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jueves, 16 de febrero de 2012

"Decidí luchar con más rabia"


Por: Cecilia Orozco Tascón / Especial para El Espectador

Cleiner Almanza es defensora de derechos de las comunidades desplazadas. La Comisión Interamericana le otorgó medidas cautelares. En consecuencia, el Estado colombiano debe protegerla. Sin embargo, fue violada por cuarta vez hace 15 días, en Bogotá. Relato de terror.

Cecilia Orozco Tascón.- ¿Cuántas veces ha sido violada?
Cleiner Almanza Blanco.- Cuatro.

C.O.T.- ¿Cuándo empezó a ocurrirle?
C.A.B.- Desde cuando estaba muy joven. Vivía en la zona de los Montes de María. Allí abusaron de mí dos veces. La tercera vez fue cerca: en María la Baja; y ahora aquí, en Bogotá.

C.O.T.- ¿Sabe quiénes la han violado?
C.A.B.- Primero me violaron hombres del Ejército; las siguientes dos veces fueron paramilitares. Y ahora, en Bogotá, presumo que son del mismo grupo.

C.O.T.- ¿Por qué cree que la persiguen y violan?
C.A.B.- Para callarme a mí y a las líderes defensoras de las comunidades. Somos una piedra en el zapato para todo el mundo porque estamos exigiendo trato preferencial en las políticas públicas y porque por nuestro trabajo, nos tildan de guerrilleras. Eso no conduce sino a ataques y agresiones.

C.O.T.- ¿Cuántos años tenía cuando fue abusada por primera vez?
C.A.B.- Entre 16 y 17 años

C.O.T.- ¿Cuántos años tiene ahora?
C.A.B.- 34.

C.O.T.- ¿Dónde se encontraba cuando la secuestraron y violaron hace 15 días?
C.A.B.- Fue el último domingo de enero. En la tarde nos habíamos ido con una amiga para el barrio Marruecos (donde se ordenó un desalojo masivo que fue suspendido por orden de la Corte Constitucional). Nosotras pertenecemos a organizaciones de mujeres de distintas regiones del país y nos encontramos con frecuencia en varios sitios para intercambiar experiencias. Todo sucedió hacia las 8 de la noche, cuando yo salía del barrio hacia el sitio donde me estaba alojando.

C.O.T.- ¿Cuál era el motivo de su viaje a Bogotá?
C.A.B.- Vine por varias razones. Primero tenía una cita en la Fiscalía. Luego quería ir al Ministerio del Interior para que me asignaran una persona de confianza como mi segundo escolta porque no tengo sino uno. También tenía una cita con la doctora Pilar en la Defensoría del Pueblo (Ver pág. siguiente) y con otras defensoras.

C.O.T.- ¿Cuándo empezó a sentirse amenazada o seguida?
C.A.B.- Llegué a Bogotá el 23 de enero pero antes de ese domingo no había tenido ningún problema porque, entre otras cosas, salía muy poco. Precisamente por no estar prevenida, esa tarde me fui sin el escolta porque veníamos de varios viajes y trabajo muy agotador. Por eso le había dado el día libre.

C.O.T.- ¿En qué momento la interceptaron sus violadores?
C.A.B.- Cuando quise volver a la casa donde me alojo, hacia las 8:30 de la noche, tomé una buseta para poder conseguir un taxi en un punto más céntrico. Me bajé de la buseta y encontré un taxi que estaba justo ahí parado. Le puse la mano pero en un segundo saltó un tipo del asiento trasero, me tomó con fuerza y me lanzó adentro. Empecé a gritar pidiendo ayuda pero nadie se movió. Apenas grité el hombre me pegó en la cabeza, me lanzó contra el piso y así me tuvo hasta cuando el taxi estacionó en un lote que no puedo reconocer porque estaba muy oscuro. Me bajaron del carro y el hombre que me había metido al taxi empezó a rasgarme la ropa, a pegarme patadas muy fuertes en la espalda y la cola mientras me preguntaba por una de mis compañeras con nombre y apellido.

C.O.T.- ¿Qué preguntaba sobre ella?
C.A.B.- Que le dijera donde vivía o dónde la podía encontrar. Continuó golpeándome duro también en el brazo y en la cara. Luego me puso de espaldas a él, me aprisionó contra el taxi, me rasgó el pantalón mientras me tenía agarradas las manos por encima de la cabeza. Me penetró varias veces y antes de eyacular me volvió a golpear fuerte en la cara, me volteó y me obligó a hacerle sexo oral. Me dio mucho asco pero cada vez que trataba de desviar la cara me apretaba con su bota la rodilla y la pierna hasta que me la dejó verde. Cerré muy fuerte los ojos porque desde cuando me violaron la primera vez, que vi a los hombres que abusaron de mí, nunca quise volver a ver esa imagen.

C.O.T.- ¿Cómo logró escapar?
C.A.B.- Cuando el tipo terminó le dijo al otro: “te toca”. Mientras hablaba, se descuidó un segundo. No sé cómo hice: me zafé y salí corriendo. No sé por dónde iba pero corría sin parar. De pronto salí a una especie de carretera y pasaba otro taxi. Apenas lo vi me le abalancé. Agité los brazos pidiéndole que me ayudara porque mi marido me quería matar…

C.O.T.- ¿Por qué dijo eso?
C.A.B.- Porque si le digo al taxista la verdad, no me recoge por nada del mundo. Lo sé porque ya me sucedió.

C.O.T.- ¿El taxista la llevó?
C.A.B.- Sí. Al principio estaba muy sorprendido pero después me dejó subir. Me preguntó para dónde me llevaba pero yo lo único que le decía era que se alejara de allí. Él dijo que me iba a acercar a un puesto de policía. Le pedí el favor de que me vendiera un minuto de celular para poderle avisar a mi escolta. Muy amablemente él me lo prestó y apenas oí la voz al otro lado, del susto le grité que estaba secuestrada. El taxista se asustó mucho y empezó a decirles a los policías que él me había recogido ya golpeada.

C.O.T.- ¿Los agentes la ayudaron?
C.A.B.- Me bajé del taxi como pude. Estaba sucia, adolorida y con el pantalón roto y desabrochado. Les pedí que me auxiliaran y les comenté lo que me había pasado. Uno de ellos me miró y le dijo al otro, burlándose: “esta vieja está borracha”. Me identifiqué y dije que tenía escolta. Ellos me pidieron el carné de defensora pero como no tenía nada, no me creyeron. Yo les suplicaba que me ayudaran.

C.O.T.- ¿Finalmente la auxiliaron?
C.A.B.- No tan fácilmente. Les insistí que me dieran auxilio hasta la humillación. Les pedí que me prestaran un teléfono para llamar de nuevo a mi escolta. Uno de ellos se condolió y me marcó. Apenas él les contestó, ello insistieron en que estaba borracha. El escolta contestó que no importaba y que me tuvieran allí mientras iba por mí. Cuando oí eso les pedí que me dejaran hablar de nuevo con él y le grité: “no vengas. Voy a irme de aquí porque esto es una trampa”

C.O.T.- ¿Por qué se le ocurrió pensar eso?
C.A.B.- Porque la reacción de los agentes me pareció rara y porque en otras ocasiones he visto cómo la Policía les entrega niñas menores de edad a los paramilitares.

C.O.T.- ¿Está segura de lo que dice?
C.A.B.- Estoy segura. Lo he vivido.

C.O.T.- ¿Qué sucedió después de que hablaron con el escolta?
C.A.B.- Ellos le dieron la dirección pero apenas se descuidaron y yo vi que venía un tercer taxi y lo llamé. Me recogió y le dije que me dejara en la (avenida) Caracas. También le solicité, llorando, que me alejara de la patrulla. Me dejó en un sitio y yo me quedé ahí, quieta. Fue donde me encontraron el escolta y las compañeras a las que él les había avisado.

C.O.T.- ¿A qué horas la encontraron?
C.A.B.- Alrededor de las 2 o 3 de la mañana.

C.O.T.- ¿Qué hicieron después?
C.A.B.- Fuimos a la casa de una de ellas. Me duché enseguida. Me enjaboné muchas veces y le pedí a mi amiga enjuague bucal. Me cepillaba y vomitaba de la repulsión o del miedo. O de ambas cosas. Me lavé muchas veces con agua, jabón y limón.

C.O.T.- ¿No pensó que borraría las pruebas de la violación para cuando fuera a presentar la denuncia?
C.A.B.- Al principio no pensaba denunciar nada.

C.O.T.- ¿Por qué?
C.A.B.- Porque sentía miedo por mí y por mi amiga.

C.O.T.- ¿Cuántas de ellas se dieron cuenta de lo que estaba pasando?
C.A.B.- Dos. María Eugenia y Angélica. El martes teníamos una reunión en la Defensoría con la doctora Pilar Rueda. Angélica le contó lo que me había pasado. Inmediatamente ella nos mandó para la Fiscalía a presentar una denuncia penal con una abogada de la oficina de ella.

C.O.T.- En la Fiscalía ¿le recibieron la denuncia?
C.A.B.- Sí, pero estuve a punto de irme y no presentarla. Primero me dijeron que para atenderme y escribir la denuncia tenía que presentar mis documentos. Les expliqué que los perdí cuando me fugué de mis violadores. Supe que dudaban de nuevo de mí. La persona que me recibió la denuncia me recalcó varias veces que debía decir la verdad y solamente la verdad. Me enfurecí porque era exactamente lo que estaba haciendo y sentí que no me creía. La señora me insistió en que la gente de la Fiscalía iba a investigar cada cosa que yo afirmara y que si encontraban que había una parte de mi relato que no era preciso, yo estaría cometiendo un delito. Pero esto no es extraño: aquí nunca la voz de las víctimas importa ni lo que digamos es verdad.

C.O.T.- ¿Cree que fue maltratada por las autoridades, tanto por la Policía como por la Fiscalía?
C.A.B.- Sí. Incluso no permitieron que la abogada de la Defensoría del Pueblo estuviera conmigo mientras hacía la denuncia. Me rebelé y dije que no hacía ninguna declaración si ella no estaba a mi lado ¿Cómo es posible que siendo las que hemos sufrido atropellos, somos nosotras las que sufrimos la desconfianza de las autoridades? La investigadora me contestó que el Código Penal no lo permitía pero que por esta vez iba a ceder. Luego llegó el fiscal después de haber estado declarando durante mucho tiempo y nos lee nuevamente el Código Penal. Al final, la abogada de la Defensoría pudo quedarse conmigo y nunca me dieron copia de la denuncia.

C.O.T.- ¿Es cierto que cuando fue abusada por segunda vez, sus violadores paramilitares la retuvieron durante varios días?
C.A.B.- Sí. Estaba en el pueblo cuando un grupo de paramilitares me obligó a irme con él. Pero a ellos no les importa si uno está en el monte o entre la gente porque saben que todo el mundo les tiene miedo. Estuve varios días con ellos. Luego me permitieron volver al pueblo. La tercera vez que abusaron de mí, lo hizo un hombre grande y moreno que me vio en una reunión. Esperó a que yo saliera y me siguió. Me alcanzó en una calle y me metió a un matorral. No pude hacer nada sino cerrar los ojos y aguantar. Cuando llegué a la casa donde me estaba quedando, la dueña y su hijo me preguntaron qué me había pasado. Al principio no les quise decir nada. Pero cuando les conté y les describí al violador, el muchacho me dijo: “cállate mujer. Cállate porque esos tipos son de lo más peligroso que hay. Son de las AUC”. La señora se puso muy nerviosa e insistía en que había que sacarme de la casa porque si no, iban a reclamarles a ellos por mí.

C.O.T.- Con esto que le ha pasado ahora de nuevo ¿Va a desistir de su tarea de ser defensora de los derechos de los desplazados?
C.A.B.- Le voy a ser sincera: el domingo me sentí tan mal, tan humillada y destrozada que pensé que me habían acabado ¿Cuatro veces arrodillada por los violadores? Me dije que no podía seguir. Les comenté a mis compañeras que todo había muerto para mí. Pero ellas me hicieron reaccionar. “Tú estarás muerta cuando te echen tierra encima”, me contestaron. Les insistí en que nunca había podido vivir el duelo de las violaciones pasadas pero que ahora sí me habían destruido. No es tan fácil superar esto porque, además, no se trata solamente de lo que me han hecho a mí. Sino de lo que les han hecho a otra personas frente a mí. Después me entró coraje y pensé que por qué iba a desistir si era eso lo que ellos querían. Decidí seguir luchando con más rabia. Por eso estoy dando esta entrevista.

“De 15 lideresas, 4 han sido atacadas sexualmente”

Pilar Rueda Jiménez es la Defensora Delegada para los Derechos de la Niñez, la Juventud y la Mujer de la Defensoría del Pueblo. Ha seguido, desde hace dos años y medio, los casos de ataques sexuales a mujeres líderes de las poblaciones desplazadas. En desarrollo de sus funciones, Rueda ha buscado que el Estado proteja a estas víctimas de manera efectiva. Por su trabajo, la defensora delegada fue declarada “objetivo militar” de las “Águilas Negras” y de “Los Rastrojos” (ver parte superior de la pág).

C.O.T.- La historia de Cleiner Almanza, así como las de Angélica Bello, María Eugenia Cruz y otras lideresas ¿están documentadas en la Defensoría del Pueblo?
P.R.J.- Sí. Hemos estado acompañando a estas mujeres para que se les restituyan sus derechos así como para que puedan acceder a la justicia. También examinamos el tipo de respuesta que el gobierno les da en materia de prevención y protección.

C.O.T.- ¿A usted le consta que los relatos de estas mujeres son ciertos y precisos?
P.R.J.- Sí, totalmente. El año pasado el Defensor del Pueblo publicó dos comunicados muy fuertes en que denunciaba el abuso sexual como método sistemático de ataque a las activistas de derechos. Hay, además, tres informes de riesgo sobre las mujeres de Cartagena, Buenaventura y Nariño.

C.O.T.- ¿Es posible, como dicen algunos funcionarios escépticos, que las mujeres exageren estos ataques?
P.R.J.- Ninguna mujer puede inventarse el dolor que produce un abuso sexual sin que se le note. La tragedia de las víctimas de este delito en todo el mundo, además de que sufren la peor humillación que una mujer puede padecer, es que casi nadie les cree porque la violación no es comprobable sino en determinadas circunstancias. Por eso el Estatuto de Roma es tan estricto cuando dice que el testimonio de la víctima debe tenerse como elemento importante y que su valoración siquiátrica es una prueba judicial válida.

C.O.T.- ¿Hay patrones de conducta identificables en los violadores sexuales en situaciones de guerra?
P.R.J.- Sí. Cuando el abuso se comete en el contexto del conflicto armado, los violadores suelen ser dos o más hombres. Cuando no hay conflicto armado, el abusador es solitario y oculto: no desea que lo identifiquen. En situaciones de guerra, aunque tratan de no ser identificados individualmente, buscan tener reconocimiento para generar temor entre la población femenina.

C.O.T.- Cleiner y sus compañeras no viven en Bogotá ¿Por qué las violan durante su estadía en la capital?
P.R.J.- Creo que tiene que ver con que ellas logran tener en Bogotá interlocución con funcionarios del alto gobierno y consiguen que éstos tomen decisiones importantes para sus comunidades. Aquí están también las oficinas de Naciones Unidas y las embajadas que se interesan por el cumplimiento de sus derechos, y las atienden. Es decir en esta ciudad ellas adquieren reconocimiento y representación política.

C.O.T.- ¿Cómo saben sus victimarios que ellas llegan a Bogotá?
P.R.J.- Esa es una pregunta que siempre nos hacemos y todavía no tenemos respuesta.

C.O.T.- ¿Cuántas de las representantes de las organizaciones de desplazados tienen medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?
P.R.J.- Quince lideresas. De ellas, cuatro han sido atacadas sexualmente.

C.O.T.- ¿Las cuatro atacadas, tenían las medidas de seguridad que el gobierno debía darles por la decisión de la CIDH?
P.R.J.- Pasó mucho tiempo antes de que esas medidas se hicieran efectivas. Todavía más de la mitad de las protegidas por la CIDH no tienen esquema alguno de seguridad.

C.O.T.- ¿La protección que se les presta a ellas es la tradicional, es decir, vehículos blindados y escoltas?
P.R.J.- Sí. Precisamente se discute si ese esquema tradicional masculino es el adecuado o si les genera nuevas formas de discriminación.

C.O.T.- ¿Por qué?
P.R.J.- Porque los escoltas han sido formados para proteger a quienes ellos consideran importantes. Eso significa connotación de clase, de género, de posición social y hasta de carácter étnico. Imagínese a los agentes protegiendo a mujeres desplazadas, afrodescendientes e, incluso, a algunas con limitaciones físicas.

C.O.T.- ¿Cree que a los escoltas les molesta tener que protegerlas?
P.R.J.- Pueden pasar dos cosas: uno, que como no están frente al gran personaje, relajen su trabajo y se descuiden. Dos, que construyan una relación diferente con su protegida, que no es la de subordinación. Adicionalmente ocurren otros fenómenos discriminatorios. Por ejemplo, en los retenes policiales despiertan sospechas.

C.O.T.- ¿Es cierto que en los barrios donde viven, los esquemas de seguridad también se convierten en un problema?
P.R.J.- Es cierto. Ellas llegan en carros que son vistos con desconfianza por los demás habitantes. Por si fuera poco, en cuanto las ven con vehículos, les suben el valor del arriendo de la vivienda y les cobran más por el mercado puesto que en el imaginario social tener escolta significa ascender socialmente.

C.O.T.- ¿Usted diría que hay que inventarse un esquema de protección distinto?
P.R.J.- Sí porque los esquemas de seguridad fueron creados para hombres de élite.

C.O.T.- ¿Este gobierno es sensible a estos temas y los atiende?
P.R.J.- Este gobierno muestra mayor interés pero hace falta dar pasos más concretos. El Estado tiene suficientes políticas, protocolos y avances legislativos de equidad pero deben materializarse. Hay que decirlo: la violencia contra las mujeres ha sido subvalorada. Ni el Ejecutivo ni la Justicia han reconocido la gravedad de lo que sucede. Es urgente cambiar la mentalidad sobre las violaciones. No es sino oír los relatos de estas mujeres cuando atienden los procesos. Las preguntas que les hacen los fiscales indican que el problema es mucho más hondo de lo que se cree.

C.O.T.- ¿Por qué las violan pero no las matan?
P.R.J.- Hay una lógica masculina de poder. Probablemente no las consideran enemigas tan grandes. Cuando las violan, las humillan y casi nadie les cree. En cambio si las matan, se vuelven heroínas. La violación es un instrumento de dominación y control de la población femenina.

“Sucia de violación”

Cecilia Orozco.- ¿Presentó denuncia por la violación que sufrió?
Cleiner Almanza- Nunca antes lo había hecho para no poner en peligro a mis familiares. Esta vez sí fui porque la doctora Pilar Rueda de la Defensoría del Pueblo, con quien tuve una cita a los dos días, me mandó a la Fiscalía. Me arrepentí porque me dieron a entender que no me creían.

C.O.- ¿La enviaron a Medicina Legal?
C.A.- Sí. Tampoco fue nada agradable. Me sentí ofendida porque miraron mi cuerpo y midieron golpe por golpe. Cuando llegó la doctora y le conté que me había bañado, enjabonado y enjuagado la boca varias veces, soltaba exclamaciones como de incredulidad ¿Se imaginaba que me iba a quedar sucia de violación? Si tenía asco de mí misma. No hubiera sido capaz, aunque se perdieran las pruebas.

C.O.- ¿Qué dijo el dictamen de Medicina Legal?
C.A.- Que no hay fluidos.

C.O.- ¿Medicina Legal certifica entonces la golpiza pero no la violación?
C.A.- Dice que no había pruebas de violación a pesar de que estaba tan golpeada en todas las zonas del cuerpo. En este país es casi imposible que el Estado reconozca los abusos sexuales.

Tomado de: http://www.elespectador.com/impreso/cuadernilloa/entrevista-de-cecilia-orozco/articulo-326055-decidi-luchar-mas-rabia

Imagen tomada de: http://www.elespectador.com/files/img_ipad/437871b3e258946fe851f8c8977c3535.jpg

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