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miércoles, 11 de abril de 2012

Florence Thomas: "que no vengan a decir que odio a los hombres"


Por: Salud Hernández

Esta francesa, nacionalizada como colombiana, lleva años dedicada a la defensa de los derechos de la mujer. Salud Hernández, una española que también se nacionalizó, se sentó a conversar con ella y la puso a opinar sobre este país que, aunque machista, conservador y violento, estas dos mujeres tanto quieren.

Hay hombres que la ven como a una vieja amargada, intragable, que los detesta. Otros van más allá y piensan que las feministas, no sólo ella, son antigüedades que merecen estar en una urna. Sin embargo, entre las mujeres cuenta con muchas adeptas, que ven reflejados en sus escritos y declaraciones sus propios sentimientos, rabias y angustias.

En el transcurso de la entrevista en su apartamento bogotano se muestra como una la imagina sin conocerla personalmente: de convicciones firmes; con el corazón a la izquierda pero sin apasionamientos; anticlerical; tranquila hasta que le tocan las fibras sensibles de un feminismo que transpira por todos los poros; entrañable, hospitalaria, seria. Resulta difícil llevarla a terrenos frívolos, sacarla de su discurso a favor de las mujeres y sus maltrechos derechos, que expresa con una pasión inagotable, como si fuese el primer día de protesta y no rozara los setenta.

¿Por qué será que a muchos hombres usted les parece una señora odiosa y resentida?

-Por los mitos del feminismo, que dicen que hemos declarado la guerra a los hombres. A veces les extraña que les diga que vine a Colombia por un hombre; no he tenido sino hermanos e hijos varones. Que me vengan a decir que odio a los hombres, es ridículo. Nosotros no hemos declarado la guerra a nadie, sólo a la cultura patriarcal y a los hombres violentos que maltratan a las mujeres.

Y agregan otros que es como una hippie pasada de moda, apolillada, que las feministas deben ir al museo.

-En un país como Colombia, atravesado por el conflicto armado, el feminismo es más pertinente que nunca, es un humanismo que intenta cerrar la brecha entre hombres y mujeres. Es lo que hacemos, y la revolución la hicimos sin fusiles, sin tanques, sin un solo muerto.

¿Se puede ser católica, apostólica y romana, y feminista?

-Sí, tengo buenas amigas, un grupo muy interesante que se llaman Católicas por el Derecho a Decidir. Sí, se puede ser católica y feminista.

¿Por qué; atacan más a la Iglesia católica que a la musulmana? ¿Les da pavor que un radical islamista las mande a la hoguera, o porque tiene más morbo meterse con el papa?

-No sé por qué, pero tres de las grandes religiones del mundo: islamismo, judaísmo y catolicismos, odian a las mujeres. Yo me casé por la Iglesia antes de venir a Colombia porque si no mi mamá se hubiera muerto. Sí, le tengo rabia a ciertos curas, al poder de la Iglesia, a lo que piensa. La Iglesia para mí tiene un tabú, no se puede tocar el cuerpo de las mujeres, cada vez que avanzamos en los derechos reproductivos y sexuales, los curas lo detienen. Se tendrían que sicoanalizar todos

¿Por qué Día de la Mujer, Secretaría de la Mujer, si los que tienen problemas son los hombres? ¿Por qué no Día del Hombre, que es el que crea los problemas de incesto, violación y maltrato? ¿No sería mejor gastar todas sus energías en estudiar su cerebro y modificarlo?

-(Risas) Pero el Día del Hombre es todos los días. No es estudiar el cerebro del hombre, es una cultura patriarcal, es una ideología de poder. Los educamos así, les hacen creer que el cuerpo de las mujeres les pertenece. El Día de la Mujer es de conmemoración para recordar las luchas por sus derechos.

Insisto. A un hombre que le gusta tirarse a una niña de dos años, o a su hija; que se gasta la quincena en mil cervezas, es quien tiene el problema, no la mujer.

-(Risas) Tal vez sí, pero lo que quisiéramos es que sean los hombres mismos los que respondan a eso. No me van a pedir a mí que trabaje con los hombres, que sean ellos los que se hagan estas preguntas, como las mujeres lo han hecho muy valientemente desde el siglo XX, cuando se empezaron a cuestionar sobre cómo existían en el mundo. No, yo no estoy de acuerdo con que haya el Día del Hombre, lo tienen todos los días, ellos festejan, ellos conmemoran.

Sobre su paisano Sarkozy: ¿no cree que destapó al pendejo que llevaba dentro cuando presumió de conquista paseando a la Bruni por las pirámides de Egipto?

-(Risas) No sé. Escogió una mujer que hizo hablar mucho de él.

¿No siguió esa costumbre de machos de mostrar un trofeo para reivindicarse?

-Sí, tienen que mostrar que tienen el florero ahí. Es una manifestación de machismo. Además, fue muy criticado por eso, se burlaron mucho de él en un programa de marionetas que hay en Francia.

¿Qué tiene un hombre europeo que no tenga un colombiano, y al contrario?

-Desde que tenía cincuenta años me encantaba volver de vacaciones a Francia porque ―voy a decir algo que va en contra del feminismo, pero no importa― yo sentía que todavía era posible el encuentro con los hombres, podía seducirlos, lo que no pasa aquí. Aquí, después de los cuarenta, estás como un yogur vencido. Eso es lo que me parece delicioso de volver a Europa, es que la mirada de los hombres a las mujeres es otra, puede una tener arrugas y ser interesante para un hombre. Aquí no. Es terriblemente dura la mirada de los hombres a las mujeres y a las que no tienen 60-90-60. Es como el reinado de belleza, una feria de ganado, es abominable.

¿Es la colombiana, como dicen algunos, sumisa, buena ama de casa, coqueta, consentidora, buen polvo? ¿Son las claves de su éxito con los hombres?

-Exactamente. Estoy de acuerdo, inclusive no estoy segura de si buen polvo. Yo creo que a los hombres colombianos no les interesa que ellas sean buen polvo sino que ellos puedan tirar bien con quien sea. Incluso, no les interesa que sean buenos polvos porque de pronto se vuelven exigentes.

¿Qué le pareció que Escalona, cuando murió, dejara diecinueve hijos regados? ¿Será que las mujeres costeñas tragan demasiado?

-La herencia del semental, del macho, es todavía una referencia de la masculinidad muy fuerte, tener hijos sin ninguna noción de paternidad. Eso está cambiando bastante, gracias, en parte, al trabajo de las feministas, las mujeres saben que son sujetos de derecho, que pueden exigirlos. Y los hombres han entendido que si quieren quedarse al lado de las mujeres, tienen que cambiar o disimular. Las mujeres han entendido que es más rico estar solas que mal acompañadas a pesar de que la soledad es todavía un peso duro para ellas.


¿Y a Florence qué le sedujo de las mujeres colombianas?

-Ese valor de que nunca están cansadas. Tienen una manera para asumir el duelo, la desgracia, que me ha dejado boquiabierta muchas veces, heroínas anónimas. Mujeres que han perdido un hijo con los paramilitares, otro con la guerrilla, otro allá, que siguen cuidando la tierrita, que han entendido que las redes entre amigas son importantes.

¿Ustedes luchan por que una niña de doce años pueda abortar. ¿No sería más lógico luchar porque una niña de esa edad no tirara tan pronto?

-Por supuesto. En Francia, cuando pasó la ley del aborto, fue acompañada de una formidable campaña de educación sexual, que no ha habido aquí.

¿No será que la educación sexual fracasa porque está mal hecha?

-No. Fracasa porque no hay. Actualmente Colombia tiene la medalla de oro de América Latina en embarazo de adolescentes. Y, sin embargo, al lado de eso, hemos descendido en fecundidad de manera formidable. La tasa cuando llegué al país era 7,4 y hoy día es 2,2.

Todavía es alta…

-Sí, tenemos que llegar a 1,8. Lo que es dramático es la diferencia entre las mujeres pobres y no pobres. Ver niñas de once años embarazadas es terrible.

¿No sería mejor fomentar campañas como la que hizo un alcalde de Cúcuta, vasectomía gratis, aunque le tildaron poco menos que de nazi?

-Estoy de acuerdo, me parecen decisiones muy valientes y pertinentes en este país.

Usted escribió recientemente sobre la soledad habitada. Mientras un viudo o separado se casa con la primera falda que pasa, la viuda rejuvenece.

-Lo que digo es que renacen, descubren espacios que pueden habitar; descubren que pueden salir sin pedir permiso, tomar cerveza con las amigas el jueves por la noche. Yo les digo a las casadas: “Salgan con sus amigas el viernes por la noche y no le pidan permiso a sus maridos. ¿Será que él les pide permiso para llegar a las doce de la noche borracho?”

¿Por qué las mujeres hacen el duelo más largo que los hombres?

-Porque los hombres o vuelven donde la mamá o buscan a la primera que pasa por ahí, jovencita, linda, que tiene veinte años menos que la oficial, para que les prepare el desayuno del otro día. Es que los hombres para la vida cotidiana son lamentables. Y las mujeres viudas reviven solas.

Ahora hay una polémica en torno al lenguaje. Una ministra española llegó a decir: miembros y miembras. ¿Hay que llegar tan lejos?

-Que tengan sentido común. Yo, por ejemplo, con Pastrana apagaba el televisor cuando decía: “Colombianos”, no me estaba hablando a mí. Escribí una columna criticándole. Días después, dijo: “Colombianas y colombianos”, estaba muy contenta. En ciertos momentos hay que citar a las mujeres. Por ejemplo, el Mes del Niño, pues digan el Mes de la Infancia: ¿no se dan cuenta de que en el mundo hay mujeres y hombres? Eso es lo que me interesa, no decir cosas imbéciles, el perro y la perra, sino que en ciertos actos de políticas públicas hay que nombrarlas. Una Constitución tiene que estar escrita en un leguaje incluyente pero no le voy a pedir a García Márquez escribir sus novelas con ese lenguaje, ¡por favor! Seamos sensatos, sentido común. Me exaspera cuándo dicen: “Es que es muy largo”, y les digo: ¿Tienen afán para construir la democracia?.

¿Qué piensa de mujeres como Cristina Kirchner, que son aparentemente seguras y se llenan de Botox hasta la médula?

-(Risas) No sé por qué lo hacen, me parece ridículo. Están todavía con los imaginarios de la belleza femenina de 90-60-90. Para ella es la eterna juventud, qué mamera: es una batalla perdida. Prefiero diez veces a Merkel.

¿Entiende que chicas jóvenes hagan fila para salir en pelota en revistas de hombres, o entiende a periodistas que se desnuden?

-Me parece que si las periodistas necesitan eso para ser reconocidas, yo ya no entiendo nada. Tienen que tener argumentos, discurso. Están todavía en la idea que el cuerpo femenino tiene que despertar a los fantasmas masculinos, gustar. Si su discurso está ubicado en el tamaño de sus bustos, pues qué tristeza. Para mí la belleza es la expresión de una cara, lo vivido.

Usted dijo que a los hombres no les gustan las mujeres brutas. ¿Será?

-Hay muchos hombres que prefieren a las mujeres de antaño, que no tienen que discutir con ellas ni que sean demasiado autónomas. Tienen pánico de verse desplazados de lugares de poder y están entendiendo que les toca salir del centro para que podamos meternos. Por eso quisieran seguir con las mujeres brutas. Pero las mujeres se están educando más que los hombres, hay más en postgrados que ellos, son más exigentes. Están soñando con hombres que no han nacido aún.

Lleva más de cuatro décadas en este país. ¿Le gritan: “¡Devuélvase a Francia!” cuando los critica?

-No mucho. Al contrario, me dicen: “Florence, quédate, tenemos que construir mujeres con derechos”. Y cuando me preguntan si me gusta Colombia les contesto: “¿Pues qué tal que no? Si no me gusta, me voy”. Tengo la suerte de ir un mes cada año a París y oigo otros debates, escucho otras ideas, dejo de hablar de este país completamente.

Escribió que Colombia es un país de decepciones. ¿Cuál es la mayor que sufrió?

-Las resistencias al cambio de esa cultura patriarcal machista, saber que en Colombia cada tercer día sigue muriendo una mujer por golpes del hombre. No es una gran decepción, es una pequeña decepción de todos los días. También la violencia y la guerra son una decepción diaria, tal vez uno creyó que podría haber unas negociaciones de paz y yo sí que voy a morir sin que eso esté resuelto.

Tomado de: http://www.revistacredencial.com/credencial/content/florence-thomas-odia-los-hombres

Imagen tomada de: http://www.revistacredencial.com/credencial/content/florence-thomas-odia-los-hombres

Licencia del artículo: Copyright - Titular de la Licencia de artículo: Revista Credencial

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