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miércoles, 10 de agosto de 2011

Violencia en contra de la mujer, ¿incitación?


"Violeta, cada día en el mundo se humilla, se oprime, se calla, se excluye, se abusa de, se viola y se golpea a las mujeres, a menudo hasta la muerte, dizque por amor. Nunca te olvides de esto."
Florence Thomas, Conversaciones con Violeta

Por: Alicia Guevara

La polémica que se ha desatado recientemente en Colombia alrededor de los hechos protagonizados por el entrenador técnico de la selección colombiana de fútbol, Hernán Darío “Bolillo” Gómez, y un twitt enviado por mi amiga Paola Cuica (@rawcolors) “Debemos pronunciarnos y seguir la Mujerevolución!” me hizo ratificar dos aspectos sumamente importantes. En primer lugar en Colombia y en muchos otros países de Nuestra América se intenta justificar la violencia en contra de la mujer con argumentos llenos de contenidos patriarcales muchos de los cuales son absolutamente misóginos; en segundo lugar nuestra lucha, la lucha feminista, aquí y ahora tiene más sentido que nunca.

No dejan de desconcertar las declaraciones (si se revisan las noticias que en las páginas web de periódicos como El Tiempo o El Espectador se han publicado al respecto, se evidencia que muchas personas consideran que la reacción del director técnico debe tener alguna justificación en las acciones o afirmaciones que, en la discusión sostenida con esa mujer aún no identificada, motivaran la agresión) en las que se afirma que es menester analizar los motivos y circunstancias que ocasionaron las acciones violentas de Gómez en contra de su acompañante a quien según informan los medios, le propinó sendos golpes en el rostro con el puño cerrado.

Asumir que existen argumentos que justifican las agresiones en contra de una mujer y aún más, según lo afirmado por la congresista Liliana Rendón, señalar que la acción misma “probablemente pudo obedecer a una provocación o acto agresivo previo de la mujer” y que además es necesario "mirar qué desató la reacción" porque “hay una conducta, que es patología de la mujer, que incita, provoca e induce a reacciones como la del Bolillo", dejan un enorme sinsabor y generan una gran indignación. Afirmaciones como estas provenientes de una mujer que además es Senadora de la República de Colombia, elegida popularmente, quien seguramente contó con un alto porcentaje de mujeres votantes para obtener su curul, las cuales a su vez creyeron en su propuesta política y en su ser mujer como garantía de la defensa de los derechos de las mujeres; hace pensar que las construcciones normativas, esas analizadas y posteriormente promulgados por el congreso, no han sido estudiadas, analizadas ni mucho menos entendidas por algunas y algunos integrantes del Congreso mismo.

Al leer frases como las pronunciadas por Rendón en las que señala enfáticamente que  "nosotras (las mujeres) fregamos mucho, somos muy necias y a veces provocamos unas reacciones" se demuestra que la ley 1257 de 4 de diciembre de 2008 “Por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, se reforman los Códigos Penal, de Procedimiento Penal , la Ley 294 de 1996 y se  dictan otras disposiciones” es hoy más que nunca en Colombia parte de las incontables normas que por su desconocimiento y falta de implementación se convierten en letra muerta y con esto se contribuye a la perpetuación de conductas que a la postre resultan lesivas y en ocasiones fatales para las mujeres.

No puedo evitar pensar en esa mujer, aún anónima, que por temor, vergüenza, e incluso amor, ha decidido esconderse, callar, no denunciar. En ocasiones se olvida que el cuerpo de cada mujer le pertenece, forma parte de ella, no debe ser transgredido por nada, por nadie. Aparentemente lo único relevante para la congresista es que el director técnico continúe cumpliendo su labor y que se garanticen mínimos legales a su favor; en la Senadora le digo: una vez denunciado el hecho, es evidente que se debe seguir un proceso con todas las garantías señaladas constitucionalmente, esto es, con sujeción al debido proceso lo cual garantizará que el “Bolillo” tenga un proceso justo con el lleno de los requisitos legalmente establecido para tal fin. Sin embargo, aún más que eso, es imperativo que a esta mujer víctima de violencia se le de toda la atención necesaria, física y sicológica para garantizar su plena recuperación, sobre este aspecto Senadora Liliana Rendón guardó silencio.

Esa mujer anónima violentada por alguien que tiene reconocimiento nacional, podría representar a todas esas miles de mujeres que sistemáticamente han sido víctimas de violencia y que aún hoy siguen siéndolo sin que el Estado y las autoridades competentes hagan algo para salvaguardar su vida, su integridad, sus derechos.

"Si mi esposo me pegó fue porque me la gané, no porque acepte que me pegue, sino porque tuve que haberlo jodido mucho". Tengo esta frase atravesada en el pecho, preguntándome repetidamente, ¿Qué puede llevar a una mujer pensar que es digna de ser “castigada” por su pareja? Nada, y en esto debo ser enfática, nada avala las agresiones en contra de persona alguna; y nada autoriza o legitima a un hombre a pegarle a una mujer.

Ahora las mujeres alzamos la voz, porque podemos y queremos, porque no admitimos más violencia en nuestra contra, porque resulta indispensable cambiar los fundamentos patriarcales de una sociedad como la colombiana en la cual una Senadora es capaz defender acciones como las cometidas por Hernán Darío Gómez, quien desafortunadamente personifica como director técnico en Colombia parte de lo que el futbol representa al interior del ideario colectivo en nuestro país.

La respuesta hoy dada por la Senadora Liliana Rendón, se replica en más mujeres de las que desearía, en mujeres que frente a circunstancias como estas son capaces de decir “Ella se lo buscó” ó “Algo habrá hecho para que el marido le pegara” a la Senadora Rendón y a todas esas mujeres que creen que es posible que una mujer merezca ser violentada, agredida, vulnerada y golpeada les digo “las mujeres tienen derecho a una vida digna, a la integridad física, sexual y psicológica, a la intimidad, a no ser sometidas a tortura o a tratos crueles y degradantes, a la igualdad real y efectiva, a no ser sometidas a forma alguna de discriminación, a la libertad y autonomía, al libre desarrollo de la personalidad, a la salud, a la salud sexual y reproductiva y a la seguridad personal” (Ley 1257 de 2008); “Toda mujer tiene derecho al reconocimiento, goce, ejercicio y protección de todos los derechos humanos y a las libertades consagradas por los instrumentos regionales e internacionales sobre derechos humanos” (Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer “Convención de Belém do Pará” 1994).

La defensa de los derechos de las mujeres son hoy tan relevantes como cuando exigíamos el derecho al voto, y solicitamos se nos permitiera participar en una contienda electoral; la vulneración de nuestros cuerpos por casos de agresiones extremas como el feminicidio, hace que cada día debamos exigir que se proteja nuestra integridad y nuestras vidas, que se protejan nuestros derechos, esos que se han consagrado en la constitución política de 1991, esos que se han señalado como una obligación para los estados que como el nuestro ha ratificado y legislado sobre la protección de los derechos de las mujeres con fundamento en estándares e instrumentos internacionales, esos que históricamente hemos exigido las mujeres, las feministas, las personas que creemos que la igualdad, el respeto y la dignidad son mínimos vitales sin los cuales no podremos dar ese salto a un verdadero “Estado Social de Derechos”.

Cierro con la voz de Florence Thomas quien asumiendo un diálogo íntimo con Violeta le dice “Para que no sigas repitiendo que no tiene sentido ser feminista hoy… y para todos y todas los y las que creen que las mujeres ya tienen todo y están en todas partes… y aquellos que añaden en general… <<¿qué más quieren?>>. No, Violeta, el debate sobre el lugar de las mujeres y sobre el feminismo está lejos de cerrarse”.

1 comentario:

Mulata dijo...

Maravilloso, contundente, lleno de energia femenina, de energia de cambio. De Conversaciones con Violeta "como decía Foucault en su trabajo sobre el poder y los macropoderes, que los dominados participan en la perpetuación de su dominación" Claramente podemos ver que muchas y muchos aun sufren de esa enfermedad patriarcal que se refleja en declaraciones opresivas y abusivas en contra del genero.

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