los hombres, en contra del los hombres para terminar con la opresión. Esta filosofía es representada por escritoras como Andrea Dworkin y Catherine McKinnon y en campañas como las de la Comunidad de Greenham.

Como podrán imaginar esta filosofía ha provocado fuertes reacciones de distintos sectores pero yo quisiera enfocarme en el problema que esta teoría tiene para los Anarquistas.

En primer lugar, no hay análisis de clase; frente a lo cual las feministas radicales argumentan que todas las mujeres comparten la misma opresión. Aunque las leyes de mujeres como Margaret Thatcher o Benazit Bhutto opriman a las mujeres, las feministas radicales platean que es porque ellas han entrado en el "sistema de valores masculinos" y han olvidado a sus hermanas. Agregarían que Margaret Thatcher tiene más en común con las mujeres oprimidas que con la clase dominante masculina, ¡lo único, es que no se ha dado cuenta!

En segundo lugar, su teoría no contempla la movilidad que permita explicar el cambio social. Mientras el materialismo histórico de las socialistas explica el cambio social, las feministas no tiene una teoría correspondiente.

En tercer y último término esta teoría nos remite a una visión conservadora con la noción de determinismo biológico, ellas plantean que hay diferencias esenciales entre los sexos. Los hombres son vistos como "naturalmente" opresivos y las mujeres son vistas como "naturalmente" mejores que los hombres. Esto no es muy alentador para el desarrollo humano en general.

El feminismo socialista

El feminismo socialista ha intentado mediar con estos problemas uniendo las mejores partes del feminismo radical con un análisis de clase sobre la opresión de las mujeres.

Esta teoría plantea que tanto la sociedad de clases como la institución del género deben ser eliminadas para que las mujeres determinen libremente las condiciones de sus propias vidas.

La opresión es el resultado de la interacción entre el patriarcado y el capitalismo.

Rechazan la dicotomía entre el hogar y el trabajo y enfatizan el papel que juegan las labores domésticas en el mantenimiento de la explotación de una sociedad de clases. Las feministas socialistas trabajan en sindicatos o en partidos de izquierda.

¿Funciona esta unión entre el Marxismo y el feminismo?

El problema es que el capitalismo nos remite a un sistema económico y el patriarcado nos remite a un sistema cultural. Las socialistas creen que el sistema cultural y sus manifestaciones como el sexismo y el racismo son producto del sistema económico capitalista. Yo pienso que es difícil argumentar que el capitalismo y el patriarcado funcionan en un mismo nivel.

Conclusión

Es importante entender estas teorías feministas por numerosas razones.

En primer lugar nos ayudan a entender las tácticas adoptadas por distintos grupos en torno a los temas de la mujer; por ejemplo, durante el Plebiscito sobre el Aborto, había grupos con distintas posiciones.

La campaña de anulación de la octava enmienda, enfatizada por los medios de comunicación y el lobby político, procedía de una perspectiva liberal. Aquellas que pretendían modificaciones en el tratado eran de tendencia Marxista, tradicional. La Coalición de las Mujeres, como organización aparte de los hombres, tenía una perspectiva radical. La DAIC era la que estaba más cerca de una posición Feminista- socialista.

En segundo lugar, el entender estar teorías nos ayuda a reconocer los distintos argumentos que esgrimen las feministas; del mismo modo que es necesario entender el concepto de socialismo cuando se debate con otros socialistas, el entender las diferencias dentro del feminismo nos ayuda a plantear un debate adecuado y determinar las verdaderas diferencias en nuestros planteamientos políticos.

En tercer lugar, el entender las teorías feministas nos ayuda en la creación de nuestra propia política en el área de la opresión de la mujer. El análisis de las feministas radicales sobre el trabajo domestico de la mujer ha sido una contribución importante a todo el debate sobre la igualdad entre los sexos. El postulado anarquista sobre la libertad personal nos ayuda a incorporar este tema, muchas veces descuidado, en nuestros planteamientos políticos. Como anarquistas estamos en contra de la opresión sobre la mujer en el hogar, en el trabajo y en el Estado.

Tomado de:
http://www.nodo50.org/mujerescreativas/Anarquismo%20y%20feminismo.htm
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