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miércoles, 26 de octubre de 2011

Mujeres y estereotipos impuestos-aceptados ¿Cómo queremos vernos?


Por: Carmen Rosa Guerra Ariza*

En la mayoría de comerciales de ropa interior, de cosméticos o de moda, las mujeres no son un cuerpo, no tienen un cuerpo, <<Ofrecen un cuerpo>>, y son los objetos y atributos que las cubren los que significan su feminidad. En ultimas no son nada.” Florence Thomas, Conversaciones con Violeta

El capitalismo y con él la explayada posibilidad de comprar-vender todo, ha permitido la objetivización de la persona como un producto más, adquirible en la que los estudiosos han denominado “sociedad de consumo”; a esto se le suma la construcción de Estados fundamentados en lo masculino dejando de lado la otredad y el cuerpo de la mujer visto como uno de los enceres indispensables para cubrir las necesidades de un colectivo que ha aceptado la posibilidad de comercializar masivamente todo ser vivo o inerte que le pueda garantizar el engrosamiento del patrimonio de pocos en beneficio de grandes acumulaciones de riquezas.

En ese entorno hemos crecido las mujeres, en ese entorno han crecido nuestras luchas, nuestras reivindicaciones, nuestra exigencia por el respeto de nuestros cuerpos/mentes/espíritus/feminidad, sin embargo esta construcción no deja de estar bombardeada por estereotipos impuestos históricamente y aceptados por las denominadas “mayorías” que, sin lugar a dudas, no son más que imaginarios asumidos por una intensa exhibición de un “deber ser” profundamente distanciado de lo que somos o queremos ser, constriñéndonos y colocándonos en la ortopedia de la “mujer 10”, que claro está, cual Barbie debe ser una muñeca plástica, famélica, 90-60-90 de largas piernas y curvilínea para la cual sea una prioridad vestir prendas de alta costura de las más recientes pasarelas de Milán o París. Las mujeres hemos tratado de encajar en esos estándares de belleza que, no coinciden con la realidad y resultan absolutamente excluyentes.

Las revistas “para mujeres” nos enseñan como adelgazar en 15 días, como estar siempre a la moda, y como complacer sexualmente a un hombre (excluyendo claro a mujeres con distinta orientación sexual); son revistas que juzgan y entorpecen la determinación de lo que las mujeres queremos ser, nos hacen ver al espejo emulando esa tendencia colectiva de narcisistas crónicos con un afán desmedido por querer ser como una de esas famosas mujeres que fotografiadas en alfombras rojas, son titulares de duras críticas por su peinado, vestido o kilos de más. Pareciera que no importara lo que pensamos, nuestras preferencias en la música, la pintura, el cine; nuestras aspiraciones profesionales, nuestras inquietudes en esta constante construcción de nuestro ser mujer.

Más allá de tener un diálogo saludable de lo que queremos ser y lo que podemos lograr siendo como somos, las mujeres hemos asumido y aceptado medidas, tallas y modas como un hecho cierto aprobado democráticamente; esto ha contribuido en gran medida en la aceptación de señalamientos por nuestro peso o esbeltez, sumiéndonos incluso en estados de negación de distintas formas de belleza desde la diversidad; así en la publicidad mundial somos tratadas como accesorios, como productos ofrecidos al mejor postor para satisfacer deseos sexuales masculinos (ver videos de cerveza Brahma “Son Mías”) o como inimputables por carencias fálicas que nos reducen de nuevo a incapaces relativas (ver publicidad de Snickers protagonizado por Anahí).

Resulta entonces de vital importancia entendernos como sujetas de derechos, capaces de construir nuevos estándares planteados desde esas nuevas y nacientes feminidades, desde nuestra individualidad y lo que realmente deseamos ser, más allá del peso, la talla o la forma en la que vestimos; no deja de causar curiosidad que se reconozca ampliamente la posibilidad para los hombres de ser por encima de su apariencia, más allá de esa primera impresión externa, ¿Por qué entonces debemos ser juzgadas como si estuviéramos en una pasarela invisible o en un concurso de belleza constante? ¿Por qué nuestras capacidades son tenidas en cuenta una vez es aprobado nuestro aspecto?

“El feminismo quiso ante todo devolverles su cuerpo a la mujer” afirma Florence Thomas en Conversaciones con Violeta; es hora de tomar posesión de nuestros cuerpos, de defender cada una de sus formas, de reivindicarnos más allá de la apariencia, atuendo, o color de nuestro cabello; somos más allá de esos estándares que nos han constreñido históricamente en corsets, mallas y armaduras, somos por nuestra integralidad, por nuestra existencia, porque nuestra humanidad no se reduce a exteriores restrictivos que limitan nuestra forma de ser mujeres.

Quiero dejar de ser basada en un estereotipo, quiero dejar de creer que “Cuando un hombre se levanta para hablar, la gente escucha y luego mira. Cuando se levanta una mujer, miran; luego, si les gusta lo que ven, escuchan.”  Pauline Frederick, 1914.

* Abogada, feminista, especialista en Derecho Constitucional con énfasis en Derechos Humanos y Mujeres, social y enlace institucional de Otro Tiempo y colaboradora en Colombia de FENIMICIDIO.NET

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