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sábado, 12 de mayo de 2012

Teníamos 20 años cuando llegó

Por: Florence Thomas*

Veintiocho píldoras que revolucionarían poco a poco nuestras vidas y transformarían nuestra manera de existir.

La píldora anticonceptiva tiene 50 años y yo casi 70. Significa que las mujeres de mi generación estábamos en nuestros veinte cuando oímos hablar de ella por primera vez. Veintiocho pildoritas de colores, cada una correspondiente a un día del mes lunar, bien ordenadas en unas cajitas con nombres extraños para nosotras. Nombres asignados por los laboratorios farmacéuticos. Veintiocho píldoras que revolucionarían poco a poco nuestras vidas y transformarían nuestra manera de existir. Hacían parte de esta contracultura de los años 60 y nos iban a permitir hacer el amor y no la guerra. Let it be era nuestra canción.

Cambiamos el calendario y el método de Ogino por la dulce disciplina de tomar una píldora cada noche. No queríamos saber y no nos importó mucho la dosis de hormonas que tenía la primera generación de pastillas anticonceptivas; solo sabíamos que íbamos a descubrir la tranquilidad, la serenidad y la felicidad de dos cuerpos que se encuentran en el deseo amoroso sin ese miedo ancestral de un embarazo no deseado. Mi cuerpo para mí, mi cuerpo gozoso para mí. La maternidad, solo si la deseo y cuando la deseo.

Sí, mi generación fue la primera en la historia de la humanidad que iba a poder separar sexualidad de reproducción; la primera que iba de alguna manera a politizar la maternidad volviéndola una opción después de siglos de deber y obligación; la primera que lograría romper esta definición perversa de mujer como sinónimo de madre. Y es que nos olvidamos fácilmente de que, durante siglos, las mujeres-madres eran personajes errantes, sin "habitación propia", sin un "sí-mismo" como referente de su propia existencia, y debían permanecer como simples herramientas de la naturaleza.

El deseo de procrear era para ellas el único legítimo; su anatomía era su destino y, con muy pocas excepciones, su único destino. La píldora anticonceptiva nos acercó a la cultura, a los hombres, al amor vivido de otra manera, a un inaugural erotismo y a un devenir en sujetas de derechos. Y hoy sabemos que romper con esta representación ancestral de la identidad femenina antes de la anticoncepción desgarró e incluso costó la vida a muchas mujeres a lo largo de los siglos.

Durante todos los años en que, a la hora de acostarme, tomaba muy juiciosa esta pildorita, a menudo pensaba en mi madre, en mi abuela y en todas las mujeres que me precedieron; me acordaba de una novela de Simone de Beauvoir, La sangre de los otros, en la cual dedica unas páginas al aborto de una de las protagonistas, una novela en gran parte, creo yo, autobiográfica. Sí, pensaba en todas estas mujeres que tuvieron que recurrir a abortos clandestinos, inseguros y dramáticos durante los milenios anteriores a este siglo XX, generador de tantos cambios en las vidas de las mujeres.

Por supuesto, estas historias no fueron escritas porque no interesaban a la cultura patriarcal, ni a los hombres, ni a los patriarcas, ni mucho menos a los representantes de las iglesias, quienes no querían desordenar la tan mal nombrada limpieza y pureza religiosas alrededor de la sacrosanta maternidad. Sin embargo, en estos albores del siglo XXI, la píldora tiene aún un significado subversivo para muchos patriarcas del mundo, que ya entendieron que sus pesadillas son nuestros sueños, estos sueños que nada ni nadie podrá interrumpir.

Mi vida cambió con la píldora anticonceptiva. Cambió radicalmente. Me permitió elegir el momento de ser madre. Me permitió tener dos hijos del deseo y del amor. Me permitió saber que no quería solo ser madre. Quería inaugurar este estatus de mujer y construir a mis semejantes, es decir, mujeres libres y autónomas, quienes, sin la anticoncepción que nació con esta píldora, no lo hubieran logrado nunca.

*Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad

 Tomado de:  http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/florencethomas/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-11750082.html

Imagen tomada de: http://msnlatino.telemundo.com/_cache/images/assets/2012-02/5005_132933341239___484x363.jpg

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