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jueves, 16 de febrero de 2012

Los caballeros las quieren inteligentes


 Por: Florence Thomas*

Los hombres de hoy prefieren, buscan y tratan de amar a mujeres inteligentes y autónomas.

Está en temporada en el Teatro Nacional Los caballeros las prefieren brutas. Yo no la he visto, pero algunos amigos y amigas me dicen que en la obra de Isabella Santodomingo hay más bien pocas referencias al sugestivo título. Y es una lástima, porque la cuestión no carece de interés, como lo demuestran las importantes ventas del libro que inspiró a este montaje teatral.

Para empezar, es importante reconocer la complejidad inherente al encuentro amoroso: hombres y mujeres compartimos el ejercicio de la conciencia, de la razón y de las emociones, pero las voces de ellos y las voces nuestras no tienen el mismo eco. Nuestras carencias, fantasmas y defectos no son los mismos porque nuestras historias de construcción de identidad son muy distintas, lo que significa que nuestras maneras de otorgarles sentido a nuestras vidas no son comparables.

Pero de ahí a pensar que en medio de esta complejidad del amor los hombres las prefieran brutas hay un largo trecho; en el fondo, pensar que esto es así, no solo es denigrante para nosotras; también lo es para ellos mismos.

Por el contrario, yo creo que los hombres de hoy prefieren, buscan y tratan de amar a mujeres inteligentes y autónomas, pues, primero, eso les permite competir con ellas y reconocerlas como pares, aun cuando así sigan poniendo a prueba su poder buscando tener siempre la razón a como dé lugar.

Además, ellos han entendido que, con mujeres inteligentes, tienen la oportunidad de crecer más rápido y dejar atrás la eterna imagen de madre a la que siguen atados. Romper el cordón umbilical es hoy su único modo de llegar a la mujer, a esta mujer deseante, enigmática y tantas veces incomprensible.

No debe ser fácil para ellos; sin embargo, hoy día saben -o, mejor, intuyen- que es el camino para reencontrarse con ellas, construyendo nuevos pactos de solidaridad y novedosas maneras de lograr ajustar esta imperiosa necesidad del amor a este despótico deseo de autonomía. Estoy cada día más convencida de que los hombres ya se cansaron de chupar leche materna y están aprendiendo a deleitarse con las mieles agridulces de estas mujeres que los sorprenden, que los dejan a veces sin respuestas y que hacen el amor como diosas. Y no me lo estoy inventando. Algunos hombres, temerarios y valientes, ya lo han confesado públicamente.

Acordémonos del elogio de la mujer brava de Héctor Abad Faciolince: "Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas (...); son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario) o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas".

O también del escrito de Santiago Gamboa sobre las mujeres de más de 40 años: "Por cada impactante mujer de más de 40, inteligente, divertida y sexy, hay un hombre con casi o más de 50... pelado, gordo, barrigón y con pantalones arrugados haciéndose el gracioso con una chica de 20 años. ¡Señoras... les pido perdón por ello...!". Los hombres, nuestros hermanos, nuestros amantes y nuestros amigos de siempre, se están cansando de estas mujeres que juegan a ser brutas, tan llenas de lugares comunes, tan poco arriesgadas, tan aburridas. Y ellas, las que creen aún que los caballeros las prefieren brutas, no saben lo que se pierden, sin debatir de tú a tú con ellos, sin enseñarles a escuchar ese misterioso deseo nuestro, develándoles nuestros sueños más oscuros, discutiendo horas enteras sobre la posibilidad del encuentro amoroso, intentando explicarles los caminos del devenir femenino que nadie entiende; ni siquiera nosotras.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

Tomado de: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/florencethomas/florence-thomas-colum_11137421-4

Licencia del artículo: Copyright - Titular de la Licencia de artículo: ELTIEMPO

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