Páginas vistas en total

martes, 13 de diciembre de 2011

Milagros, víctima de violencia, relata su historia de vida

Por: Milagros

De vivir en un pueblo tranquilo ella tuvo que aprender a vivir en la gran ciudad.
Hola, soy Milagros nací en un pueblo muy lejano de Boyacá. Soy hija de un hermoso matrimonio en el cual nos enseñaron valores como el respeto, la honestidad, la responsabilidad y el amor hacia los demás.

Tuve una niñez muy linda en donde tenía la libertad y el espacio para hacer pilatunas como cualquier niño. Por ejemplo un jueves, día de mercado en el pueblo, mis padres no estaban en casa ya que eran agricultores y vendían sus productos este día. Junto con mis hermanos encontramos en la finca un nido de huevos: había más o menos 14.

Recuerdo que cocinábamos con leña y en la ceniza caliente pusimos a asar los huevos y papas. Por lo general, mis padres se demoraban todo el día, pero ese día llegaron temprano. Nosotros nos asustamos mucho cuando ellos entraron a la casa. Por eso mis hermanos y yo salimos por las ventanas y puertas corriendo despavoridos. Como los huevos los dejamos allí, estos se cocinaron y explotaron. La cocina y todas las personas que estaban allí quedaron cubiertas de ceniza. El almuerzo se dañó y obviamente mis padres se enojaron, pero no nos castigaron porque fue algo muy gracioso que a ellos también les divirtió.

Cuando cumplí 12 años terminé quinto de primaria, y por falta de conocimiento e información sobre la importancia del estudio en las mujeres no continúe estudiando. Esto hizo que me desplazara para Bogotá a trabajar como empleada doméstica.

Como no conocía el trabajo de una ciudad fui maltratada en varias ocasiones por la señora, que era médica. Ella me decía que yo era una india analfabeta, que no sabía nada, me daba bofetadas y me jalaba el cabello. Estos frecuentes maltratos hicieron que tomara la decisión de volver a mi pueblo. Como ya había crecido los hombres del pueblo me perseguían con intención de violarme. Mi papá siempre me decía que no me dejara tocar de ningún tipo, que si eso llegaba a suceder que gritara y me defendiera con piedras o con lo que encontrara a la mano, que mi cuerpo tenía que ser respetado.

A los 14 años volví a Bogotá. Cuidé a mi sobrino durante 3 años. Ya para ese tiempo mis padres se habían venido para la ciudad, ellos junto con mis hermanas mayores compraron un lote, hicieron una enramada de madera y tela negra y en esa humilde casa vivíamos cinco hermanos y yo. En total somos nueve hermanos.

Ellos me pagaban algo, una de mis hermanas me llevaba ocasionalmente a trabajar donde ella lo hacía; fue allí donde aprendí cómo se arreglaba una oficina y un almacén.

A los 16 años entré a trabajar en una empresa, nuevamente fui maltratada por el administrador. Él me decía que si no me acostaba él me echaba del puesto. Cierto día yo estaba en la bodega haciendo el aseo cuando este señor me cogió los senos; yo me defendí, le rompí la cabeza con un balde y el palo del trapero. ¿Resultado? Me quedé sin trabajo.

Cuando cumplí 17 años entré a trabajar en un almacén, me matriculé en un colegio nocturno, donde hice sexto y séptimo de bachillerato. Siempre fui perseguida por la profesora de matemáticas, porque me decía que yo me copiaba de mis compañeros, esto no era cierto, solo que yo aprendí durante mi primaria a copiar en una pizarra porque en el pueblo no se conocían los cuadernos, esto hacía que memorizara muy bien matemáticas, español e historia. Yo conocí mi primer cuaderno cuando cursaba cuarto de primaria, por una beca que me otorgó el departamento.

En séptimo, cuando presentaba mis evaluaciones, me sentía humillada porque esta profesora siempre me anulaba mis exámenes. Una vez, para el examen final, recuerdo que ella me pasó al tablero a hacer el metro cúbico:

-Milagros, se corrió un centímetro, pase a su puesto y contesta el examen en quince minutos- dijo la profesora.

Esto hizo que yo estallara y con una escuadra de madera que era de mi hermana le rompí la cabeza, fueron 18 puntos en su cabeza, fui expulsada del colegio. Esto fue frustrante para mí, le tomé miedo y rabia al estudio y no seguí estudiando.

A los 18 años seguí trabajando, ahorrando dinero para ayudar en mi casa y comprar un lote o una casa. Ese era mi sueño. Fue allí donde conocí a Jorge, mi primer novio, y tuvimos una relación de dos años. Él me propuso matrimonio, hicimos el curso matrimonial, pero el día que lo presenté ante mi familia para fijar la fecha fuimos al negocio de mis papás, allí se encontraba Camilo, quien hoy en día es mi esposo. Yo no lo conocía a él, pero constantemente me mandaba saludos con mi hermano.
 
Jorge, mi novio, era un hombre muy celoso y machista, y no aceptó que Camilo fuera amigo de mi familia: pensó que tal vez yo tenía algo con él y me golpeó delante de él. Camilo dijo: "¿Por qué golpea a Milagros? Si esto es de novios cómo será de casados". Esto provocó que yo terminara con Jorge.

Camilo me gustó a primera vista, porque era muy trabajador, detallista, decente y cariñoso, empezamos a salir y a conocernos. Me enamoré de él y al poco tiempo quedé embarazada; di a luz una hermosa niña. Me fui de casa a vivir en unión libre cuando tenía siete meses de embarazo. Luego vino un segundo embarazo, otra hermosa niña; vivíamos muy felices, sin ningún  problema. Después, otro embarazo, otra niña.

Camilo me propuso matrimonio: quería darle a nuestras hijas un hogar digno. En enero 19 de 1989 nos casamos; trabajamos juntos en una gran empresa como mayordomos, nos pusimos a trabajar allí para conseguir una vivienda. Según los médicos yo no podía tener más hijos porque me habían retirado el ovario derecho, pero por cosas de Dios volví a quedar embarazada de un hermoso niño.

Camilito lo llamamos. Él llenó de felicidad a mi esposo porque él siempre soñaba con un hijo varón. Duramos siete años felices, queridos por nuestros jefes, por nuestra familia. La honestidad precedía la familia.

En 1995 entró una nueva compañera a trabajar con nosotros; ella se enamoró de mi esposo, tuvieron una relación de la cual nació una niña, todos mis compañeros sabían menos yo. Me enteré por mi hija de seis años que los vio besándose en el apartamento donde vivíamos. Cuando le reclamé, Camilo cambió y empezó a maltratarme psicológicamente; mi autoestima estaba por el suelo. En enero de 1996 ya teníamos nuestra casa, la cual estaba arrendada el primer piso y el segundo se encontraba en obra negra. Entonces tomé la decisión de irme a vivir con mis hijos a mi casa como estuviera; renuncié a mi trabajo de forma irrevocable, creí que Camilo se iría con esta mujer, pero no fue así, se fue con nosotros.

En marzo de 1996 comencé a trabajar con una de mis jefes como niñera durante seis años. En 2004 fui diagnosticada con cáncer de seno. Me sometí a una quimioterapia y radioterapias durante seis meses y por este motivo cambie físicamente. Se me cayó el cabello, se disminuyó el apetito sexual, estaba de mal genio. Camilo se alejó mas de mí porque decía que yo "no le servía como mujer", me comparaba con otras mujeres, me humillaba; no estuvo conmigo durante el tratamiento, cuando más lo necesitaba. Superé este tratamiento con muy buenos resultados, con la ayuda de Dios y la virgen, que no me desamparan.

En cuanto al trabajo mis jefes me colaboraron mucho, me dieron vacaciones por los seis años para que me recuperara bien. Yo sentía que mis fuerzas no me daban para desempeñarme bien en mis labores. Entonces en el transcurso de este tiempo de vacaciones abrí mi propio negocio en mi casa; le conté a mis jefes, ellos me liquidaron y me indemnizaron y con esto surtí el negocio.

Camilo, por su parte, no me apoyaba de ninguna forma. Buscaba placer en otras mujeres, cuando entraba a la casa estaba borracho, me obligaba a tener relaciones sexuales, nunca le contaba a nadie.

El 28 de septiembre de 2009 Camilo me agredió físicamente. Estaba borracho, eran las 2 de la mañana. En esta ocasión yo grité y mis hijas se dieron cuenta y me defendieron. El 2 de octubre de 2009, por cosas de la vida, tenía cita médica, una mamografía, cuando la doctora me hizo el examen me preguntó: ¿qué paso, por qué estas golpeada? Yo le conté y ella me dio una orden para Medicina Legal, después de cuatro días el médico me dio incapacidad por dieciséis días, los golpes que recibí en la cabeza se convirtieron en hematomas.

Empecé con fuertes dolores de cabeza, pérdida de la visión, de la memoria, acompañada de una depresión severa. Esto me llevó a hospitalizarme durante un mes. El diagnóstico fue cefalea crónica, depresión y estrés.

Para este tratamiento estuve en neurología, fisiatría, clínica del dolor, tratamiento de psiquiatría y una orden para una clínica de reposo y de cirugía en el cerebro. Esta última se realizó el 9 y el 23 de noviembre de 2010. Estuve inconsciente durante tres días. En este transcurso tuve una gran experiencia: vi a la Virgen y a nuestro señor Jesucristo, quien me dijo: -Hija levántate, no estás sola, tienes una gran misión en la vida, tu nieto y tu sobrino, anda. Cree en mí, perdona, bendice a cada una de las personas que te hacen daño, nunca maldigas sino ora por ellas porque dando es como se recibe, olvidándose de sí es como uno se encuentra, perdonando es como se recibe el perdón y muriendo es como se resucita a la vida".-
Camilo se fue hace un año y ha sido muy duro para mí saber que el único hombre que amé, al que le di todo durante veinticinco años fuera tan cobarde, porque esperaba que él estuviera conmigo. Pero encontré el cariño, afecto, comprensión en otras personas. Gracias a ellas, a mis padres, hermanos y amigos que he conocido a través de este recorrido por la vida.

A Camilo: gracias por haberme dado unos hermosos hijos, te perdono y te bendigo. A ti señor Jesucristo te pido perdón, te pido bendiciones para que cuando yo tome una decisión lo haga con sabiduría; sin ti señor no soy nadie.

Hoy, a mis 47 años, lo estoy logrando. Llegamos al acuerdo con Camilo de vender la casa, porque yo tenía una deuda y me daba miedo perder la casa y quedarme sin nada, la vendimos y compramos un apartamento, vivo con  tres de mis  hijos, mi hija mayor ya tiene su hogar, tengo un nieto de tres años y su hermanita recién nacida. Aunque sigo con mi rehabilitación siento que he recuperado mucho, gracias al cariño, comprensión y apoyo que me han brindado; hoy quiero superarme, ser feliz como cuando era niña y demostrar que nada es imposible cuando uno se lo propone. Mujer no te dejes maltratar.

"Gracias señor Jesús por la vida y has de mí lo que tú quieras que yo sea para ti"
MILAGROS

Tomado de: http://www.eltiempo.com/violencia-contra-las-mujeres/discriminacion/desplazamiento-de-mujeres-en-colombia_10887044-4

Imagen: Pasos en la sombra. Foto tomada por Lina, del Putumayo, para el libro 'Memoria soy yo'.' http://www.eltiempo.com/violencia-contra-las-mujeres/IMAGEN/IMAGEN-10849169-2.png

Licencia del artículo: Copyrigth - Titular de la Licencia de artículo: ELTIEMPO.COM

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...