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miércoles, 4 de abril de 2012

Dos miradas al panorama de minas y género en el país

Por: Campaña Colombiana Contra Minas.

La situación en Colombia merece un análisis desde este contexto, considerando que los estudios, documentación y análisis al respecto son escasos y las estadísticas sólo nos muestran un pequeño porcentaje de la realidad.

Partamos de la definición que la Convención de Ottawa hace de víctima: “Toda persona que haya sufrido daños individuales o colectivamente causados por un accidente por MAP, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales. El término comprende víctimas mortales, sobrevivientes, y la familia inmediata”. (El subrayado es nuestro).

Víctimas directas

Colombia presenta un registro histórico de víctimas directas desde 1990 hasta abril de 2009. De 2682 víctimas civiles de MAP y MUSE, 383 han sido mujeres, 2250, hombres. Sobre el género de 49 víctimas no se tiene información. Las cifras nos muestran la diferencia de afectación por género. Es mucho mayor el número de hombres víctimas directas por MAP/MUSE que de mujeres. Pero, ¿cuántos de estos accidentes traen como consecuencia mujeres en calidad de víctimas indirectas?

Las mujeres víctimas de MAP y MUSE se ven enfrentadas a patrones sociales y culturales previamente determinados, que hacen que el proceso de recuperación de las mujeres sea más complicado porque el pre establecimiento cultural de roles ha delegado a las mujeres el cuidado del hogar.

Estas mujeres se ven afectadas no sólo por las secuelas físicas del accidente, sino por la nueva condición de vulnerabilidad, estigmatización, aislamiento y afectación psicosocial. A menudo las mujeres reducen su tratamiento médico y de rehabilitación por condiciones económicas y por la imposibilidad de abandonar la responsabilidad adquirida frente al hogar, siendo las mujeres, culturalmente, quienes asumen el papel de “cuidadoras del hogar”.

Si pensamos en las estadísticas de seguimiento, la situación puede ser aún más dramática, pues Colombia tiene una gran deficiencia de información. Esta situación hace que sea imposible conocer la situación en las que las 383 víctimas mujeres se encuentran luego del accidente, si fue posible o no su atención integral o cómo es su situación y actividad económica. Se cuenta únicamente con las estadísticas básicas de edad, género, tiempo y lugar del accidente. Así pues, uno de los pocos datos de los que se tiene conocimiento es que entre 1990 y abril de 2009 se presentó un registro de víctimas de 229 mujeres mayores de edad y 154 menores.

Antioquia presenta el mayor reporte con 108 mujeres afectadas, Nariño ocupa el segundo lugar con 34. Como se muestra en la gráfica, ocho de los departamentos más afectados reportan una tendencia similar en cuanto al porcentaje registrado de mujeres víctimas.

Las víctimas directas enfrentan entonces consecuencias ajenas al mismo conflicto, consecuencias ideológicas que entorpecen el proceso de recuperación y el acceso a una Atención Integral donde el componente sicológico tendría una gran relevancia.

Víctimas indirectas

Por la condición de mujeres, los roles jugados son de madres, esposas, hijas, hermanas, etc. Cuando algo le ocurre a otro miembro de la familia, son las representantes del hogar y las encargadas de sostenerlo convirtiéndose así en víctimas indirectas que cargan con la responsabilidad no sólo del hogar, sino del sostenimiento del mismo y el cuidado de quien sufrió el accidente.

A pesar de tener tanta relevancia en la sociedad, las víctimas indirectas son prácticamente invisibles. En Colombia NO existe ningún registro de víctimas indirectas que nos permita conocer la real afectación y el impacto de las minas antipersonal.

Luego de revisar las diferentes variables que presentan las víctimas directas nos podríamos aventurar a hacer un planteamiento: de existir un registro de víctimas indirectas, estas serían en su mayoría mujeres y aumentarían significativamente las cifras sobre las que basamos los objetivos de la Asistencia Integral. Nos apoyamos en relatos de víctimas que han contado con la ayuda de la CCCM en su proceso de recuperación, quienes han quedado al cuidado de sus hijos, esposos, hermanos o padres cuando son estos las víctimas directas.

Las mujeres se ven enfrentadas entonces a una doble condición de vulnerabilidad. Aun así no existe el reconocimiento necesario y suficiente para estas víctimas indirectas contempladas por la Convención de Ottawa y por las cuales el país debe hacer un esfuerzo mayor no sólo de reconocimiento, sino de Asistencia Integral.

De más está decir que es fundamental hablar, estudiar, analizar este tema de víctimas indirectas de MAP y MUSE, a fin de incluirlas en las estadísticas y en los programas de atención integral.

Tomado de: http://www.colombiasinminas.org/index.php?page=entrevistas

Imagen de: Portada Colombia sin minas, julio de 2009. Campaña Colombiana Contra Minas.

Licencia del artículo: Creative Commons - Titular de la Licencia de artículo: Campaña Colombiana Contra Minas.

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