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martes, 14 de febrero de 2012

La mirada miope del feminismo hegemónico


Por: Natalia Andújar*

Las creyentes, feministas o no, no son meras seguidoras de la barbarie ni instrumentos al servicio de las jerarquías religiosas

No, no se asusten. El título de mi artículo no es ningún alegato en contra del feminismo, no es ninguna defensa airada de los valores de la familia tradicional ni pretende alinearse con las tesis fascistas y machistas que presentan este movimiento como un grupo de mujeres histéricas, sexualmente insatisfechas o marimachos sin identidad propia. No y mil veces no. El feminismo, los feminismos, son movimientos dinámicos, plurales, imprescindibles para el futuro democrático de las sociedades.

Pero el feminismo blanco, burgués, eurocéntrico e institucional no representa a todas las mujeres ni siquiera a todas las feministas, a pesar de que los medios de comunicación lo presenten como el único legítimo, obviando la diversidad que existe en su seno. El efecto no puede ser más negativo: la disidencia aumenta al excluir las experiencias de millones de mujeres. Un feminismo que se mofa de las inquietudes de las propias mujeres, un feminismo que solo tiene en cuenta las necesidades y prioridades de un grupo minoritario y elitista, en definitiva, un feminismo exclusivo, solo puede dar como resultado el refuerzo del patriarcado, contra el que irónicamente se supone que pretende luchar.

El reciente artículo de Concha Caballero “Feminismo o barbarie” (El País, 31/12/2011), es un claro ejemplo de ese feminismo hegemónico cuya mirada esencialista de las religiones coincide con la de cualquier fundamentalista: “todas las religiones comparten un intenso rechazo a la igualdad de las mujeres”. Este tipo de afirmaciones categóricas presentan las lecturas patriarcales como auténticas mientras que las lecturas feministas y progresistas ni siquiera existen. La religión pasa a ser sinónimo de patriarcado, jerarquía y barbarie. Más aún, el machismo pasa a ser calificado como una “religión”. Una vez que se establecen e imponen estas definiciones esencialistas, no es posible construir un feminismo dentro del marco religioso. De esta manera se acaba perpetuando una homogeneidad dogmática en el pensamiento feminista y en nuestra acción.

El machismo se reduce a una visión fundamentalista de las religiones. No se tienen en cuenta otros factores importantes: económicos, culturales, comportamentales, políticos. Los ateos españoles no matan a sus mujeres y nuestras democracias “contemplan sin restricciones la total igualdad entre hombres y mujeres”. Los bárbaros son los otros.
  
No se puede leer el texto de Caballero sin tener en cuenta el contexto político que estamos viviendo. Refleja los miedos actuales de las feministas ante el auge del neoconservadurismo. Pero las creyentes, feministas o no, no son meras seguidoras de la barbarie ni instrumentos al servicio de las jerarquías religiosas. Tienen voz propia y no quieren renegar de su cristianismo, judaísmo e islam sino recuperar sus mensajes liberadores, justos e igualitarios. Ya hace tiempo que están luchando y tejiendo alianzas con otras feministas a las que el feminismo institucional ha expulsado de sus filas. No necesitan a nuevas “teólogas” laicas que les digan cómo deben interpretar sus propios textos sino que confíen en su capacidad de actuar y en su autonomía.

*Natalia Andújar es profesora y feminista musulmana, fue galardonada en 2010 con el premio Cedar “Mujeres Musulmanas Europeas Influyentes”

Tomado de: http://www.webislam.com/articulos/67878-la_mirada_miope_del_feminismo_hegemonico.html

Imagen tomada de: http://www.webislam.com/libs/timthumb.php?src=/media/2012/01/51675_nataliaandujar_big.png&w=300

Licencia del artículo: Copyright - Titular de la Licencia de artículo: WEBISLAM

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