Por:
Campaña Colombiana Contra Minas.
La situación en Colombia merece
un análisis desde este contexto, considerando que los estudios, documentación y
análisis al respecto son escasos y las estadísticas sólo nos muestran un
pequeño porcentaje de la realidad.
Partamos
de la definición que la Convención de Ottawa hace de víctima: “Toda persona que
haya sufrido daños individuales o colectivamente causados por un accidente por
MAP, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas
económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales. El término
comprende víctimas mortales, sobrevivientes, y la familia
inmediata”. (El subrayado es nuestro).
Víctimas directas
Colombia
presenta un registro histórico de víctimas directas desde 1990 hasta abril de
2009. De 2682 víctimas civiles de MAP y MUSE, 383 han sido mujeres, 2250,
hombres. Sobre el género de 49 víctimas no se tiene información. Las cifras nos
muestran la diferencia de afectación por género. Es mucho mayor el número de hombres
víctimas directas por MAP/MUSE que de mujeres. Pero, ¿cuántos de estos
accidentes traen como consecuencia mujeres en calidad de víctimas indirectas?
Las
mujeres víctimas de MAP y MUSE se ven enfrentadas a patrones sociales y culturales
previamente determinados, que hacen que el proceso de recuperación de las mujeres
sea más complicado porque el pre establecimiento cultural de roles ha delegado
a las mujeres el cuidado del hogar.
Estas
mujeres se ven afectadas no sólo por las secuelas físicas del accidente, sino por
la nueva condición de vulnerabilidad, estigmatización, aislamiento y afectación
psicosocial. A menudo las mujeres reducen su tratamiento médico y de
rehabilitación por condiciones económicas y por la imposibilidad de
abandonar la responsabilidad adquirida frente al hogar, siendo las mujeres,
culturalmente, quienes asumen el papel de “cuidadoras del hogar”.
Si
pensamos en las estadísticas de seguimiento, la situación puede ser aún más dramática,
pues Colombia tiene una gran deficiencia de información. Esta situación hace
que sea imposible conocer la situación en las que las 383 víctimas mujeres se encuentran
luego del accidente, si fue posible o no su atención integral o cómo es su situación
y actividad económica. Se cuenta únicamente con las estadísticas básicas de edad,
género, tiempo y lugar del accidente. Así pues, uno de los pocos datos de los
que se tiene conocimiento es que entre 1990 y abril de 2009 se presentó un
registro de víctimas de 229 mujeres mayores de edad y 154 menores.
Antioquia
presenta el mayor reporte con 108 mujeres afectadas, Nariño ocupa el segundo
lugar con 34. Como se muestra en la gráfica, ocho de los departamentos más
afectados reportan una tendencia similar en cuanto al porcentaje registrado
de mujeres víctimas.
Las
víctimas directas enfrentan entonces consecuencias ajenas al mismo
conflicto, consecuencias ideológicas que entorpecen el proceso de recuperación
y el acceso a una Atención Integral donde
el componente sicológico tendría una gran relevancia.
Víctimas indirectas
Por
la condición de mujeres, los roles jugados son de madres, esposas, hijas, hermanas,
etc. Cuando algo le ocurre a otro miembro de la familia, son las representantes
del hogar y las encargadas de sostenerlo convirtiéndose así en víctimas
indirectas que cargan con la responsabilidad no sólo del hogar, sino del
sostenimiento del mismo y el cuidado de quien sufrió el accidente.
A
pesar de tener tanta relevancia en la sociedad, las víctimas indirectas son
prácticamente invisibles. En Colombia NO existe ningún registro de víctimas
indirectas que nos permita conocer la real afectación y el impacto de las minas
antipersonal.
Luego
de revisar las diferentes variables que presentan las víctimas directas nos podríamos
aventurar a hacer un planteamiento: de
existir un registro de víctimas indirectas, estas serían en su mayoría
mujeres y aumentarían significativamente las cifras sobre las que
basamos los objetivos de la Asistencia Integral. Nos apoyamos en
relatos de víctimas que han contado con la ayuda de la CCCM en su proceso
de recuperación, quienes han quedado al cuidado de sus hijos, esposos, hermanos
o padres cuando son estos las víctimas directas.
Las
mujeres se ven enfrentadas entonces a una doble condición de
vulnerabilidad. Aun así no existe el reconocimiento necesario y suficiente para
estas víctimas indirectas contempladas por la Convención de Ottawa y por las
cuales el país debe hacer un esfuerzo mayor no sólo de reconocimiento, sino de Asistencia
Integral.
De
más está decir que es fundamental hablar, estudiar, analizar este tema de
víctimas indirectas de MAP y MUSE, a fin de incluirlas en las estadísticas y
en los programas de atención integral.
Tomado
de: http://www.colombiasinminas.org/index.php?page=entrevistas
Imagen
de: Portada Colombia sin minas, julio de 2009. Campaña Colombiana Contra Minas.
Licencia
del artículo: Creative Commons - Titular de la Licencia de
artículo: Campaña Colombiana Contra Minas.
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