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martes, 8 de noviembre de 2011

¿Han sufrido el machismo?

Por: Revista Arcadia

14 mujeres colombianas, desde Fanny Delgado - empleada doméstica - hasta Viviane Morales - Fiscal General de la nación -, decidieron contestarle esta pregunta a Arcadia.

Clara López Obregón, Alcaldesa de Bogotá

Hace unos días, salí sin mi esquema de seguridad para revisar los estragos causados por unos pocos que irrespetaron la marcha estudiantil en la Plaza de Bolívar y un transeúnte me dijo: “Alcaldesa, usted sí es mucha macha”. ¿Cómo así que la decisión de una mujer se tiene que asociar con el comportamiento del género complementario? En los tiempos de mi abuelo la ley dejó de considerarnos como incapaces. En los de mi madre logramos el derecho al voto. Y apenas en 1983, los esposos perdieron la posibilidad de asesinarnos sin temor de ir a prisión. Aún no se cumple la máxima de que a igual trabajo, igual salario. El machismo lo aprendemos, lo vivimos y lo reproducimos en la sociedad. Por eso persiste, mata, discrimina y desplaza. Pregúntenle a una mujer afrocolombiana, a una indígena, a una sumida en la pobreza. Para ellas la discriminación es doble y a veces triple. Y atérrense, nunca en los 473 años de la historia de Bogotá una mujer había estado al mando de la ciudad más de un mes. Nos falta mucho trecho por recorrer.

Noemí Sanín, Ex candidata presidencial

Sí, el machismo persiste y es un tema profundamente cultural, arraigado en los comportamientos sociales. Lo he vivido en el pasado y lo sigo viviendo en el presente. Recuerdo cuando sufrí un desmayo en la campaña presidencial del 2002. Los medios de comunicación, sin investigación alguna, supusieron que era por una dieta, dieta que nunca existió. Ni siquiera al interior de nuestra campaña, ni en los organismos de seguridad, se analizó la posibilidad de que me hubieran dado alguna sustancia, o de reflexionar sobre qué sucedió. De ahí en adelante, en los medios solo se habló de dietas y del desmayo. Perdí dieciséis puntos en las encuestas y con el desmayo se perdió la elección, puesto que se logró mostrarme débil y enferma. Sobra decir que ni antes ni después me he desmayado. Fue, además, muy curioso que fuera en directo en televisión. Cuando los candidatos de la época (Uribe y Serpa) sufrieron el mismo problema o uno similar, en su caso no en directo en televisión, inmediatamente se comprendió el tema y se asumió como cansancio, como que trabajaban muy duro. Trabajábamos sí, muy duro, pero los tres. Para corroborar mi aserto, cuando al candidato Mockus se le descubre la enfermedad del Parkinson todos nos solidarizamos y subió en las encuestas.

Gina Parody, Ex-candidata a la Alcaldía de Bogotá

A pesar de que en Colombia existe igualdad de derechos entre hombres y mujeres, muchos de estos derechos aún son de papel, porque aún existe una brecha en el acceso real a derechos como ‘ser elegido’. Soy la única candidata mujer aspirando al segundo cargo más importante del país, y me gustaría que fuéramos más mujeres en la contienda, la mitad por lo menos. En ese sentido es necesario seguir trabajando para que la equidad de género sea una realidad y que cada día más mujeres lleguen a ser elegidas para que puedan poner una agenda complementaria a la de los hombres en las políticas públicas.

Viviane Morales, Fiscal General de la Nación

A pesar de los avances en la participación política de las mujeres, la sociedad colombiana sigue siendo sumamente machista. Hay un alto grado de tolerancia social a la violencia física, psicológica, sexual y económica contra las mujeres. El cuerpo femenino no se respeta: una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física, dos de diez han sido víctimas de abuso sexual y muchas más de violencia psicológica. Los trabajos desempeñados por mujeres son los peor remunerados y menos reconocidos del mercado, como el empleo doméstico. El machismo, como expresión de la discriminación, persiste porque se niega o se justifica su existencia con base en prejuicios sobre la capacidad intelectual de las mujeres y su supuesta falta de autonomía. Por supuesto que he vivido en carne propia estas circunstancias. Basta recordar cómo desde la postulación de mi nombre en la terna para Fiscal General fui objeto de intromisiones en mi vida privada…¡Que yo recuerde nunca a ninguno de los seis antecesores en este cargo le habían tratado de achacar la influencia de su esposa o compañera en sus decisiones oficiales!

Sandra Morelli, Contralora General de la Nación

Sí, el machismo sigue siendo una característica de nuestra cultura.  Y se traduce, por ejemplo, en una discriminación salarial que impacta en forma directa la calidad de vida en el hogar, ordinariamente asumida por la madre, que con frecuencia funge de cabeza de familia.

Cuando inicié mi carrera de catedrática, eran evidentes las discriminaciones por razones de sexo: de los profesores se presumía el saber, pero a mí, por el contrario, los alumnos me sometían a pruebas permanentes. Claro, influía tambien la edad. ¿Y hoy? Sí. Detrás de cada insulto de un grupo de funcionarios que no me digieren y se manifiestan bajo la bandera de un muy respetable sindicato, hay una carga despectiva hacia la mujer, hacia su madurez y su cordura mental. Las mismas mujeres no me bajan de loca, demente, etc. Ese adjetivo no lo mereció ningun directivo anterior, así faltaran de manera burda a sus deberes de funcionarios públicos. El juicio sobre la personalidad de una mujer directiva, sobre su manera de ser, o más exactamente, sobre lo que ciertos sujetos quieren hacer pensar que esa persona es, no es un arma que se utilice ordinariamente contra un hombre. A los hombres se los califica por sus acciones o su ideología. La Thatcher se conoce como la dama de hierro; Reagan, en cambio, como el neoliberal. Y Reagan se refería a ella como “su mejor hombre en Europa”. En otros términos, ella fue considerada una líder mundial porque se comportaba como un hombre. Hoy en día la comunidad internacional se nota más madura al respecto: ninguna consideración sexista hacen los homólogos de Mérkel ni de Bachelet, salvo las de Berlusconi, que generan todo tipo de rechazos y situaciones diplomáticas tensas.

Yolanda Ruiz, Directora de información de RCN Radio

Creo que el machismo sigue existiendo y existirá todavía por mucho tiempo, pero celebro ser hija de la generación formada por unas mujeres que nacieron en un mundo y nos legaron otro que se está transformando. En el periodismo se siente el machismo menos que en otros campos y en mi caso he tenido muchas oportunidades pero no faltan los detalles. Muchos colegas o jefes saldan un debate de argumentos o de principios con un lacónico “Es un lío de viejas”. Y no olvido nunca cuando, comenzando mi carrera, una vez llegué a una entrevista para un noticiero de televisión y no me hicieron ninguna pregunta. El entrevistador me inspeccionó de arriba abajo como se mira a una vaca en una feria y me dijo que sí, que “tenía madera para tv” y me mandó a hacer un casting. Del lugar salí sin hacer ninguna prueba y, por supuesto, nunca trabajé allí. El personaje no lo debe recordar. A mí no se me olvida porque ese día supe exactamente la clase de periodista que no quería ser. ¿Machismo? Sí. Pero es importante cómo nos paramos las mujeres frente a eso.

Belén Sáenz de Ibarra, Directora de Divulgación Cultural de la Universidad Nacional

En la sociedad colombiana aún se presentan comportamientos y actitudes de discriminación notables no solo en razón del género sino también por la raza y el color social. La discriminación por género se da aún en los circuitos más de avanzada como en el artístico y en el campo académico.

Este tipo de discriminación trabaja de una forma solapada, callada, de esto no se habla sino más bien se esconde, de modo que no es visible pero opera. Una mujer en Colombia tiene que mostrar cien resultados más que un hombre para que se reconozcan sus logros. Hay una especie de cofradía masculina en el sector artístico y académico en donde entre ellos se reconocen cualquier cosa que hagan y se apalancan entre ellos para acceder a las oportunidades que ofrece la visibilidad y al poder de establecer criterios. Los hombres se gustan mucho entre sí. La discriminación aquí opera simplemente ignorando el valor de las mujeres, hasta que ya es innegable. A muchas mujeres en el arte se las reconoce como “gestoras”, cuando en realidad la mayoría lo que hacen además de ser gestoras de sus causas y de las causas del sector, es aportar pensamiento y conocimiento nuevo. Las artistas, las curadoras, las críticas y académicas del arte tienen que tener una fuerza y un carácter muy especial para lograr proyectar su trabajo en el país y fuera de él.

Carmen Millán, Profesora titular U. Javeriana, Instituto Pensar

Educación sentimental. Bombardeo mañanero desde la radio que sopla “perrea mono perrea” o sarta de chistes flojos con eco en las chicas que acompañan con sus risas cómplices las expresiones pretendidamente cómicas de sus colegas. Y yo ahí, rehén de eso: siento que si le digo al conductor que cambie de emisora, me bota en medio del aguacero, sin llevarme a mi destino. La dosis se repite en la noche: “mía, aunque tu vayas por otros caminos, nunca te olvides sigues siendo mía,” recuerdan los boleros y hasta agradezco que sean boleros. 90-60-90- La estética traqueta que impone el “porque te quiero te opero” sin sustituir del todo al “porque te quiero te aporrio”, carga con la violencia contra los cuerpos que no se acomodan a las medidas que llaman “de reina” y contra el reconocimiento de la subjetividad de las mujeres. Cala tan hondo el discursito de los centímetros, que el tradicional regalo para ese ritual de pasaje que son los quince años de la niña, ha venido convirtiéndose en promesa de la cirugía estética en busca de las mejoritas. “Voy a ser modelo,” dicen las niñas de un jardín del Distrito. “Voy a ser reina”, dicen otras chicas, estas ya de carreras universitarias y, cosa triste, algunas lo logran y en sus colegios y universidades contabilizan aquello como un indicador de desempeño.

Amparo Grisales, Actriz

Realmente al machismo, mejor conocido como verdadera hombría, le he sacado muy buen provecho. Por el contrario, el feminismo es, y sigo sin entenderlo, el movimiento que ha traído ciertos inconvenientes a mi vida, pues las feministas camuflan sus pocas virtudes femeninas atacándome… ¡y no de la risa! Jejeje. Y un ejemplo, entre muchos, fue el de Florence Thomas, cuando fui portada de la edición más vendida hasta la fecha de la emblemática revista Soho. Y ni hablar de cuando salieron a la venta los productos de Amparo Grisales para seguir siendo siempre una hermosa mujer.

Lucia Donadio, Editora y escritora

El coordinador de bachillerato del colegio donde me habían contratado para dictar cursos de literatura, me preguntó si ya le había pedido permiso a mi marido para trabajar. Me sentí extrañada con la pregunta y le dije que yo no tenía que pedirle permiso a nadie para aceptar un trabajo. Me miró de nuevo y me dijo: “Las que trabajan sin permiso del marido empiezan a enfermarse o a pedir horas y días libres para atender asuntos familiares. Así que por favor confirme con su marido que está de acuerdo antes de firmar el contrato que ya está listo en mi escritorio”. Cuando fui a firmar el contrato unos días después, me preguntó lo mismo y me quede callada, hasta que se exasperó y me lo tiró para que lo firmara. Nunca dejó de mirarme raro en los dos años que trabajé en el colegio. Nunca dejé de sentirme mal con él, pero tampoco había la posibilidad de cruzar palabras. Sus ojos solo hablaban ese idioma.

Paola Gaviria; Historietista

No puedo decir claramente que me haya sentido afectada, pero eso no quiere decir que no exista machismo. Yo me hago la siguiente pregunta: en las facultades de artes hoy en día estudian más mujeres que hombres, pero cuando uno va a las galerías o ve el panorama artístico la mayoría de los nombres más notables son de hombres, me pregunto si eso tiene que ver con el machismo. En el caso particular de las historietas, somos muy pocas las mujeres historietistas activas. Siempre ha sido un medio de hombres en el que históricamente sí ha habido machismo, pero también ha habido cierta timidez nuestra, como mujeres, con respecto a atrevernos a usar el formato para contar las historias que a nosotras nos parecen interesantes. Esto, por fortuna, ha ido desapareciendo.

Zheger Hay, Procuradora delegada para Derechos Humanos

Siendo el machismo tan convencional, tan del orden establecido, ¿qué pasa con los que nos rebelamos contra ese estado de cosas? En mi experiencia personal, mi mayor gesto de rebeldía, haberme ido al monte para desbaratar el mundo, amasarlo de nuevo y construir una nueva sociedad con equidad en las relaciones entre hombres y mujeres, fue descubrir formas tan crueles de machismo como las de esa sociedad que quería cambiar. A veces disfrazada de delicadeza: “eso no debemos encargárselo a la compañera, hay que considerarla por ser mujer”. O: “¿no quiere ser igual a nosotros, pues ahí tiene, cargue igual que nosotros, la menstruación y sus problemas no existen y de parir y criar ni hablemos”. Y en Cuba, donde se hizo una revolución que trastocó de verdad el orden establecido, el machismo no solo no desapareció sino que es realmente cerrero, ramplón.

Fanny Delgado, Empleada doméstica

Claro que sí existe el machismo. Los hombres lo creen a uno bruto. Haga uno lo que haga, uno es bruto. Si quiere estudiar después de tener hijos, le dicen a uno que cómo se le ocurre, que uno es bruto. Todo el día le dicen a uno que no sirve para nada. Y lo vigilan. Que dónde está, que adónde fue. Hay que pedirle permiso al marido hasta para ir a comprar la leche. Que ya vuelvo, que no me demoro. Lo dejan a uno trabajar, sí, pero si uno llega tarde, con los trancones que hay, ya se lo están echando en cara a uno: que qué hizo, que por qué se demoró, que dónde está la comida. Porque para eso sí resulta que uno sirve, para hacerles de comer.

Doris Güesá, Vendedora en la Plaza de mercado de Paloquemao

Disculpe, sumercé, ¿qué es el machismo?

Tomado de: http://www.revistaarcadia.com/impresa/articulo/han-sufrido-machismo/26376

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