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viernes, 12 de agosto de 2011

Palabras de una mujer feminista para mi amiga Paola.

Por: Alicia Guevara

Paola, No sabes cuánto entiendo y comparto tus palabras, cuan identificada me siento hoy contigo, cuantas diásporas como las vividas por ti se asemejan a las mías. Me atrevería a afirmar que, sin hablar cuantitativamente (esa es una forma de argumentación más relacionada con la estructuración del discurso desde una perspectiva masculina) todas las mujeres en alguna momento de nuestras vidas, desafortunadamente hemos tenido que afrontar un sinnúmero de circunstancias violentas y agresivas que en ocasiones, como en el caso de la Senadora Liliana Rendón, son justificadas y excusadas incluso por mujeres.

Comenzaré por decirte que el correo que me envías me hizo llorar, llorar con esas lágrimas que solo el entendimiento pleno de lo que otra persona, otra mujer está sintiendo permite, rodaron rápidas y profusamente por mi rostro lágrimas que se encajonaron en mi garganta, manifiestas a través de ese bien conocido nudo que dificulta respirar; tus palabras sinceras y llenas de dolor y desasosiego me dolieron en lo más profundo de mi alma de mujer, por ese entendimiento que a decir de Gioconda Belli nutre “las complicidades únicas y propias de un mismo género, en la sincronía del alma y del cuerpo que solo dos personas del mismo sexo, dueñas del mismo aparataje físico y mental podían compartir”.

Planteemos entonces esta oportunidad como una “conversación cibernética” de intercambio de pensamientos “mujeriles” esperando que en algo mis palabras permitan la continuidad de este diálogo oportuno de apoyo y sororidad. Entendiéndolo así tomaré los temas y dudas que expones, todas pertinentes, oportunas y sumamente válidas, hablaremos entonces de la violencia en contra de la mujer por el más reciente hecho público en el que una mujer resultó agredida por el director técnico de la selección Colombia de futbol Hernán Dario “Bolillo” Gómez; conversaremos de las discriminaciones cruzadas que debemos afrontar las mujeres, intercambiaremos percepciones acerca de las mujeres y la lucha feminista desde aquellos hombres que no desean entender el por qué de la misma, analizaremos la violencia cotidiana que soportamos las mujeres; terminando con la respuesta a esa pregunta tan relevante que se suscita en muchas mujeres, en la que me gusta llamar nuestra auto construcción feminista: ¿Es ser feminista una labor o también una pasión, un compromiso?

Debo reconocer que, sentí la misma indignación y frustración que manifiestas con las declaraciones que una mujer, una senadora, una colombiana, Liliana Rendón  hizo en relación con la agresión de la cual fue víctima una mujer; resulta sumamente reprochable que todavía no se entienda desde las mujeres la gravedad de afirmaciones como esas y la afectación que ocasionan a las mujeres como colectivo y a nuestra lucha por la reivindicación de nuestros derechos. Resulta paradójico que una mujer, elegida popularmente no logre comprender la importancia de la lucha feminista y sus logros, mismos que le permiten estar en el lugar donde actualmente está, con una curul a través de la cual se le permite estar en un espacio político público y no desempeñando roles obligados en la oscuridad de lo privado; en ocasiones son estas dinámicas de pensamientos las que dificultan e incluso truncan procesos, avances normativos y construcciones colectivas de exigibilidad de derechos. Esto demuestra que hay todavía “mucho camino por andar”, muchas “Mujer Revolución” que afrontar.

En cuanto a las discriminaciones cruzadas que nuestro sexo afronta, las mujeres por serlo, nos vemos forzadas a encarar una velada discriminación equiparable a un apartheid masivo dirigido a aproximadamente la mitad de la población mundial actual; ahora bien, si a eso le sumas rasgos de xenofobia, intolerancia e irrespeto por la diversidad y la diferencia; nos encontramos en un ambiente exacerbado en el que la violencia juega un papel devastador. Sucede entonces con mujeres inmigrantes, como lo expones, con mujeres pertenecientes a distintos grupos étnicos, y con mujeres que reivindican su individualidad y construcciones cosmogónicas ancestralmente transmitidas. En ocasiones pienso en estas circunstancias como esa desmedida tendencia de unificación y restricción de libertades que termina estandarizándonos dentro de moldes apropiados en los espacios, Estados-Nación en los que la construcción de una democracia se fundamenta en la existencia de documentos que “protegen” la diversidad, entendido esto  como una mera formalidad de la cual no resulta la consolidación de una igualdad que material y sustantivamente se refleje como un ejercicio de salvaguarda real, especial y entendida por todas y todos de grupos poblacionales históricamente discriminados.

Ahora bien, en lo concerniente a la percepción del feminismo y de las luchas que hemos iniciado las mujeres exigiendo un tratamiento de sujetas, iguales en derechos entendidos estos últimos con un enfoque diferencial y las percepción que algunos hombres (y digo algunos porque cada vez son más los hombres que apoyan e impulsan nuestras luchas), que consideran que las mujeres somos “víctimas de nuestro propio invento” aludiendo a nuestras reivindicaciones y a las situaciones que se han suscitado por la carencia de políticas públicas pensadas con criterios realmente incluyentes que permitan por ejemplo, que las mujeres no tengamos dificultades para hacer encajar la maternidad con el ejercicio profesional y laboral; puedo preguntar permitiéndome la licencia de utilizar las palabras de mujeres que han allanado nuestro camino feminista “¿Hasta cuándo vamos a seguir pidiendo a las mujeres que cumplan las expectativas de todos y todas, las nuestras y las de nuestros compañeros, maridos, amantes, o hijos, quienes siguen tercamente anclados a una representación de un femenino-materno como refugio para una adecuada imagen de sí mismos?” (Thomas, 2008). Sí Paola, estamos hablando entonces de construcción de nuevas masculinidades y feminidades, que les permitan a hombres y mujeres entender que los roles asumidos por las mujeres y las posiciones y espacios que hoy transitamos, no son todavía suficientes para hablar de criterios de igualdad entre hombres y mujeres. A la fecha no dejan de ser desconcertantes conversaciones con compañeros de trabajo, amigos, parejas, etc., de las cuales se desprenden afirmaciones como las que planteas “si en Colombia hay machismo es culpa de todas las mujeres, victimas ustedes de su propio invento"; no deja una de escuchar expresiones como “las mujeres son más machistas que los hombres” ó “¿Por qué se quejan tanto si lo tienen todo?”. No se entiende que las mujeres, transmisoras históricas de las costumbres, usos y tradiciones replicamos nuestros contextos, no se entiende que nuestro trabajo, ese ampliamente invisibilizado sin reflejo alguno en las cifras económicas de los Estados, es de suma importancia para el mismo, no se entiende en últimas el por qué de nuestras aspiraciones ¿Qué más quieren?. Y es precisamente esa respuesta la que me hace pensar obligatoriamente que debemos repetir y exigir más allá de la saciedad la consolidación palpable de nuestros derechos, esos que tú y yo defendemos diariamente, la posibilidad siempre refrescante y dignificante de alzar nuestras voces desde nuestro locus de enunciación, con nuestras palabras y desde nuestra forma de sentir, de pensar, de ser mujeres.

En cuanto a esas cotidianas conductas agresivas que afrontamos las mujeres, cortejadas forzadamente en buses, acorraladas en esquinas, palabras obscenas al cruzar las calles, acoso y violencia sexual de diversas índoles (acceso carnal violento, actos sexuales violentos o abusivos entre otras conductas penalmente sancionables), feminicidios por celos, odio e incluso repulsión, obligatoriamente nos trasladan a sentimientos de inseguridad, miedo, preocupación, indignación y activismo, ese que nos hace demandar, denunciar, gritar, generar lazos de alianzas que nos permitan morigerar el daño profundo que nos hace esta realidad y generar un cambio real que impida legal y socialmente que agresiones de esta índole sigan engrosando las largas cifras de violencia en contra de las mujeres. En este punto debo decir que en muchas oportunidades es válido el temor que se instala en nosotras por el reproche social que nuestras reivindicaciones puedan suscitar; lo importante es encontrar ese hilo conductor que nos permite decir con vehemencia: ¡NO MÁS! ¡BASTA! ¡NO TENGO QUE SOPORTAR ESTO!, o como en tú caso “Llamaré a la policía”. Esa capacidad de alzar la voz, de reacción y de aversión por la inmutabilidad ha sido y será el incentivo de muchas y muchos en este proceso.

Ahora bien, en cuanto a tú pregunta ¿Es ser feminista una labor o también una pasión, un compromiso? Definitivamente puedo decir sin titubeos que más que una labor, el feminismo es ese desmedido sentimiento, ese fuego, agua, viento y tierra; esa forma de sentir desde la acción comprometida, esa necesidad de mostrar realidades a pesar de las persecuciones; en efecto compartiendo tú experiencia, la vida no es la misma desde que nos pensamos desde el feminismo; no podemos ni queremos ver nuestros quehaceres, las actitudes externas, lo escrito, la publicidad, el universo de la misma manera.

Esta transformación claro, no es reprochable, pero tampoco es ni ha sido nunca un camino sencillo y libre de críticas y señalamientos; los cuales para mí han sido un incentivo en este trasegar, al final se trata de ese sentir íntimo y profundo que trasciende cada uno de tus átomos convirtiéndose en parte integral de tú ser, de tú esencia. Estoy absolutamente convencida de que para ser feminista no se requiere trabajar en el tema específicamente, ni siquiera se requiere ser mujer, para ser feminista solo importa creer que las mujeres tenemos derechos y en esa medida, estar dispuestas y dispuestos a defender, exigir y demandar su respeto y protección.

No pretendo con el presente escrito globalizar las percepciones de todas y todos, creo que individualmente y desde construcciones colectivas se pueden generar expresiones de lo que es el feminismo mostrándose así manifestaciones diversas y multicolores en la realidad, finalmente lo que resulta realmente destacable, es que el análisis de estos aspectos se encuentren dentro de tus prioridades, y que a la postre se reflejarán indiscutiblemente en los roles que en tu enarbolada presencia de mujer asumas diariamente.

Abrazos infinitamente sororos, Alicia.

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