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viernes, 26 de agosto de 2011

Carta al amante imaginado

Por: Carolina Guerra Ariza*

Bogotá, 21 de enero de 2011

Mi amante imaginado,

¿Cómo me gustaría que existieras? Con sueños rotos para hacer una colcha de retazos con los pedazos de sueños míos, plumas blancas, plumas negras, plumas multicolor, que vuelan y brillan creando mis contornos para que tú los reconozcas ¿quién si no tú?; con pies recién hechos para caminos no creados, entonces serán las huellas las responsables de los caminos, entonces serán los caminos el indicio de nuestra existencia, entonces será el nosotros, temerosos, asidos de las manos, maravillosos, un poco condenados, bellos y felices, con un par de gotas de ajenjo y tristeza, sí, ajenjo y tristeza, sólo para no perder la costumbre.

¿Cómo me gustaría que existieras? Con existencia plena, con cada uno de tus órganos empeñados en otorgarme vida; hecho de palabras que dialoguen con las mías, esas que, por su parte, de a pocos te crean: hombrecito milenario corruptor del tiempo para que mis sonrisas vivan escondidas en las hendijas de esa costilla que te hace falta por capricho del creador, costilla imaginada que evoca las mías, esas desde las que te engendro ya sin la mediación de mano divina: ahora tú naces de mi costilla, te reivindico con mi ánimo de artífice que te piensa, que te da forma, con cada gramo de palabra que le es posible.

¿Cómo me gustaría que vivieras? Aferrado a mi más profunda piel, soñando mi alma que flota en cada lugar posible, despertando con mi imagen durmiente a tu lado, en ti, llena de rezagos de noche, en donde nos encontramos como sólo es posible a los amantes, privilegio de quienes asumen por atributo el paso de los días con la certeza del otro… hermosa certeza, sublime certeza.

¿Cómo me gustaría que vivieras? aferrado a mis suspiros, sabiendo que el espacio, el tiempo, el ser, el todo y la nada nos pertenecen aun antes de encontrarnos, sabiendo que sólo habrá otro par de huellas, que el universo nos pertenece a pesar de la muerte o precisamente por ella.

¿Cómo me gustaría que fueras? Con cada respiración ocupando el exacto lugar de tu respiración tuya, encontrando tu rostro en el lugar de tu rostro, cada arruga, lunar, perfección o imperfección, con cada sueño siendo soñado por ti, con cada fragmento de tu vida iluminado por tus empeños de acción, sumando tus momentos para crear tus circunstancias sin variación alguna: siendo tú en tu totalidad, nada más, nada menos.

Tras todo esto sólo te pido un privilegio, mi desconocido amante: que sepas, antes que yo misma, si llega mi momento de partir, que me regales alas, hechas con tu materia, cuando esa otra certeza se aferre a los días, que sepas que mi amor fue para siempre… porque el para siempre de los amantes no tiene unidad de medida desde el mundo, por eso es inconmensurable, por eso sólo se lo puede medir con la eternidad…

¿Volveré? No lo sé, pero, si es así, será otro para siempre, y si no, será nuestra existencia más allá de nosotros mismos, justo al lado del primer indicio de existencia humana sobre la faz de este mundo: seremos tú y yo, mi indeleble amante, indagando por la piedra de la aurora lejana que inició con nuestra historia, inevitablemente, si fin.
      
Tu Amada


*Joven escritora y poetiza nacida en Colombia, he descubierto sus palabras a través de la web y he tenido la maravillosa oportunidad de hablar con ella en persona, recibiendo sus creaciones y su magia a través de su voz y sus letras. Sin publicaciones por el momento, he decidido mostrarles uno de sus escritos el cual, debo decir, es uno de mis predilectos… Con expectativas ciertas de perpetuación en el tiempo, eras, distancias; les entrego esta carta como un regalo en esta comunicación sorora.

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