Por
Susan Tolmay[1]
El rol de las mujeres y las
niñas como clave para cambiar el curso del desarrollo ha recibido una atención
cada vez mayor en años recientes, reforzado aún más por llamados a convertir la
igualdad de género en una piedra angular del desarrollo, pero ¿se ha traducido
la retórica del compromiso en un verdadero apoyo financiero?
Asignar
un mayor financiamiento a las organizaciones de mujeres es una “medida esencial
para mantener un movimiento de mujeres vibrante”. Las organizaciones y los
movimientos de mujeres son importantes debido a su capacidad de construir
formas individuales y colectivas de empoderamiento y abogar por cambios, como
también porque crean una transformación sostenida a múltiples niveles que los
cambios en las políticas o las intervenciones limitadas no pueden lograr por sí
solos.
A
raíz de una Reunión del Grupo de Expertos sobre la financiación en favor de la
igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer en 2007,[2] la
Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW) manifestó
preocupaciones sobre la falta de apoyo y compromiso políticos y de asignaciones
presupuestarias específicas para la igualdad de género y los derechos de las
mujeres. Se identificó que el bajo financiamiento y la falta de priorización
del sector por parte de gobiernos y donantes afectan la integridad y capacidad
de las oficinas nacionales de la mujer y las organizaciones de mujeres para
implementar plenamente los derechos y la igualdad de las mujeres y abogar por
éstos. Sin embargo, a pesar de haberse reafirmado el lugar central de los
derechos humanos y de las mujeres en el desarrollo y subrayado la importancia
de implementar compromisos globales clave, hasta la fecha ha habido pocos
progresos en la implementación de las recomendaciones propuestas por la
Comisión en 2008, las cuales fueron amplias y abarcadoras, centrándose en una
amplia gama de flujos financieros.
Contexto global
Una
serie de factores influye en la realización de los compromisos sobre el
financiamiento para la igualdad de género. La crisis financiera mundial y la
recesión económica que iniciaron en 2008 fueron apenas una dimensión de un
conjunto más amplio de crisis interconectadas—alimentaria, energética,
medioambiental y humanitaria—que continúan desarrollándose y moldean las
realidades actuales. Estas crisis afectan significativamente a las mujeres y
tienen impactos negativos sobre sus roles centrales en varios sentidos—como
productoras agrícolas y proveedoras para sus familias (especialmente en el Sur
global). Las mujeres constituyen la mayoría de las personas pobres, como también
en posiciones laborales vulnerables y de baja remuneración, todo lo cual es
exacerbado por la desigualdad salarial por razón de sexo. [3] Asimismo, son
afectadas desproporcionadamente por la crisis energética y los recurrentes
desastres medioambientales y crisis humanitarias que se asocian al cambio
climático.
También
ha habido un aumento de reacciones adversas y violencia contra las defensoras
de los derechos humanos.[4] Además, hemos visto que se ha intensificado la
represión contra los movimientos sociales y la sociedad civil, el sector
corporativo tiene más poder, hay militarización en respuesta al disenso civil y
un mayor crecimiento y fortalecimiento de redes criminales y de actores
religiosos fundamentalistas. Todas estas tendencias, sumadas a un difícil
ambiente de financiamiento y mayor desigualdad y pobreza en mujeres y niñas,
han empeorado los retos o creado otros para activistas por los derechos de las
mujeres y movimientos dedicados a promover la igualdad de género y los derechos
de las mujeres en todo el mundo.
Cooperación para el desarrollo
Debates
más amplios sobre el rol de la igualdad de género en el desarrollo han
resaltado que, pese a los compromisos oficiales, las articulaciones de donantes
y países en desarrollo para la igualdad de género suelen ser imprecisas,
carecen de prioridades y objetivos bien definidos y raras veces tienen
presupuestos específicos, dedicados o dotados de recursos adecuados. Es
necesario que gobiernos y donantes sean concretos y específicos en dar
seguimiento a sus compromisos.
A
nivel internacional, activistas por los derechos de las mujeres y la igualdad
de género que participan en discusiones sobre la eficacia de la ayuda y el
desarrollo han estado cabildeando por un giro en los discursos dominantes
sobre el desarrollo hacia un paradigma inclusivo, sostenible y justo que
reconozca y valore el trabajo reproductivo y de cuidados y promueva el trabajo
digno, la sostenibilidad del medio ambiente, el empoderamiento de las mujeres y
las niñas y los derechos humanos de todas las personas.
Activistas
y organizaciones que defienden los derechos de las mujeres y la igualdad de
género han estado al frente de la incidencia y crítica en torno a los procesos
de la Declaración de París y la eficacia de la ayuda, muy ciegos al
género, subrayando particularmente la importancia de colocar la igualdad de
género, la sostenibilidad del medio ambiente y los derechos humanos al centro
de cualquier marco efectivo de cooperación para el desarrollo. Pese a que el
párrafo 3 del Programa de Acción de Accra señala que “la igualdad de
género, el respeto por los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental son
esenciales para lograr un efecto duradero sobre las vidas y el potencial de
mujeres, hombres y niños pobres”, la implementación ha sido poco uniforme o
seriamente limitada.
En
seguimiento a la Declaración de París y a fin de crear un marco más fuerte de
cooperación para el desarrollo, de camino al Cuarto Foro de Alto Nivel
sobre la Eficacia de la Ayuda (FAN4) celebrado en 2011 en Busán, Corea del Sur,
activistas y organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres elaboraron recomendaciones
específicas que resaltan la necesidad de coherencia en las políticas, de
manera que las políticas económicas (por ejemplo, sobre comercio, migración,
energía, etc.) y sociales “no trabajen con fines contradictorios, resultando en
un aumento o persistencia de la desigualdad social y de género”.
Otro
factor en juego es el rol de economías emergentes como el bloque BRICS
(integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que podrían pronto
exceder la producción total de riqueza de los países actualmente más ricos.
Será importante vigilar en el futuro su influencia y sus decisiones sobre los
compromisos en materia de derechos de las mujeres e igualdad de género, así
como prestar atención a los cambiantes compromisos de donantes clave en el
Norte (y ciudadanos de esos países) en cuanto a que proporcionen asistencia
oficial para el desarrollo (AOD) y cumplan su compromiso de asignar el 0.7 por
ciento de su producto interno bruto a la AOD.
Tendencia a invertir en mujeres
y niñas
En
los últimos 3-5 años ha habido un giro importante en las posiciones respecto al
desarrollo, observándose mayor interés de diferentes instituciones regulares en
el potencial y las posibilidades de “invertir en mujeres y niñas” e “invertir
en la igualdad de género” para erradicar la pobreza, incrementar la seguridad y
mejorar la condición y los medios de sustento de las mujeres.
Aun
reconociendo las oportunidades que esta tendencia ofrece y el hecho de que las
mujeres son centrales para el desarrollo, el crecimiento económico y la
igualdad, como claramente lo demostró el Informe sobre el desarrollo
mundial 2012, [5] es importante trascender este marco para reconocer el rol
esencial de las mujeres en el desarrollo, avanzar la justicia social más allá
de la “economía inteligente”[6] y asegurar que la igualdad de género es un
derecho, no sólo el medio hacia un fin (el desarrollo económico). Las
estrategias para la reducción de la pobreza y el desarrollo económico deben
rebatir los modelos basados en patrones insostenibles de consumo y producción,
la privatización de los sistemas públicos y la explotación de relaciones de
género y sociales desiguales.
Tendencias en el financiamiento
bilateral y multilateral para la igualdad de género y el empoderamiento de las
mujeres
Aunque
los donantes han reconocido que la igualdad de género es una piedra angular del
desarrollo y algunos gobiernos y agencias multilaterales están proporcionando
mayores niveles de financiamiento que otros, en general los compromisos y el
interés respecto a la igualdad de género no se traducen en más recursos. Con
suma frecuencia, el financiamiento para la igualdad de género queda rezagado
ante otras prioridades.
Los
datos sobre financiación muestran el grado al cual se subvalora la
igualdad de género a nivel bilateral y multilateral, pese a la fuerte retórica
sobre la importancia de las mujeres y las niñas en el desarrollo. Datos del
Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos (OCDE) (sector código 15170 sobre el financiamiento para
organizaciones e instituciones de mujeres) muestran que US$331.8 millones en el
presupuesto de 2010 fueron destinados a organizaciones de mujeres e
instituciones de género (incluyendo oficinas nacionales de la mujer), lo cual
representa el 1.3 por ciento de todos los fondos asignados a la igualdad de
género que el CAD analizó (US$24.9 mil millones). Además, la más grande agencia
multilateral dedicada a la igualdad de género, ONU Mujeres, tuvo un presupuesto
de apenas US$235 millones en 2011, lo cual equivale al 4 por ciento del
presupuesto total de la ONU para ese año (aproximadamente US$5.4 mil millones)
y ni siquiera llega a la meta de US$500 millones que esperábamos que ONU
Mujeres tuviera en su primer año.
Una
reciente investigación de Gender Action sobre el compromiso del Banco
Mundial hacia la igualdad de género reveló marcadas brechas entre el discurso y
llamado del Informe sobre el desarrollo mundial 2012 y las
inversiones reales: el gasto del Banco Mundial para “desarrollo social, género
e inclusión” fue de menos del 2 por ciento de su presupuesto para 2011. Si
las mujeres representan la mitad de la población mundial y la igualdad de
género es una prioridad de tan alto nivel que múltiples marcos internacionales
(desde la Plataforma de Acción de Beijing hasta el FAN4) han afirmado la
importancia y centralidad de invertir en la igualdad de género, entonces el
financiamiento que se ha proporcionado hasta la fecha es un claro indicador de
que al compromiso político para convertirla en una auténtica prioridad le queda
un largo camino por recorrer. Ya es hora de cumplir este compromiso y esperamos
que todos los donantes paguen esta deuda que tienen pendiente con las mujeres
de todo el mundo y cumplan pronto sus obligaciones.
Hallazgos de la investigación
de la iniciativa Dónde está el Dinero para los Derechos de las Mujeres (WITM)
sobre el estado de la financiación dirigida a organizaciones de mujeres
Un
análisis preliminar de la reciente investigación llevada a cabo por AWID en su
encuesta mundial de 2011 a 1,119 organizaciones de mujeres de todo el mundo
resalta algunas de las realidades enfrentadas desde 2008.
Los
hallazgos ofrecen un panorama mixto para los ingresos y la sostenibilidad
financiera de las organizaciones de mujeres. Aunque muchas organizaciones
habían alcanzado sus presupuestos ideales en 2010 y hubo numerosos incrementos
en la financiación, también hay un grupo significativo de organizaciones que
están enfrentando serios problemas. [7]
Los
ingresos promedio son sorprendentemente bajos y la mayoría de organizaciones no
había obtenido el ingreso que necesitaba para 2011, aunque ya la mitad del año
había transcurrido. En todos los tipos de organizaciones parece haber una
tendencia general de financiamiento fragmentado dirigido con mayor frecuencia a
un proyecto, no a apoyo esencial, y ciclos de subsidios de un año de duración
en lugar de compromisos para múltiples años. [8]
Hay
una falta de coincidencia en las prácticas de desembolso de fondos (que van
desde la cantidad, la calidad y el tipo de financiación hasta las estructuras
de rendición de cuentas asociadas a ese financiamiento) para el tipo de trabajo
estructural a más largo plazo que las organizaciones y movimientos de mujeres
realizan. Si los compromisos de los donantes respecto a financiar la igualdad
de género han de ser exitosos, esto requiere un giro en cómo se entregan los
fondos—pasando de los ciclos de financiamiento fragmentado y de corto plazo a
alianzas a más largo plazo de apoyo predecible, flexible y para múltiples años.
Asimismo, es necesario ampliar y aumentar el financiamiento para la igualdad de
género y el empoderamiento de las mujeres y en particular el que llega
directamente a las organizaciones de mujeres, tal como lo evidencian la alta
demanda y los pocos fondos disponibles en general, además de la falta de
sostenibilidad de las organizaciones y movimientos en el sector.
Notas:
[1]
Este artículo se basa en una presentación de Lydia Alpízar Durán,
Directora Ejecutiva de AWID, ante la 56a. sesión de la Comisión de la Condición
Jurídica y Social de la Mujer (CSW) de las Naciones Unidas el jueves 1 de marzo
de 2012.
[2]
Informe de la Reunión del Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre la
financiación en favor de la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de
la mujer (EGM/FFGE/2007/REPORT), Oslo, 4 a 7 de septiembre de 2007 (disponible
en inglés).
[3]
Organización Internacional del Trabajo, 2009, Tendencias mundiales del
empleo de las mujeres: marzo de 2009. Ginebra: OIT, pág. 18.
[4]
Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Informe de la Sra.
MargaretSekaggya, Relatora Especial sobre la situación de los defensores de los
derechos humanos (A/HRC/16/44), 20 de diciembre de 2010.
[5]
Banco Mundial, 2011, Informe sobre el desarrollo mundial 2012: Igualdad
de género y desarrollo. Washington, DC: Banco Mundial. Disponible en español: Panorama
general. [Ver también el comunicado de prensa ‘Buscar la igualdad de
género: Es acertado y tiene sentido Informe del Banco Mundial’, 18 de
septiembre de 2011.]
[6]
Ibíd., pág. 3.
[7]
Los datos muestran que casi la mitad de grupos de mujeres aseguró su situación
financiera tras haber alcanzado su presupuesto ideal para 2010 (44 por ciento)
y pocas (3 por ciento) tenían excedentes presupuestarios. Sin embargo, más de
un tercio de organizaciones de mujeres (35 por ciento) experimentó dificultades
significativas en cuanto a alcanzar su presupuesto ideal para 2010. Casi el 15
por ciento de las organizaciones enfrentó insuficiencias presupuestarias
catastróficas que oscilaron entre el 80 y 100 por ciento. La mayoría de
organizaciones (54 por ciento) experimentó insuficiencias entre el 20 y 50 por
ciento, mientras que el 14 por ciento de organizaciones tuvo insuficiencias más
grandes que iban del 55 al 75 por ciento. En el lado menos extremo,
insuficiencias menores a moderadas (entre 5 y 15 por ciento) afectaron al 14
por ciento de organizaciones de mujeres.
[8]
Resultados de la investigación WITM en 2011 muestran que más de una quinta
parte (21 por ciento) de las organizaciones de mujeres en la muestra ha perdido
donantes desde 2008. Estas reducciones las han impactado, llevándolas a
enfrentar pérdidas en diversas maneras y principalmente a recorte de
actividades (66 por ciento), programas y proyectos (52 por ciento), reducción
del personal (47 por ciento) o falta de salarios para el personal (38 por
ciento). Una quinta parte de las organizaciones de mujeres en la muestra
reportó estar enfrentando la amenaza de un cierre potencial. [Ver también
investigaciones anteriores de AWID: Tendencias en el financiamiento:
Agencias bilaterales y multilaterales y Contexto y tendencias que influyen
en el panorama del financiamiento para la igualdad de género, las
organizaciones y los movimientos de mujeres]
Fuente:
Notas de los Viernes de AWID, 16 de marzo de 2012. Título original: ‘Financing
for Gender Equality: Rhetoric Versus Real Financial Support’ Traducción: Laura
E. Asturias
Tomado
de: http://awid.org/esl/Las-Noticias-y-Analisis/Notas-de-los-Viernes/Financiacion-para-la-igualdad-de-genero-Retorica-contra-real-apoyo-financiero
Licencia
del artículo: Creative Commons - Titular de la Licencia de artículo: AWID
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