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miércoles, 27 de julio de 2011

La revolución cubana y sus políticas de igualdad de género

Arelys Santana*

Para analizar la participación política de las mujeres y su acceso a la toma de decisiones, debemos reconocer el carácter universal indivisible, interdependiente e interrelacionado de todos los derechos humanos, que comprenden los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos; incluido el derecho al desarrollo.

Sabemos que la representación de las mujeres en los puestos de toma de decisiones es insuficiente y son diversos los obstáculos para alcanzar una participación igualitaria, tan necesaria para el respeto de los derechos humanos de las mujeres. El proceso es sumamente complejo porque invierte los roles sociales, asignados y asumidos, de subordinada a dirigente.

Para acceder al poder es necesaria la participación social. Pero para las mujeres, la participación adquiere otras complejidades, pues su rol social se vincula estrechamente al rol familiar y doméstico asignados. Las posibilidades de participación y acceso al poder exigen una plataforma estructural, que garantice al menos algunas premisas, que consta de tres ejes principales: la oportunidad de empleo, de calificación y de acceso a la salud reproductiva. Naturalmente, las oportunidades de empleo guardan un vínculo dinámico con la posibilidad de calificación.

La mayoría de menores que abandonan los estudios son niñas, ya sea porque se necesita de su trabajo doméstico o porque se prefiere invertir en el hermano varón. Según datos de la UNESCO, unos 60 millones de niñas en el mundo (comparadas con 40 millones de niños) no tienen acceso a la educación primaria. A esto se añade la tendencia a que las niñas y jovencitas asuman estudios tradicionales, de segundo y tercer nivel, que perennizan los roles de personas subalternas asignados. Hay una desproporción entre la escasa presencia femenina en los estudios de conocimientos técnicos de punta y el gran énfasis puesto en las carreras relacionadas con el servicio y atención a otros (secretarias, enfermeras, auxiliares).

En el empleo vemos las mismas tendencias. No sólo la especialización les permite menor competitividad, sino que esto se profundiza por el impacto del desarrollo tecnológico aplicado a la esfera laboral y el hecho de que incluso en los países altamente industrializados el crecimiento económico no elimina el desempleo. Por ello, a nivel internacional las mujeres se ven desplazadas hacia los empleos peor remunerados, frecuentemente en el sector informal, o a la contratación parcial de su fuerza de trabajo y, en muchas ocasiones, para labores subordinadas.

En cuanto al tercer componente de la plataforma, la salud genésica, podemos decir que "si una mujer carece del poder de decisión con respecto al embarazo y al parto, queda menoscabado su poder de decisión en otras esferas".

Mueren cada día miles de mujeres por causas relacionadas con el embarazo y el parto. La salud reproductiva es un elemento decisivo para propiciar la participación femenina. Las enfermedades de transmisión sexual, en particular la pandemia del SIDA, el embarazo precoz, y el aborto son temas que se relacionan con la salud femenina pero también con la especificidad de su sexualidad. La libertad sexual de las mujeres está condicionada por factores sociales y materiales además de ideológicos, y por ello las políticas vigentes de atención a la salud y planificación familiar condicionan el ejercicio de la sexualidad.

La tríllada -calificación, empleo y salud reproductiva- tiende a convertirse en el obstáculo más severo para la incorporación social de las mujeres, sobre todo en el Tercer Mundo. Sobrepasar estos obstáculos es un proceso que implica cambios estructurales y una gran voluntad personal que exige enormes sacrificios, con agravantes en cuanto a la especificidad del país con su cultura e idiosincrasia y de la clase y la etnia, el mayor obstáculo siendo la pobreza.

La globalización de las políticas neoliberales ha traído consigo en todos los países un incremento de la pobreza, con un impacto mucho mayor en las mujeres, fenómeno que todas conocemos como la "feminización de la pobreza". Aunque el número de mujeres trabajadoras ha incrementado en todos los países, gran parte de ellas lo hacen en condiciones de brutal explotación.

El modelo prioriza el crecimiento económico y la libre competencia, con grandes costos sociales como el deterioro de la calidad de vida, la ausencia de una legislación que regule y proteja el empleo, la prohibición de la sindicalización u otras formas de asociación de las/os trabajadoras/es y profesionales, o la limitación de la salud reproductiva y sexual.

Particularmente para las mujeres, esta modalidad de producción por la explotación, los parques industriales, las zonas francas y las maquilas ha traído como resultado ingresos de hasta un 50% más bajos que los hombres. El subempleo y el sector informal son áreas laborales donde con frecuencia predomina las mujeres, lo que denota una grave desprotección social y malas condiciones de trabajo.

Incluso en los países desarrollados, el trabajo a tiempo parcial con escasas o nulas oportunidades de promoción y menores salarios es una modalidad laboral creciente, aún en los países nórdicos, que son considerados los más avanzados mundialmente en materia de la condición femenina.

También hay desigualdad salarial por un trabajo de igual valor en la mayoría de los países, a pesar de las leyes. Tal situación constituye sin duda un obstáculo a la participación activa y eficaz de las mujeres en la adopción de decisiones en todos los niveles de la sociedad, desde el familiar hasta el político, tanto local como global. Desde el punto de vista legal, subsisten en muchos países del mundo disposiciones que mantienen a las mujeres y las niñas en una condición inferior respecto a la familia. Estas discriminaciones afectan directamente el poder de decisión de las mujeres y se refieren en particular a la administración de bienes, derechos y deberes entre cónyuges o con las hijas/os.

Por lo general, son pocos los países que cuentan con leyes de protección a la madre soltera o que aplican al pie de la letra la licencia de maternidad, ya que en ocasiones las mujeres que hacen uso de este derecho son despedidas o ven mermadas sus posibilidades de promoción en ese periodo.

Otro de los grandes desafíos de la actualidad es combatir el grado en que la sociedad tolera, o incluso promueve, la violencia contra niñas y mujeres en todas sus formas, incluida la doméstica y sexual. Aunque la mayoría de los países del mundo han firmado o ratificado la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres -aprobada por las Naciones Unidas en 1979- y aunque proclaman en sus instituciones la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, muchas veces sus normas de derecho interno contradicen y son incompatibles con las primeras, y otras veces son letra muerta o solo se aplican parcialmente.

Las mujeres cubanas, como la inmensa mayoría de mujeres de los países capitalistas subdesarrollados de América Latina y del mundo, padecieron todos los males que afectan a estas sociedades: los altos índices de analfabetismo, la subescolarización, la discriminación de clase, raza y género, la carencia de legislaciones que protejan sus derechos y propicien su participación. Además, eran excluidas de la vida pública, pese a que en Cuba las mujeres obtuvieron su derecho al voto en 1934, otorgado mediante decreto presidencial y confirmado en la Constitución de 1940.

Nuestra Revolución ha hecho realidad las premisas esenciales para que las mujeres tengan acceso a cargos directivos y a otros derechos. Se abrieron para ellas todas las oportunidades y está vigente una legislación que asegura sus derechos esenciales. Desde los inicios de la revolución, ha existido la voluntad política de transformar a fondo la situación socioeconómica de las mujeres, de promover su participación en todos los ámbitos y a todos los niveles, promover su incorporación al trabajo remunerado y su preparación cultural, técnica y profesional, así como el reconocimiento de su capacidad creadora, sus potencialidades y su igual condición jurídica y social.

En el momento actual, la inserción de las mujeres cubanas en el proceso de desarrollo del país debe evaluarse como uno de los fenómenos sociales más exitosos ocurridos en estos 45 años de Revolución, pero aún no estamos satisfechas. Las mujeres fuimos objeto de estos beneficios y también hemos sido artífices de esas transformaciones pasando a formar parte de su proyecto de vida el trabajo socialmente útil y la participación activa en todas las esferas de la sociedad.

Aunque se aprecian avances importantes en la participación política de las mujeres y cada día crece el número de las que acceden a posiciones de poder en puestos de toma de decisiones, aún queda mucho por hacer. Todavía persisten, en la conciencia individual de hombres y mujeres, viejas concepciones sexistas que obstaculizan en la práctica el pleno ejercicio de la igualdad. En nuestro país existe un sistema de democracia participativa que logrará un nivel de perfeccionamiento superior en la medida en que las mujeres estén mayormente representadas. La dirección compartida entre hombres y mujeres permite que éstas tengan la oportunidad de participar en la elaboración de políticas en los niveles decisorios y que sus intereses específicos se tengan más en cuenta y aporten toda su inteligencia y potencialidad a la sociedad.

* Integrante de la Federación de Mujeres Cubanas, trabaja en los temas de promoción de las mujeres y medios de comunicación y el acceso de las mujeres a la toma de decisiones.
**Síntesis de la presentación realizada en la Mesa de Dialogo "Políticas para la igualdad de género", I Foro Social Américas, julio 2004, Quito, Ecuador
***Mujeres en resistencia experiencias, visiones y propuestas. Irene León Ed.

1 comentario:

aisnet dijo...

Desgraciadamente en Cuba el peso del cuidado de la familia lo llevan las mujeres (tanto niños como ancianos), las ayudas de su pareja o del estado son escasas.
El sexismo como forma de conseguir recursos es muy grande, desde las jineteras a las camareras con unos uniformes en los que quede clara la feminidad son bien abundantes. Los gobiernos completamente masculinos no nos dan una idea de la incorporación de la mujer en tomas de decisión.
Esperamos que las preparadas mujeres cubanas nos sorprendan ,cuestionandose y cambiando estos parametros.

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