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viernes, 12 de agosto de 2011

Necesito tus observaciones de mujer

 Por: Paola Quirós Cruz

Estimada Alicia,

Aunque no he tenido el placer de conocerte, mi alma presiente que este, aunque virtual, es un reencuentro de las mujeres del aquelarre, quienes hemos danzado alrededor del fuego vital brindando luz al laberinto de posibilidades que llevamos dentro y en colectivo.

Necesito hablar, desde esta diáspora que me cuestiona cada día, y te he escogido para que me escuches, honorando toda esa pasión y compromiso que sientes por nuestro genero.

Ayer fue un día de hecatombes, de confrontamiento, de dolores escondidos. El día inicio con la lucha sistemática por el adormecimiento de muchas y muchos, en  Colombia frente a la violencia de género. Los comentarios de la Senadora Liliana no me hicieron esperar. Redacte una carta desde mi conocimiento humilde y abierto, puse unos tantos twitts y escribí bastante en la página de Pirry frente al tema. Dolía, pero a la vez sentía un descanso el poder expresar sin taparme la boca para quedar bien con las expectativas sociales.

Como dice Clarissa Pinkola Estes, a veces ser nosotras mismas nos causa ser exiliadas de otr@s.  Sin embargo, cumplir con lo que otr@s quieren nos causa exilarnos de nosotras mismas. Luego en medio de la tarde otro cuestionamiento, una llamada de algunas que recibo en mi trabajo, cuestionando mi acento y si estábamos localizados en las Filipinas, una pregunta fuera de tono con la intención de interponer una queja a la organización. De nuevo sentía, que mi posición como mujer e inmigrante se vulneraba, nos siguen viendo como ciudadanas de tercera categoría. Dialogue con mi jefe y trate de comprender quien había hecho el comentario, de que comunidad aislada llamaba, pero aun así mis sentidos no podían remediar la rabia y el desasosiego que sentía.

Emocionada, pensé, iría a casa de una compañera Colombiana a cenar, cocinar y charlar un rato. Era momento de dejar la lucha por la democracia, por la inclusión y los derechos mujeriles atrás. No fue así. No se fueron por el patio de atrás, entraron conmigo por la puerta principal. En medio de una deliciosa cena, puse el tema de la Senadora. Allí estaba su compañero, hombre blanco Canadiense quien dijo "que más se puede esperar de Colombia, igual el maltrato al hombre allí es terrible". Pum! todos los botones de alarma se prendían sin evitarlo. De nuevo enfrentando esa eterna discusión, de que "nosotros también somos abusados", invalidando nuestra palabra, y los accionares y luchas del movimiento. Desprestigiando los hechos reales de abuso al género, un tema ruidoso para much@s, como lavar o planchar.

En medio de la discusión, donde se escuchaba al unísono solo la voz del hombre y yo no podía terminar mis frases, aseguro que Colombia es un país matriarcal. Ja! pensé yo, si así fuera en Colombia hace tiempo estaríamos viviendo el sueño de Gioconda Belli. Su concepto de matriarcado es que las mujeres somos cabezas de familia, cocineras, cuidadoras, amantes, esposas, hermanas, hijas y que somos unas berracas porque hacemos todo eso. Lo que el olvido es que son papeles que no son socialmente-económicamente reconocidos, y que cuando se trata de nosotras y nuestras opiniones frente a la política, el conflicto, el deporte, el arte, es mejor que sigamos leyendo Vanidades y vayamos al gimnasio.

Y replico "si en Colombia hay machismo es culpa de todas las mujeres, victimas ustedes de su propio invento". Entonces, claro, la culpa es de nosotras, y si queremos soluciones somos las únicas que podemos remediarlo! Volví a mi ejercicio de contextualizar la charla y entender quien me estaba diciendo esto. Aunque no era un hombre latino refutándolo, supe entrever su privilegio y poder como hombre blanco.

Inevitablemente su voz en alto y sus connotaciones de “cuando digas algo ten suficiente información para respaldarlo” (y use cifras dadas por Florence en Conversaciones con Violeta)  trajo recuerdos de los gritos de mi padre, sobre cualquier opinión contraria a la suya, y me hizo preguntarme sarcásticamente ¿hizo mi madre algo para que mi progenitor la persiguiera con un cuchillo, la golpeara hasta la saciedad, y hoy ella se vea al espejo con esa marca de dolor que él dejo en sus ojos y su alma? Fui hacia adentro y abrace a esa joven, esa niña, recordando todo el proceso de sanación que emprendí para romper todas esas cadenas.

En medio de la noche, sentía que me iba despedazando, todo el conocimiento, toda la experiencia, todo el discurso feminista se me trababa en la boca. Y pensar que solo 5 minutos antes de entrar en aquella casa había culminado en el bus, Conversaciones con Violeta! Qué ironía me decía a mí misma.

Para concluir Alicia, vino el mayor derrumbe. Al regresar a mi casa-templo, un hombre de unos 50 años, intimidaba mujeres en la parada del bus. Lo observe de lejos, y pensé "what a loser"!

Preciso tomo el mismo bus que yo tomaría, entablando conversación con una joven japonesa estudiante de Ingles, que llevaba su maleta y estaba acompañada de otras dos chicas de su cultura.  El hombre se vendió como un gran educado, PhD, doctor, viajero, etc. Ella solo sonreía y respondía con un inglés básico, el mismo que una medio sabe cuando se enfrenta a un mundo como este. Fui testigo de toda la conversación antes de abordar el bus.

Ya en el bus, la empezó a arrinconar contra la puerta de salida, la chica no tenia escape. No podía ni respirar. Nadie hacia nada, todos y todas escuchábamos la irrelevante conversación, digo, monologo del hombre. La pasajera que iba a mi lado, no soporto más. Lo paro, le pidió que la dejara sola y que se bajara del bus. Ella como yo había testificado también el comportamiento intimidador de aquel hombre en la parada del bus. Yo intercedí entonces, no había sido capaz de hacerlo antes aunque mi instinto me lo pedía. Tenía miedo de quedar en ridículo, lo acepto, miedo de ser linchada socialmente.

Entonces aquel hombre empezó a gritar, se le enfrento a mi vecina de puesto, simulando que la iba a golpear. Los pasajeros estaban adormecidos, otros impacientes de parar el "show", otros seguían con su Iphone o su libro cotidiano. Todas las mujeres, observaban. Me pare, le pedí al conductor que parara el bus y retirara a tal hombre del vehículo. Recibí un " don't panic, calm down, you are exagerating". Tuve que amenazarlo con llamar a la policía sino lo hacía, y fue allí donde la voz de un hombre grito, y el conductor reacciono. Una voz grave lo hizo reaccionar, la mía, fue entendida como puro escándalo.

Después de varios insultos de aquel intimidador, donde nos dijo que nos faltaba que “nos cogieran bien duro o nos dieran en la cabeza”, los y las pasajeras seguían en silencio. Dije en voz alta "esto nos puede pasar a cualquiera de nosotras, por ello debemos hacer algo". Las chicas japonesas estaban en letargo, mi vecina sintiendo una culpa social que no debía asumir, por haber parado un abuso y yo, temblaba de miedo, me sentía derrotada.

Gracias Alicia, por leerme. Me encantaría recibir comentarios respecto a esto que aun digiero y que como dice Florence Thomas, ya no escuchamos las canciones del mismo modo, ni leemos una página sin analizarla, ni nos tragamos entero un anuncio comercial. Es cierto, mi vida desde hace un tiempo para acá no es la misma, porque ahora para muchos y muchas soy "amargada, contestataria, no se divertirme" solo porque defiendo mi genero, como un compromiso que inició por mi propia historia personal, por muchos abusos que de parte de un hombre tuve que recibir y callar.

Y ahora me queda una pregunta, en otro bus, un día dejando la única playa nudista de Vancouver, un chico francés se me sentó al lado y me pregunto ¿Qué lees? Era El país de las mujeres, le explique un poco. Y me dijo " ¿Eres feminista entonces? ¿En qué organización trabajas? ¿Qué clase de activismo haces?" y no supe que decir, pues creo humildemente que mi activismo es con mi genero, con las muchas mujeres que me rodean día a día, con la lealtad que me tengo a mi misma.

¿Es ser feminista una labor o también una pasión, un compromiso?

Abrazos sororos de MujeRevolucion, Paola.

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