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martes, 11 de octubre de 2011

El miedo al procurador

Por María Jimena Duzán

Si este proyecto es aprobado, no solo las mujeres y las minorías llevarían del bulto. También los científicos serían candidatos a la hoguera.

No lo duden: cuando el próximo martes, en la Comisión Primera del Senado, pase -y con votos de sobra- el polémico acto legislativo presentado por el Partido Conservador que busca, entre otras cosas, reversar el fallo de la Corte Constitucional que despenalizó el aborto en tres casos específicos, el primero en cobrar esa victoria va a ser el procurador Alejandro Ordóñez, autor intelectual de esa criatura.

Basta leer el proyecto para reconocer en él los mismos conceptos esbozados en sus libros, escritos mucho antes de que llegara a la Procuraduría. En ellos no solo se opone a la despenalización del aborto por considerar que las mujeres no tienen derechos -el único derecho que reconoce es el derecho del hombre-, sino a los avances de la ciencia derivados de la manipulación genética. Desde ese podio, donde el derecho y la moral son uno solo, hasta las mujeres que no puedan tener hijos y opten por hacerse una inseminación in vitro serán vistas como transgresoras de la ley. Serían pecadoras, porque estarían desoyendo las voces de Dios en esa materia y subvirtiendo el orden natural de las cosas.

En otras palabras: si este proyecto es aprobado por el Congreso, no solo las mujeres y las minorías llevarían del bulto -para Ordóñez, el concepto de los derechos humanos es un concepto creado por el comunismo internacional en la posguerra-, como bien lo dice en sus libros; también los científicos serían candidatos para ser quemados en la hoguera. Si este proyecto se aprueba, Colombia se devolvería cien años en su historia, la Constitución del 91 que plantea cómo el Estado es independiente de la religión quedaría vuelta añicos; las mujeres quedaríamos reducidas a nuestra función procreadora, se prohibiría el uso de cualquier método de control natal distinto al método de Ogino y habría hombres y mujeres presos por haber utilizado un condón o la píldora del día después. Las enfermedades venéreas y el VIH se propagarían y no tendríamos científicos que nos ayudaran a lidiar con el problema de salud pública, porque estarían encarcelados o se habrían fugado de Colombia para evitar caer tras las rejas, acusados por haber hecho investigación genética.

Uno pensaría que en un gobierno que se dice liberal y que ha dado señales de diferenciarse precisamente en estos temas del gobierno anterior, este proyecto estaría hundiéndose por falta de apoyo. Sin embargo, lo que está sucediendo es todo lo contrario. El proyecto ya cuenta con 11 votos a favor y solo siete en contra. Se sabe que los cuatro senadores conservadores, Hernán Andrade, Roberto Gerlein, Eduardo Enríquez Maya y Manuel Enrique Rozo, votarán a favor. Y que lo mismo harán los dos senadores por el PIN -a la hora de servirle al señor, no importa que los votos sean espurios, porque de todos modos, votos son-. Tres de los cuatro senadores de La U también votarían el proyecto del procurador -Karime Motta, Carlos Enrique Soto y Juan Carlos Vélez. De todos esos, el único que me sorprende es el voto número 11, del senador por el Partido Verde Jorge Londoño. No sé por qué guardaba la estúpida idea de que el Partido Verde tenía algún tinte moderno, pero ni tinte tiene. En su caso, creo que pesa más el temor que le inspira el procurador con su posición de poder -no hay que olvidar que él es quien investiga disciplinariamente a los congresistas, además de que participa como representante de la Nación en todos los procesos de pérdida de investidura que adelante el Consejo de Estado- que su convencimiento por creer que ganamos devolviendo al país a las épocas oscurantistas. Me temo que el de Londoño no es el único caso y que debe haber varios como él dentro de los 11 votos que hay a favor de ese proyecto en la Comisión Primera del Senado.

En la otra orilla, solo quedarían los cuatro senadores liberales, Juan Fernando Cristo, Luis Fernando Velasco, Juan Manuel Galán y José Ignacio García; los senadores del Polo, Luis Carlos Avellaneda y Parmenio Cuéllar, y Roy Barreras, el único senador de La U que ha decidido desoír la voz de Dios, como diría el procurador Ordóñez. A ellos los veo como unos valientes, porque han decidido sostenerse en sus posiciones a sabiendas de que la férula del procurador los puede afectar por no atender a sus designios ni a sus credos: corren el riesgo de ser destituidos.

Tomado de: http://www.semana.com/opinion/miedo-procurador/165433-3.aspx

Licencia del artículo: Copyright – Titular de la licencia del artículo: Periódico El Tiempo, Colombia.

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