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jueves, 28 de julio de 2011

Otra impunidad revisada

Editorial Diario de Centro América

En la contemporaneidad, el proceso de hacer justicia nos ha llevado por caminos que eran inimaginables hace 20 años. La comunicación y conciencia han crecido, y en la mayoría de los casos vemos cómo los crímenes contra la humanidad ofenden profundamente, pero sobre todo demuestran la cosificación de las personas y la alienación utilizada con el fin de deformar a las personas para el terror y la violencia. Esta premeditación metodológica es la que se persigue, esta exacerbación de un comportamiento de máquina en los humanos es lo que debemos erradicar. Lo que fue un procedimiento de guerra, agredir a la mujer de manera específica, en tiempos del conflicto armado, se ha convertido en una práctica sostenida. La violencia de género es la criminalidad que resulta de la desproporción negativa con que la sociedad considera a la mujer. Como se ha repetido en mucha ocasiones, la agresión a la mujer comienza en la mirada por busca convertirla en objeto, sigue en su menosprecio como profesional o liderersa política y termina en una actitud cultural aceptada dentro de los hogares. El tema de la violencia contra la mujer termina en el feminicidio, el homicidio perpetrado contra las mujeres a causa de su género.

Ayer, como punto histórico para la Audiencia Nacional Española, el magistrado Santiago Pedraz admitió para su investigación la querella interpuesta por la Premio Nobel Rigoberta Menchú, que acusa a los gobiernos, como representantes del Estado, comprendidos entre 1979 y 1986 de haber cometido feminicidio en Guatemala, en especial, contra las mujeres de origen maya, que sufrieron más del 95 % de la agresión sexual por parte de integrantes del Ejército de Guatemala de aquellos tiempos.

Sale a luz en las declaraciones del magistrado que esta agresión se hizo de manera sistemática, que se entrenó a estos batallones en tales técnicas y que se les dio instrucciones “precisas” de cómo realizarlas. La finalidad de este tipo de ofensa es la demostración del poder. Con ello se busca denigrar y disolver la base de las comunidades atacadas. Al final tenemos una conducta perpetuada de impunidad de la violencia contra las mujeres, convertidas en un objeto sometido a los caprichos del poder.

Históricamente, el primer Estado en ser condenado por feminicidio fue México, por el famoso caso de ocho mujeres asesinadas de Ciudad Juárez y la indiferencia de las autoridades de turno para investigarlo. La Corte Interamericana de Derechos Humanos así lo dictaminó en el 2009. Ahora es el Estado de Guatemala el que será investigado por esos hechos que cobraron miles de vidas y trastocaron el destino de comunidades enteras. En la lucha contra la impunidad, estos delitos cobran un relieve importante y nos instan a ir contra una cultura patriarcal y machista que olvida a la mujer como humana y la deja como un instrumento para el abuso y el ultraje.    

Tomado de: http://168.234.166.35/es/20110727/Opinion/

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