Páginas vistas en total

sábado, 29 de octubre de 2011

Literatura de mujeres

Por: Carolina Sanín

En cada conversatorio (feo sustantivo masculino evocativo de “mingitorio”, que se usa de manera innecesaria donde existen los buenos sustantivos femeninos “conversación” y “entrevista”) al que me invitan, hay alguien que me pregunta: “¿Usted diría que lo que escribe es literatura de mujeres?”. Nunca sé qué responder, pues nunca entiendo a qué se refiere la pregunta. ¿Cuál es la literatura “de mujeres”? ¿Cómo es su estilo? ¿Es suave, cadencioso? ¿O cambiante, como los estados de ánimo durante el ciclo menstrual? Y en cuanto a los temas, ¿qué contiene la “literatura de mujeres”? ¿Trata sobre cosas rosadas, o sobre la casa, o sobre leche, o sobre sartenes, o sobre vibradores? Y en lo que respecta a la tradición, ¿viene de Safo, o de María de Francia, o de Madame de Staël, o de Colette, o de Iris Murdoch? Quizás lo que me están preguntando es si escribo literatura hecha por mujeres, y en ese caso la respuesta sobra. O, con un quizás más remoto, el que pregunta quiere saber si escribo en español y no en latín, pues sabe que en occidente las literaturas escritas en vernáculo aparecen con el reconocimiento de la mujer no sólo como objeto literario sino como destinataria de la lírica. En ese caso, me están preguntando si soy una escritora de antes o de después del siglo XIII, y también la respuesta sobra.

O quizás el que pregunta tenga en mente una de dos tendencias relativamente recientes, ambas exitosísimas, que han llegado casi a ser marcas y que se definen como literatura de mujeres: una explícitamente (la llamada chick lit, de libros como El diario de Bridget Jones y Sex and the City) y otra, solapada y más frondia, cultivada en sitios como América Latina o India y, muy especialmente, en Estados Unidos por hijas o nietas de inmigrantes de Asia o de América Latina. Esta segunda tendencia forma parte de la nefasta progenie del malentendido y mal nombrado “realismo mágico”, y combina explotación de género, nostalgia de paraísos perdidos y tradiciones orales, gastronomía local, abuelas recias y bondadosas, y quejumbre femenil. La cultivan las mujeres debido a su “gran sensibilidad” con respecto a las historias familiares que “pasan de generación en generación” y otros clichés. El resultado es un atolladero colonialista y sexista que, bajo el semblante de una búsqueda de identidad, no es más que una explotación editorial de exotismos.

Pero tiendo a creer que cuando me preguntan si escribo “literatura de mujeres” no me están preguntando tampoco si lo que escribo se parece a lo anterior. Creo que el o la que pregunta no sabe realmente qué es lo que quiere saber. Hace la pregunta porque hay que hacerla. Casi siempre es la última pregunta del interrogatorio que sigue al conversatorio. La puede formular un caballero con pinta de funcionario, o una señora con demasiado maquillaje, o una estudiante con piercings. Es una pregunta compulsiva. Y mucho me temo que lo que traduce es: “¿Usted, siendo mujer, puede escribir como un hombre ?” Pues, al hacer la distinción de “literatura de mujeres”, se enuncia un juicio implícito: la literatura, así sola, está escrita por hombres. Y, más allá de eso, creo que lo que me preguntan es si, siendo joven y no fea (porque a las viejas o de muy mal semblante se les perdona ser mujeres, y puede el público prejuiciado y temeroso hacer de cuenta que son hombres, y ese es otro tema), puedo saber qué es lo que estoy haciendo; si no será que me estoy copiando, o me las estoy dando, o algo. Si no será pura pretensión.

En cada conversatorio (feo sustantivo masculino evocativo de “mingitorio”, que se usa de manera innecesaria donde existen los buenos sustantivos femeninos “conversación” y “entrevista”) al que me invitan, hay alguien que me pregunta: “¿Usted diría que lo que escribe es literatura de mujeres?”. Nunca sé qué responder, pues nunca entiendo a qué se refiere la pregunta. ¿Cuál es la literatura “de mujeres”? ¿Cómo es su estilo? ¿Es suave, cadencioso? ¿O cambiante, como los estados de ánimo durante el ciclo menstrual? Y en cuanto a los temas, ¿qué contiene la “literatura de mujeres”? ¿Trata sobre cosas rosadas, o sobre la casa, o sobre leche, o sobre sartenes, o sobre vibradores? Y en lo que respecta a la tradición, ¿viene de Safo, o de María de Francia, o de Madame de Staël, o de Colette, o de Iris Murdoch? Quizás lo que me están preguntando es si escribo literatura hecha por mujeres, y en ese caso la respuesta sobra. O, con un quizás más remoto, el que pregunta quiere saber si escribo en español y no en latín, pues sabe que en occidente las literaturas escritas en vernáculo aparecen con el reconocimiento de la mujer no sólo como objeto literario sino como destinataria de la lírica. En ese caso, me están preguntando si soy una escritora de antes o de después del siglo XIII, y también la respuesta sobra.

O quizás el que pregunta tenga en mente una de dos tendencias relativamente recientes, ambas exitosísimas, que han llegado casi a ser marcas y que se definen como literatura de mujeres: una explícitamente (la llamada chick lit, de libros como El diario de Bridget Jones y Sex and the City) y otra, solapada y más frondia, cultivada en sitios como América Latina o India y, muy especialmente, en Estados Unidos por hijas o nietas de inmigrantes de Asia o de América Latina. Esta segunda tendencia forma parte de la nefasta progenie del malentendido y mal nombrado “realismo mágico”, y combina explotación de género, nostalgia de paraísos perdidos y tradiciones orales, gastronomía local, abuelas recias y bondadosas, y quejumbre femenil. La cultivan las mujeres debido a su “gran sensibilidad” con respecto a las historias familiares que “pasan de generación en generación” y otros clichés. El resultado es un atolladero colonialista y sexista que, bajo el semblante de una búsqueda de identidad, no es más que una explotación editorial de exotismos.

Pero tiendo a creer que cuando me preguntan si escribo “literatura de mujeres” no me están preguntando tampoco si lo que escribo se parece a lo anterior. Creo que el o la que pregunta no sabe realmente qué es lo que quiere saber. Hace la pregunta porque hay que hacerla. Casi siempre es la última pregunta del interrogatorio que sigue al conversatorio. La puede formular un caballero con pinta de funcionario, o una señora con demasiado maquillaje, o una estudiante con piercings. Es una pregunta compulsiva. Y mucho me temo que lo que traduce es: “¿Usted, siendo mujer, puede escribir como un hombre ?” Pues, al hacer la distinción de “literatura de mujeres”, se enuncia un juicio implícito: la literatura, así sola, está escrita por hombres. Y, más allá de eso, creo que lo que me preguntan es si, siendo joven y no fea (porque a las viejas o de muy mal semblante se les perdona ser mujeres, y puede el público prejuiciado y temeroso hacer de cuenta que son hombres, y ese es otro tema), puedo saber qué es lo que estoy haciendo; si no será que me estoy copiando, o me las estoy dando, o algo. Si no será pura pretensión.

Tomado de: http://www.revistaarcadia.com/opinion/columnas/articulo/literatura-mujeres/26397, Publicado el: 2011-10-20

Licencia del artículo: Copyright 2008 – Titular de la Licencia: REVISTAARCADIA.COM

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...