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domingo, 17 de julio de 2011

BREVÍSIMO REPASO DE LA REVOLUCIÓN FEMINISTA (s.XVIII-s.XX)

Por Héctor Gutiérrez G.*

“Una sociedad socialista es inconcebible sin la total participación de la mujer en un plano igual al hombre”. Argelia Laya

Una revolución será revolución cultural, o no será. Las grandes revoluciones producidas en la historia de la Humanidad han sido procesos de trasformación de la cultura material y no material,  de cambios en la redistribución de lo que hace falta para vivir con dignidad humana, y de reconocimiento de la diversidad humana, su continuidad y libertad de creación. Estas han sido realizadas por los Pueblos ante un Orden establecido para el privilegiado “beneficio” de unas pocas élites: el “Sistema-mundo Capitalista Patriarcal”, sostenido en la desigualdad material, el desconocimiento cultural, y el reparto “democrático” de miserables migajas a las grandes mayorías excluidas, a su vez son “representadas” de manera distorsionada (estereotipada) y discriminatoria por quienes fabrican una presuntuosa “cultura masiva” y elaboran una arrogante “Historia Universal”.

Ante tal Sistema, las mujeres han avanzado por ellas mismas en pro de su dignificación, libertad y autonomía, según cada momento histórico, por una pluralidad de perspectivas y estrategias, y de tales logros se han beneficiado posteriormente miles de mujeres hasta el sol de hoy, originando una cultura feminista de múltiples matices, constituyendo así varios “Feminismos”.

Precursoras revolucionarias internacionales

Hubo mujeres que lucharon contra los prejuicios, discriminaciones, opresiones y explotaciones del Sistema patriarcal y su dominación machista, orden mantenido por una élite de varones heterosexuales, blancos anglo-europeos, clase media urbana, letrada profesional, propietaria capitalista y ortodoxa en sus religiones (así como por aquellos seguidores de dicho “modelo de Hombre”). Tal ideología de supremacía explica que quienes crearon y elaboraron Repúblicas, códigos y constituciones, fueron los mismos que en su mayoría encerraron en conventos, cárceles y manicomios –e incluso asesinaron– a las mujeres que  reivindicaban sus modernos derechos básicos. Ejemplo de tales feministas fueron Christine De Pizan, Emily W. Davison, Madame B.B., Olympia de Gouges, Mary Wollstonecraft, Harriet Taylor Mill, Lucretia Mott, Elizabeth Cady Staton, Sojouner Truth, Louise Michel, Virginia Wolf, etc.

Revolución y Feminismo, experiencias hermanas
Tales mujeres abrieron el camino para una Nueva Generación que enfiló sus cuestionamientos al lado Capitalista del machismo, incluyéndose ahora las amas de casa, las campesinas, obreras, estudiantas y académicas. Entre ellas, destacamos la labor de Flora Tristán, Concepción Arenal, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontaieva, Lucy Parsons, Teresa Claramunt, Soledad Gustavo y Emma Goldman, quienes postularon la autodeterminación de las mujeres sobre sus vidas, sobre sus cuerpos, en un campo de solidaridad internacionalista, revolucionaria y autogestionaria.

Con la creencia de que “postergar la liberación de las mujeres era igual que postergar la revolución” (Kollontai), en forma colectiva ellas impulsaron logros que aún hoy son reinvindicados por revolucionarias y/o feministas: La participación de las mujeres en procesos sociales y políticos, libertad de matrimonio y divorcio, igualdad entre hijos/as legítimas e ilegítimas, aborto libre, crítica a toda esclavitud sexual, igualdad en los derechos laborales entre mujeres y hombres con reducción horaria y salario de maternidad, socialización del trabajo doméstico, la crianza y el cuidado familiar, servicios estatales de casas de maternidad, guarderías, pre-escolares, escuelas, comedores y lavanderías populares, derecho a la alfabetización, educación y creación artística, derecho a la igualdad y libertad verdaderamente universales, control autónomo popular-obrero de carácter laico e internacionalista, y cambios en las costumbres, hábitos, psicología y moral –tanto social como sexual– para la construcción emancipatoria de una sociedad de hombres y mujeres nuevas, basada en la solidaridad, el amor a la colectividad, el compañerismo, la camaradería, el amor libre y genuino.   

Alrededor del año 1968, muchas feministas encaminaron sus críticas al lado Machista del capitalismo. Ejemplo de ello fue Simone de Beauvoir, quien en su obra El Segundo Sexo expresó que “No se nace mujer, se llega a serlo” (que en el caso de los hombres sería “No se nace hombre, se llega a serlo”), inaugurando el fin del determinismo basado en lo biológico y sus rasgos (“el sexo”), mostrando los condicionamientos y “deberes” culturales machistas que son inculcados a las personas mediante diferentes medios e instituciones, abriendo el debate hoy conocido como Perspectiva de Género, seguido después por Marcela Lagarde (Los Cautiverios de Mujeres).

La exploración del Capitalismo machista y sus consecuencias en hombres y mujeres, al interior del debate entre las revoluciones socialistas-libertarias y los distintos feminismos, puede iniciarse con reflexiones como estas: “La lucha antisexista no está dirigida solamente como una lucha anticapitalista, contra las estructuras de la sociedad en su conjunto: ella ataca a cada uno de nosotros, a lo que nos es más intimo y que nos parece más seguro. Cuestiona hasta nuestros deseos, hasta las formas de nuestro placer. No hay que retroceder frente a este cuestionamiento; más allá del desgarramiento que nos producirá en nosotros mismos, destruirá alguna de nuestras amarras, nos abrirá a nuevas verdades” (Simone de Beauvoir, 1974).

Feminismo nuestro de cada día

Algunas de nuestras mujeres pioneras: Araira, Ana Soto, Anapuya, Guiomar de Buria, María-Rha, Oroconay, Urquía, Ana Francisca Pérez de León, Josefa Joaquina Sánchez,  Josefa Camejo, Juana Ramírez La Avanzadora, Leonor Guerra, Domitila Flores, Concha Velásquez, Paula Correa, Luisa Cáceres de Arismendi, y feministas como Carmen Clemente Travieso (reportera) y Eumelia Hernández (sindicalista); Belén Sanjuán (educadora); Luisa del Valle Silva (poetisa); Carmen Casassa y Franca Donda (cineastas); Elisa Jiménez, Giovanna Machado, Panchita Soublette, Rosa del Olmo y Lisbeth Guevara (defensoras), Irene Ugueto (de la Unión de Mujeres Negras); Giovanna Merola (ecologista), Tecla Tofano y Argelia Laya (socialistas)…. Una pequeña “muestra” de aquellas que han contribuido al avance del feminismo, creando una memoria y una trayectoria propias, abriendo espacios y derechos a mejorar con la participación de todas y todos. 

Este repaso breve por la trayectoria de las pioneras feministas es un abreboca para reconocer y reflexionar sobre su lucha por la superación del histórico Capitalismo Patriarcal: “El machismo, que reduce a la mujer a una condición inferior, es hijo legítimo de la explotación del hombre por el hombre, es el mejor aliado del Capitalismo. El hombre y la mujer de las clases explotadas, los militantes revolucionarios que defienden al machismo y lo practican constantemente en su familia y en las relaciones con la sociedad, sirven de instrumento a sus opresores, porque marginan a la mujer de la lucha de clases, conciente o inconscientemente (....) A los dueños del Poder... no les interesa que la mujer se libere de las cadenas mentales que la convierten en un ser incapaz de pensar, incapaz de entender y sentir la necesidad de cambiar este Sistema injusto, y de luchar por su familia para alcanzar el derecho al trabajo, a la satisfacción de sus necesidades y la plena realización de su personalidad. Para impedir que la mujer despierte y se incorpore a la revolución y a la lucha por sus derechos, le han hecho creer que la política es un asunto <sólo para hombres> (....) La Mujer-objeto-inferior-débil-dependiente; el Hombre-superior-posesivo-dominante-emprendedor... la relación de la pareja Hombre-Mujer en este Sistema, es así determinada por los patrones de conducta que imponen los amos de esta sociedad injusta”[1].


*Sociólogo. Activista Comunitario. Ecologista.  Cineclubista. Pro-feminista.
[1] Argelia Laya, Nuestra causa, 1979.

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